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16 de febrero de 2018

Los expertos creen que la cibercrisis global vendrá de algún Gobierno


Los expertos creen que la cibercrisis global vendrá de algún Gobierno
La Fundación ESYS organiza unas jornadas que concluyen que un 'Big One', un mega ataque informático, es posible

EL PAIS -  Madrid 16 FEB 2018 - 15:51 BRST

Jornadas organizadas por la Fundación ESYS.
Jornadas organizadas por la Fundación ESYS.

Lo vaticinó este jueves Román Ramírez, el conocido y reconocido hackerconvertido hoy en Responsable de Seguridad en Arquitecturas, Sistemas y Servicios de Ferrovial: “Un Big One,una cibercrisis global, un ciberataque masivo, es posible”. Y, “el verdadero enemigo que puede provocarlo es un país, un Gobierno”, aseguraba.

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Este jueves mismo, el Ejecutivo británico responsabilizaba a Rusia y a su estamento militar del ciberataque global que el pasado verano afectó a decenas de miles de ordenadores de empresas privadas y organismos gubernamentales estratégicos en Europa, India y Estados Unidos y que casi paralizó Ucrania. Londres acusó de forma abierta al Kremlin no sólo de aquella “maliciosa acción”, conocida como NotPetya, sino también de oscuras intenciones para intentar “socavar la democracia”.

El virus Petya era aún más peligroso y sofisticado que el WannaCry propagado en mayo de 2017. En aquella ocasión la Casa Blanca culpó a Corea del Norte del macroataque informático, que afectó a unos 150 países y secuestró el contenido de casi 300.000 ordenadores. Ambos estaban basados en el mismo principio de propagación masiva a través de las redes locales.

La Fundación Empresa Seguridad y Sociedad (ESYS) organizó este jueves la jornada La gestión de las cibercrisis globales: ¿estamos preparados para un Big One?, en la que se debatió sobre cuestiones como la posibilidad de que se produzca ese ciberataque global, sobre el grado de preparación que tienen las instituciones y las empresas para defenderse ante él y sobre la gestión de las crisis generadas en el ámbito de la ciberseguridad.

Asimismo, se abordó el asunto de las consecuencias derivadas de las cibercrisis y la necesidad de conocer y predecir esas amenazas.

Entre los ponentes y moderadores de la jornada, celebrada en la sede de Gas Natural Fenosa de Madrid, se encontraban personas reconocidas por su trayectoria política y empresarial, como Ignacio Astarloa, ex secretario de Estado de Seguridad y miembro del Consejo Asesor de la Fundación ESYS, y responsables del Ministerio del Interior como José Ignacio Carabias, jefe de Operaciones del Centro Nacional para la Protección de Infraestructuras y Ciberseguridad, entre muchos otros.

“No es una hipótesis”
“Cuando hablamos de un Big One no estamos ante hipótesis lejanas, sino ante riesgos reales con consecuencias reales”, afirmó el presidente de la Fundación ESYS, Javier Gómez-Navarro, y ello implica “la voluntad de todos, empresas y Administración, para evitarlos”.
Astarloa calificó como un asunto de extrema gravedad “la dificultad de la persecución transnacional de los delitos de ciberseguridad”. “El problema”, añadió, “de la ciberseguridad es una tarea interdisciplinar de país”.

Carabias, por su parte, incidió en la idea de que “se está trabajando en herramientas y mecanismos de coordinación y gestión, en la creación de una ventanilla única para que las empresas puedas denunciar los ciberincidentes”.

¿Cómo gestionar un cibertaque?
El adjunto a la dirección de EL PAÍS, Javier Ayuso, fue el encargado de moderar un debate protagonizado por Joaquín Castellón, director operativo del Departamento de Seguridad Nacional, y por Juan Manuel Cendoya Méndez de Vigo, vicepresidente de Santander España y director general de comunicación, marketing corporativo y estudios de Banco Santander. De la conversación emergieron 10 claves para la gestión de ciberataques.

