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27 de agosto de 2015

La Staatsoper de Berlín confirma el concierto de Barenboim en Teherán

La Staatsoper de Berlín confirma el concierto de Barenboim en Teherán

ABC - Día 27/08/2015 - 13.52h

La Ópera Estatal berlinesa sigue firme en su plan de ofrecer su concierto en Irán, obviando a la ministra israelí que lo vetaba

La Berliner Staatsoper confirmó hoy los planes de su director musical, el argentino-israelí Daniel Barenboim, de ofrecer un concierto al frente de la Staatskapelle en Teherán.
Según la Ópera Estatal de Berlín, la orquesta mantiene actualmente conversaciones con Irán sobre un posible concierto, que estaría auspiciado por el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier.
La institución agrega que tan pronto como concluyan las conversaciones está en disposición de ofrecer informaciones más concretas.
La ministra israelí de Cultura, Miri Regev, anunció ayer que hará llegar una carta de protesta al Gobierno alemán por el posible concierto de Barenboim, director musical de la Berliner Staatsoper, enTeherán.
Barenboim «persigue una línea antiisraelí y desacredita a Israelcada vez que puede», además de abusar de la cultura para imponer sus ideas políticas, denunció en su cuenta de Facebook.
El Ministerio de Cultura de Irán había comunicado a principios de semana que está negociando con la Filarmónica de Berlín y la deViena sobre posibles conciertos en Teherán, información que fue desmentida por ambas orquestas.
Barenboim se ha mostrado una y otra vez crítico con la política de asentamientos de Israel y la postura de los diferentes gobiernos hacia los palestinos.
Como contribución a la reconciliación en Oriente Medio,Barenboim impulsó en 1999 junto al ya fallecido intelectual palestinoEdward Said la West-Eastern-Divan Orchestra, un proyecto que reúne a jóvenes músicos israelíes y palestinos.
El pasado junio, el pianista y director de orquesta presentaba la primera fase de las obras de su academia para músicos árabes e israelíes, una institución que está emplazada junto a la sede de la Staatsoper de Berlín y que llevará el nombre de Barenboim-Said.
Por otra parte, en 2011, el músico argentino-israelí viajó con músicos de diversas orquestas europeas a Gaza para ofrecer un «concierto por la paz».

30 de agosto de 2014

Barenboim: “En Oriente Próximo solo impera la terquedad”

Barenboim: “En Oriente Próximo solo impera la terquedad”

Daniel Barenboim demuestra que es posible vivir en paz con su orquesta de músicos judíos, palestinos, árabes y españoles

Barenboim , hace unos días en Madrid. / CLAUDIO ÁLVAREZ
Rebelde pero contundente a la hora de imponer su autoridad, el liderazgo de Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942) trasciende lo meramente musical. Políglota y poliédrico, sus identidades confluyen en un cosmopolitismo global que le hace al tiempo judío de fuertes paradojas, argentino de raíz intensa y español por gusto y sentido de adopción. Se dio a conocer como niño prodigio en su ciudad natal, pronto emigró a Israel con sus padres, saltó a Europa donde se consagró primero como pianista y después como uno de los directores de orquesta más suculentos y profundos de su tiempo. No rehúye polémicas sino que las atiza, es capaz de recoger un premio en Israel y reivindicar en sus palabras de agradecimiento la necesidad de un Estado palestino o interpretar a Wagner en la tierra de David. Escribe al alimón con Felipe González un libro sobre el liderazgo, y extiende la dimensión del invento que parió junto al pensador palestino Edward Said del West-Eastern Divan, una orquesta en la que se unen judíos, palestinos, árabes y españoles para demostrar al mundo que pueden convivir en paz. Empeñado ahora en reivindicar a músicos como Edward Elgar (1857-1934), de quien acaba de grabar su segunda sinfonía para Decca, recién ungido por el éxito nostálgico de haber regresado a tocar el piano al teatro Colón junto a su amiga Marta Argerich, Barenboim, siempre vitalista y permanentemente incómodo para aquellos que lo denuestan por cumplir con su deber, sigue marcando el paso.
Y este nuevo regreso a Elgar, ¿a qué se debe? Los británicos hablan de Elgar como el gran compositor inglés, como queriendo decir que no era un gran compositor. Nunca se dice el compositor francés Fauré, por ejemplo, eso es hacerle de menos.
Para ellos es el colmo de lo que llaman englishness. Recuerde que Pompa y circunstancia lo compuso él. Pues debería dejar de serlo y que lo empezaran a considerar un gran creador universal. Porque su música, con esa gran tensión neurótica mahleriana, lo merece. Así me lo planteé yo cuando llegué a él, a través de mi primera mujer, Jaqueline Dupré, cuando hicimos el Concierto para violonchelo. A partir de ahí, quise dirigir todas sus sinfonías y otras obras suyas en la misma Inglaterra y después en Estados Unidos. Pero ampliando su dimensión. No olvidemos que ellos lo denostaron por católico hasta que al final de la Segunda Guerra Mundial necesitaron un referente cultural y empezaron a reivindicarlo. Hace poco encontré sus partituras y volví a sentirme atraído por él.
Esa atracción, ¿habrá venido marcada por una cierta nostalgia de su primera mujer, Jaqueline Dupré? Sí, quizás, pero esa no es una razón para volver a un compositor.
O sea, ¿me va a contar que no obra en un argentino de nacimiento la pena por el pasado? Se olvidó decir un judío argentino. Y que la gran mayoría de los psicoanalistas en dicho país son judíos.

