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14 de noviembre de 2018
Gil Tamayo asume un “silencio cómplice” de la Iglesia con la pederastia pero lo extiende a toda la sociedad
Gil Tamayo asume un “silencio cómplice” de la
Iglesia con la pederastia pero lo extiende a toda la sociedad
El secretario
general de la Conferencia Episcopal Española pide al resto de la sociedad que
no se calle y que asuma "su cuota de responsabilidad"
Madrid 14
NOV 2018 - 14:27 BRST
El
secretario de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo (izquierda),
junto al obispo de Salamanca, Carlos López, en la octava Semana de Pastoral. JM GARCÍA (EFE) /
VÍDEO: EFE
El secretario general y portavoz de la Conferencia
Episcopal Española, José María Gil Tamayo, ha admitido que durante años la
Iglesia ha guardado un "silencio cómplice" ante los casos de pederastia en el seno de esta institución, que
ha enmarcado en un contexto de "inacción de toda la sociedad
española" ante estos delitos.
"Es verdad que la Iglesia está obligada a un
testimonio más coherente que nadie, pero esto no exime al resto de asumir su
cuota de responsabilidad en esta cultura común compartida de silencio", ha
considerado Gil Tamayo en una entrevista con la agencia Efe concedida una
semana antes de concluir su mandato. Será ordenado obispo de Ávila el 15 de
diciembre y antes, el 20 de noviembre, se celebrarán elecciones al cargo de
secretario general.
En la misma línea, el portavoz de los obispos españoles
ha considerado que la "inacción" de la Iglesia ha sido la misma que
la de toda la sociedad española. "Compartíamos esa cultura y ahora nos
percatamos de que ha sido un silencio cómplice". "Ahora hay una
condena justa de la sociedad, pero hemos convivido hasta hace no mucho tiempo
con una dejación social con estas cuestiones igual que se ha convivido,
desgraciadamente, con la violencia contra la mujer", ha añadido.
Tras reconocer la responsabilidad y el silencio de
la Iglesia ante la pederastia, Gil Tamayo ha asegurado que en España existe una
campaña "intencionalizada" para desacreditar a esta institución y en
la que no se duda, incluso, en instrumentalizar a las víctimas y convertir su
testimonio en un espectáculo. En su opinión, se está "criminalizando"
a la Iglesia mediante una campaña mediática y política con el objetivo de
"desacreditar a una institución que puede levantar la voz ante otras
cuestiones e interesa callarla". Tampoco está de acuerdo con que las penas
o el castigo que impone la Iglesia a los pederastas sean "leves".
"Las penas han sido más leves por parte del
Estado, que las prescribe" y que deja a las víctimas sin posibilidad de
defenderse, ha dicho. Por ello, ha insistido en la necesidad de buscar "un
remedio compartido" y que toda la sociedad asuma su responsabilidad ante
los casos de pederastia. Unos casos que, ha explicado, todavía no se pueden
cuantificar pero en los que se está trabajando para "prevenir, curar,
reparar y castigar", con la intención clara de "acabar con la pederastia
en las filas" de la Iglesia.
En una reciente entrevista con EL PAÍS, Fernando Giménez
Barriocanal, jefe de finanzas de la Conferencia Episcopal Española y
el único de la institución que ha accedido a ser entrevistado por este
periódico, aseguró que el porcentaje de pederastia en la Iglesia española es
"irrelevante", respecto a este delito en otros ámbitos.
"Se está construyendo un relato sobre este
tema que no tiene nada que ver con la realidad de la Iglesia. Ustedes pueden
coger los datos de Eurostat sobre este tema y ver los porcentajes que hay de
las distintas casuísticas y entonces uno dice: ¿y por qué solo se pone el foco
en la Iglesia si es un porcentaje insignificante? Estamos hablando es un
porcentaje irrelevante, irrelevante, irrelevante. Irrelevante en el conjunto de
la sociedad", aseguró Giménez Barriocanal.
Tal y como ha venido publicando EL PAÍS, la Iglesia
española silenció durante décadas la mayoría de los casos de abusos sexuales a
menores que conoció o juzgó en sus tribunales eclesiásticos. No comunicó estos
hechos a la Fiscalía para abrir un proceso judicial ni ha hecho públicas las
condenas impuestas a los sacerdotes pederastas, salvo contadas, y en algún caso
forzadas, excepciones.
