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1 de julio de 2014

Elogios al fundador de la Falange en un acto oficial ante la cúpula militar

Elogios al fundador de la Falange en un acto oficial ante la cúpula militar

El portavoz de los premiados por el Ejército del Aire citó al "gran español" José Antonio

Elogios a José Antonio en la intervención de Carlos Valle en la gala de entrega de los premios Ejército del Aire.
Las Fuerzas Armadas españolas han asumido plenamente la democracia, pero en sus aledaños sigue merodeando la ultraderecha, que se cuela cuando se le da la menor ocasión. A la Fuerza Aérea le metieron un gol el pasado día 26, cuando en su acto más vistoso del año —la gala de entrega de los Premios Ejército del Aire 2014—, uno de los oradores citó elogiosamente al fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, al que calificó de “gran español”.
En primera fila se sentaban el ministro de Defensa, Pedro Morenés, el jefe del Estado Mayor de la Defensa, almirante general Fernando García Sánchez, y los jefes de Estado Mayor de los tres ejércitos, así como numerosos altos cargos del ministerio y mandos militares.
El Ejército del Aire quiso dar especial brillantez a la entrega de premios de este año, que coincide con el 75 aniversario de su fundación. Se celebró en el Museo del Aire de Cuatro Vientos (Madrid) y contó con la colaboración del presentador de TVE Marcos López, entre otros. El acto se desarrolló con normalidad hasta que tomó la palabra Carlos Valle Torralbo, presidente de la Fundación Infante de Orleans, premiada “por su ardua labor en la difusión y fomento de la cultura aeronáutica”.
“Hago mías las palabras que un gran español dijera en un acto público tan lejano como olvidado: Nada de un párrafo de gracias. Escuetamente gracias como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo”, dijo Valle al inicio de su intervención. El “gran español” al que aludía, aunque no citara su nombre, era José Antonio Primo de Rivera y el “acto público tan lejano como olvidado” se celebró el 29 de octubre de 1933 en el Teatro de la Comedia de Madrid.

El orador parafraseó el inicio del discurso fundacional del partido fascista español, en el teatro de la Comedia de  Madrid en 1933
El párrafo que hizo suyo el presidente de la Fundación Infante de Orleans corresponde al famoso comienzo del discurso de fundación de Falange Española, la versión nacional del fascismo europeo, que (una vez fusionada con las JONS) se convertiría en el partido único de la dictadura, dirigido por Franco. El discurso joseantoniano era un compendio del ideario fascista: arremetía contra el liberalismo y el sistema democrático, propugnaba la supresión de los partidos y defendía el uso de la violencia para lograr sus objetivos.
La cita de José Antonio era como mínimo forzada, pues el fundador de la Falange no fue militar ni, mucho menos, aviador. Constituyó, además, una grave falta de respeto hacia los demás galardonados, ya que tomó la palabra en nombre de todos ellos.
La Fundación Infante de Orleans es un museo de aviones históricos cuyo origen se remonta a 1989. Dispone de unas 40 aeronaves que mantiene en condiciones de volar y con las que organiza exhibiciones en el aeródromo de Cuatro Vientos. Cuenta con el patrocinio de empresas como Repsol o EADS e instituciones como la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Getafe o el propio Ejército del Aire.
En España, al contrario que en otros países, no está penada la apología del fascismo, pero el proyecto de nuevo Código Penal castiga a quienes “nieguen, trivialicen gravemente o enaltezcan” el Holocausto.

28 de abril de 2014

Por el imperio hacia Dios

Por el imperio hacia Dios

Más allá de las polémicas sobre si fue totalitario o autoritario, el historiador Ferran Gallego realiza una exhaustiva revisión de la naturaleza católica y fascista del régimen del general Franco

