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29 de enero de 2016

Los libros del Inca Garcilaso de la Vega, el escritor mestizo que luchó en la guerra de las Alpujarras


Los libros del Inca Garcilaso de la Vega, el escritor mestizo que luchó en la guerra de las Alpujarras

La Biblioteca Nacional dedica una exposición al Inca Garcilaso de la Vega en el 400 aniversario de su muerte
Retrato del Inca Garcilaso de la Vega - Wikimedia
 
Quiso ser un escritor guerrero, como su remoto tío Garcilaso de la Vega. Quiso ser un cronista de la verdadera conquista de Perú, donde había participado su padre. Quiso ser el Suetonio de la dinastía inca de su madre. Quiso ser muchas personas en sus 77 años de vida, y lo fue, siendo al final, simplemente, el Inca Garcilaso de la Vega, «el príncipe de los escritores del Nuevo Mundo». Una exposición en la Biblioteca Nacional conmemora los 400 años de la muerte de este escritor e historiador mestizo reconstruyendo su biblioteca a través del inventario de su testamento. Los 188 libros de su colección cordobesa cuentan mejor que nadie quién fue.

Nacido en Cuzco, Gómez Suárez de Figueroa recibió este nombre por decisión de sus padres, una pareja formada por un conquistador extremeño, Sebastián Garcilaso de la Vega, y una princesa del extinto Imperio inca, Isabel Chimpu Ocllo. El cargo de corregidor del padre, no obstante, impidió que se casaran y, en favor de su carrera, Garcilaso de la Vega alejó de su lado a la princesa. Del que no se olvidó fue de su hijo, cuya educación entre las dos culturas, andina e hispánica, corrió a su cargo.

La herencia paterna sirvió al joven para pagar su viaje a España, donde viviría hasta su muerte. «El Siglo de Oro no solo sirvió para traer tesoros a España, sino para crear esta riqueza cultural de carácter híbrido», señala Paul Firbas, uno de los comisarios de la exposición, que se inaugura hoy.

Una crónica sin manipular

Durante su breve estancia en Madrid, el inca reclamó a Felipe II una pensión como reconocimiento a los servicios de su padre, pero la Corte le denegó esta merced al considerar que había ayudado a Gonzalo Pizarro -el hermano del célebre conquistador- durante su rebelión contra la autoridad real. Conocido aquí como el Inca Garcilaso de la Vega, el escritor se propuso contar la auténtica historia del Perú, como respuesta a aquellas crónicas falseadas que estaban llegando a Europa.

Todo este esfuerzo quedó materializado en su obra histórica Comentarios reales de los incas (1609). Su otra preocupación vital fue la de limpiar la reputación del Imperio inca, presentando la cultura de su madre como una suerte de Imperio romano en América, responsable de civilizar a los pueblos más salvajes del continente. Y, como si se tratase de la «Vida de los doce Césares», de Suetonio, el escritor ofreció un retrato de doce de los principales dirigentes del periodo inca.

«El proyecto de Garcilaso fue hablar de los mundos de su padre y de los de su madre cuando ya ninguno de los dos existían», explica Firbas. A modo del ferrocarril irrumpiendo en el Far West, los años finales del siglo XVI supusieron el ocaso del Perú tal y como lo había conocido en su infancia. Los conquistadores fueron desplazados por administradores, mientras que los últimos líderes incas fueron ejecutados en 1572. Tal vez por eso, el escritor jamás regresó a América.

Un aristócrata andaluz más

Tras servir varios años en los ejércitos del Rey, el inca se movió entre Sevilla y Montilla dedicándose, entre otras actividades comerciales, a la cría de caballos. En su vejez, se estableció definitivamente en Córdoba, que le acogió como un aristócrata más, pues en aquella España no era tan importante la raza como la clase social.

Al fallecer el 23 de abril de 1616, los albaceas testamentarios realizaron un inventario de los libros de su biblioteca de Montilla. Su trabajo ha permitido reconstruirla casi al completo. «Es algo imposible de hacer con otros autores del Siglo de Oro. Tener su biblioteca de vejez nos dice mucho sobre él», asegura la comisaria Esperanza López Parada. Lo más sorprendente de su colección es la escasa presencia de obras de ficción y de alta poesía, aun cuando fue su tío, Garcilaso de la Vega, quien introdujo las corrientes italianas en España.