La serie

Miradas latinas Última entrega de las entrevistas de verano con las que ‘El País Semanal’ ha propuesto a sus lectores un viaje por el talento con personajes que marcan la diferencia en ámbitos diversos y están unidos por el idioma español. Tras el cocinero Gastón Acurio, la responsable educativa de Nueva York Carmen Fariña, la científica Anna Veiga y el ‘business angel’ Martín Varsavsky, cierra la galería uno de los directores de orquesta más profundos e influyentes de su tiempo.
Cierto, se me pasó: ¿para un judío argentino no influye en nada el mecanismo de la nostalgia? Claro que sí, pero no por ella, en este caso, aunque en el plano personal, siempre ha existido y existirá.
Y, aunque a usted no le gusta que le hablen de su edad, después de haber cumplido 70, ¿refulge la memoria de otras cosas? ¿Incluso en un optimista activo como usted? ¿Incluso aunque le dé rabia reconocerlo?Francamente, creo que no. Pero bueno, la nostalgia es parte de la vida. Yo siempre he dado importancia al pasado por el hecho de ser lo que nos planta en el presente y ambos me sirven como etapas para acabar en el futuro. De los tres tiempos, lo menos importante, filosóficamente, es el presente. Es lo que uno vive, y ahí queda la contradicción. Pienso que dejo más años atrás que los que voy a tener delante. También que dispongo, gracias a Dios y a mis padres, de una salud de hierro y espero seguir disfrutándola, aunque no sé por cuánto tiempo. Mi hijo mayor me dijo el otro día, en los conciertos donde se celebraron mis 50 años de colaboración con la Filarmónica de Berlín: “Pero papá, ¿por qué diriges tanto? ¿Por qué no tocas más el piano? Vas a poder estar frente a una orquesta cuando tengas 90, pero tocar el piano… ¿quién sabe cuánto tiempo vas a poder hacerlo en plenas capacidades?”. Y eso me hizo pensar. Me hizo pensar…
¿Tomó alguna decisión al respecto? En varios sentidos, pero no en este: por ejemplo, crear una academia estable con el West-Eastern Divan que funcione todo el año en Berlín, algo más general respecto a lo que tenemos en Andalucía, con estudiantes todo el año. Es una de las razones por las que he dejado la dirección musical de la Scala de Milán.
¿Han cambiado mucho las cosas en la zona desde que se creó el Divan? ¿Se notan los peldaños? Cuando se creó en el año 1999, más del 60% de sus miembros no había tocado nunca en una orquesta. En ocho años, eran capaces de interpretar las Variaciones de Schoenberg.
¿Cómo es posible que lo hayan logrado reuniéndose en verano a tocar una de las piezas más difíciles del repertorio en marcos y escenarios tan importantes? En gran parte gracias a un trabajo regular. Imagine a un chaval en un lugar tan conflictivo como los territorios palestinos o Israel, que hace una audición, entra en la orquesta, se pasa un tiempo aprendiendo su instrumento en verano con un profesor de la Staatskapelle de Berlín, luego ensayando conmigo en Sevilla, gracias a lo que nos ha apoyado la Junta de Andalucía desde 2002. Ahora van a tener la oportunidad de hacerlo todo el año en Berlín.

