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29 de mayo de 2019

CONSUMISMO

P E R I S C O P I O

Blog Contra-Revolucionario

martes, 28 de mayo de 2019


CONSUMISMO – 29/05/2019

¿Qué viene a ser consumir? La primera idea que viene a la mente es la de comer, lo cual realmente está incluido en el concepto de consumo. Sin embargo, consumir significa también tener en la vida otros placeres, no necesariamente los del magnate de Mamón, quien tiene abiertas las puertas del alto consumo, sino placeres que proporcionan bienestar al hombre, en una proporción mayor o menor, conforme a las apetencias de su naturaleza. La palabra consumir abarca por lo tanto el conjunto de aquello que apetece a las justas temperancias de la naturaleza humana. En el ámbito del consumo de una ciudad pueden existir bienes que de ninguna manera son necesarios para matar el hambre y que a rigor no son indispensables para vivir, como por ejemplo tres o cuatro grandes teatros, en los cuales haya permanentemente exhibiciones artísticas de gran valor, a los que una parte de la población, aficionada a esos espectáculos, asiste. Consumir no es sólo comer. En el mismo orden de ideas estaría un óptimo museo, una galería de arte, un excelente tren subterráneo. El concepto de consumo incluye, pues, todo aquello que es indispensable para que el hombre pueda vivir. Pero incluye también lo conveniente y en lo conveniente, hasta lo superfluo, que hace la vida agradable. Una madre de familia entra en una tienda y ve una figura de porcelana representando una pastora con un corderito, juzga que sería agradable tenerla en el centro de la mesa de su comedor y la compra: ella consumió. No se comerá esa porcelana, lo adquirió sólo para que todos la miren. Sin embargo, es un verdadero consumo.

Así va naciendo una tesis que si la analizamos con atención se nota enseguida su cuño característicamente socialista. Dado que unos tienen mucho y otros tienen poco, es necesario que los que tienen mucho se queden sólo con lo indispensable para vivir y den todo lo superfluo a los demás. Porque si poseen objetos de lujo, de confort, con eso consumen mucho. Correlativamente comen mucho, beben mucho, gozan de vacaciones, cuando viajan lo hacen en avión, preferentemente en avión propio, poseen campo de aviación en su propiedad rural, helipuerto en el jardín de su casa, etc.

Según una concepción muy difundida el mundo se divide en dos partes: las naciones ricas y las naciones pobres. Es una dicotomía ilusoria. Frente al anti consumismo retrógrado, debemos propugnar un consumismo sensato, proporcionado, en que las naciones más ricas, lejos de imponer a las más pobres condiciones de vida casi insustentables, busquen, por el contrario, estimular la producción de esos hermanos pobres, proporcionándoles salarios y niveles de existencia alentadores, que les den el gusto de un consumo sustancioso y agradable, que les estimule a trabajar más.

EXTRACTOS DE CONSIDERACIONES DEL PROF. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA AUTORIA DE NACHO ALDAY SIN REVISION DEL AUTOR

28 de febrero de 2018

Adiós al Ritz, el hotel que impuso un código de etiqueta en Madrid





Hotel Ritz Madrid
Vestíbulo de hotel Ritz de Madrid.
Adiós al Ritz, el hotel que impuso un código de etiqueta en Madrid

El grupo Mandarin Oriental acomete la mayor reforma del local, que abrirá de nuevo en 2020
El arquitecto Rafael La-Hoz dirige la obra en la que se invertirá 99 millones de euros

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Este miércoles, cuando el último cliente realice el check-out, el hotel Ritz de Madrid cerrará sus puertas. Y lo hace para acometer la reforma más importante de su historia, en la que los actuales propietarios, liderados por el grupo Mandarin Oriental, invertirán 99 millones de euros. Las obras, dirigidas por el arquitecto Rafael de La-Hoz y los interioristas franceses Gilles & Boissier,finalizarán a finales de 2019. El nuevo hotel tendrá 106 habitaciones y 47 suites, además de una lujosa Suite Real, de 188 metros cuadrados. El restaurante se trasladará al espacio original, con acceso directo a la terraza. Otra novedad: se volverá a instalar una cubierta de cristal en el centro del hotel que permitirá que la luz entre en el salón, como cuando se inauguró.