La exposición, que estará abierta desde hoy hasta el 2 de mayo en la Biblioteca Nacional (Paseo Recoletos, 20, Madrid), será complementada con una serie de actividades, conciertos y conferencias, organizados por la Casa América y la Universidad Complutense.

25 de enero de 2014

La literatura hispana se convierte en potencia cultural en EE UU

La literatura hispana se convierte en potencia cultural en EE UU

Derribadas las barreras originales, se ha forjado una nueva identidad cuyo catalizador es el español

El fenómeno de fusión es aplicable a la potencia de su literatura, que se expresa en inglés

'Open Dictionary' (2001) del cubano Abelardo Morell. / CORTESÍA DE ABELARDO MORELL Y EDWYNN HOUK GALLERY, NUEVA YORK.
Estados Unidos no se entiende si se ignora el español. El significado de toponímicos como Los Ángeles, El Paso, Colorado o Nevada es transparente. Otros conllevan una historia más recóndita, como California, término procedente de las novelas de caballerías, en cuya lectura se forjó la imaginación de los conquistadores, quienes proyectaban sus fantasías sobre la inasible realidad en la que se veían inmersos. California era el nombre de una isla habitada exclusivamente por mujeres donde se asentaban los dominios de la mítica Calafia, la reina negra de Las Sergas de Esplandián(1510). El origen de la latinización de Estados Unidos se remonta a 1848, año en que se firma el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, en virtud del cual México cede al poderoso vecino del norte más de la mitad de su territorio nacional a cambio de 15 millones de dólares. La cesión incluía la totalidad de lo que hoy constituyen los Estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas, así como extensas zonas de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. Con las tierras, pasó a pertenecer a otra nación una población cuyo idioma era el español. Tan traumático trasvase selló de manera irreversible el destino bilingüe y bicultural del país, fenómeno reforzado por un flujo migratorio que mantiene permanentemente viva la fuerza de la lengua española y las culturas de que es vehículo.
Es en este vasto contexto donde, tras más de siglo y medio de pervivencia de la tradición literaria en castellano, surge la figura de Rolando Hinojosa-Smith, decano de las letras chicanas, cuyo nombre ha sonado en más de una ocasión como candidato al Premio Cervantes. La propuesta está doblemente justificada, ya que a sus méritos como escritor se añade su valor como representante de una forma de escribir que hunde sus raíces en lo más profundo de nuestra historia literaria.
Tras más de un siglo
de tradición literaria en castellano, surge Rolando Hinojosa-Smith, decano de las letras chicanas
La obra narrativa de Hinojosa-Smith, de una cohesión admirable, consta de 15 novelas que se integran en una serie conocida como Viaje de la muerte en Klail City. El lenguaje de Hinojosa-Smith remite directa y deliberadamente al de los prosistas castellanos del siglo XV. Un año después de su publicación, Hinojosa-Smith cambió el título originario de la segunda entrega de la serie (KlailCity y sus alrededores) por otro tomado de una obra compuesta a mediados del siglo XV por el historiador Fernán Pérez de Guzmán. Imposible encontrar credenciales castellanas más prístinas que estas: Pérez de Guzmán fue bisabuelo de Garcilaso de la Vega, tío del marqués de Santillana y sobrino del canciller Pedro López de Ayala. El guiño de Hinojosa-Smith no se queda ahí. La cuarta novela de la saga lleva el título de una obra de Hernán Pérez del Pulgar que data de 1488 (y por tanto es, al igual que Generaciones y semblanzas anterior a la existencia misma del vocablo América). Hinojosa-Smith se limitó tan solo a cambiar un vocablo: Claros varones de Belken, en lugar del originario Claros varones de Castilla. Belken es el nombre de un condado ficcional de impronta faulkneriana cuya capital es Klail City, una de las ciudades de un vallesituado a orillas de la frontera entre Texas y México. Escenario de todas las novelas de Hinojosa-Smith, el valle es un lugar a la vez mítico y real.