Perfil

(Buenos Aires, 1942), hijo de pianistas, debutó a los siete años con tal éxito que fue invitado al Mozarteum de Salzburgo. Pianista y director de orquesta, estudió con Ígor Markévich en Salzburgo y tocó, entre otros, para Wilhelm Fürtwangler. Se casó con la violonchelista Jaqueline Dupré, que murió en 1987 de esclerosis múltiple, y después contrajo matrimonio con Elena Bashkírova. Tiene nacionalidad argentina, española, israelí y palestina al tiempo. Creó junto a Edward Said el West-Eastern Divan, orquesta de árabes, españoles, palestinos y judíos, por la que recibieron ambos el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Hoy es responsable de la Orquesta Staats­kapelle de Berlín.
Eso en cuanto al aspecto musical y pedagógico. No hay duda de los progresos. Pero en cuestión política, ¿qué han aportado? La situación está mucho peor que antes, empeora año a año y eso no facilita nuestra tarea. Sin embargo, pese al conflicto puntual en los territorios o la guerra en Siria, por ejemplo, los músicos siguen viniendo, y eso me da mucha satisfacción. Pero está todo tan mal.
¿No le produce todo eso cansancio moral? No un cansancio, pero sí un dolor moral, un daño que me impulsa a seguir adelante con más razón. La grandeza de esta idea se basa en que si este conflicto algún día tiene fin, tendremos, en el aspecto musical, mucho trabajo adelantado, y si por el contrario la situación empeora, como ocurre todos los años, se multiplican los motivos para seguir. No voy a abandonar el Divan por los errores del Gobierno israelí o de los árabes. No es un proyecto político. No buscamos consenso político, pero sí curiosidad hacia el otro y apertura para entendernos cuando no estamos de acuerdo con el adversario. Eso no existe en la región, allí solo impera la terquedad.
¿Y una psicosis mutua e insuperable? Si se atemperara el bloqueo mental, ¿se producirían avances? Es correcto, es así. La razón por la que este conflicto no se resuelve es no verlo de esa forma por nadie: ni por los israelíes, ni por los palestinos, ni por el resto del mundo. Porque los demás tratan el asunto como si fuera uno de tantos entre dos Estados que se pelean por fronteras, agua, petróleo… Cuando para empezar no es así, ya que Palestina no está constituida como un Estado. Contamos con dos pueblos absolutamente convencidos de tener derecho a vivir sobre el mismo pedacito de tierra y eso, sin compartirla el otro. ¿Cómo puede ser así? Por dicha razón la palabra psicosis es justa y encaja aquí a la perfección.
Es una psicosis constantemente alentada por sus respectivas autoridades. La psicosis del miedo al otro. Su intención primera al llamar a su orquesta Divan, la que tuvieron usted y el pensador palestino Edward Said, ¿viene de ahí? Bueno, queríamos demostrar que si un israelí y un palestino, sentados frente a un atril, son capaces de tocar una sinfonía de Mahler, que luego vengan las autoridades y se atrevan a decirnos que no pueden vivir juntos. Ahora hay músicos que siguen en el Divan pese a haber pasado a grandes orquestas. Continúan viniendo al Divan, han superado esa psicosis, para ellos la convivencia es normal y pasan el tiempo hablando de otras cosas: de relaciones humanas. De amor… Debe ser extraordinario vivir una historia de amor con el enemigo.
¿Misión cumplida, al menos en ese entorno? Han pasado al menos 400 chicos por la experiencia estos años. Y cada verano se incorporan al menos 30 músicos nuevos.
La nostalgia es parte de la vida. El pasado nos planta en el presente”
Afronta el proyecto con energía, entonces. ¿Y su propia carrera? A lo mejor tengo hueco para labrarme una en el futuro.
Podría ser. Empezó usted jovencito en la anterior. Se cuenta una historia sobre Micha Eldman. Tocó su primer recital de violín a los 5 años, así que cuando cumplió 75 ya llevaba 70 de carrera. Un periodista le preguntó qué había cambiado desde el comienzo y él le respondió que nada, que tanto entonces como en aquel momento, la gente le felicitaba porque tocaba muy bien para la edad que tenía. Pues a mí, me ocurre más o menos igual.
Eso es porque desde siempre se ha sentido un poco niño. Me siento, soy un niño.
La edad, a usted, se la refan­finfla. Ya, pero no quiero seguir tocando el piano cuando no me vea capaz.
¿Cree que a usted no se lo va a decir nadie a la cara? Dentro de su entorno, ¿no les hacen a los músicos de su nivel demasiado la pelota? La pelota, una vez vivido un Mundial, es un asunto importante.