Fue el 2 de octubre de 1910 cuando el Ritz abrió sus puertas, convirtiéndose en uno de los hoteles más elegantes de Europa. Su inauguración estuvo acompañada de todo el boato que la ocasión requería, al contar con la asistencia de la reina Victoria Eugenia y del rey Alfonso XIII, impulsor de la iniciativa de crear el primer hotel de lujo en España, siguiendo los estándares de excelencia de numerosos hoteles-palacio europeos. El monarca recordaba que durante su propia boda, celebrada unos años antes, los invitados reales tuvieron que ser hospedados en casas particulares, ya que la oferta hotelera en Madrid no estaba a la altura de tan ilustre evento. Fue él mismo quien convenció a amigos aristócratas y empresarios para que tomasen parte de este ambicioso proyecto, convirtiéndose en uno de los mayores accionistas de la nueva Compañía de Desarrollo Ritz.

MÁS INFORMACIÓN

También se invitó a Cesar Ritz, padre del hotel francés, a participar en este proyecto. El sello que distinguía a este hostelero eran las proporciones de su arquitectura, la belleza y el gusto exquisito de su diseño interior, así como la atención de los pequeños detalles y la comodidad. A lo largo de su historia, la propiedad ha cambiado de manos en varias ocasiones: en 1932, fue adquirido por el empresario belga George Marquet, que impuso un estricto código de etiqueta, como el uso obligatorio de la corbata o el veto a las mujeres que llevaban pantalón, ya que consideraba que no todo el mundo reunía las condiciones para ser cliente del Ritz. Valoración que se regía no solo por el poder económico, sino por el pedigrí familiar, la educación, el estilo y las buenas maneras. De hecho, a día de hoy, las zapatillas, el pantalón corto y la camiseta solo se puede llevar en el jardín y en el gimnasio. En una ocasión, uno de los directores del hotel se vio entre la espada y la pared al ver que Jennifer López entraba en el restaurante a desayunar con mallas deportivas. Las miradas de admiración de los clientes hicieron que desistiera en la amonestación a la estrella.

La familia Marquet vendió el negocio en 1978 al ex alcalde de Barcelona Enrique Masó. Tres años más tarde fue comprado por el grupo británico Trusthouse Forte. En 2003, tras un breve periodo como hotel de Le Meridien, fue adquirido por Orient-Express, que en 2014 pasó a ser Belmond. En 2015 fue adquirido por Mandarin Oriental por 148 millones de dólares, en una operación conjunta con el grupo financiero The Olayan Group.

Lo que es una incógnita es el nombre que lucirá el nuevo Ritz cuando abra de nuevo sus puertas en 2020. Hasta entonces, los cerca de 250 empleados del hotel recibirán formación en los locales que tiene repartidos por el mundo el grupo Mandarin Oriental.

UNA ESTRICTA ETIQUETA
El código de etiqueta del hotel fue algo más que una leyenda. Fue la familia Marquet la que impuso una serie de estrictas normas, ya que consideraba que no todo el mundo reunía las condiciones para ser cliente del Ritz. Todos los hombres debían llevar corbata, sin excepción alguna. Por el estricto cumplimiento de esta norma, el director de orquesta Herbert von Karajan, que acostumbraba a llevar jersey de cuello vuelto, dejó de ser cliente del Ritz. Sin embargo, un año más tarde de su enfado, regresó a sus habitaciones 528-529.

También se impuso que las señoras no llevaran pantalones, lo que generó situaciones desagradables, sobre todo a los empleados que debían comunicar a las clientas que no eran bienvenidas. También estaban prohibidas las mascotas, fumar en el vestíbulo y en el restaurante, los viajes en grupo y la admisión de artistas y toreros. Cuando se recibía una llamada de algún actor de Hollywood, curiosamente el hotel estaba lleno, y se le invitaba a instalarse en el vecino Palace, también propiedad de la familia Marquet, que no odiaba a los artistas, sino a los fans.

Hoy, esas normas se han relajado, aunque se advierte que el uso de vestimenta informal ha de ser elegante, y se recomienda el uso chaqueta en el restaurante. El pantalón corto, la camiseta y la zapatilla quedan reservadas para el jardín y el gimnasio.