1. Las crisis pueden surgir por cualquier cosa. Puede ser un gusano, un virus, una noticia falsa. Según ha explicado Joaquín Castellón, en la sociedad interconectada actual, la línea entre un estado de ausencia de crisis y otro de crisis es cada vez más fina. Es decir, vivimos expuestos a la crisis, "cualquier suceso puede producir un gran impacto". En consecuencia, tanto el Estado como las empresas, deben de estar prevenidos.

2. La comunicación no es una 'María'. La comunicación es la clave para la gestión de la crisis. Una buena estrategia de comunicación es nuclear y puede resultar determinante.

3. Dónde se van a producir las grandes crisis. En un mundo globalizado por las tecnologías las grandes crisis van a producirse en el ciberespacio, que ofrece además todas las ventajas para que así ocurra: "No hay fronteras, la legislación es débil, la gobernabilidad de los estados es muy liviana...".

4. Respuestas preparadas. Ante el advenimiento de una crisis como consecuencia de un ciberataque es imprescindible haber previsto una respuesta. Juan Manuel Cendoya, del Banco Santander, ha apuntado que cuentan con un sistema capaz de visualizar las 300.000 menciones diarias que tiene el banco en redes sociales de todo el mundo con el fin de detectar potenciales crisis. Ante una potencial situación de ataque ha asegurado que cuentan hasta con 18 plantillas diferentes para tener una reacción inmediata que tranquilice a sus clientes. Y con múltiples canales de acceso a medios de comunicación fiables para hacerla llegar de manera veraz.

5. La importancia de Identificar la crisis. El tiempo es oro y con Internet y las redes sociales los tiempos de reacción se han reducido a la mínima expresión. Resulta vital para una buena gestión de la crisis identificarla cuanto antes para atajarla cuanto antes. Para ello resulta elemental crear mecanismos de detección e incluso equipos humanos dedicados a observar la evolución de la entidad en cuestión en el ciberespacio.

6. Un portavoz o varios. Es básico que el transmisor de la situación de crisis a los afectados o potenciales afectados resulte creíble y transmita la confianza que puede perderse. Puede ser uno o varios, si se quieren utilizar distintos perfiles, unos más estrictamente técnicos y otros más explicativos.

7. Vulnerabilidades. En el ciberespacio hay vulnerabilidades que provienen, por un lado, de la propia conectividad (del hecho de estar en red) y, por otro, de las amenazas objetivas. Dos agujeros de seguridad inherentes al mundo en que vivimos.

8. Relato y contrarelato. El crear un relato creíble frente a las muchas interpretaciones de un hecho concreto que pudieran ser propagadas por las redes y amplificadas es imprescindible para evitar una concatenación de crisis.

9. Hacer ejercicios. Es básico estar entrenados y haber ensayado escenarios posibles ante la llegada de una crisis. No debe ser inesperada, puesto que se espera. Y la respuesta debe estar articulada y ejercitada previamente para que sea y resulte eficaz. Para ello es de vital importancia convencerse e integrarse en esta cultura de las vicisitudes propias del ciberespacio.

10. Llevar la iniciativa. En un mundo globalizado e interconectado a través de las redes sociales es fundamental llevar la iniciativa de la información cuando se produce una crisis por un ciberataque. La respuesta no debe de ser reactiva sino proactiva. Es lo que salvaguardará el prestigio, la confianza y la reputación de la institución o empresa.


21 de septiembre de 2015

‘Infraestructuras críticas’: ¿Qué pasa si un día falla todo?

‘Infraestructuras críticas’: ¿Qué pasa si un día falla todo?

