Mostrando entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas

1 de febrero de 2019

NACHO ALDAY - CHILE



jueves, 31 de enero de 2019



NACHO ALDAY - CHILE – 01/02/2019

Manuel Uribe, de 43 años, era el único habitante de la isla Sebastiana, donde el sur de Chile se deshace en mil pedazos. De unos 3.000 metros de larga, 1.000 de ancha, 50 de alta en sus costas escarpadas y con una ensenada de playas arenosas que permiten el acceso a embarcaciones pequeñas.

Su bisabuelo ya vivía allí y llegó a tener hasta 70 habitantes, con iglesia y escuela, pero con el paso del tiempo fueron abandonándola hasta que hace 22 años se quedó viviendo solo en una casa rudimentaria, aunque con la solidez suficiente para soportar el frío y resistir los vientos de 200 kilómetros por hora que suelen azotar esas latitudes. Cultivaba un huerto de verduras y hortalizas abonado con algas del mar subidas en sacos desde la playa. También los árboles frutales con grosellas o manzanas surtían su mesa. Además, contaba con un rebaño de ovejas y ganado vacuno que se criaban en libertad por las praderas.

Un bote a remo era su forma de contacto con las embarcaciones que pasaban por el lugar para poder hacer pequeños intercambios comerciales. Estaba construyendo una barca más grande para proveerse de materiales desde el continente a fin de acondicionar mejor su vivienda o enfrentar emergencias. 

Tras una hora de navegación le visitaban de vez en cuando las patrulleras de la Armada trayéndole algún regalo y por medio de una radio a pilas se informaba del mundo. No era receptivo a la visita de extraños pues sufría robos de ganado coincidiendo con esas fechas y a veces era atacado por lo que disponía de una escopeta para defenderse.

En lo alto del acantilado están las ruinas del antiguo faro y desde allí veía cuando las aves carroñeras volando en círculo indicaban la muerte de alguna oveja, cosa que sucedía con frecuencia. Los patos y pájaros eran sus compañeros habituales que con graznidos particulares avisaban de la llegada de forasteros y el pasado mes de mayo dos de ellos le asesinaron.

Una centella del Chile auténtico, caracterizado por su índole recia y un tanto aventurera, que les llevó a lo largo de la historia a soñar con algo grande, siendo capaces de admirables gestas como el desalojo del comunismo del Palacio de la Moneda en 1973. Todo un ejemplo para los hermanos venezolanos.

30 de octubre de 2014

“No somos ni un país ni un Gobierno populista”

“No somos ni un país ni un Gobierno populista”

La presidenta chilena, que este miércoles comienza una visita de Estado a España, ha planteado en los seis primeros meses de su segundo mandato profundas reformas como la fiscal o la educativa, pero aún tiene pendiente una espinosa ley del aborto