8 de abril de 2014

Villas y mansiones, a prueba de crisis

Villas y mansiones, a prueba de crisis

El segmento de lujo, el más resistente al ciclo inmobiliario, lleva un año creciendo por sus atractivos precios

No hay crisis para las mansiones. Esas deslumbrantes villas dispersas por Marbella, Port Andtrax o Jávea empiezan a venderse otra vez como rosquillas. Y no se trata de chalés con cierto empaque, sino de viviendas de cuatro o cinco millones de euros, e incluso de diez o quince. “Nuestros comerciales enseñan una media de cuatro o cinco de estas casas al día”, dice Pía Arrieta, socia de Diana Morales Properties, de Marbella, una de las grandes agencias del segmento de lujo. Lo mismo dice David Scheffler, director general en España de Engels & Völkers, la mayor red de agencias de este tipo de producto de Europa. “2013 fue un año excelente y creo que este o el que viene podremos volver a las cifras anteriores al boom”, asegura.
Parece sorprendente, pero así son las cosas. Al contrario de los segmentos modestos, el de lujo apenas ha sufrido la crisis. Mientras que los precios de la vivienda han caído un 45% en España y hasta un 70% en los apartamentos de algunas zonas de la costa, “en este las bajas han sido del 15% al 25%”, dice Arrieta. José Ribes Bas, director general de Rimontgo, la mayor agencia de lujo de Valencia, va más lejos y asegura que “el segmento se ha mantenido, e incluso aumentado, porque es un producto único”. A muchos compradores esa bajada les sabía a poco y estaban a la expectativa de mayores recortes. Pero, como no se concretaron “en 2012, el mercado empezó a subir”, explica Daniel Enquist, de Crystal Shore, otra de las principales agencias de Marbella. Así, en tanto que las ventas de inmuebles bajaron hasta octubre del año pasado un 15,6% en valor, “la inversión foránea (la decisiva en el segmento de lujo) en el mercado español no ha dejado de crecer desde 2009, con un alza en el último año del 150%”, señala Ribes.
De tal modo que, según un informe de Diana Morales, “empieza a haber escasez de propiedades de lujo al lado del mar”. Y donde empieza a faltar es en el segmento más exclusivo, en zonas del trío Marbella-Benahavis-Estepona como La Zagaleta (con una media de siete millones por chalé), Sierra Blanca (cuatro millones) o Marbella Club (cinco millones). Otras localizaciones de alto standing son Port Andratx o Port Portals, en Mallorca; San José, en Ibiza, o La Corona, el Tossalet o la Mezquida, en Jávea. Todas estas van como un cohete.
En el área de Marbella están cada vez más cerca de las 6.870 compraventas de 2006. En 2012 se cerraron 4.602 operaciones y el año pasado se pasó de 5.500. En Mallorca cuentan historias similares. “Tuvimos el mejor ejercicio desde 2008, con aumentos de ventas del 30% al 70%, según zonas”, apunta Scheffler. Según la organización notarial, las ventas de propiedades a extranjeros en la isla pasaron de 1.642 a 3.571 entre 2008 y 2012. Pero, esta animación aún no ha llegado a las ciudades. En algunas áreas de Barcelona los precios ya suben, pero en general siguen a la baja. “Y en Madrid”, dice Jesús Conde, socio de Baker & McKenzie, “ha habido rebajas importantes incluso en los barrios más selectos, y esto seguirá así un tiempo”.

