Mostrando entradas con la etiqueta COLUMNA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta COLUMNA. Mostrar todas las entradas

3 de febrero de 2018

PERISCOPIO 03/02/2018 NACHO ALDAY - INICIADOS

 PERISCOPIO  
                03/02/2018

NACHO ALDAY - INICIADOS

En 1992, Carlos Vázquez Rangel, Gran Comendador del Supremo Consejo de la Masonería Mexicana, reveló en una entrevista al semanario izquierdista Proceso, que en el Estado Vaticano convivían cuatro logias masónicas. Afirmó que fue en París donde Angelo Roncalli y Giovani Montini fueron iniciados en la Gran Logia de París el mismo día en los “augustos misterios de la hermandad”.

Él trabajó en la misma logia con el obispo de Cuernavaca Sergio Méndez Arceo, quien, como masón, fue el encargado de presentar en el Concilio Ecuménico la iniciativa para que se revocara la bula papal de Clemente V en la que se prohibía a los católicos pertenecer a la masonería, bajo pena de excomunión.

Efectivamente, esa prohibición fue abolida, entre otras cosas porque el entonces Juan XXIII también era masón al igual que su sucesor Pablo VI. Por eso no es extraño que mucho de lo logrado en el Concilio Vaticano II se fundamente en los principios y postulados francmasónicos.
También se refirió al dolor de las sectas masónicas, manifestado en los medios de comunicación de la época, cuando “desapareció el hermano Roncalli”.


16 de enero de 2017

JUAN ARIAS - COLUMNA Hombres con falda, ¿y qué?

COLUMNA

Hombres con falda, ¿y qué?

La moda es vista como alienante pero muchas veces es liberadora e instrumento de avance social. El color es visto aún como transgresor en el vestir y en la piel

EL PAIS -  JUAN ARIAS


Leo en el reportaje de apertura de la revista O Globo que los jóvenes brasileños están empezando a vestirse y salir a la calle con faldas al tiempo que se preguntan por qué la mujer puede vestirse de hombre y ellos no pueden vestirse de mujer. Y no se trata de gais. La tendencia parece general.

Luiz Wachelke, coordenador de moda del Instituto Europeo de Diseño (IED), destaca que detrás de esa nueva actitud del varón de hoy de usar faldas, “existe una fuerza de libertad de expresión en la forma de explorar el cuerpo”.

El problema de fondo de la nueva moda de las faldas para varones es, sobre todo, según los expertos, “el fin de la distinción de géneros en el vestir”. Que cada uno, dicen los seguidores de la nueva moda, tenga la libertad de vestirse, si le place, en una tienda para hombre o para mujer.

En mis tiempos jóvenes, en la Andalucía profunda y pobre, mientras arreciaba la caverna franquista, mis tías, suspirando con el rosario y el abanico en la mano, se empeñaban en decir que lo que acababa con España era la moda que llegaba del extranjero.

No sabían que era al revés, que las nuevas modas que se filtraban a través del turismo internacional eran lo que estaba desasnando al país sumido en el oscurantismo de una de las más largas dictaduras de Europa.

La moda, especialmente en el vestir, tuvo siempre furiosos detractores dentro del mundo conservador. “Pero qué barbaridad!”, exclamaron a coro aquellas tías mías la primera vez que desembarqué de Italia con una camisa de color.

Los hombres a los que el franquismo tildaba de “verdaderos”, vestían sólo de traje negro o gris y camisa blanca. Los colores en los vestidos eran “cosa de mariquitas”.
Esa nueva revolución incipiente en el vestir masculino, sin distinción de género, coloca sobre la mesa la polémica sobre si la moda es un elemento alienante o rompedor y libertador.
En mi obra Proyecto Esperanza (Ed.Aguilar, 2008) defendí que la moda “ha sido uno de los mayores factores de liberación de costumbres y fue capaz de quebrar tabús petrificados en la historia”.