Hace unos meses, la editorial Xordica recuperó para los lectores españoles la primera novela de Hinojosa-Smith, Estampas del valle, obra publicada hace más de cuatro décadas, y con la que su autor obtuvo el Premio Quinto Sol. El retraso pone de relieve la falta de atención por parte de nuestro mundo editorial hacia la literatura de los latinos de Estados Unidos. Son varias las ramas que integran esta tradición. La de mayor peso, por razones históricas y de contigüidad geográfica, es la de origen mexicano, seguida de las de procedencia caribeña: puertorriqueños, dominicanos, y cubanos, cada una con sus rasgos distintivos. A ello se suma la producción, considerablemente irregular, que aportan las comunidades oriundas del resto de América Latina. El fenómeno más interesante en relación con los diversos grupos de origen hispánico es la erosión de las barreras que los mantenían separados, lo cual ha desembocado en la forja de una nueva identidad. En Estados Unidos hay inmigrantes de origen mexicano, caribeño, sur o centroamericano, pero todos se sienten latinos o hispanos. El catalizador de este proceso es el español, cuya fuerza se renueva de manera constante gracias al flujo incesante de emigrantes. Este fenómeno de fusión se aprecia también en la literatura, aunque es preciso señalar que el vehículo expresivo es (incertidumbres futuras aparte) mayoritariamente el inglés.
Vista de la calle Paterson en Nueva Jersey / GORKA LEJARCEGI
La primera obra de envergadura de las letras hispanas es The Squatter and the Don (1885), de Amparo Ruiz de Burton, escrita a la sombra de la derrota que infligió Estados Unidos a México, en la que se refleja la situación de los vencidos tras la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo. Para dar con un título que conecte con la sensibilidad literaria de la modernidad hay que trasladarse a 1936, fecha de publicación de Locos, sofisticada colección de cuentos del americaniard (español afincado en Estados Unidos, el término lo acuñó él) Felipe Alfau. Autor también de Chromos (1948), novela que narra las peripecias de los americaniards. Alfau es un outsider del canon latino, en el que ocupa un valor más bien simbólico y marginal. Publicada en 1945, Mexican Village de Josephina Niggli es una obra de considerable valor literario. Aunque nació en México, Niggli era de origen europeo tanto por línea materna como paterna, lo cual explica su visión, más idealizada que vivida, de la cultura mexicana. Mexican Village es un conjunto de 10 relatos que se entrecruzan configurando un artefacto narrativo sumamente ágil y de lectura muy amena. La obra del puertorriqueño Jesús Colón (1901-1974), una de las figuras más interesantes de la literatura hispana, es fascinante. Coetáneo de Alfau, de orígenes paupérrimos, Colón era negro, comunista, así como autor de una copiosa y brillante obra periodística tanto en inglés como en español.Un puertorriqueño en Nueva York y otras estampas (1961), su obra más emblemática, es una pequeña joya literaria. Lo más destacado de la visión de Colón es su inmensa humanidad, impregnada de un saludable sentido del humor. Colón fue precursor de la sensibilidad nuyorican, que en paralelo con la emergencia de una conciencia de la identidad chicana señala el comienzo de un movimiento de resistencia política y afirmación de los valores culturales latinos. A lo largo de la década de los sesenta, surgen en las dos costas del país obras de importancia parelela. El juez puertorriqueño Edwin Torres nos ofrece una interesante visión del mundo de la delincuencia neoyorquina que conoció de primera mano en la novela titulada Carlito’s Way (1963). Ese mismo año el chicano John Rechy publica City of Night, novela demoledorasobre el mundo de la prostitución masculina en las ciudades de Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y Nueva Orleans. Down These Mean Streets (1967),sobrecogedor relato autobiográfico de Piri Thomas sobre la vida en Spanish Harlem, concitó el interés general del público hacia lo que ocurría en los barrios hispanos del Alto Manhattan. Aunque no vio la luz hasta 1984, la mejor crónica de la historia de la colonia puertorriqueña de Nueva York son Las Memorias de Bernardo Vega, documento de gran valor sociológico, además de literario.
La primera obra de envergadura, ‘The Squatter and the Don’ (1885), surge tras la derrota que infligió Estados Unidos a México