Ya, pero yo me refiero a la adulación permanente. Quizás buenos amigos suyos como Alfonso Aijón, responsable de Ibermúsica, sí se atrevan a decírselo. Pero otros… Estoy seguro de que soy mi crítico más severo. Lo aprendí de muy niño. Yo toqué la primera vez en público con siete años, debuté en el Colón 10 años más tarde. Mis padres me mostraron unas críticas que decían que desde los tiempos de Mozart no se había visto nada igual, mientras que en otra sostenían que era un crimen ver tocar a un niño tan pequeño en público, sobre todo cuando ese niño no tiene el menor talento para la música. Mis padres conservaron esta última crónica. Para enseñarme a que formara mi propio juicio. Según ellos, si dependiera de lo que opinan los demás, ya ves que del mismo concierto salen sensaciones diferentes. Me dio mucha fuerza.
¿Conserva la misma distancia sobre lo que opinan de usted? ¿Una frialdad o una serenidad? Una visión propia. Me molesta una muy buena crítica cuando pienso que he tocado mal y al contrario. Ambas, a menudo, no se hacen por razones musicales: unas vienen por adularme, por ser quien soy, y otras por atacarme y no creer, por ejemplo, que si días antes he dirigido a la Filarmónica de Viena, pongamos por caso, la siguiente no puede salir tan bien.
Entre otras cosas, también y pese a coleccionar nacionalidades, usted se siente tremenda y profundamente argentino. El Divan, entre otras cosas, no hubiera sido posible si yo no proviniera de la Argentina. Es un país construido por emigrantes. Se dice que es el único país de Italia donde no se habla el idioma, también recalaron allá españoles, judíos, polacos, árabes… De niño viví esa tolerancia. El hecho ahora de aglutinar procedencias múltiples me enseñó grandes cosas. Uno de los honores con el que me he sentido más orgulloso es con el reconocimiento del Centro Islámico de Buenos Aires. Para alguien que es también israelí, representa mucho. Para dármelo invitaron a 600 niños: 200 de la escuela cristiana y otros tantos de la judía y la musulmana. Vinieron el cardenal de la ciudad, el gran rabino y el imán. Eso para mí es la Argentina. De niño, acudía a la sinagoga y manteníamos contacto con chavales de otras identidades. De aquel crecimiento viene el Divan, es parte orgánica de todo eso.
¿Cómo se vive ser el judío al que tanta gente repudia en Israel?Gran parte de los israelíes a raíz del Divan nos admiran y nos odian. Ocurre lo mismo al otro lado, así que lo que hacemos parece justo y equilibrado.
Si reflexionamos sobre el liderazgo, un director de orquesta ¿qué nos puede enseñar? Se habla mucho del poder de un director de orquesta: es el que sale solo, el que da la orden de empezar y parar, pero si lo miramos con profundidad, te das cuenta de que no tiene tanto porque es el único miembro de la orquesta que no goza de contacto físico con el sonido. Aunque tenga ideas geniales siempre va a depender del primer oboe para que sea capaz de dar la nota correcta.
¿Así que lo suyo es solo una ilusión de poder? Más o menos, pero sirve para establecer un paralelismo con los dirigentes y cancilleres de los países en la actualidad.
¿En qué sentido? ¿Quién toca los instrumentos de la política global hoy en día? La falta de liderazgo se debe a que ellos también viven una ilusión de poder, pero realmente no mandan tanto como parece porque las cosas se deciden en otros ámbitos. El verdadero poder, de todas formas, no está en mandar hacer las cosas como uno las concibe, sino en tratar de convencer a quienes colaboran contigo e incitar a pensar a quienes trabajan a tu lado. El verdadero liderazgo empieza y termina con la capacidad de transmitir un pensamiento. Además de poseer la fuerza de carácter y convicción sobre dónde se debe imponer una decisión. También la inteligencia de no entrar en situaciones donde te encuentras incapaz de llevar tus ideas a buen fin. El tema del liderazgo es un asunto muy importante. En el libro que estoy escribiendo con Felipe Gonzálezsobre ello lo analizamos a fondo.
Dos solistas absolutos. Tratamos justo ese tema. Él finge no saber de música y probablemente en los aspectos técnicos sea verdad, pero en lo que es la música para otros ámbitos, entiende mucho. Viene a menudo a los ensayos nuestros y se entera perfectamente del significado de las obras.
En lo que se refiere a los puros habanos ambos tendrán consenso. No tanto. Él los fuma más largos y más finos que yo.

