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2 de mayo de 2013

Europa busca blindar la democracia


Europa busca blindar la democracia

La UE carece de instrumentos para evitar derivas autoritarias como las de Hungría

La ampliación enmascaró algunos problemas en los nuevos Estados

La Unión Europea encierra un sinfín de realidades. Las costumbres, el idioma y la situación económica de un chipriota poco tienen que ver con las de un finlandés, aunque los dos compartan moneda y puedan cruzar sin pasaporte las fronteras. La adhesión de nuevos países ha incrementado la diversidad, de forma que casi lo único que hermana hoy a los europeos es la democracia y los derechos fundamentales. Son conquistas que durante años se han dado por sentadas y que ahora afrontan amenazas. Europa observa con estupor la involución democrática de Hungría, cuya deriva autoritaria revela la falta de instrumentos en la UE para frenar esos comportamientos.
Corrupción pública y calidad democrática.
Hasta hace 10 años, la distancia entre europeos se medía principalmente en términos económicos. Con algunas excepciones, la brecha en niveles de corrupción y derechos humanos era inferior a la actual. La ampliación comunitaria de 2004 —la mayor de la historia europea, con 100 millones de nuevos ciudadanos— abrió la próspera UE a nuevas realidades y minimizó los retos de integración asociados. La entrada, tres años después, de Rumanía y Bulgaria, fue la máxima expresión de esas disparidades. Pese a no cumplir las condiciones exigidas, los dos países accedieron al club comunitario a cambio de someterse a un proceso especial de vigilancia, que aún dura.
Pocos en las instituciones comunitarias lamentan esas decisiones. “La ampliación al Este fue una buena idea que daba cumplimiento a la promesa que nos hicimos en 1989 [con la caída del Muro de Berlín]: no abandonarnos los unos a los otros”, reflexiona Rui Tavares, eurodiputado de Los Verdes. Pese a mostrarse muy crítico con la situación en Hungría —Tavares es portavoz de ese asunto en la Comisión de Libertades—, el europarlamentario solo objeta la falta de cautela política: “Nuestros Gobiernos fueron un poco ingenuos al pensar que la entrada en la UE era un atestado de buen comportamiento perpetuo”.
Con matices, todas las fuentes consultadas comparten este diagnóstico: la ampliación europea está en la esencia del proyecto comunitario porque supone la mayor garantía de paz y estabilidad en la región. Otra cosa es que los procedimientos hayan sido óptimos. El caso de Chipre, que accedió a la UE en la oleada de 2004 y al euro en 2008, evidencia que la voluntad política enmascaró problemas ineludibles: la isla era considerada un paraíso fiscal por muchos países, entre ellos España.
La Comisión Europea es consciente de los puntos débiles de estos procesos. “La experiencia de ampliaciones recientes subraya la importancia de situar el Estado de derecho todavía más en el centro de la política de ampliación”, admite esta institución en un reciente informe sobre las adhesiones venideras. Para garantizar el apoyo de los ciudadanos, “es esencial fomentar la comprensión y un debate de ideas sobre el impacto de la política de ampliación, principalmente cuando la UE afronta grandes retos”. Con la crisis, los países se vuelven más reacios a acoger a otros.
“No es un problema de la ampliación. Hay otros países europeos con problemas y con baja puntuación, por ejemplo, en corrupción. Si se detectan casos como el de Hungría, la Comisión Europea puede aplicar el procedimiento de infracción, aunque es cierto que podría ser más rápido”, subraya Zsolt Darvas, analista de Bruegel, un influyente laboratorio de ideas bruselense.
Esa es la clave del debate. Porque aunque buena parte de los problemas se localicen en los nuevos miembros, también se observan elementos inquietantes en los antiguos socios. Así ocurre en Grecia, donde el partido nazi Aurora Dorada promueve la xenofobia. Y si se habla de corrupción, Italia y España acumulan varios borrones en el expediente. Además, la pertenencia a la UE impulsa las reformas. “Para Bulgaria, el beneficio más obvio es económico, pero lo más importante es que supone una garantía adicional para la democracia y el Estado de derecho”, explica Daniel Smilov, analista del Centro de Estrategias Liberales de Sofía.
“Las instituciones europeas son muy duras con las condiciones durante el proceso de adhesión. El problema es que, una vez han entrado, no hay nada. Solo el procedimiento de infracción”, arguye Renate Weber, eurodiputada liberal rumana. Para cubrir esta laguna, Weber propone algún mecanismo comunitario que supervise los comportamientos democráticos de los países miembros. Coincide el diputado Tavares, que aboga por una comisión técnica que actúe cuando la democracia esté en peligro.
Esa idea de nuevos instrumentos empieza a calar. La semana pasada, Alemania, Holanda, Dinamarca y Finlandia pidieron a la comisaria de Justicia, Viviane Reding, un mecanismo eficaz para salvaguardar los derechos fundamentales en los Estados, aunque Reding se ha limitado a recordarles las herramientas en vigor.
El problema es que esas herramientas son lo que fuentes comunitarias denominan la bomba nuclear, pensada para no ser utilizada. Se trata del artículo 7 del Tratado de Lisboa que prevé retirar los derechos de voto a un país si no cumple las normas. Al ser una medida tan drástica, no se aplica, pero tampoco se ponen en marcha castigos más graduales que reparen los incumplimientos.
Cuando apenas faltan dos meses para que la UE incorpore a su socio número 28, Croacia, el analista de Bruegel admite una cierta “fatiga de ampliación”. Pero precisamente Croacia y la zona que representa, los Balcanes, encarnan el aspecto más ilusionante del proyecto europeo: la consolidación de la paz. Porque solo las perspectivas de integración ya propician la concordia, como acaba de ocurrir con el histórico acuerdo de Serbia y Kosovo. “Si no fuera por la aspiración a entrar en la UE, ¿cómo estarían esos países?”, reflexionan fuentes de la Comisión.