EL PAIS -  Santiago de Chile 28 OCT 2014 - 23:49 CET373
Los Reyes con la presidenta de Chile en la cena de Estado. / ATLAS / EFE
La primera pregunta a Michelle Bachelet parece obligada en un país en el que todos los mandatarios desde el final de la dictadura del generalAugusto Pinochet, salvo el presidente Aylwin, seguramente debido a su avanzada edad, trataron o tratan de volver a gobernar: el presidente Frei, el presidente Lagos, ella misma —la primera en conseguirlo— y ahora el presidente Piñera, quien pese a que dejó el cargo en marzo pasado, ya anda pensando en la reelección, según convicción extendida en Santiago de Chile. ¿Por qué ha vuelto?, le dije para comenzar la conversación a la presidenta, que me recibió la semana pasada en el Salón Azul del Palacio de la Moneda, ante la impresionante pintura Espejo de Cronos (3,9 metros de altura por 4,87 metros de longitud) del artista chileno Roberto Matta, mientras desde el Patio de los Cañones se colaba, muy apropiadamente quizá para reflexionar sobre las seducciones y los límites del poder, la música militar que preparan los soldados para la ceremonia del cambio de guardia. ¿Por qué este segundo mandato en alguien que siempre declaró que el poder nunca le pareció sexy en sí mismo y que nunca sintió adicción alguna por su ejercicio?
—Yo no tengo ninguna adicción por el poder. Y sobre todo cuando, como presidente de la República, conoce uno cuando tiene momentos gloriosos y momentos muy duros y difíciles. Y por tanto, la razón para volver no es por una adicción a este cargo, para nada, sino por la convicción de que en Chile había desafíos pendientes. Y un grupo importante de personas pensaba que yo tenía que ser quien condujera a ese nuevo proceso. Fue una decisión que me costó mucho tomar.
—¿Qué errores de su primer mandato no cometerá de nuevo?
La razón para volver no es por una adicción a este cargo, para nada, sino por la convicción de que en Chile había desafíos pendientes.
—Los errores más importantes que yo he cometido, o el Gobierno, es cuando no nos pusimos en el lugar exacto de lo que le pasaba a la gente. Eran buenas ideas, pero finalmente las consecuencias no fueron las mejores. Ahora hay una nueva etapa, se mantiene todo lo bueno de antes y se cambia lo que no ha funcionado o las nuevas tareas que hay que asumir. A veces uno tiene que hacer políticas que cambian culturas, que van modificando situaciones. No se trata de siempre mantener lo mismo, porque de lo contrario no se podría progresar. Pero, justamente cuando hay esos cambios, uno tiene que darse o los tiempos, o la gradualidad, o el ejercicio pedagógico suficiente para que ese proceso no sea dramático.
Precisamente la falta de esos tiempos y el menoscabo en la gradualidad de la gobernación es lo que sus más acerbos críticos le reprochan ahora. Frente a la Bachelet moderada del primer mandato, la Bachelet radical y populista del segundo, propalan. Lo cierto es que desde que llegó de nuevo al poder, el 11 de marzo pasado, el Gobierno de Bachelet ha mantenido un trepidante ritmo en sus propuestas de cambio: una profunda reforma fiscal, una modificación del sistema electoral, heredado de Pinochet, medidas para afrontar las deficiencias crónicas del país en energía, una reforma radical del sistema educativo, no únicamente en su financiación, sino también en su estructura, desde la “sala cuna” hasta la universidad.
Para antes de fin de año se espera una ley del aborto y una reforma laboral. Todo ello en medio de una desaceleración económica, que aunque ya empezó en los últimos tiempos de su predecesor, se ha visto acentuada por la reciente debilidad económica regional y global.
El Gobierno de Bachelet ha mantenido un trepidante ritmo en sus propuestas de cambio