A principios de la década de los setenta las letras chicanas experimentan una sacudida, con la aparición en años consecutivos de tres obras cumbre de la literatura mexicano-americana: …y no se lo tragó la tierra (1971), de Tomás Rivera; Bless Me, Ultima (1972), de Rudolfo Anaya, y Estampas del valle(1973), de Rolando Hinojosa-Smith. La primera y la tercera de estas novelas se escribieron originariamente en castellano. Muy diferente, aunque de innegable interés es la Autobiografía de un búfalo marrón (1972), del activista chicano Oscar Z. Acosta, personaje de vida y muerte intrigantes que gozó de la amistad de Hunter S. Thompson, quien trazó un perfil inovidable en Rolling Stone. Simultáneamente, se deja oír en Nueva York la voz de Nicholassa Mohr, autora de tres obras de gran valor testimonial y literario: Nilda (1973), El Bronx Remembered (1975) e In Nueva York (1977). La trilogía de clásicos de la literatura chicana escrita por Anaya, Rivera e Hinojosa-Smith tiene un precursor en Pocho (1959), de José Antonio Villarreal, y un continuador en Sabine Ulibarri, autor de una espléndida colección de relatos titulada Mi abuela fumaba puros y otros cuentos de Tierra Amarilla (1977).
Iniciada la siguiente década, en 1982 se publican dos obras que ocupan un lugar central en el imaginario de la literatura latina. La primera es Hunger of Memory, autobiografía que sigue los pasos de Richard Rodríguez desde un barrio pobre de San Francisco hasta Harvard. A su vez, en la Costa Este, el puertorriqueño Edward Rivera publica Family Installments, novela elegantemente escrita que nos ofrece un vívido retrato de una familia deSpanish Harlem. En 1983 debuta en la escena literaria una de las figuras esenciales de las letras hispanas, Oscar Hijuelos, cubano del Bronx, con la excelente Our House in the Last World. Se empiezan así a alinear los nombres mayores de la literatura latina actual. En 1984 Sandra Cisneros, chicana de Chicago, publica A House on Mango Street, una obrita para niños en apariencia menor pero cuya influencia sigue perdurando hoy. La década se despide con la aparición de dos novelas de gran calibre: The Long Night of White Chickens, que marca la aparición de un escritor de primer orden, el guatemalteco-americano Francisco Goldman, y Los reyes del mambo tocan canciones de amor, novela que al obtener el Premio Pulitzer al año siguiente, pondría en el mapa a la literatura hispana.
Las consecuencias no se hicieron esperar. En 1990, además del Pulitzer de Hijuelos, son finalistas del National Book Award Chromos (casi medio siglo después de su publicación),de Felipe Alfau, y Paradise, de la española Elena Castedo. La nómina de primeras obras que vieron la luz aquellos años es abultada. Se abre en 1991 con How the García Girls Lost Their Accents, de la dominicana Julia Álvarez. La cosecha de 1992 fue excelente: Abraham Rodríguez, Jr. publica The Boy Without a Flag: Tales of the South Bronx(1992), libro de cuentos a la altura de los de Junot Díaz. El colombiano Jaime Manrique irrumpe en la escena con Latin Moon in Manhattan, divertida farsa sobre drogas y amoríos homosexuales en el barrio neoyorquino de Queens. La lista de primeras obras notables del año la cierra Dreaming in Cuban, de Cristina García. En 1993 uno de los escritores chicanos más interesantes de las últimas décadas, Dagoberto Gilb, confirma su talento con The Magic of Blood (1993) y en 1994, Abraham Rodríguez publica Spidertown, novela sobre el mundo de las drogas en la zona norte de Nueva York. 1997 es un año importante. Marinero raso ratifica a Francisco Goldman como autor de talla internacional, mientras que en la Feria del Libro de Fráncfort, editores de todo el mundo pujan por hacerse con los derechos de Drown, libro de cuentos de un desconocido que responde al nombre de Junot Díaz. Un año después, al filo del nuevo milenio, Rolando Hinojosa-Smith publica Ask a Policeman, con la que pone fin a la serie de Klail City un cuarto de siglo después de haberla iniciado con Estampas del valle.
El escritor Junot Díaz / DANIEL MORDZINSKI