13 de diciembre de 2012

Montoro se excede


EDITORIAL

Montoro se excede

El ministro amenaza con utilizar información confidencial en contra de los medios críticos

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se permitió ayer en el Congreso algunas observaciones extemporáneas sobre los medios de comunicación que suenan peligrosamente a amenaza. Criticó la actitud de “algunos medios de comunicación” porque “dan lecciones de ética cuando tienen importantísimas deudas con Hacienda”. La advertencia iba dirigida, en el mal tono habitual del ministro, hacia aquellos medios que no dudan en “referir a la sociedad española la importancia que tiene aflorar bases imponibles para financiar nuestros servicios públicos”. Montoro pidió “coherencia y lógica”, porque lo que tienen que hacer los medios críticos o poco complacientes es “pagar religiosamente los impuestos en los plazos pertinentes”.
Precisamente “coherencia y lógica” es lo que hay que reclamar al ministro. Su regañina recuerda el comportamiento de la presidenta argentina Cristina Fernández, poco sospechosa de ser una fundamentalista de los detalles legales, cuando solicitó a la inspección fiscal argentina un informe a la medida en contra de una firma inmobiliaria que había criticado las consecuencias del corralito. El irritado discurso del señor Montoro invita a temer que a partir de ahora los gobernantes pueden atacar a las empresas periodísticas y a las personas que se atrevan a discrepar del discurso ministerial con todas las armas disponibles desde la Administración. Es un amago de amenaza y chantaje como forma de censura previa, bordea, si no es que cruza, la legalidad y resulta intolerablemente antidemocrático. La información de Hacienda sobre los contribuyentes no es del titular de la cartera. Pertenece a los declarantes y debe ser protegida con la máxima discreción.
El responsable de Hacienda ha cometido, como poco, un gravísimo desliz contra la confidencialidad debida en todo administrador público. A las reformas estructurales (demasiadas veces simples recortes del gasto en realidad) que enuncia el Gobierno, debería incorporar urgentemente una que imponga a los servidores públicos, ministros y secretarios de Estado sobre todo, dos límites infranqueables: la discreción debida a los contribuyentes sobre sus cuentas con la Administración y el no utilizar la información pública como arma contra la ciudadanía. Claro que mejor reforma y más eficaz sería aquella que culminase con el ministro Montoro fuera del Gabinete.