La moda, contra la idea que de ella tenían los conservadores y moralistas, fue un elemento de transgresión en las costumbres que acabó influenciando otros campos de la existencia.
La moda fue una revolución pacífica, no sólo en el vestir, sino también en la arquitectura, en el arte o en el diseño. Vistió la vida de color. Hace sólo unos años, en una habitación de la casa, una pared pintada de un color diferente del resto, era una aberración. Hoy, lo que choca, si acaso, es la uniformidad del color. Forma parte de la revolución que crea la moda.
Vivimos aún en un mundo que aunque llamamos moderno sigue permeado por la intransigencia con los diferentes, con quienes quiebran tabús. Nos hiere lo nuevo, lo extraño, lo que pone en peligro nuestra seguridad. La tradición tranquiliza.

Una mujer vestida de negro inspira aún no sólo elegancia sino también seriedad. El color es aún visto como transgresor. En el vestir y en la piel.

Quizás esa nueva moda de quebrar la distancia en el vestir entre hombre y mujer pueda entrañar, incluso subliminalmente, el deseo de acabar con la guerra de los sexos hoy aún tan agudizada y conflictiva.

En los textos sagrados del cristianismo se escribía hace ya más de dos mil años que no existen mujer y varón, y sí, sólo, “hijos de Dios”.

¿Por qué, entonces todo ese escándalo cuando esos hijos de Dios se visten de falda o de pantalón?


29 de noviembre de 2016

¿Y si dejásemos a Fátima en paz?

COLUMNA
¿Y si dejásemos a Fátima en paz?
Pedir al papa Francisco que aproveche su visita a Fátima para condenar las apariciones es no entender a la Iglesia
EL PAIS -  JUAN ARIAS
El mundo y la Iglesia tienen hoy problemas mucho más graves que amenazan la paz mundial que el “desenmascarar la farsa y la mentira” de las apariciones de la Virgen de Fátima y el supuesto comercio practicado en aquel Santuario.
Es lo que un grupo de intelectuales, artistas y hasta eclesiásticos portugueses pretenden que haga el papa Francisco con motivo de su visita a Fátima el año próximo, en el centenario de la aparición, según ha informado Javier Martin desde Lisboa.
Todos los papas modernos han visitado y rezado en el santuario de Fátima. Uno de los pontífices más relacionado con Fátima fue Juan Pablo II, a quien le dispararon en la Plaza de San Pedro, justamente un 13 de mayo, fiesta de Nuestra Señora de Fátima. Su fajín blanco, atravesado por las balas, quedó ensangrentado.
El papa Woityla, hoy canonizado por Francisco, era también devoto del santuario polaco de Chestokova, y siempre creyó que fue la Virgen quién le sacó vivo de aquel atentado.
Hizo así dividir en dos su fajín rasgado por las balas, y mandó cada trozo a uno de los dos santuarios en señal de agradecimiento.
Pedir al papa Francisco que aproveche su visita a Fátima para condenar las apariciones es no entender a la Iglesia. Y si me apuran, es también un feo a millones de cristianos y hasta agnósticos que durante un siglo acuden a aquel lugar, considerado uno de los mayores centros de piedad popular del mundo.
Es como si aquí, en Brasil, alguien pidiera al papa que desmitifique y condene la devoción a Nuestra Señora de la Aparecida, hoy patrona del país.
También esa Virgen nació de un supuesto hecho milagroso. Y también se podría alegar que dicho santuario es un lugar propicio para que la Iglesia haga negocios. Aquí sonaría a sacrilegio. Y no sólo para los católicos. Es una devoción profundamente arraigada en todas las capas sociales.
La Iglesia fue muy cauta con las apariciones de la Virgen en el mundo, hasta con las de Fátima. Defiende que la revelación acabó con los evangelios. Y que todo el resto pertenece a la esfera privada. 
La Iglesia analiza las apariciones, las juzga, a veces las rechaza y otras las respeta, pero nunca las canoniza.
En santuarios como el de Fátima, esparcidos por el mundo entero, miles de personas y no sólo creyentes aseguran encontrar consuelo a sus angustias y hasta haberse curado de sus enfermedades. ¿Es eso un pecado?
Como dicen los médicos, es la fuerza de la fe de la persona, su deseo profundo de curarse lo que produce los supuestos milagros. ¿Por qué no respetarlo? No podemos arrancar ciertas esperanzas del corazón de la gente.
Hoy el mundo vive días oscuros. Si el mensaje de Fátima aludía a la posibilidad de una Segunda Guerra Mundial, como de hecho ocurrió, hoy la llegada siniestra de Trump y de las huestes de extrema derecha alerta sobre un tercer conflicto mundial.
Si es para condenar, existen en el mundo y en la Iglesia, en este momento, cosas más graves y siniestras que una devoción popular como esa que resiste desde hace cien años.
Puede que haya corrupción en las ventas de objetos religiosos relacionados con la Virgen de Fátima. Aunque así fuera, hoy el mundo, empezando por aquí en Brasil, vive corrupciones políticas y empresariales mucho peores que empobrecen la vida de los más necesitados y crean millones de parados.
El papa Francisco ya tiene bastante con derrotar la corrupción de la Banca Vaticana que fue tomada al asalto por mafias de fuera y de dentro de la Iglesia. Fue lo que obligó al papa Ratzinger a dejar el papado tras denunciar que estaba “rodeado de lobos”.
En Fátima fueron unos pastores inocentes quienes pretendieron ver y hablar con la Virgen. Si alguien quiere buscar lobos en la Iglesia, que vaya por otros pastos más peligrosos que los de Fátima. No le costará encontrarlos.
Respetemos a los devotos el consuelo de su fe. Una cosa es la superstición y otra la fe popular, que forma también parte de la cultura de los pueblos.
Los intelectuales no deberían olvidarlo.