A propósito de la reforma fiscal, la que más ruido ha levantado, junto con la educativa, le pregunto a la presidenta si, como ella decía antes, los tiempos fueron medidos. O si no lo fueron, si ello creó tensiones innecesarias. La reforma se aprobó únicamente con los votos de la coalición de gobierno, y sólo al final, ante la evidencia de que iba a pasar por el Senado sin cambios, se dieron conversaciones con la oposición, se aceptaron algunas de sus enmiendas y la ley salió por consenso. Los empresarios, que siempre se mostraron contrarios al aumento tributario, acusaron la tensión y la incertidumbre. ¿Se podría haber enfocado de otra manera desde el principio, sin estos tres o cuatro meses de irritación continuada?
—Quién sabe. Tal vez si no hubiera pasado lo primero, no hubiera pasado lo segundo. Yo lo único que quiero decir es que recibí a todos los partidos acá, en este mismo salón, y a todos les dije lo mismo: si todos ustedes tienen propuestas —desde el comienzo, no en la segunda parte, desde el principio—, que mejoren la propuesta nuestra, pero que mantengan dos objetivos fundamentales que tiene la reforma: que junte 8.000 millones de dólares [6.277 millones de euros] y que avance en equidad tributaria, [apórtenlas]. Esos dos criterios, si se mantienen, yo no tengo ningún problema en recibir y escuchar. Y la verdad, es que no hubo una actividad tan inmediata de entrega de propuestas... A mí me parece que uno puede siempre después evaluar si los tiempos fueron suficientes, si esto o lo otro, pero en lo concreto, en poco tiempo que era nuestro propósito, se logró un acuerdo transversal y, probablemente, tal como se dieron las cosas permitió que se diera un acuerdo transversal porque, entre otras cosas, quedó claro que nosotros íbamos a hacer la reforma tributaria. Hay un viejo dicho: nunca es el momento para una reforma tributaria porque o “es que la economía está muy bien, para qué va a necesitar una reforma tributaria” o “la economía está desacelerada, cómo va a hacer una reforma tributaria”. Yo creo que al final todos los grupos se dieron cuenta de que el país necesitaba —porque no somos un país populista, no somos un Gobierno populista— ingresos permanentes para gastos que son permanentes.
Esos ingresos adicionales permanentes de los que habla la presidenta, 8.000 millones de dólares, unos tres puntos porcentuales del PIB, llevarán la carga fiscal en Chile, sin contar con las contribuciones sociales, a un 23% del PIB, aún por debajo de la media de los países de la OCDE, que es del 25%.
Chile tiene una renta per cápita de 23.000 dólares, no muy lejos de Portugal o Grecia, pero con una profunda desigualdad
Es dinero necesario, según Bachelet, para invertir en una mejor educación que a medio y largo plazo mejore la competitividad de Chile, provea empleos más cualificados y el país siga escalando en riqueza y bienestar como lo ha venido haciendo en las últimas décadas. También para reducir la desigualdad, otra de las grandes batallas de Bachelet. Chile tiene una renta per cápita de 23.000 dólares, no muy lejos de Portugal o Grecia, pero con una profunda desigualdad que la presidenta confía en combatir también con la reforma fiscal.
—Es además una reforma gradual, del 2014 al 2018, dando tiempo para que se vayan adaptando las empresas, superseria y superresponsable. En el Gobierno no contamos con medios de comunicación. Y por un lado los sectores que se pueden ver económicamente afectados por algunas de estas decisiones se inquietan si no conocen bien lo que queremos hacer y adónde vamos. Por otro lado, muchas veces la información que sale es una información que no es neutra y que no es muy prorreformas tampoco, y por lo tanto también los ciudadanos empiezan a ver fantasmas y a asustarse. Hay gente que empieza a decir: quieren cerrar los colegios particulares.
En apenas día y medio en Santiago, le comento, he escuchado varias cuñas en la radio convocando a una próxima manifestación contra la reforma, en las que se asegura que su Gobierno quiere cerrar 1.500 escuelas con la reforma educativa.