11 de marzo de 2013

La Filarmónica de Viena difunde un estudio sobre su pasado nazi


La Filarmónica de Viena difunde un estudio sobre su pasado nazi

EL PAIS -  Viena 11 MAR 2013 - 11:24 CET1
La Orquesta Filarmónica de Viena presentó ayer, en la Opera Estatal de Viena, un documental sobre su papel durante el nazismo basado en un estudio que ha comenzado a publicar en su página web, tras recientes críticas sobre falta de transparencia en la gestión de su pasado.
Según la historiadora Bernadette Mayrhofer, trece músicos activos y otros tres jubilados fueron deportados u obligados a huir durante el nazismo. Cinco filarmónicos judíos fueron asesinados, otro murió a consecuncia de un desahucio de su casa y otro falleció ante la amenaza de la deportación.
El estudio revela que por orden de los nazis fueron despedidos todos los artistas judíos de la orquesta y de la Opera de Viena, pero en cambio, tras el fin de la guerra apenas hubo despidos de músicos nazis, que llegaron a ser más de la mitad de los 123 titulares.
"Hacía tiempo que se necesitaba una mirada desde afuera", reconoció en rueda de prensa el director de la Filarmónica, Clemens Hellsberg, quien en 1992 escribió uno de los libros canónicos sobre la historia de la orquesta, publicado en 1992 con el título de Democracia de reyes.
En principio, estaba previsto que la investigación efectuada por los historiadores Oliver Rathkolb, Fritz Trmpi y Mayrhofer, se hiciera pública el 12 de marzo, cuando se cumplen 75 años de la anexión de Austria por el Tercer Reich de Adolf Hitler, pero ante la amplitud del estudio se ha comenzado antes su publicación, que continuará en los próximos días.
Hellsberg admitió que detrás de la decisión de airear el pasado de la orquesta en la red en estos momentos, está la "gran presión mediática" y la necesidad de adaptarse a la era digital. El músico hizo esas declaraciones tras presentar un documental titulado Sombras del pasado. Los Filarmónicos de Viena en el nacionalsocialismo, en un acto en el que participaron también el director de la Opera de Viena, Dominique Meyer, el historiador Oliver Rathkolb y los maestros Franz Welser-Mst y Zubin Mehta.
Uno de los asuntos que han hecho revivir la polémica es la reciente revelación de que se entregó la réplica de un anillo de honor de los filarmónicos al criminal de guerra nazi Baldur von Schirach cuando salió de la cárcel en 1966.
Schirach había recibido el anillo de honor de los filarmónicos en 1942, pero se lo quitaron cuando entró en prisión. Más de veinte años más tarde, un "emisario" de la orquesta le entregó la réplica y hasta ahora no se sabe quien fue ese misterioso emisario.
No obstante, en el documental, el historiador Wilhelm Bettelheim afirma que fue un trompetista nazi que tras el fin de la guerra no sólo fue aceptado en la orquesta: además fue elegido gerente de la Filarmónica. El historiador y diputado de Los Verdes Harald Walser, el mayor crítico de la Filarmónica en este aspecto, explicó recientemente a Efe que la institución se resistía a esclarecer por completo su pasado y solo actuaba bajo presión mediática.
Entre las críticas que arreciaron poco antes del Concierto de Año Nuevo del 1 de enero pasado, estaba también la falta de información en la página web sobre los músicos que fueron víctimas de los nazis. Y en el capítulo sobre el Concierto de Año Nuevo, tampoco se mencionaba en la web con claridad que ese espectáculo, hoy el más popular de la música clásica, se creó en 1939, en plena época nazi, por iniciativa de Clemens Krauss, un amigo íntimo del ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels.
"Es siempre un dolor cuando se sabe que en la propia familia se ha hecho el mal (...) Pero los hechos son los hechos, la historia no se puede cambiar", dijo Meyer

31 de julio de 2012

Apoteosis musical y rechazo escénico en Bayreuth


Apoteosis musical y rechazo escénico en Bayreuth

El director alemán Christian Thielemann da brillo al arranque del festival wagneriano