El Centro Nacional de Infraestructuras Críticas (CNPIC) trabaja con la hipótesis de un cataclismo. La amenaza terrorista incorpora 54 nuevos elementos al "mapa de riesgos"

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¿Qué podría ocurrir si un día no funcionase nada, no hubiese luz, la comida se echase a perder, no se pudiera sacar dinero del cajero, ni pagar con tarjeta, ni cargar el móvil...? El Centro Nacional para la Protección de las Infraestructuras Críticas (CNPIC) se ocupa de proteger los puntos determinantes del sistema, los que podrían instaurar el caos si fallasen. Ante la amenaza terrorista, el Ministerio del Interior ha señalado 54 nuevos “operadores críticos”, empresas que dan servicios esenciales. El mapa de alto riesgo de España está formado hoy por 93.
Una treintena de personas, ingenieros, informáticos, químicos,hackers, con una media de edad de 40 años, y con un teniente coronel de la Guardia Civil al frente, controlan y protegen —desde las anodinas instalaciones de unas antiguas oficinas de la Dirección General de Tráfico— la seguridad de los puntos más determinantes del sistema, todas aquellas infraestructuras que hacen que nuestra vida sea como es. Es decir, que cuando se apriete un interruptor se encienda la luz, o que al abrir el grifo salga agua, pero también que se pueda sacar dinero de un cajero o pagar con una tarjeta en un comercio. Operaciones aparentemente sin importancia. Pero qué pasaría si un día no funcionase nada. Qué pasaría si, por ejemplo, se fuese la luz de manera masiva. El Centro Nacional para la Protección de Infraestructuras Críticas (CNPIC), creado en 2007 y que depende directamente del Secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, trabaja constantemente con esa clase de hipótesis catastróficas para cubrir los huecos de seguridad de un sistema cada vez más interconectado —más allá de las fronteras españolas— en el que cualquier disfunción podría provocar un efecto dominó y hacerlo colapsar.

Respuesta ante emergencias informáticas

P.O.D.
Se denomina CERT (Computer Emergency Response Team, Equipo de respuesta ante emergencias informáticas) a un conjunto de medios y personas responsables del desarrollo de medidas preventivas y reactivas ante incidencias de seguridad en los sistemas de información. Pretende mejorar la coordinación de las acciones de los Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en este ámbito. Cuenta con una Oficina de Coordinación Cibernética (OCC) en el CNPIC, punto de contacto del Ministerio de Interior para lo relativo a la ciberseguridad.
El establecimiento del nivel cuatro de amenaza terrorista ha llevado al Ministerio del Interior a reforzar esos planes estratégicos de protección. Actualmente en España hay 93 “operadores críticos”, o sea empresas que ofrecen servicios esenciales a la sociedad. De los que recientemente, y tras la llamada “Ley PIC” de 2011 que reguló su protección, se han designado 54 nuevos en los sectores del agua y el transporte. Previamente, en 2014, se señalaron en el sector eléctrico, nuclear, el del gas, el petróleo y en el sistema financiero. Y próximamente le tocará al sector alimenticio y al sanitario.
El documental American Blackout, realizado por National Geographic, ficciona —basándose en estudios y testimonios científicos— el caos y la devastación que puede seguir a un apagón de las dimensiones de todo Estados Unidos. Lo que inicialmente la gente se toma como una broma y graba con sus móviles en la oscuridad, se convierte en un desastre progresivo que desencadena accidentes, agresividad, saqueos y, en definitiva, un estado de terror generalizado en diez días. El impacto —se simula lo que sucedería si se tratase de un ciberataque que cortase la electricidad—, se propaga en progresión geométrica, y acaba siendo similar al que podría producir un desastre natural como un gran terremoto o un huracán o un atentado brutal.
Uno de los principales refuerzos que ha realizado el Ministerio del Interior es precisamente en materia de prevención de los ciberataques en las infraestructuras críticas. “El hecho de que todo funcione de manera computerizada es una ventaja por comodidad y rapidez pero incrementa ostensiblemente los riesgos del sistema”, reconoce Fernando Sánchez, director de CNPIC. “Nuestra sociedad es ahora, por ese motivo y por la dependencia de las tecnologías, mucho más interdependiente y menos autónoma que hace décadas”, reconoce.
Punto de inflexión
El punto de inflexión, de toma de conciencia de los grandes riesgos, fue el 11-S y después el 11-M. Hasta entonces, la protección de las llamadas infraestructuras críticas —en su mayoría (un 80%) empresas privadas, que prestan servicios esenciales— dependía exclusivamente de sus propietarios. Pero el hecho de que fuesen las responsables de nutrir al sistema y de mantener el correcto funcionamiento de la sociedad por el tipo de servicio que prestaban, las convertía también en un asunto de Estado. Por esa razón se creó el CNPIC y por eso se empezaron a incluir esos “operadores críticos” en una lista en los planes de protección, dando lugar a una especie de mapa de riesgos, que permanece “a buen recaudo”.
Se trata de una colaboración público-privada: “Por una parte las empresas incluidas en ese listado tienen que cumplimentar una serie de requisitos de seguridad porque son auditadas por Interior, y por otro lado entran en una plataforma en la que se establece su protección prioritaria y donde comparten y tienen acceso a información sensible”, explica Sánchez.
La idea es que ese mapa de alto riesgo se vaya completando progresivamente y sean cada vez más las empresas incorporadas y mayor la protección de esos servicios esenciales. Cuantos más elementos incluya ese plano crítico, más seguro será el país al que corresponda.