El sector está que se sale

“Para el sector, pues, apenas ha habido crisis. Al contrario de otros segmentos, que han vivido una masacre, con la desaparición de redes enteras, en el superlujo no ha cerrado ninguna agencia, incluso están saliendo intermediarios nuevos”, asegura Pía Arrieta, socia de Diana Morales Properties. Ahí siguen los grandes nombres Diana Morales, Kristina Szekely, Hansa Realty, Crystal Shore, en Marbella; Rimontgo, en Valencia; Kensington, en Mallorca. La mayoría afiliadas a redes internacionales como Christie’s, Luxury Porfolio o Sotheby’s. Y todas con excelentes resultados. Las ventas de Diana Morales subieron en 2013 un 20%; las de Crystal Shore, asegura su representante, Daniel Enquist, crecieron incluso el 60%, y las de Engel & Völkers (una red de franquicia) en torno al 50%. “Aumentamos la facturación de 293 a 435 millones de euros y el número de transacciones de 452 a 603”, dice su director David Scheffler. La empresa tiene 22 agencias más en España (62 en total) y su idea es llegar a 150 en unos años. No extraña que estén desembarcando agencias e incluso redes enteras similares a Engels & Völkers como Fine & Country. Aparte de que el segmento es menos cíclico, las valoraciones son altas y las comisiones interesantes. El margen de intermediación de las oficinas de Engels & Völkers en Mallorca fue del 13,6% en 2013 y cerca del 6% suele ir para el comercial. Lo suficiente para prejubilarse rico, muy rico
La relativa escasez en el producto exclusivo ha desatado un principio de movimiento de promoción, aun en la etapa de compra de terrenos y diseño, asegura Arrieta. En el sector no se muestran extrañados de la resiliencia del inmobiliario de lujo en España, al que consideran altamente competitivo frente a sus rivales del Mediterráneo. Y el resultado está a la vista. Tras la caída de precios de los últimos siete años, estos activos resultan aún más tentadores, comparados con otras zonas exclusivas del Mediterráneo como Italia o Francia. “Seguimos con ventaja”, apunta Scheffler. De hecho, un estudio de su agencia revela que una villa con cinco habitaciones y vistas al mar cuesta la mitad en Mallorca que en la Costa Esmeralda italiana y la tercera parte que en Cap Ferrat, Francia.
Lo que no quiere decir que estas casas sean baratas. El grueso de la oferta en las tres mejores áreas residenciales de lujo —Marbella, Mallorca y Costa Blanca— oscila entre tres y cinco millones. Y hay muchas mansiones de más de diez millones, incluso hasta de 20 o 30. Kristina Szekely, otra de las grandes agencias de Marbella, tiene una villa de 33 millones de euros en Nueva Andalucía: 2.200 metros construidos sobre 7.700 de parcela, jardines con cascadas, piscina climatizada, pádel, garaje para seis coches, spa con jacuzzi, gimnasio, siete suites, tres salones interconectados con 760 metros, dos cocinas… Parece mucho dinero, 33 millones, pero esta casa seguramente valdría un 50% más en Francia.
Esta relación calidad-precio está ayudando a España a mantener su posición como una de las potencias del llamado high end luxury real estate. Baste solo un dato. De las 35.112 propiedades que Engel & Völkers tiene a la venta en 38 países, más de 8.000 (23%) están aquí. Y el precio no es la única ventaja. Otros países del Mediterráneo oriental o el norte de África dan más por menos dinero, pero les falta el glamour, la infraestructura o los servicios. “No creo que lleguen a ser rivales en muchos años”, opina Enquist. Luego están las conexiones. La Costa del Sol o Mallorca están a menos de cien kilómetros de los aeropuertos de Málaga y Palma, con vuelos diarios a las capitales de Europa.
Otro argumento de peso es el nuevo visado (golden visa, le llaman) que el Gobierno español ha puesto en marcha con la Ley de Emprendedores por el que los extranjeros de fuera de la UE pueden acceder a la residencia si compran una propiedad de más de 500.000 euros. Según Ribes “ha despertado un interés adicional por España de los inversores extranjeros”. Su impacto se nota. “Muchos latinoamericanos empiezan a querer instalarse en Madrid debido al nuevo visado, además de que se sienten mejor aquí que en París o en Londres, por el idioma y porque los precios son tres veces más bajos”, dice Conde. Quizá también por él se percibe un cambio de uso en los compradores rusos, “que antes adquirían villas para vacaciones, y ahora se instalan todo el año con su familia, y los que trabajan van y vienen”, señala Arrieta.

21 de julio de 2012

Cien años en un hotel de lujo


HISTORIA

Cien años en un hotel de lujo

El Palace cumple 100 años como testigo de la historia de la ciudad

Sus suites han alojado a Mata Hari o a Bruce Springsteen y escenario de la Guerra Civil o el 23-F