—Por eso le estoy diciendo que hay toda una campaña del terror frente a estos cambios totalmente injustificada. Nosotros no queremos cerrar los colegios privados, no queremos que solamente haya escuelas públicas; pero lo que sí queremos es que las escuelas que sean privadas garanticen calidad de educación. De los colegios que son particulares, subvencionados, pero con fines de lucro, algunos son buenos; pero hay un grupo muy importante que, lamentablemente, cuando uno ve los estudios a largo plazo, muestran que tienen más males incluso que los municipales públicos. Entonces, los recursos públicos que se están gastando en importantes cantidades en esos lugares no están sirviendo para que los jóvenes tengan una educación de calidad. El objetivo esencial es que la educación se transforme de lo que es hoy día, un bien de consumo y el que puede pagar paga la mejor que hay; y el que no puede, le toca la que le toca; o sea, municipal o particular subvencionada, que puede ser o no ser de buena calidad y no logra muchas veces que los chicos que pueden ser talentosos lleguen a la universidad. En la época de la dictadura, la educación pública pasó a depender del municipio y si el municipio tiene recursos, puede tener unos liceos y escuelas estupendas con buenas tecnologías; y si el municipio es pobre, pues se refleja también en las escuelas. La primera gran decisión es que la educación no puede seguir dependiendo de los municipios, pasa al Estado de Chile, vuelve al Estado, donde estaba previo a los años ochenta, en un sistema descentralizado, a nivel regional, provincial y local, pero es el Estado entonces el que garantiza los recursos y no depende ni de la voluntad del alcalde ni del valor que el alcalde le dé a la educación.
Hay toda una campaña del terror frente a estos cambios totalmente injustificada"
Cierta tensión se ha hecho evidente también durante las últimas semanas en el seno de la propia coalición de gobierno (Nueva Mayoría), que incluye desde los democristianos a los comunistas y otros grupos de izquierda más o menos radical, una amalgama imposible de conjuntar en cualquier otro país sin el trauma de la dictadura de Pinochet, y en el que el mapa político se define más bien por la actitud que cada quien mantuvo ante el régimen militar y no por el clásico eje derecha-izquierda.
Un senador de la coalición gubernamental habló de la necesidad de una retroexcavadora para acabar con los cimientos del modelo neoliberal implantado por la dictadura, y el recién nombrado embajador chileno en Uruguay afirmó, a propósito de una serie de atentados de pequeña escala, que es la “derecha empresarial” la que pone bombas en Chile y la derecha “fascistoide” la que se opone a la reforma fiscal. Por si faltaba una guinda, se refirió también a las responsabilidades en el golpe de Estado de Pinochet de la Democracia Cristiana, hoy socio en el Gobierno. Si ya resulta difícil gobernar con un espectro tan amplio, todo esto no ayuda mucho a sosegar los ánimos, le digo a Bachelet, con el riesgo añadido de que la mayoría gubernamental, antes conocida como Concertación, ahora Nueva Mayoría tras incorporar a los comunistas y a otros, vea cómo su tradicional perfil de centro liberal moderado se difumina.
—Yo lo que le he pedido a todos los dirigentes políticos es que seamos prudentes en nuestras declaraciones. Todo hombre puede tener opiniones personales y cada cual tendrá una evaluación histórica de lo que fueron los procesos en Chile, ¿no es verdad?, y el rol que cada cual jugó, que cada organización política jugó, tanto los que están hoy día en el Gobierno como los que están en la oposición. Lo que he pedido a todos es que busquemos aquellos elementos en los cuales tengamos acuerdos; y en los elementos que tengamos desacuerdos quizá seamos capaces, con respeto, de enfrentar esas diferencias. Ahora, fíjese que la otra vez yo cenaba con algunos empresarios y justamente hablaban de este tipo de declaraciones, y yo les decía: ¿y por qué ustedes solo ven este tipo de declaraciones en gentes pertenecientes a la Nueva Mayoría? Porque si yo veo las declaraciones de gente de la oposición hay declaraciones tremendamente odiosas. Tremendamente odiosas.
Lo que he pedido a todos es que busquemos aquellos elementos en los cuales tengamos acuerdos"