3 de agosto de 2015

Cuando los robots tomen el mando y hagan la guerra

Cuando los robots tomen el mando y hagan la guerra

La carta firmada y presentada en Buenos Aires por Stephen Hawking y varios cerebros de la inteligencia artificial, es una señal nítida de la gran preocupación que el asunto suscita entre la élite científica

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La primera reflexión abarcadora sobre la coexistencia entre los robots y los humanos no fue obra de un científico de la computación ni de un filósofo ético, sino de un novelista. Isaac Asimov formuló las tres “leyes de la robótica” que deberían incorporarse en la programación de cualquier autómata lo bastante avanzado como para suponer un peligro: “No dañar a los humanos, obedecerles salvo conflicto con lo anterior y autoprotegerse salvo conflicto con todo lo anterior”. Las tres leyes de Asimov configuran una propuesta sólida y autoconsistente, y cuentan con apoyo entre la comunidad de la inteligencia artificial, que reconoce, por ejemplo, que cualquier sistema autónomo funcional debe ser capaz de autoprotegerse.
Pero es muy probable que Asimov pecara de ingenuo. Basta eliminar la primera ley (y los “salvo conflicto con lo anterior”) para convertir a un robot en un carnicero implacable y brutal, un asesino de acero y silicio ideal para asesinar al líder inconveniente, fumigar a la etnia defectuosa, subyugar a la población inoportuna. Y no estamos hablando de 2050, sino de un par de años o tres, la clase de plazo de la que siempre se olvidan los escritores de ciencia ficción. Los mismos sistemas inteligentes que llevan últimamente los coches, unidos a un sistema artificial de aprendizaje táctico, como el que ya ha desarrollado Google DeepMind, para fabricar un enjambre de robots que rastree una ciudad hasta el último rincón de la última habitación y elimine a todo lo que interprete como un enemigo. De forma autónoma, sin ningún control humano. Son los propios robots quienes seleccionan sus objetivos: quienes deciden a quién asesinar y lo asesinan.
Lo más fácil es empezar a hacer chistes sobre esto, y las redes sociales y los humoristas de la tele nos abrumarán con ellos durante meses y años por venir, pero el asunto tiene muy poca gracia. La carta firmada por mil científicos contra los robots militares autónomos, presentada la semana pasada en Buenos Aires por Stephen Hawking y varios cerebros de la inteligencia artificial, es una señal nítida de la gran preocupación que el asunto suscita entre la élite científica. Algunos de ellos lo han calificado como “la tercera revolución en el arte de la guerra, tras la pólvora y la bomba atómica”. Y recordemos que los chistes sobre la bomba atómica se acabaron en 1945.
Los promotores de la iniciativa aseguran que esta actitud de precaución se está extendiendo de forma eficaz entre los científicos de la computación y la robótica. Como ya les pasó a los físicos nucleares tras la II Guerra Mundial, y a los biólogos moleculares en los años setenta, los robóticos se han dado cuenta de que las inmensas posibilidades de su ciencia abren unos no menos enormes caminos para la guerra, el terrorismo y la destrucción.
Y creen estar a tiempo de pararlo. Siempre hay que creer en algo.
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8 de julio de 2015