Los jueces han dictado en los últimos 30 años,
según los registros del Centro de Documentación Judicial, hasta 33 condenas a
sacerdotes en causas abiertas por abusos a 80 menores. Las penas impuestas han
ido desde una multa hasta 21 años de prisión; algunas sentencias incluyeron
indemnizaciones a las víctimas de entre 1.200 y 70.000 euros.
España tiene 18.000 sacerdotes, por lo que las
condenas por pederastia afectan a menos del 0,2% de los religiosos. En media
docena de las sentencias conocidas, los hechos probados explican cómo las
víctimas denunciaron primero los abusos en la Iglesia y, ante la falta de
respuesta, decidieron acudir a los tribunales.
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Pederastía
22 de mayo de 2018
Un quemadero de Pontífices
Un quemadero de Pontífices
Pese a las denuncias y las pruebas, los papas han ignorado los casos de
pederastia en el seno de la iglesia hasta que han amenazado su pontificado

Miembros
de la Conferencia de opispos de Chile en el Vaticano este lunes. GREGORIO BORGIA (AP) / QUALITY-REUTERS
Un mal no es un mal para quien no lo siente. Les ocurrió a Juan Pablo II
y Benedicto XVI. Hasta que no les cayó el pedrisco de la pederastia sobre sus
cabezas, no fueron conscientes de las desgracias y el desprestigio que
estremecían a la Iglesia romana. No fue hasta 2002 que el pontífice polaco, en
babia pese a su formidable afición a viajar, escuchó las alarmas. Hasta
entonces, había despreciado las denuncias porque, en su opinión, pretendían
desprestigiar a su iglesia. Algunos de sus portavoces llegaron a decir que la
difusión de los casos de abusos en Estados Unidos era una venganza del
presidente George W. Bush por haber criticado el papa polaco la guerra de Irak.
Si Juan Pablo II se alarmó fue porque, de pronto, los casos de
pederastia empezaron a amenazar las finanzas de la organización, muy rica para
pagar campañas contra el aborto o la eutanasia, por ejemplo, pero pobre para
indemnizar a las víctimas en cumplimiento de condenas judiciales inapelables.
La llamada a Roma de los cardenales estadounidenses en apuros, en su mayoría
encubridores, no acalló el escándalo ni escarmentó a los principales jerarcas.
Por entonces, se conocieron comportamientos desastrosos. Por ejemplo, el
cardenal colombiano Darío Castrillón, prefecto de la Pontificia Congregación
del Clero, había mandado en 2001 una carta de felicitación a un obispo francés
que había ocultado de la justicia a un cura pederasta. “Estoy encantado de
tener un compañero que habría preferido la cárcel antes que denunciar a un
sacerdote", le decía. En la misma fecha, el también cardenal Tarcisio
Bertone, número dos del Vaticano, relacionaba pederastia y homosexualidad; el
español Antonio Cañizares afirmó que peor que los abusos sexuales de
eclesiásticos a menores era la legalización del aborto, y se supo entonces que
el todopoderoso prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Josep
Ratzinger, hoy papa emérito, había enviado una circular a los obispos
ordenándoles que los casos de abusos a menores por clérigos de toda condición
quedaban centralizados en dicha congregación. Cuando la ropa sucia de los
abusos empezó a salirle por la ventana, se vio obligado a llamar a capítulo a
los obispos de Irlanda, encubridores de hasta 25.000 abusos. Son los casos más
clamorosos, pero hay muchos más, también en España. Ahora mismo, en Australia,
el número tres de la Curia de Francisco, el cardenal George Pell, jefe de las
finanzas de la (autollamada) Santa Sede, se sienta en el banquillo en su país,
acusado él mismo de abusador de menores.
Francisco debería de haber escarmentado en la cabeza de sus
predecesores, pero se comportó de la misma manera cuando llegaron a su mesa
desde Chile 2.500 páginas denunciando incontables episodios de pederastia
encubiertos por algunos jerarcas de su confianza. Peor aún. Cuando se dio
cuenta de que el escándalo podía amargarle el viaje por ese país respondió con
exabruptos a la periodista que quiso saber. Que me traigan “pruebas”, dijo con
impertinencia. Tuvo que matizarse en el avión que le regresaba a Roma, ante
toda la prensa. Lo puso peor. En lugar de “pruebas debí decir evidencias”,
dijo. Sutilezas de mal teólogo. Esta semana se reúne con los obispos chilenos
llamados a capítulo al Vaticano. ¿Rodarán cabezas? Demasiado tarde. El
quemadero de la pederastia amenaza ya todo el pontificado del jesuita
argentino.