—Usted no diría entonces que ahora el país está más polarizado que hace cuatro o que hace ocho años.
—Yo no creo que esté más polarizado que hace cuatro o hace ocho años. Lo que yo creo que pasa es que al habernos planteado reformas que son estructurales hace que algunas gentes sientan incertidumbre. Pero yo le quiero decir que no es nuevo; y yo de partida voy a hacer todo lo posible por que no haya una polarización en nuestra sociedad más allá de lo que es el sano y normal debate de ideas, que a veces puede ser apasionado debate pero que es eso; y voy a decir, mire debatamos, pero debatamos en serio, con respeto, con altura de miras, ¿no es verdad? Porque yo aprendí las lecciones del pasado y creo que la polarización extrema no ayuda a nadie. Habiéndole dicho esto, uno puede estar en los debates más encarnizados, yo no sé si en España pasará lo mismo, pero después uno se encuentra en una comida, una cena, y están todos como: no había nada personal, esto es la política, yo tengo que jugar este rol. Entonces yo no entiendo por qué; tal vez porque yo soy un marciano en esto. Yo viví la polarización [en los años setenta], la viví como estudiante universitaria. No estamos viviendo eso. Lo que sí, y eso yo lo entiendo bien, lo que sí nos obliga a hacer a nosotros como Gobierno es a ser mucho más claros, explícitos, a comunicar mejor lo que queramos hacer para que los grados de incertidumbre que puedan existir disminuyan y la gente pueda saber lo que queremos hacer. Ahora, muy distinto es que hay gente que no quiere cambiar las cosas; hay gente que quiere que todo quede tal como están hoy e incluso cree que no hay desigualdad en Chile.
—Antes de fin de año se presentará la ley del aborto. ¿Cuánto margen va a haber para que las mujeres tomen una decisión?
Manifestación a favor del aborto en Santiago de Chile. / MARIO RUIZ (EFE)
—Cuando uno es presidente de un país uno puede tener sus opiniones, su corazón puesto en un lugar. Pero también uno se comprometió con un programa de gobierno que fue el acuerdo al interior de una coalición política. Yo como mujer, como médico, como directora ejecutiva de ONU Mujeres siempre he planteado que me parece que las mujeres tenemos derechos en todos los ámbitos y que no se nos pueden restringir todos los derechos y que debiéramos tomar decisiones en todos los ámbitos. Esa es mi opinión personal. Ahora, como Chile es un país que en esto tenemos años luz de poco avance, y porque nuestra coalición está conformada por sectores diversos, yo me he comprometido con la despenalización del aborto terapéutico en tres ámbitos: en el ámbito de las mujeres violadas, en el ámbito del riesgo vital para las mujeres y en el ámbito de los niños con malformación congénita que no tienen ninguna posibilidad de sobrevivir a eso. Esos son los tres ámbitos que yo mencioné. Ahora, a mí me parece que esto requiere un debate. Estamos analizando el proyecto de ley, pero yo quiero decir que más allá de eso, me parece que permite debatir sobre un tema que en Chile no se ha debatido por mucho tiempo, permite también abrir todo el tema de derechos de las mujeres.
—Su primer viaje al extranjero fue a Argentina, y ahí habló de la necesidad de acercar la Alianza del Pacífico a Mercosur. ¿Cree que ello es posible, o que incluso tenga algún sentido? Son dos alianzas tan distintas en sus planteamientos políticos, comerciales, aduaneros, incluso legales...
—Mire, Chile es miembro activo de la Alianza del Pacífico. Partió de mi predecesor y la verdad es que es una militancia muy positiva, muy útil, creo de verdad que es muy pragmática, no es una alianza política; esto es una alianza comercial, aduanera, de libre tránsito de bienes, de productos, de personas, superpráctico, que acercar políticas, aprovechar oportunidades de unos con otros, mirar cosas en conjunto. Lo que no se trata es de decir el Pacífico le da la espalda al Atlántico; no. Esto no es una cosa excluyente, exclusiva. Yo le diría: lo central es que yo no estoy por ningún tipo de proceso que sea excluyente, que dé la espalda a otros países de la región.