7 de julio de 2016

EL PAIS.COLUMNA Alemania no es el policía de España

COLUMNA
Alemania no es el policía de España
Pionera en violar el Pacto de Estabilidad, incumple cada año la norma de desequilibrios macro

Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble.
Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble. H. HANSCHKE REUTERS

La Comisión es la única competente para proponer una multa a España por incumplir el tope de déficit acordado para 2015. Y ojalá se lo piense tres veces. Quizá el Gobierno merezca un pellizco. No por hacer política fiscal keynesiana, que no es el caso; sino electoralista, rebajando impuestos cuando no tocaba.

Pero los españoles han sufrido un ajuste severo si se mira, no un año aislado, sino todo el período desde la Gran Recesión. Merecen comprensión, no castigo. Y Bruselas debe ser cauta, sobre todo, porque añadir turbulencias a la eurozona, tras el Brexit y el fiebrón de la banca italiana, no es una idea genial.

Habría que usar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) de modo más hábil. En concreto, aplicar temporalmente al conjunto de la eurozona —a todos y cada uno de sus miembros—, la excepción de atravesar "circunstancias económicas excepcionales" pensadas hasta hoy para salvar a un país del castigo. ¿Cuáles?: elBrexit. Supondría novar las reglas del Pacto, pero no sería rasgar una virginidad.

En todo caso es Bruselas la competente. Para nada Berlín. Alemania no está legitimada ni jurídica, ni política, ni históricamente para actuar de policía, empujando a la Comisión a que sancione a España. El ministro Wolfgang Schäuble ya tildó en mayo de poco "afortunado" aplazar la decisión sancionadora hasta después de la elección española.

Pero el más desleal ha sido Günther Oettinger, alemán antes que comisario europeo: "Si la Comisión quiere mantener su credibilidad debemos adoptar sanciones ahora". Menudo rostro. Eso podrá sostenerlo cualquiera, menos un alemán. Porque Alemania fue el primer gran violador del PEC, en 2003, cuando rebasó el tope del déficit del 3%, hasta el 4,2%. Logró suspender el castigo y el propio Pacto.

E impuso su poder para reescribirlo a su favor, ya en 2005. Pro domo sua, para poder restar de las cuentas de su déficit "las contribuciones financieras para (...) la unificación de Europa", entre otras partidas.

Además de su carencia de capacidad jurídica y de su falta de legitimidad histórica, Alemania no goza de ninguna credibilidad moral ni política... actuales.