Empleados del Palace posan bajo la cúpula del hotel. / LUIS SEVILLANO
El hotel Palace de Madrid se apresta a cumplir su primer siglo estrechamente unido a la historia social, política y financiera de la ciudad. El turismo de lujo resultaría inconcebible sin este establecimiento que ocupa uno de los edificios madrileños más señoriales. Tal como muestran hoy fotografías ya color sepia, Madrid era hace un siglo, en 1912, una urbe donde la mayoría de su población moraba en una ciudad hostil a la salubridad y a la belleza. Las epidemias eran frecuentes. La mortalidad infantil, alta. Las expectativas medias de vida frisaban los 50 años. Muy pocos ambientes, edificios o enclaves presentaban al exterior una mirada grata y amable.
Solo merced a personas cultas y de vocación democrática, como el entonces alcalde y médico higienista José Francos Rodríguez, y a algunos partidos de izquierda, republicanos y socialistas, las condiciones de vida de los trabajadores comenzaban lentamente a adecentarse: el salario medio diario apenas superaba las 5 pesetas.
La aristocracia apenas salía de sus palacios o cotos de caza de la periferia —más de tres centenares— y cuando raramente lo hacía, era tan solo para comer o cenar en un par de restaurantes de lujo de la carrera de San Jerónimo, cuyos accesos congregaban enjambres de personas menesterosas en busca de limosnas que los carruajes de aquellos apartaban con furia de su camino.
Tras confirmarse en 1906 la rotunda insuficiencia de alojamiento para albergar a los más de 3.000 ilustres invitados a las bodas del joven rey Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg, surgió por iniciativa regia la idea de dotar a Madrid de algunos hoteles de lujo.
Rotonda columnada del hotel.
En aquella situación, prosperó la iniciativa de erigir un gran hotel. El lar elegido sería el que fuera considerado desde el siglo XVII como el mejor predio de Madrid, el solar que ocupara el palacio del duque de Lerma, valido de Felipe III, luego de su hijo el duque de Medinaceli: se hallaba frente al paseo del Prado y al viejo palacio del Buen Retiro; junto a la fuente de Neptuno —la más bella de Europa, según algunos—; ante el Congreso de los Diputados; a un suspiro de donde moraron Cervantes, Lope y Quevedo y a un paso de los templos de los Jerónimos y de Jesús de Medinaceli.
La gran mansión señorial de los Lerma-Medinaceli fue derruida y adquirida a comienzos del siglo XX por una compañía belga, propietaria del Palace Hotel de Bruselas, que encargó al arquitecto Edouard Niermans el anteproyecto de un gran edificio, cuya ejecución ganaron por concurso el catalán Eduard Ferrés y la empresa de ingeniería Leon Mannoyer e Hijos. En marzo de 1911 comenzaron las obras, por cierto, una de las primeras de España en las que las estructuras serían de hormigón armado. Se erigió un edificio de ocho plantas, más tres subterráneas, muy semejante al legendario hotel Negresco de Niza, con una enorme —pero armónica— fachada de más de 150 metros a la plaza de Neptuno, rematada por dos tambores amansardados; otra fachada trasera miraba a la calle del Duque de Medinaceli y dos laterales, a las Cortes y a la calle de Cervantes.