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12 de diciembre de 2012

Corrección de excesos


EDITORIAL

Corrección de excesos

Eliminar duplicidades y podar gastos no es ceder al radicalismo centralizador ni al soberanista

El saneamiento de las finanzas públicas exige poner fin a los excesos que se han cometido en el gasto de distintas Administraciones, no solo de las autonomías. Esas tareas urgentes deben diferenciarse bien de dos fundamentalismos: el de enrocarse en el centralismo y defender la reducción al mínimo del Estado autonómico, de un lado, y el de los que quieren exacerbar las tensiones soberanistas. El Estado de las autonomías es una fórmula de éxito y a nada conduciría la súbita concentración de competencias en un Estado unitario y elefantiásico, que podría ser aún más difícil de manejar y optimizar.
Pero tampoco se puede aplazar eternamente un proyecto de racionalización de competencias y servicios. Las estructuras autonómicas canalizan bastante más de un tercio del gasto público, de modo que volver grupas sobre lo actuado haría temblar los cimientos del edificio institucional. Tampoco es posible plantear a los ciudadanos la opción entre pagar el Estado del bienestar o pagar el Estado de las autonomías, como si uno y otro no tuvieran nada que ver: esa dicotomía es falsa. Servicios públicos esenciales se prestan a través de las autonomías, de modo que pretender una reducción sustancial del gasto en educación o sanidad equivale a cuestionar, en realidad, tales prestaciones o dar el volantazo hacia su privatización.
Asunto distinto es que la emergencia económica del presente exija correcciones urgentes. Un sector de la sociedad demanda la reducción del aparato político de las autonomías, sobre todo de los despliegues en personal o empresas públicas. La demanda se extiende al recorte de tamaño de los Parlamentos, operación aconsejable donde no encubra un ardid para reducir o suprimir el pluralismo. La emergencia exige replantearse también la necesidad de las diputaciones provinciales, la enorme cantidad de ayuntamientos y el número de ediles. Un país de tamaño medio no necesita cuatro niveles administrativos —Estado, comunidad autónoma, provincia, ayuntamiento— sobre todo si duplican servicios. Reducir un 20% de funcionarios y empleados de las administraciones públicas hasta 2020 sería un objetivo realizable sin medidas traumáticas, aparte de las que ya hay en marcha.
Cualquiera que sea el mapa resultante, la clave es asegurar un control muy serio y profesionalizado del gasto público; en el Estado central, desde luego, pero también en las comunidades autónomas y en las corporaciones locales. El rosario de déficits ocultos, impagos o atribuciones de sueldos escandalosos a asesores o altos cargos alimentan la creciente desconfianza ciudadana hacia la clase política y la tentación populista de desprestigiarla.
Tampoco se justifican las tensiones independentistas. Añadir esa fuente de inestabilidad a la crisis no ayuda a resolver los motivos de descontento esgrimidos y contribuye a ensanchar la zanja de incomprensión. Las quejas desde Cataluña deben ser analizadas conjuntamente. Tiene que ser posible hacer frente a las emergencias y replantearse con calma la cuestión territorial en una futura reforma constitucional. Esa reconsideración sería la oportunidad de revisar la función del Senado, declarado cámara "territorial” desde 1978 pero que nunca ha jugado ese papel, ni recibido cuentas, ni discutido una evaluación precisa de los programas autonómicos.
En todo caso, ninguna operación duradera podrá hacerse sin el consenso y la lealtad entre los principales partidos, a cuya responsabilidad apelamos con firmeza desde estas páginas. A estos efectos, tampoco sería suficiente el consenso entre fuerzas de ámbito estatal: el respeto al espíritu con que se redactó la Constitución precisa también de la participación de los nacionalistas con mayor implantación.

2 de mayo de 2012

Aguirre: «O los sindicatos cambian o les auguro que caerán como el muro de Berlín»


ESPAÑA

Aguirre: «O los sindicatos cambian o les auguro que caerán como el muro de Berlín»

La presidenta de la Comunidad de Madrid rechaza recoger hoy la carta que estas organizaciones le quieren entregar, en respuesta a su desplante por los actos del Dos de Mayo

Día 02/05/2012 - 12.43h
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REUTERS
Carteles contra Rajoy y Aguirre en la manifestación del Primero de Mayor
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se ha adelantado esta mañana a los sindicatos, que van a entregarle una carta de queja durante los actos del 2 de mayo, a los que no asistirán, al afirmar que les va a pedir que pasen su escrito por Registro porque ella no está hoy "para leer cartas".
"Les voy a decir que la pasen por Registro porque hoy no estoy yo para leer cartas", ha dicho la presidenta madrileña en una entrevista en Cadena Ser, en la que ha insistido en que "los sindicatos están anticuados y tienen que cambiar" porque "de esta manera no van a ningún lado".
"O cambian o les auguro que caerán como el muro de Berlín", ha manifestado Aguirre, que ha comentado que, con la cifra de manifestantes de ayer, un líder sindical "no sale ni concejal en Madrid".


Nota del Blog: La democratura no es la solución para los problemas sociales, económicos y políticos de España.