21 de octubre de 2014

Una insólita amistad

Una insólita amistad

Una historiadora chilena revive los vínculos que unieron a la dictadura de Franco y la democracia socialista de Salvador Allende

Salvador Allende recibe al ministro español Gregorio López Bravo, en 1971. / UPI
Resulta desconcertante mirado desde nuestra época, pero nunca fue un secreto: la dictadura de Francisco Franco en España y la democracia marxista de Salvador Allende en Chile gozaron de estupendas relaciones entre 1970 y 1973, hasta que el golpe de Estado acabó con el Gobierno socialista de la Unidad Popular (UP). “Es un momento en el que se unen los opuestos radicales. Esta historia se produjo en un periodo absolutamente vertiginoso de Chile y de España y entraña una contradicción que es muy difícil de digerir, tanto para la izquierda como para la derecha. Por tanto, se impuso la amnesia, el olvido”, señala la historiadora chilena María José Henríquez, que acaba de publicar en Chile el libro ¡Viva la verdadera amistad! Franco y Allende, 1970-1973 (Editorial Universitaria), una investigación extensa en la que relata pasajes incómodos y exquisitos de esta extraña cofradía.
En diciembre de 1972, el presidente Allende realizó una gira mundial que incluyó Naciones Unidas y la Unión Soviética. El Gobierno de Franco, que había concedido a Chile un inédito crédito de 40 millones de dólares, estaba dispuesto a entregar otros 100 a cambio de un gesto complejo, según informó el presidente del Banco Central chileno de aquella época, Alfonso Inostroza. Los españoles pedían que el médico socialista hiciera una parada en Madrid para saludar al Generalísimo frente a un millón de personas en La Castellana. La Administración chilena a esas alturas enfrentaba fuertes problemas económicos y la oferta resultaba tentadora. “Allende dudó mucho”, dice la historiadora. Y su entorno estaba dividido. Por una parte, el Gobierno de la UP necesitaba el dinero: “Presidente, ¡es mucha divisa!”, le decían sus consejeros más pragmáticos. Por otra, la señal política hubiese sido impresentable. “La Guerra Civil y Franco eran un símbolo nefasto para la izquierda chilena. Pablo Neruda era embajador en Francia. La decisión estaba cruzada por muchas consideraciones”, señala Henríquez. Por eso, finalmente, Allende se negó. “He sido un demócrata toda mi vida, no puedo saludar a ese señor”, dijo el mandatario.
El interés de los chilenos por establecer vínculos con el franquismo era evidente y pragmático: la UP necesitaba ayuda económica. El franquismo, en tanto, buscaba oportunidades de negocios y promover su industrialización en América Latina a través de Chile. Pero también existía el interés político de mostrar que podía desempeñar un papel en el escenario internacional, evitando que Chile se transformara en Cuba: Europa le daba la espalda a la dictadura española y el Gobierno de Franco pretendía presumir de las mejores relaciones con Allende, uno de los referentes de su continente en aquella época. “La imagen de los dos en La Castellana habría dado la vuelta al mundo. La reacción de Francia, de Reino Unido, habría sido de desconcierto total”, señala Henríquez, doctora en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid y docente de la Universidad de Chile.
El Gobierno español concedió a Chile un crédito de 40 millones de dólares y pensaba entregar otros 100
La relación entre ambos Gobiernos se había consolidado desde 1970 con múltiples gestos que, en buena parte, se explican por el papel que desempeñó el canciller español Gregorio López Bravo, “un hombre que se definía públicamente como un liberal reprimido y que llegó a Asuntos Exteriores en 1969 a subrayar la neutralidad de España en el contexto bipolar y a privilegiar las relaciones comerciales”, explica la investigadora. En septiembre de 1970, ante el triunfo de Allende, una cantidad importante de personas llegó hasta la Embajada de España en Chile para pedir asilo político. “Hubo que pedir refuerzos al consulado de España en Mendoza (Argentina)”, relata ¡Viva la verdadera amistad! El que calmó al embajador español fue el propio López Bravo desde Madrid, que opinaba que no existía un peligro de socialización inmediata. “Tengo la impresión de que las gentes ahí se han alarmado demasiado”, escribió el ministro.
En marzo de 1971, López Bravo aterrizó en Santiago de Chile y de inmediato fue recibido por Allende en el palacio de la Moneda. Fue una conversación sumamente cordial. El socialista, en un momento, le sugirió la posibilidad de que España asumiera íntegramente todos los proyectos de desarrollo en el norte de Chile. El ministro español, impresionado, se comprometió a consultarlo con su Gobierno. Pero Allende también habló de otros temas: “Nos quedamos sin técnicos y no queremos ligarnos a un sector del mundo socialista, pasar de un bloque a otro (…). Es fundamental la colaboración de España y latinos”. López Bravo recogió el guante: “España por Chile está dispuesta no sólo a lo que puede y debe, sino a un poquito más. Tenemos distintas soluciones, cosa que las grandes potencias no comprenden”, le señaló el ministro de Franco al socialista Allende, alcanzando una complicidad inmediata. Prueba de ello fue lo que ocurrió por la noche: fuera de todo protocolo, el presidente chileno se personó en la recepción de bienvenida que la cancillería chilena le ofrecía a López Bravo.