Calendario festivo para un aniversario

M. MARTÍN
El Palace celebrará su centenario con una serie de actividades, entre septiembre y fin de año.
  • Palace Hotel. Exposición en la que fotógrafos como César Lucas, Marisa Flórez o Javier Salas eligen una de sus instantáneas favoritas tomadas en este edificio.
  • 100 años de Palace.Fernando Vicente realiza un libro con ilustraciones de historias del hotel.
  • Gastronomía. Cinco museos de la ciudad confeccionarán un menú histórico.
  • Las 400 caras del Palace. Pau García ha realizado una obra gráfica con imágenes de los trabajadores del hotel.
  • Palace Couture & Brunch.Trajes de diseñadores que han marcado la moda del siglo XX desfilarán bajo la cúpula acompañados de música y brunch.
  • Cumpleaños solidario.Cena de gala a beneficio de la Fundación Aladina, que trabaja con niños enfermos de cáncer.
  • Gala Fin de Año. Diego Guerrero, con dos estrellas Michelin, asesor gastronómico del hotel, realiza el menú.
Tan solo 18 meses después, tras la encomienda al gran hotelero George Marquet de la organización interior del alojamiento, confort y decoración —primaría el llamado estilo Luis XVI luego integrado en el llamado Belle Époque—, el hotel fue inaugurado. Fue el 20 de septiembre de 1912. El rey acudiría días después a un brindis inaugural.
Era un edificio plurifuncional, con comercios de lujo, restaurantes, oficinas y, posteriormente, cine, a sumar a su condición de hotel. En el interior —hoy cuenta con 467 habitaciones, 50 de ellas suites— disponía de puertas de caoba, mobiliario en maderas nobles, ajuares de lino, cortinas de organza, baño con bañera de fábrica, además de centralita y teléfono individualizado en cada estancia, así como cubertería de plata y selecta cocina. Todo ello otorgaba al hotel un gran atractivo, incrementado por un servicio esmerado, racionalizado al máximo por sus empleados —hoy llegan a 360 los fijos, más 140 eventuales, de 20 nacionalidades—. Sus salones de café y de baile; sus pasillos alfombrados con labores de la Real Fábrica de Tapices y sus vitrales de la casa Maumejean, como la enorme bóveda acristalada que cubriría su rotonda columnada, seducían a sus huéspedes.
El primer cliente, Leopold Ghende, belga, ocupó el 21 de septiembre de 1912 la habitación 141 y pagó 7 pesetas con 5 céntimos. La pensión completa costaba 12,50 pesetas. Hoy, el precio básico aproximado de una habitación es de 230 euros (casi 40.000 pesetas). Entre 1920 y 1930, uno de los clientes habituales del hotel sería Juan March, que realizó allí jugosos tratos de compra de crudo ruso.
Durante 16 años, el escritor y periodista Julio Camba, amigo de March, se alojó en la habitación 383. La vida privada de los huéspedes era celosamente sellada por un servicio uniformado generalmente de azul celeste, botones de gorro plano y porteros de librea de entorchados, discretos y silenciosos.
En 1915, se había hospedado en el hotel la holandesa Margarita van Zeele (1876-1915), conocida como Mata Hari y experta en sugerentes danzas javanesas; tan solo unos meses después sería ejecutada en el penal de Vincennes por supuesto espionaje a favor de la Alemania del káiser Guillermo. Por el hotel desfilaron Albert Einstein y Marie Curie, conferenciantes invitados por la Institución Libre de Enseñanza. Posteriormente lo harían Salvador Dalí, García Lorca y Buñuel, huéspedes burgueses de la Residencia de Estudiantes que comparecían allí en la escena social madrileña.
La obra del hotel, que duró 18 meses.
En 1936, al estallar la Guerra Civil española, el hotel fue transformado en hospital de sangre para las tropas republicanas. Clientes y visitantes contemplaron con horror el bombardeo por parte de escuadrillas de la Legión Cóndor de la Luftwaffe, la aviación nazi, contra un circo instalado en el cercano paseo del Prado, con bombas incendiarias como las que arrojaron sobre el techo del tan próximo Museo del Prado y la Biblioteca Nacional. Hubo numerosas víctimas. Los animales que no fueron despedazados huyeron aterrorizados por las calles aledañas. Al concluir la guerra el hotel fue incautado por las tropas carlistas.
Con el tiempo, el edificio del Palace iría incorporando innovaciones. La compañía aérea Iberia fijó durante décadas en la planta baja sus oficinas madrileñas, de donde partía una línea de autobuses hacia el aeropuerto de Barajas. En la fachada que mira a la carrera de San Jerónimo abrió sus puertas el selectísimo cine Palace.
María A. Uría, de 70 años, relata su boda en Los Jerónimos en 1963 y el ágape en el salón Medinaceli del Palace. “En verdad, fue un cóctel, bebidas, canapés y baile con orquesta de 16 músicos. El convite costó 31.000 pesetas, exactamente”.
El carácter cosmopolita del hotel atraía hacia sus huéspedes la avidez de intercambio privado e informal de dólares durante los años de crudas carencias de divisas. Era habitual ver frecuentar el Palace a actores como Edward G. Robinson y actrices como Lauren Bacall y, años después, a estrellas del rock como Bruce Springsteen. El protagonismo histórico estelar lo adquirió el Palace durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, convertido en cuartel general de la prensa —la habitación 109 fue para TVE— y de los negociadores.
Las estancias del Palace han procurado durante 100 años a sus clientes el confort silencioso y la voluptuosidad estimulante que el lujo brinda solo a quien —tan discriminadamente por la fortuna— puede pagárselo.