Nacido en Mercedes, Texas, el 21 de enero de 1929, Rolando Hinojosa-Smith era hijo de un campesino que había luchado en la revolución mexicana y Carrie, su mujer, ama de casa. Como ocurrió con numerosos latinos de su generación, la guerra de Corea lo dejó marcado. Ávido lector durante su infancia, el español fue el idioma de su entorno durante sus años de formación. Su primer encuentro con el inglés tuvo lugar cuando inició sus estudios de secundaria. Al igual que su abuela, su madre y tres de sus hermanas, Hinojosa-Smith se hizo maestro, siendo después profesor de instituto en Brownsville y ulteriormente llegó a ejercer la docencia universitaria. La escritura de Rolando Hinojosa-Smith es el resultado de una formidable amalgama de influencias, que incluye a los clásicos castellanos, Galdós, Anthony Powell (autor de Dance to the Music of Time, saga narrativa en 12 volúmenes), Heinrich Böll, los americanos Faulkner y Twain y el escritor polaco-americano de origen judío Bashevis Singer. Su visión coral se traduce en el empleo de innumerables voces, con las que busca dotar de representatividad a la comunidad del valle. Un profesor alemán que llevó a cabo un censo de los personajes de Klail City contabilizó cerca de un millar. El castellano que utiliza Hinojosa-Smith en los cinco primeros libros de la serie es bellísimo y de un corte clásico que se ha perdido en la mayor parte del ámbito literario panhispánico. A partir de la sexta entrega, Rites and Witnesses, Hinojosa-Smith utilizó solo el inglés.
Las distintas entregas del Viaje de la muerte nos ofrecen un retrato panorámico de la vida en el South West a lo largo de medio siglo. Estampas del valle no es más que el primer acercamiento al condado de Belken y Klail City, aunque todos los ingredientes que se desarrollarán en los restantes episodios de la serie se encuentran en embrión allí. La novela, de apenas cien páginas, obtuvo el Premio Quinto Sol cuando se publicó. En ella hacen su primera aparición Rafa Buenrostro y Jehu Malacara, personajes centrales de la saga. En la segunda parte el lector se tropieza con una gran variedad de textos y documentos con los que se intenta encontrar claves que permitan resolver un asesinato. La tercera es una selección de semblanzas de personajes procedentes de los distintos estratos sociales de Klail City. Como ocurre con las buenas series de televisión, tras Estampas del valle Hinojosa-Smith supo mantener en vilo a los lectores, que a veces tenían que esperar años para averiguar qué sucedía en el siguiente episodio del Viaje de la muerte.
‘Los reyes del mambo tocan canciones de amor’ ganó el Premio Pulitzer y puso en el mapa la literatura hispana
Rolando Hinojosa-Smith publicó la que presumiblemente será su última obra,We the Happy Few, una novela de campus que no forma parte del Viaje de la muerte, en 2006. ¿Quiénes, además de él, son importantes en el panorama actual de la literatura hispánico-norteamericana. Por su extensión y el alto nivel de calidad medio de su obra, Oscar Hijuelos, autor de una decena de títulos, es uno de los valores más sólidos. Lo difícil, en la mayoría de los casos, es mantener el interés despertado con la primera obra en los títulos siguientes. Dos autoras que lo han conseguido, aunque con altibajos, son Julia Álvarez y Sandra Cisneros. Algunas de las obras más interesantes publicadas en lo que va de siglo son Bodega Dreams (2000), del ecuatoriano Ernesto Quinonez; The Republic of East L.A. (2002), del veterano Luis J. Rodríguez, autor de la emblemática Always Running: La vida loca (1993), yThe Devil’s Highway (2005), de Luis Alberto Urrea. En 2007 aparece La maravillosa vida breve de Óscar Wao, con la que Junot Díaz se convierte en el segundo hispano en obtener el Premio Pulitzer. A su vez, el autor de origen peruano Daniel Alarcón publica Radio Ciudad Perdida. Autor de cuentos en inglés y en español, Alarcón publicó en octubre y con excelentes críticas At Night We Walk in Circles. Entre los autores de no ficción destaca Rubén Martínez, cuya obra más reciente, Desert America (2012), examina aspectos importantes de la cultura latina en su compleja fricción con la dominante. En el campo de la narrativa, mientras que la obra de Francisco Goldman ha tomado una dirección muy diferente desde que publicó Di su nombre (2011), Junot Díaz ha vuelto a demostrar su talento con Así es como la pierdes(2012).