Nadie, ni siquiera un papa como Francisco, tan encantado de la
papolatría al uso, sale indemne de un escándalo de estas dimensiones. Ayer
mismo, la agencia Associated Press informaba
desde Chile de que un miembro de los Hermanos Maristas violó a 14 chicos en dos
colegios. La congregación tardó siete años en señalar al abusador y la justicia
ha tenido que superar incontables obstáculos para encausarle, también durante
años. Ocurrió antes con el fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano
Marcial Maciel, protegido por Juan Pablo II, que lo presentó como “ejemplo para
la juventud” cuando eran notorias sus tropelías, y ha vuelto a suceder hace
apenas dos años con el peruano Luis Fernando Figari, fundador de los Sodalicio,
castigado por fin, después de saberse de sobra que era otro crápula del tamaño
de Maciel.
La llamada a capítulo de los obispos chilenos tiene la atención mundial.
“Estamos en una emergencia espiritual”, ha dicho su portavoz. Siguen viendo la
pederastia como un pecado. Es un delito. Se dice que van a recibir una
reprimenda de Francisco, pero es la credibilidad y el prestigio del Papa los
que están comprometidos. Como sus predecesores, despreció a las víctimas y
aceptó como verdaderas las falsas informaciones que le dieron dos cardenales y
su embajador en Chile.
“Somos pastores, no policías”, se disculpan los jerarcas católicos. “Si
no podemos ser castos, al menos seamos cautos”, aconsejaban a veces, con una de
las ironías del simpático cura rural de George Bernanos. Ese fue el espíritu
con que se ha amparado a clérigos delincuentes. Achacar los escándalos a
campañas de los enemigos de la Iglesia fue, por cierto, la tesis de Ratzinger
durante una visita, en noviembre de 2002, a la Universidad Católica de Murcia.
“Estoy convencido de que la presencia mediática constante de los pecados de los
sacerdotes católicos es una campaña planeada, puesto que el porcentaje de esos
escándalos no es más alto que en otras categorías profesionales, e incluso es
menor". Así proclamó. Como suele decirse, si el prior se va de farra, qué
no hará la comunidad.
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Homosexualismo,
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Vaticano
27 de mayo de 2016
El obispo de Lleida exige el certificado antipederasta a sus curas y catequistas
El obispo de Lleida exige el certificado
antipederasta a sus curas y catequistas
El proceso afectará a 80 curas y a otras 500 personas, incluido el
prelado
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EL PAIS - leida 27 MAY 2016 - 10:08 BRT
El obispo de
Lleida, Salvador Giménez Valls.
El obispo de Lleida, Salvador Giménez Valls, ha firmado un decreto en el
que obliga a todos los sacerdotes de su diócesis – alrededor de 80 – a
presentar el certificado que acredita que no tienen antecedentes penales por
delitos relacionados con la pederastia y la pedofilia. El decreto del obispo
también exige demostrar, con el mismo documento, la ausencia de antecedentes
pederasta al cerca de medio millar de religiosos y laicos asalariados y
voluntarios de la diócesis que trabajan y que pueden llegar a realizar
funciones en la que haya menores.
Víctor Espinosa, secretario general y canciller del obispado de Lleida,
ha asegurado esta mañana que el obispo “sólo aplica la ley de protección a la
infancia y adolescencia que nos obliga a obtener el certificado negativo, del
registro central de delincuentes sexuales, para todos aquellas personas que
realicen tareas pastorales con menores de 0 a 17 años”. Espinosa asegura que
todos los sacerdotes de la demarcación estarán obligados a entregar el
certificado y sólo estarán exentos de él contadas excepciones como los
presbíteros de la Catedral “que no tienen ninguna relación con menores”.
Hasta el próximo mes de septiembre las parroquias, delegaciones y
servicios pastorales entregarán toda la documentación a la Secretaria General
del Obispado y desde allí se realizará una petición conjunta para obtener los
certificados. “El propio obispo, Salvador Giménez Valls, será el primero en
solicitar su certificado porque queremos ser ejemplo de transparencia en este
sentido”, ha asegurado el canciller de la diócesis.
“La mayoría de obispados se someterán a esta ley, pero, de alguna
manera, nos enorgullece ser el primero que anuncia y obliga a realizar este
certificado”, admite Espinosa. Una vez obtenidos los documentos, en el caso que
la persona no tenga antecedentes por conductas pederastas seguirá con su labor
catequista. Si por el contrario, sí tiene su hoja de conducta manchada; con “la
máxima delicadez se le informará que no está en condiciones de trabajar con
menores y se le apartará de estas labores”.
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