La policía y el CNI, entre los clientes de una firma de ‘hackers’

La policía y el CNI, entre los clientes de una firma de ‘hackers’

Una empresa italiana especializada en el espionaje web deja al descubierto 400 gigas con documentación confidencial. España, México y el FBI, entre sus clientes

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Hacking Team: hackers por el Gobierno mexicano
Captura de pantalla de la web Hacking Team.
Hacking Team presumía de ser una de las empresas más sólidas en cuanto a vigilancia en Internet. Dos días después, el fundador ha cerrado su cuenta en Twitter y el silencio solo lo rompe el responsable de comunicación. La firma italiana con sede en Milán sufrió un ataque la noche del domingo. La operación dejó al descubierto más de 400 gigas de información, publicados con páginas web próximas a Wikileaks, con datos sobre sus clientes. Dos de ellos en España, según los documentos difundidos: la policía y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).
El CNI ha reconocido a EL PAÍS que ha contratado con la citada empresa, pero que todos los contratos han sido tramitados "de acuerdo con las leyes de contratación del sector público".
La compañía siempre ha estado rodeada de polémica, con acusaciones recurrentes por el supuesto uso de técnicas alejadas de la ética profesional para la obtención de información. Sus herramientas prometen, sobre todo a Gobiernos, acceso a documentación en ordenadores y móviles. Los datos liberados —publicados en la cuenta en Twitter de la empresa, que estuvo fuera de control durante 12 horas— desvelan no solo los datos de contacto de sus clientes, sino también los contratos, precios, duración y servicios prestados.
El supuesto contrato con el CNI tiene vigencia desde 2010 hasta 2016, por valor de 3,4 millones de euros
Además de España, entre los países que supuestamente contrataron a esta empresa se cuentan Marruecos, Nigeria, Sudán, Arabia Saudí y Egipto. También el departamento de Defensa de Estados Unidos, el FBI y la DEA. En el caso de Sudán, según los documentos, pagaron una factura de 480.000 euros por monitorizar la actividad una serie de personas cuya identidad aún no ha trascendido.
En el caso del CNI, el servicio de inteligencia español, el contrato que supuestamente tenían mantiene vigencia desde 2010 hasta el 31 de enero de 2016, por una cuantía de 3,4 millones de euros. Hacking Team no ha contestado las peticiones de información de EL PAÍS. Su última declaración pública se remonta a marzo, cuando indicaron que bajo ningún concepto desvelarían quiénes son sus clientes, "ya que podrían poner en peligro investigaciones policiales en curso".
Motherboard, una página especializada en noticias de seguridad informática, ha publicado conversaciones entre los directivos de la empresa y la petición de que se deje de usar su software de espionaje porque no puede certificar que funcione correctamente y sin riesgos.
América Latina no queda a salvo. Se apunta a la policía federal de México, la Secretaría de Defensa, el servicio de inteligencia y varios Gobiernos federales, además de Colombia, Chile, Ecuador, Honduras y Panamá. Reporteros Sin Fronteras señaló a la empresa como uno de los enemigos corporativos de Internet. La Universidad de Toronto los vincula con la represión de disidentes en África y Oriente Medio.