Mostrando entradas con la etiqueta Autonomías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autonomías. Mostrar todas las entradas

26 de abril de 2018

El olvidado y escabroso «parto» del mapa autonómico

El olvidado y escabroso «parto» del mapa autonómico

Hace justo 40 años, la política española se embarcó en finiquitar las históricas regiones y dibujar el nuevo poder territorial

Detalle de un mapa de España previo al del Estado de las Autonomías


ABC -Actualizado:

En la primavera de 1978, la política española se encomendó al particular tiralíneas encargado de rehacer el mapa de España. El Estado de las Autonomías iba abriéndose paso y tocaba establecer los límites de esos nuevos centros de poder territorial. La tarea no resultó sencilla y tampoco estuvo exenta de tensión.
Aquel «sudoku» supuso la defunción de una parte sustancial de las históricas regiones tal y como se habían conocido los últimos 140 años: desapareció Castilla La Vieja, región de la que se desgajaron las provincias de Santander y de Logroño –las nuevas autonomías de Cantabria y La Rioja-. El resto de provincias de Castilla La Vieja, junto a las provincias de la región leonesa –León, Zamora y Salamanca- acabaron constituyendo la comunidad autónoma de Castilla y León. Eso sí, con accidentada y rezagada incorporación de la provincia de Segovia, que a punto estuvo de acabar en autonomía uniprovincial, como Cantabria o La Rioja.
A regañadientes, Segovia acabó encajada en Castilla y León tras un acalorado debate dentro de esa provincia. La mayoría de los ayuntamientos votaron a favor de que Segovia se constituyera en autonomía por separado. Al final, la reñida discusión quedó en manos del Ayuntamiento de Cuéllar, cuyo ayuntamiento votó a favor de esa autonomía uniprovincial. Pero surgió un rifirrafe político-legal, se forzó la repetición del Pleno unos días después y, el 3 de diciembre de 1981, la votación dio el resultado contrario. Se disparó la polémica. Al final, desde Madrid, se dispuso que Segovia quedara integrada en la nueva autonomía de Castilla y León.
La creación de la comunidad autónoma de Madrid también fue políticamente accidentada. Se intentó que esta provincia, que formó parte de la histórica Castilla La Nueva, siguiera formando parte de la nueva autonomía castellano-manchega. Pero Madrid aspiraba a tener un estatus especial en esa comunidad autónoma, lo que generó rechazo en el resto de provincias. Renegaron de las pretensiones madrileñas y eso hizo que, al final, Madrid acabara constituyéndose en autonomía uniprovincial.
Mientras tanto, la antigua región formada por las provincias de Murcia y Albacete se integró parcialmente en la nueva Castilla-La Mancha. Albacete pasó a formar parte de esa autonomía, mientras que Murcia se constituyó en comunidad autónoma uniprovincial.
Todo ese proceso de reconfiguración del mapa de España que se abordó durante la Transición necesitó de varios años. Arrancó en 1978, pero se prolongó durante un quinquenio. Así, la autonomía cántabra alumbró por Ley Orgánica el 30 de diciembre de 1981. En junio de 1982 se aprobó el Estatuto autonómico de La Rioja, al mes siguiente el de Madrid, en agosto de aquel mismo año el de Castilla-La Mancha, y en 1983 el de Castilla y León.

6 de marzo de 2017

Artur Mas recibe críticas en Harvard durante su defensa de la independencia

Artur Mas recibe críticas en Harvard durante su defensa de la independencia

Los ponentes de su conferencia y una representante de la UE cuestionan la viabilidad del proyecto soberanista