Desde 2010 exhibe, año tras año, un superávit comercial creciente y excesivo (por encima del 6% del PIB); y un superávit por cuenta corriente del 6,9% entre 2012 y 2014, año en que llegó al 7,4%. Eso supone una menor inversión interna, menor crecimiento, menor consumo: la locomotora germana tira menos del resto de la eurozona de lo que debería.

Por eso Alemania está siendo reiteradamente incluida en la lista de incumplidores de una norma clave, el Procedimiento de Desequilibrios Macroeconómicos (PDM).

EL PDM es mucho más trascendental que el PEC en términos macro, porque examina no una variable (las cuentas presupuestarias) sino una docena. El PDM también prevé multas (de hasta el 0,1% del PIB; reglamentos 1174 y 1776), pero hasta ahora Berlín se las ingenia para que sus pecados sean juzgados como veniales y los ajenos, vistos como mortales.


13 de mayo de 2016

JUAN ARIAS - EL PAIS - COLUMNA La democracia de Brasil, a prueba El 'impeachment' y el nuevo Gobierno Temer va a suponer una prueba importante para medir el pulso de este país

La democracia de Brasil, a prueba
El 'impeachment' y el nuevo Gobierno Temer va a suponer una prueba importante para medir el pulso de este país
JUAN ARIAS EL PAIS  
La salida de Dilma Rousseff del Palacio Presidencial, probablemente para no volver, supone la interrupción dramática de su mandato, sellado en 2014 por 54 millones de electores que le dieron su confianza en las urnas, algo que no deja de ser un desgarrón en el tejido social.
La dura ex guerrillera se despidió como víctima de un golpe de Estado y advirtió que luchará para volver. Es su legítima defensa.
MÁS INFORMACIÓN
Los juristas seguirán, a su vez, discutiendo si el proceso y veredicto del Congreso se ajusta o no a la Constitución que prevé la pérdida del mandato presidencial por crimen de responsabilidad administrativa. Es posible que, en el futuro, Brasil tenga que revisar ese punto complejo de la Constitución.
Mientras tanto, el país tiene un nuevo Gobierno al mando del vicepresidente de la República, Michel Temer, que actuará hasta que se concluya el proceso a Rousseff, según prevé la Constitución.
El hecho, excepcional, va a suponer una prueba importante para medir el pulso de la joven democracia brasileña.
Nadie niega hoy, que a pesar de todas las discusiones jurídicas, Rousseff no hubiese sido depuesta si el país hubiese estado creciendo económicamente, si no estuviera sufriendo la angustia de 12 millones de desempleados, una inflación que se come el salario de los trabajadores y con un 60% de la población endeudada. Y si Rousseff no hubiera perdido la confianza del Congreso.
El presidente en funciones, Temer, es lo opuesto a Dilma en todo. Se formó a la sombra del Congreso que ya presidió tres veces, conoce como pocos el complejo engranaje de los Gobiernos de coalición y entra contando con una fuerte mayoría parlamentar, que fue lo que le faltó a Rousseff.
En teoría, ello le permitiría aprobar algunas de las reformas urgentes que Brasil necesita para enderezar una economía que vive la mayor recesión de su historia republicana.
El mundo del trabajo, y sobre todo la nueva clase media-baja que salió de la miseria durante los Gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) (y que empezaba a sentir el latigazo de una crisis que amenaza con devolverles a su triste pasado) va a medir a Temer, más que por su carisma, por los resultados inmediatos de su gestión.
El brasileño es más pragmático que ideológico. Por eso, quizás, se entendió siempre mejor con Lula que con Rousseff.
Para esa masa de gente que sufre para llegar a fin de mes y que ve cada día que su dinero vale menos, el discurso jurídico del golpe tiene menos eco que los precios del mercado o la angustia de verse cada día más endeudada.
La democracia de Brasil, se está demostrando, a pesar de todo, más sólida de lo que puede parecer fuera de sus fronteras. Lo revela el hecho que tras el trauma de la deposición de Rousseff, la gente no se ha echado a la calle. No hay violencia. El Ejército ha dormido tranquilo y el Supremo ha vigilado y controlado cada paso del doloroso rito del impeachment.

No es poco en estas latitudes tropicales.