“Aunque no he sido invitado a esta cena, no pude resistir el deseo de tomar un trago con usted y reiterarle mi intención de mantener con el Gobierno del generalísimo Franco las mejores relaciones”, señaló Allende para explicar su visita. En los meses posteriores, señala el libro, no era raro que el presidente llegara hasta la sede de España en Santiago para tomar whisky con el embajador, Enrique Pérez Hernández.
El líder de la UP aceptó la ayuda económica por necesidad, pero se negó a aparecer en público con el dictador
Fue una amistad por conveniencia. La empresa Ford había regresado a Estados Unidos y Chile había abierto una licitación para instalar una fábrica para el ensamblaje de camiones y motores diésel en el país. En la práctica, quien la ganara tenía la opción de ingresar sus productos en el llamado Pacto Andino, que comprendía a 54 millones de personas de la región. Y España movía todas sus fichas para que Pegaso se quedara con el negocio, frente a la italiana Fiat. Fue por eso que en operaciones lideradas por López Bravo, el Gobierno de Franco realizó gestos inéditos con el régimen de Allende: en plenas negociaciones, le regaló el reactor nuclear de Lo Aguirre, en las afueras de Santiago, y en febrero de 1972 realizó un intensolobby en el Club de París para que Chile lograra renegociar su deuda externa. La discusión fue dura, relata Henríquez, y España se enfrentó incluso a Estados Unidos para defender al Gobierno de la UP: “Vi documentos que demuestran cómo delegados norteamericanos presionaban a los españoles para que no siguieran abogando por Chile”. Pero la operación resultó ser un éxito: Chile pudo renegociar hasta los intereses. Y la noticia, fuera de todos los canales formales, se la entregó el embajador español en Santiago. Fue entonces cuando Allende exclamó en agradecimiento: “¡Viva la verdadera amistad! ¡Viva España!”.
En septiembre de 1972, España ganó la licitación con Pegaso. Y según la investigación de la historiadora, se trató de una decisión que pasó directamente por Allende. Lo contó el embajador español en Santiago: “El presidente me dijo: ‘Yo decidí, porque no me vendo al mejor postor”.
El acuerdo comercial, que se firmó en diciembre de ese año, contemplaba el crédito comercial de 40 millones de dólares: 25 para la fábrica automotriz y otros 15 de libre disposición. “El 51% lo tenía que poner la CORFO chilena, y el 49%, el Instituto Nacional de la Industria española (INI), pero finalmente el Gobierno de Franco puso el 100% del dinero porque en Chile no había divisa”, relata Henríquez. La situación de la Unidad Popular era tan compleja, señala, que utilizó parte del dinero de libre disposición para comprar cebollas y azúcar. Pero el franquismo, que confiaba en la destreza política de Allende, y no necesariamente en su Gobierno, a comienzos de 1973 comenzó a perder la fe en el presidente: el ambiente político se había radicalizado, el golpe de Estado era más que una sospecha, y hasta la coalición de izquierda estaba quebrada. Probablemente fueron las razones por la que España, esta vez, desechó la propuesta chilena para que Allende visitara Madrid para saludar a Franco. El socialista buscaba respaldos internacionales para hacer frente a la delicada situación de política interna.
Pese a lo que se podría pensar, la relación entre las dictaduras de Chile y España fue compleja en sus primeros meses
La alianza franco-allendista no tardó demasiado en desvanecerse. En junio de 1973 quitaron a López Bravo del Gobierno. Y el 11 de septiembre se produjo el bombardeo de La Moneda, la muerte del mandatario chileno y el horror de la historia oficial.
¡Viva la verdadera amistad! Franco y Allende, 1970-1973 muestra que el Gobierno socialista apenas alcanzó a utilizar el 7% del crédito español. El resto lo comenzaron a gastar los militares chilenos, que no quisieron reconocer el triunfo de Pegaso en la licitación ni la instalación de la fábrica, que nunca se llegó a concretar. Pese a lo que se podría pensar, la relación entre las dictaduras de Chile y España fue compleja en sus primeros meses: el conflicto por el préstamo escaló hasta el propio Pinochet y Franco, que era uno de los personajes más admirados por el chileno. Luego llegaron a normalizar las relaciones, pero el apoyo del franquismo a la UP nunca se olvidó del todo. 