La soprano Adrianne Pieczonka, en el ensayo general de 'El holandés errante' en Bayreuth. /DANIEL KARMANN (EFE)
En más de una ocasión ha defendido en sus ensayos Rüdiger Safranski la conveniencia de que se mantengan algunos principios básicos del Romanticismo en los tiempos actuales. Es un pensamiento que sale a flote cada vez que se programa una obra tan romántica como El holandés errante, de Wagner. Más aún, si es en Bayreuth, con una nueva producción escénica, e inaugurando el festival. ¿Es preferible una recreación de los mitos románticos tal cual, o una lectura que incida en lo que queda de ellos en la actualidad? Complicada cuestión en la que cualquier sugerencia no está nunca de más. La única nueva producción de esta edición contaba a priori con la garantía de un director musical de campanillas y con un equipo escénico nuevo en la plaza. La apuesta era sabrosona, qué duda cabe. Bien es verdad que el festival wagneriano por antonomasia anda este año con cierta mentalidad de vísperas, pues no en vano el próximo 2013 se cumple el segundo centenario del nacimiento del compositor, lo cual no impide que para las festividades que se avecinan se quiera llegar con la sensación de los deberes bien hechos. En ese contexto es elogiable que se haya cerrado el ciclo de tres nuevas producciones de las óperas románticas, que se haya consolidado en cuatro años consecutivos la experiencia de ópera para niños y que se realice una histórica exposición sobre la música silenciada en Bayreuth hasta 1945, con la represión sobre los judíos y otros temas paralelos. Como en Bayreuth siempre salta algún tema de gran alcance mediático, este año se lleva la palma el tatuaje, en una segunda capa de piel, con símbolos nazis de Eugeny Nikitin, bajo-barítono ruso que iba a encarnar la figura del Holandés. La dirección artística no quiere líos en este terreno y sustituyó sin más rodeos al cantante. Lo que no se va en lágrimas se va en suspiros. Qué sofoco.
Es ya un tópico afirmar el desafío que supone para un director de escena la posibilidad de meter dos barcos en escena en El holandés. Las preocupaciones del joven Jan Philipp Gloger —su primera ópera,Las bodas de Fígaro, fue en 2010— van por otros derroteros. Le preocupa dar una imagen del Holandés que no esté excesivamente en función de Senta. El tema marino no está en sus prioridades. La inmensidad del océano se sustituye por una instalación tecnológica bastante inquietante, por cierto. Las perspectivas de los mitos y leyendas del Romanticismo al pie de la letra se difuminan. La dialéctica entre el mundo real y el mundo fantasmal de la tripulación del Holandésaflora en una confrontación conceptual entre el aire y el fuego, que desemboca, a grandes rasgos, en un retrato consumista de la sociedad actual frente a la posibilidad de un cambio en la fantasmal. La dirección de actores y coros es magnífica. El sentido del humor brilla más que los aspectos dramáticos. La pirueta final de integración en un objeto de consumo de la tragedia final del Holandés y Senta, gracias a una foto oportunista, es demoledora. Hay buenas intenciones y buen teatro, pero se renuncia al misterio y la leyenda. Tan discutible como atractivo. Lo que decía Safranski pero quizá un poco banalizado, infantilizado, en las soluciones. El público abucheó, en líneas generales, este planteamiento escénico, aunque tuvo sus defensores.
El Romanticismo de pura ley viene del foso. Christian Thielemann hace una lectura magistral de la partitura. Apasionada, fogosa, sutil en los detalles, con una tensión extrema. Desde las versiones de los años cincuenta con Hans Knappertsbusch dudo que se haya escuchado en Bayreuth algo semejante con esta obra tan erizada de dificultades. Thielemann es el rey wagneriano en Bayreuth. El 22 de mayo de 2013 —día del 200º aniversario del nacimiento de Wagner— dirigirá el concierto de cumpleaños en la Festspielhaus. En julio volverá con Rienzi al Oberfrankenhalle de Bayreuth en un ciclo previo al festival con las tres óperas de juventud anteriores a El holandés. Thielemann posee ese fuego que materializa ese estilo literario de “rojo de sangre en las velas, negro el mástil”. Lleva el barco de la orquesta con seguridad y entrega. El público enloqueció con su visión musical.
El elenco vocal se mantuvo a un nivel más que aceptable. Samuel Youn salvó la papeleta de la sustitución y agradeció al público de rodillas su comprensión y reconocimiento. Le falta un poco de chispa o de coraje en la construcción de su personaje, pero su vena profesional es encomiable. Adrianne Pieczonka fue la gran triunfadora del apartado vocal. Su retrato de Senta fue arrollador. Franz-Josef Selig, Michael König, Benjamin Bruns y Christa Mayer completaron un reparto calurosamente recibido en su totalidad por el respetable. Diez minutos de aclamaciones —con la salvedad de lo escénico— pusieron el punto final a una velada que llevó a las inmediaciones del teatro a centenares de curiosos para ver a personajes de la cultura y la política alemanas.