2 de noviembre de 2013

Garcilaso, héroe de las letras y las armas españolas

LIBROS

Garcilaso, héroe de las letras y las armas españolas

ABC - Día 02/11/2013 - 12.17h
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Gran poeta, corajudo soldado, fue hombre de confianza del Duque de Alba y de Carlos V

Fue tan ducho con sus versos como con su espada. En la Historia de España dejó fiel constancia de sus dichos líricos y de sus hechos guerreros. Fue un castellano y un español de primera y aunque emparentado con comuneros (lo que le llevaría a la cárcel) fue un fidelísimo y arriesgado súbdito de Carlos I, hasta que perdiera la vida sin haber cumplido los cuarenta años luchando por Dios y por España. Fue Garcilaso de la Vega, héroe de la poesía y la milicia españolas, superlativo vate y esforzado militar, valiente en el escribir, osado en el luchar.
Se cree, aunque no es dato absolutamente cierto, que Garcilaso nació en Toledo probablemente en 1498 en una familia con posibles, ya que su padre era señor de Arcos y comendador mayor de León en la Orden de Santiago. A los catorce años quedó huérfano de padre y su familia decidió mandarlo a la Corte, donde en 1520 ya estaba a las órdenes de Carlos V.
De paso, se hacía docto en lenguas, aprendiendo griego, latín, italiano y francés, además de recibir clases de música y esgrima. Pronto, en 1523, le llamarían las armas y participaría como oficial al lado de Gran Duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo, el futuro , en la campaña de Fuenterrabía. La amistad entre Fernando y Garcilaso solo la rompería la muerte.

Herido de gravedad

Luego, aunque su hermano era de ideas comuneras, participó junto a los leales al emperador en la Guerra de las Comunidades de Castilla, donde fue herido. En 1522, al lado de su amigo y también poeta Juan Boscán y Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, formó parte de una expedición que quería ayudar en el sitio de Rodas por los turcos. Una empresa que no tuvo éxito. Garcilaso fue herido de gravedad en la campaña.
Regresó a España, y su valentía fue premiada cuando fue nombradocaballero de la Orden de Santiago, en noviembre de 1523. Dos años después, de vuelta en Toledo, contrajo matrimonio con Elena de Zúñiga.

Primeros poemas

Por esta época, comenzaría a escribir sus primeros poemas de aire cancioneril, estilo y formas que pronto cambiaría, sobre todo gracias a la influencia de su amigo Boscán. Era el año 1526 y Garcilaso de la Vega acompaña al emperador en sus viajes por España que realizaba con motivo de su boda con Isabel Freyre. Siempre al lado de Carlos V, lo acompaña en su investidura como emperador el año de gracia de 1530, y seguidamente entra en combate con los franceses en Florencia.
En 1531, la suerte del combativo y genial Garcilaso cambiaría.Y para mal. Había hecho de testigo en la boda de un sobrino suyo (1531), hijo de su hermano comunero Pedro Lasso, y Carlos no se lo perdonó. Fue encarcelado hasta que el Duque de Alba intercedió por él y fue requerido de nuevo para la milicia cuando los turcos amenazaban Viena. De allí pasó a Nápoles, Academia Pontaniana, como Tasso y Tansillo.donde se curtiría como poeta en compañía de otros colegas italianos de la
Cuando en 1535 Carlos I decidió emprender su campaña africana, allí estaba de nuevo Garcilaso de la Vega. El poeta y soldado volvió a resultar herido. Llegaba octubre de 1536 y de nuevo estábamos en guerra con Francia y Garcilaso no faltó. Durante el asalto a una fortaleza en Le Muy, cuando era maestre de campo de un tercio de infantería, se puso al frente de sus soldados y emprendió él mismo la acometida a la citada fortaleza encaramado en una escala. Fue gravísimamente herido y trasladado a Niza, donde falleció el día 13 o 14 de octubre. En aquellas últimas horas le asistió Francisco de Borja, luego San Francisco de Borja y general de los jesuitas.
Les dejamos con la memoria del heroico Garcilaso y con sus versos: «Y ansí, en la parte que la diestra mano / gobierna. y en aquella que declara / los conceptos del alma, fui herido. / Mas yo haré que aquesta ofensa cara / le cueste al ofensor, ya que estoy sano, / libre, desesperado y ofendido».