NOTICIAS RELACIONADAS

Selección de temas realizada automáticamente con

14 de abril de 2014

Chile contrata a cien doctores

Chile contrata a cien doctores

Los docentes mejoran sus condiciones laborales y huyen de la crisis en España

el pais -  Santiago de Chile 11 ABR 2014 - 18:58 CET9
Profesores españoles en la Costanera Andrés Bello (Santiago de Chile). En la primera fila, de izquierda a derecha: María Francisca Carvajal Almería), Cristina Úbeda (Sevilla), Patricia Tapia (Valladolid), Raquel Marina Hernández (Soria) y Javier García Rubio (Cáceres). Detrás: Laura Gallardo (Barcelona), Mónica Soler (Barcelona), José Manuel Lerma (Almería), Laura Muiño (Santiago de Compostela), Patricia López (Pamplona), Cecilia Gómez (Cartagena), Erica Villoria (Gijón), María Rodríguez (Sevilla) y Jaime Lacueva (Sevilla). / NICOLÁS ABALO
Jaime Lacueva es sevillano, tiene 38 años y lo intentó todo antes de animarse a emigrar a Chile. Doctor en Historia de América y con 14 años de estudios universitarios en España, fue profesor de la Universidad de Sevilla entre 2009 y 2013, pero siempre de interino. En plena crisis, primero sustituyó a una académica fallecida y luego a otros dos catedráticos que jubilaron. Pero pese a que se abrieron otras tres nuevas plazas en su departamento, dice que nunca se convocó un concurso: “Y mantuvieron mi interinidad. Salario bajo, muchas horas de clase y precariedad laboral. Pasaron de tener 24 profesores en 2010, a 10 en la actualidad”. Hoy investiga y dirige el programa de Magíster y Doctorado en Historia de la Universidad Autónoma de Chile.
Cien doctores españoles de distintas disciplinas han llegado en el marco del Programa Internacional Regular (PAIR) de la Autónoma, una entidad privada de 20.000 alumnos que está empeñada en contratar doctores extranjeros para trabajar en Santiago y en sus sedes de Talca y Temuco, en el sur. Desde junio de 2012 se han abierto tres convocatorias, a las que se han presentado 3.000 candidatos, la mayoría españoles. Se ofrece contratos indefinidos (3.500 euros), algo impensable en España.
El primer país sudamericano miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tiene una economía emergente, pequeña y musculosa, de las mejor evaluadas en la región. Presume de un 6,1% de desempleo, aunque el Fondo Monetario Internacional ha recortado las estimación de crecimiento para 2014 a un 3,6, y destina en educación un 4,2% del PIB. Pero el total es de 7,1% considerando los recursos privados.
La cobertura de educación superior ha crecido rápido en las últimas décadas en Chile. El director del Centro de Estudios Públicos (CEP), Harald Beyer, explica que de las 59 universidades que existen en el país, 39 son privadas y se inauguraron desde 1981 a la fecha, lo que ha hecho aumentar el número de alumnos. Si en 2000 había 450.000 estudiantes en el sistema de educación superior, actualmente son 1.100.000. “Un sistema que crece tan rápido en un país como Chile no tiene capacidad de tener los académicos necesarios para producir educación con buenos estándares de calidad. Muchas universidades chilenas intentaron suplir esta carencia de profesores con formas ingeniosas, como pedir a profesores de otras instituciones. Pero eso tiene un límite, porque el capital humano es escaso”, señala Beyer.
La docena de doctores contactados para el reportaje dejaron casi todo a cambio de mejores condiciones laborales. La inmensa mayoría están entusiasmados y pretenden quedarse. Pero no ocultan su decepción con España, como lo relata Patricia Tapia Ballesteros (31 años), doctora en Derecho Penal de la Universidad de Valladolid: “ No estoy en Chile porque tenga un espíritu aventurero. La mayor parte vinimos porque desgraciadamente no se nos ha dado una oportunidad en un país que ha hecho una inversión importante en nuestra formación”.
La media de edad son 35 años, pero la edad no es un requisito para la Autónoma, que pretende pasar de 100 a 250 doctores extranjeros y pronto abrirá una nueva convocatoria. “La investigación ha aumentado considerablemente y hemos dado un salto cuantitativo y altamente competitivo”, señala Hernán Viguera, vicerrector de Extensión y Comunicación de la universidad, y cerebro del programa.
Algunos de los españoles han venido con sus familias, como Patricia Tapia, que llegó con su marido que tenía trabajo en España. Pero no todos han tenido la misma suerte: Cecilia Gómez Santos (42), doctora en Farmacia en la Universidad de Murcia, llegó en agosto de 2013 para dar clases en Kinesiología y Nutrición, pero tuvo que dejar en Cartagena a su marido y a su hija de 17 años: “El grado de doctor es la mayor titulación por parte de la universidad y, siendo los más formados, somos los que nos tenemos que ir de nuestro país porque no se invierte en investigación”, lamenta.
“Chile es un país latino aparentemente parecido a España. Tanto social como económicamente está creciendo mucho y es uno de los más seguros de Latinoamérica”, relata Raquel Marina Hernández (29), doctora en Biología por la Universidad de León.
La demanda de doctores extranjeros se explica, en parte, porque Chile no cuenta con una cantidad suficiente de investigadores, una de sus principales debilidades. Según la OCDE en 2009 existían 383 doctores por cada millón de habitantes, lo que no solo es bajo respecto de los miembros de la organización y otros países emergentes. Lo explica Gonzalo Arenas, de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt): “Tenemos unos 5.000 investigadores activos que buscan fondos de investigación de Conicyt y ese número es el que tiene cualquier universidad grande en Europa y Estados Unidos”.
La Autónoma no es la única universidad que ha fichado a doctores españoles. La Pontificia Universidad Católica, tiene a 18 en su plantilla, y la mayoría ha ingresado por concurso internacional. Uno de ellos es José Santos, de 48 años, doctor en Ciencias Biológicas, que actualmente trabaja en la Facultad de Medicina. Dice que en Chile había mayores oportunidades y lo que las universidades locales buscan “académicos capaces de conseguir fondos y liderar proyectos de investigación”.
La Universidad de Chile, la pública de mayor prestigio, también cuenta con un cuerpo docente español. Una de ellas es la arquitecta Laura Gallardo (37). Dice que hace un par de años intentó buscar trabajo en España, “pero habían recortado mucho los fondos de investigación y profesores”. Decidió regresar a Chile, donde había cursado parte de sus estudios. Da un consejo a los doctores españoles: “Deben revisar bien las plazas existentes, porque no es tan fácil entrar a la universidad como describen. Cada vez son más exigentes los concursos académicos”.