4 de enero de 2016

Lúgubre final

Lúgubre final

Cataluña afronta elecciones sin Mas, sin complejo de 27-S y sin Junts pel Sí

  • Enviar a LinkedIn
  • Enviar a Google +
Imagen del Consejo politico de la Cup para decidir la investidura de Artur Mas como presidente de la Generalitat
Imagen del Consejo politico de la Cup para decidir la investidura de Artur Mas como presidente de la Generalitat / MASSIMILIANO MINOCRI (EL PAÍS)
L a negativa de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) a investir a Artur Mas como presidente de la Generalitat tiene un efecto inmediato: implica la inmediata convocatoria de unas nuevas elecciones anticipadas. Son las terceras autonómicas en un quinquenio, lo que simboliza de por sí el reiterado fracaso del líder convergente en lograr algún objetivo político, si acaso el mínimo: sobrevivir.
En realidad, la negativa de la dirección de la antisistémica CUP por la mínima —tras un empate asambleario bastante barroco— no hacía sino añadir cruel mordacidad a la catástrofe final que la singladura del nacionalista Mas ha supuesto para todo aquello que representaba. Solo eso.
En términos narrativos nada épicos, el descabalgamiento del hijo político de Jordi Pujol exhibe tres vertientes. La más evidente es la personal, que subraya cómo la empecinada tozudez en aguantar contra toda base social, política y aritmética conduce únicamente al ridículo, expediente al que la política catalana había sido tradicionalmente ajena, sobre todo después de las lecciones de Josep Tarradellas.
Más interesante es la derivada electoral: tres meses después del 27-S, la imposibilidad de investir a un presidente separatista demuestra que el presunto plebiscito seguramente lo fue, pero contra el secesionismo. Aquellos que se precipitaron cantando y escribiendo “hem guanyat” deberán explicar cómo, y por qué, no solo no han ganado nada, ni siquiera consagrar su mascarón de proa, sino que lo han perdido todo. El verdadero resultado del 27-S se produjo ayer: los separatismos no solo no atraen la mayoría social en Cataluña sino que ni siquiera son capaces de utilizar su exigua mayoría parlamentaria para llevar al poder a uno de los suyos.
Y más definitivo aún es el daño colateral infligido a la heteróclita alianza de intereses fraguada en Junts pel Sí. Sus dirigentes se volvieron afónicos asegurando que Mas era imprescindible, que no había un candidato alternativo, que él era su único, experimentado y mesiánico líder. Y ahora resulta que este presunto líder muerde el polvo de la enésima derrota, tras autoinflingirse unos cuantos Waterloo sin pedir a nadie permiso: la división del país, la ruptura de su federación con Unió, la implosión de su propio partido. Si Mas era tan imprescindible es que nadie de Junts pel Sí, ni siquiera un botones, puede sustituirle: mejor cualquier opción más radical que una tan tramposa como él. Y que esta alianza electoral muere con él.
En nadie puede excusar su fracaso el retoño de Pujol. Él solo, contra viento y marea, y contra el consejo de sus más leales, se ha estrellado al intentar recabar el apoyo de un grupo anticapitalista, antieuropeo y antioccidental, justo todo aquello que como candidato despreciaba. Se le ha negado, y por tanto, se autocondena a la más humillante frustración. Quizá intente aún desquitarse de tan mal fario: si así es le destruirán hasta sus propios colegas, y hasta sus devotos, para sobrevivir. Nada más lógico.
El tétrico final de Mas, aunque aún pueda adornarse de detalles más patéticos, no constituye un mal episodio para Cataluña. Es más práctico acabar una agonía que prolongarla. Y los catalanes suelen ser gente práctica.

30 de octubre de 2015

La Xunta aprueba una declaración en defensa del Estado de las autonomías

La Xunta aprueba una declaración en defensa del Estado de las autonomías

Feijóo reivindica la Transición y dice que los secesionistas desafían "a todas las autonomías y no solo al Gobierno"

  • Enviar a LinkedIn0
  • Enviar a Google +0
  • Comentarios2
El presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, el pasado domingo en Lugo. / ELISEO TRIGO (EFE)
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo (PP), ofrece el respaldo de su Ejecutivo al Gobierno —"a este o a cualquiera que respete la Constitución"— ante el desafío secesionista de Cataluña. El Gobierno gallego ha aprobado una declaración institucional en defensa del Estado de las autonomías, en la que alerta de que la declaración secesionista catalana supone "un desafío a todas las comunidades que conforman España". También tilda de "irresponsabilidad", "deslealtad" y "cálculo partidario" la postura de los secesionistas que, señala, "no pueden estar por encima de un marco de entendimiento y convivencia".
La declaración del Ejecutivo gallego destaca que la postura de las fuerzas catalanas independentistas supone "un desafío al conjunto del Estado de las autonomías y no solo a un Gobierno concreto", por lo que garantiza su respaldo a la "respuesta del Gobierno central y partidos democráticos" ante el desafío rupturista.
Feijóo, que leyó este jueves el manifiesto de su Gobierno en la rueda de prensa posterior al Consello de la Xunta, reivindicó la Constitución y la Transición. El presidente gallego eludió contestar a las preguntas de los periodistas sobre si su Gobierno respaldaría la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que permite la suspensión de una autonomía y sobre el que Mariano Rajoy ha señalado que "espera" no tener que aplicar.