17 de noviembre de 2012

El último místico de la Revolución de las letras


CULTURA | Poesía

El último místico de la Revolución de las letras

El poeta y sacerdote Ernesto Cardenal. | Manuel Álvarez
El poeta y sacerdote Ernesto Cardenal. | Manuel Álvarez
  • Ernesto Cardenal recibe el Premio Reina Sofía de Poesía 2012
El poeta Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925) sigue viviendo con el ánimo puesto en la revolución. La revolución que nace de la poesía, de Dios y de la lucha en favor "de los pobres y los oprimidos". Cardenal sigue con la fe intacta en esos tres pilares. Alrededor de ellos ha levantado su vida y su obra. Su escritura y su vida, que son la correspondencia de una misma pasión por la utopía.
Rematado en una boina calada, al estilo del Che. Con camisa blanca y sandalias, su "uniforme" de guerrillero, Cardenal ha recibido el Premio Reina Sofía 2012, dotado con 42.100 euros, y que reconoce una vida de empeño en las letras. "Pero mi poesía no tiene verdadera grandeza: su mérito ha sido extraliterario. Y ése ha sido mi mérito. El de la dedicación a los otros, a los desclasados, lo que se ha llamado la Teología de la Liberación o Teología de las Bases. A ella me he consagrado, principalmente", sostiene.
El galardón, convocado por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca, contempla también la publicación de una amplia antología del ganador con un extenso aparataje crítico a cargo de Maria Ángeles Pérez López. En el caso de Cardenal, a la selección de su poesía le ha dado el nombre de 'Hidrógeno enamorado'. Un repaso por algunos de sus títulos esenciales: 'el Evangelio de Solentiname' y 'Cántico cósmico', entre otros.
Ex ministro de Cultura de Nicaragua en los años principales de la revolución sandinista, de 1979 a 1987, cree que la revolución verdadera está por llegar y, "como dijo Jesús: otro mundo es posible". El martes, Ernesto Cardenal recibió también el homenaje de la Fundación Autor de la SGAE, que ha editado el disco 'Dos en uno, donde la cantante y compositora Inés Fonseca pone voz y música a los poemas del escritor.

28 de noviembre de 2011

Un ensayo traza por primera vez la historia de las ideas literarias en España


REPORTAJE
Érase una vez un español que razonaba
Un ensayo traza por primera vez la historia de las ideas literarias en España - El pensamiento estético se ha debatido entre el casticismo y el cosmopolitismo
EL PAIS - JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid - 26/11/2011


"Soy un español que razona", respondía Juan Gil-Albert cuando lo acusaban de afrancesado. Las palabras del poeta republicano dos veces exiliado, fuera y dentro, ilustran bien la presunta incompatibilidad entre las palabras España y pensamiento. No digamos pensamiento relacionado con las artes. Esa presunción queda ahora en entredicho con la aparición de las 900 páginas de Las ideas literarias (1214-2010), un volumen coordinado por José María Pozuelo Yvancos. Escrito por el propio Pozuelo, que se encarga del siglo XX, y por cuatro estudiosos más -Fernando Gómez Redondo, Gonzalo Pontón, Rosa María Aradra Sánchez y Celia Fernández Prieto-, el libro es el tomo octavo de la Historia de la literatura española dirigida por José-Carlos Mainer y publicada por la editorial Crítica.

Si hay continuidad desde la Edad Media es la espinosa "cuestión nacional"
"Siempre hubo un diálogo difícil con Europa", dice el coordinador, Pozuelo
Las ideas literarias es una rareza por lo que recoge y por el hecho de recogerlo. Lo más parecido habría que ir a buscarlo al periodo que va de 1883 a 1891, años en que Menéndez Pelayo redactó su Historia de las ideas estéticas. "Un libro como este estaba sin hacer", explica Pozuelo Yvancos. El catedrático de teoría de la literatura de la Universidad de Murcia y autor de títulos como Poética de la ficción o Teoría del canon y literatura española añade que, en lugar de por el término teoría, optaron por el más amplio de ideas. Y fueron a buscarlas "allá donde estuvieran", fueran prólogos (el Marqués de Santillana en el siglo XV), comentarios (Herrera sobre Garcilaso en el XVI), discursos (Lope de Vega en el XVII), cartas (Feijoo en el XVIII), críticas (Clarín en el XIX) o ensayos filosóficos (Ortega y Gasset en el XX).
Si en otras tradiciones los conceptos salían de manos de los maestros de retórica y poética, en el caso español son "los escritores son los que han ido abriendo camino teórico", dice Pozuelo. "Durante la posguerra, escritores como Benet, Gil de Biedma o Valente se adelantaron a los profesores de su tiempo". En los últimos cien años, un narrador juega un papel fundamental en el terreno de las ideas literarias, la de su tiempo y las del pasado: Azorín, que entre 1911 y 1913 publica Lecturas españolas, Al margen de los clásicos y Clásicos y modernos. "Es el gran creador de la tradición castellana. Hace como escritor lo que en términos filológicos estaba haciendo Menéndez Pidal en el Centro de Estudios Históricos". Así, el Centro impulsa la edición de grandes clásicos españoles de los que, como El Buscón, no existía un texto fiable. "Azorín lee a esos clásicos buscando construir una tradición nacional que estaba sin hacer. Más tarde, en un libro como Castilla, la vincula al paisaje".
La introducción a Las ideas literarias destaca que si hay una continuidad en los ocho cambiantes siglos que recoge, esa es la espinosa "cuestión nacional". ¿Existe una escuela española en literatura como se dice que existe en pintura? "Ha querido crearse", responde el responsable del volumen. "Lo curioso es que fueron los institucionistas los que fueron conscientes de esa necesidad". De entrada, no existía una historia de la literatura española. La primera escrita por un español fue, en 1865, Amador de los Ríos, el maestro de Menéndez Pelayo. No pasaba del siglo XV. "La Institución Libre de Enseñanza quiso dar cauce a una tradición española, y para eso había que historiarla", argumenta Pozuelo, que recuerda la lectura que Pidal hace de la épica castellana buscando la idiosincrasia de española: "Fija así una serie de caracteres de lo español. Por ejemplo, el realismo, que considera determinante en la historia de nuestra cultura. Quería subrayar aquellos elementos con los que España había intervenido en Europa, básicamente, la picaresca".
Si Azorín es el haz de la teoría, el envés (o viceversa) es Ortega y Gasset, que con La deshumanización del arte (1925) instala la cultura local en las polémicas de la vanguardia internacional. Para Pozuelo, Ortega es "la gran figura universal" del pensamiento estético de un país, este, que durante siglos ha vivido la tensión entre lo propio y lo ajeno, lo vernáculo y lo extranjero. Esa es la otra gran continuidad hispánica, la que va del italianizante Garcilaso a los afrancesados del siglo XVIII. "Siempre hubo un diálogo difícil con Europa", dice el profesor Pozuelo. "En eso la literatura no ha ido por un camino muy distinto que la política o la filosofía".
Tras la Guerra Civil, el franquismo triunfante mutiló el árbol de los estudios literarios. De ahí que la teoría literaria tardara en asentarse sin recelos en la universidad. No por casualidad, la antología de textos que cierra el nuevo volumen culmina con dos maestros que son un símbolo: Fernando Lázaro Carreter y Claudio Guillén. En el álbum gráfico que completa el texto, el primero aparece retratado junto a Roman Jakobson; el segundo, junto a George Steiner. El estructuralismo y la literatura comparada al máximo nivel. Las dos fotografías se tomaron en España.
El autor ha muerto, viva el autor
El volumen dedicado a las ideas en la Historia de la literatura española dirigida por José-Carlos Mainer coincide con la resurrección editorial de 1616, el Anuario de Literatura Comparada. Si el nombre de la revista alude al año de la muerte de Cervantes y Shakespeare, su director, Darío Villanueva, analiza en ella el realismo de Zola, Galdós y Henry James. No todas las comparaciones son odiosas. A ese anuario y al nuevo tomo de la Historia le acaba de seguir otro aún más nuevo: Razón y sentimiento, consagrado al siglo XVIII y redactado por María-Dolores Albiac Blanco.
Si el tomo histórico combate los prejuicios sobre la creatividad de las letras española durante el Siglo de las Luces, el teórico subraya lo que la idea actual de la literatura debe a esa centuria. En ella se fijan los géneros literarios por necesidades pedagógicas y comienza la profesionalización de los escritores y de la crítica. "Entre la imprenta e Internet está la prensa", explica Pozuelo Yvancos. "El siglo XVIII vive la eclosión de la comunicación intelectual fuera de los espacios académicos: revistas, tertulias... Nacen la vida literaria y el mercado". Las ideas literarias es, de hecho, un registro de nacimientos y defunciones. La imprenta mata la epopeya pero impulsa el ensayo y la novela, género al que le costó adquirir el pedigrí de la poesía. ¿Y hoy? "La Red lo va a cambiar todo", dice Pozuelo. Puede, por ejemplo, retocar la idea de autor, alguien que en la Edad Media era menos importante que el recitador. "El autor no estuvo y posiblemente llegará a no estar. Tuvimos que inventarnos a Homero con una imagen que es muy posterior. No pasará nada distinto de lo que ha pasado: la disolución de muchas categorías. Es posible que hayamos entrado en el inicio del final". O en el final del inicio.