Desde la aparición de una documentada historia del nazismo (De Munich a Auschwitz, 2001, y De Auschwitz a Berlín, 2005), el profesor barcelonés Ferran Gallego se ha dedicado con intensidad al estudio del fascismo español y foráneo. Ni es tarea fácil, ni deja de suscitar riesgos y alguna vez hasta sospechas. Para realizarla reúne aptitudes fundamentales: el certero instinto de hallar las citas (y saber leerlas) y la atención a la dimensión psicológica de las actitudes políticas. Sabe, por tanto, que el fascismo —sombra negra de la modernidad— puede ser a la vez salvaje y persuasivo, monolítico en sus aspiraciones y elástico en las formas, patológico siempre, pero también muy común como enfermedad transitoria. Entre sus libros posteriores los hay dictados por el desengaño lúcido (El mito de la Transición, 2008), y otros, por la aguda exploración de caracteres abominables (Todos los hombres del Führer, 2006); de un modo u otro, todos exploran las formas de engañarse y engañar.
Estos propósitos inspiran también las casi mil páginas de El evangelio fascista. La formación de la cultura política del franquismo (1930-1950), escritas en una prosa muy nítida y precisa, aunque el párrafo sea caudaloso, y en plena madurez reflexiva. Gallego tiene el don de la síntesis —esa revelación que llega al autor cuando su trabajo la merece—, a la vez que mantiene intacta la pasión de descubrir y analizar. Creo que nunca se había revisado con tanta intensidad, a pie de textos y de cotejos, la naturaleza católica y fascista del régimen de Franco, yendo más allá de las viejas polémicas sobre si fue totalitario o autoritario, o sobre la presunta hegemonía disputada entre católicos y falangistas, o sobre el diferente grado de protagonismo de los actores del acoso a la República y la fundación del Régimen. El resultado de sus maniobras fue el que sabemos: fracasados en el golpe militar de julio, ganaron la guerra que habían elegido y consiguieron la tortuosa, pero eficaz, construcción de un Estado que, de algún modo, persiste, además de haber dejado alguna herencia indeseable en las actitudes de algunas élites políticas y en el cínico pragmatismo de algunas capas sociales.

Fracasados en el golpe militar de julio, ganaron la guerra y construyeron un Estado que, de algún modo, persiste
Gallego ha reconstruido muy bien la experiencia del endeble fascismo español entre 1933 y 1936, donde aclara la marginación de Ledesma Ramos, el papel de Onésimo Redondo y, una vez más, las ambigüedades y las maniobras de José Antonio Primo de Rivera. Hubo ciertamente un fascismo débil, pero lo compensó aquella fuerte fascistización general, donde quien más se reclamaba de fascista era el monárquico José Calvo Sotelo. “Lo que resulta propio del fascismo”, escribe Gallego, “es la manera en que es capaz de realizar la síntesis y modernización del discurso de la contrarrevolución”, que se apoya en las imágenes de “la patria en peligro y la proyección utópica de una nación en marcha”. La “dinámica de su constitución” se aceleró a favor de la guerra civil, que fue —como demuestra el autor— factor aglutinante y sello legitimador, donde convergen unos y otros.
Las páginas sobre la contienda inician la segunda parte de la obra que ya había hecho un demorado censo de las actitudes apocalípticas que la presagiaron, en apartados tan jugosos como ‘La vía fascista hacia la guerra civil’ y ‘La guerra civil, proceso constituyente del fascismo’. Pero no son menos importantes (y quizá más innovadoras) las precisiones sobre el uso de la consigna del “Imperio”, desde el plano filosófico (que utilizó el Ledesma de 1930 cuando hablaba: “La filosofía, disciplina imperial”) hasta la existencia de una Nación en estado de celo constitutivo y a la reinterpretación del pasado patrio. Ninguna hipótesis carece de textos que la evidencien. Es particularmente interesante la lectura de Jerarquía, la revista negra de Falange, o la de F.E., de parecido talante; son siempre necesarias las citas del delirante Giménez Caballero, a quien nadie hacía demasiado caso, pero siempre era la voz de su amo, o las de Pemán, el más sagaz de los muchos oportunistas. Demoledores resultan los textos de Antonio Tovar, que mereció un indulto ideológico quizá prematuro, muy similar al que lucró el grupo de teóricos de la política, embebidos de lecturas alemanas (que juntaban a Carl Schmitt con los antifascistas Hermann Heller y Hans Kelsen), a los que se cita a menudo: Luis Legaz Lacambra, Maximiliano Gómez Arboleya, Juan Beneyto, Francisco Javier Conde. El capítulo ‘Sub specie aeternitatis. Historia y legitimación del 18 de julio’ rescata del olvido la reconstrucción de la historia de España en la etapa de primera “desfasticización” y concluye con la confrontación de dos conocidos libros de 1949: España como problema, de Laín Entralgo, que recuperaba el discurso radical de 1898 para el nuevo Estado, y España, sin problema, un título que Rafael Calvo Serer modificó a última hora para entrar en la polémica, donde se postulaba una Restauración de la tradición que el otro parecía olvidar: “Lo que importaba para todos”, recuerda Gallego, “era el establecimiento o la amplitud de los límites de la Victoria, nunca su impugnación”.
El evangelio fascista. La formación de la cultura política del franquismo (1930-1950). Ferran Gallego. Crítica. Barcelona, 2014. 979 páginas. 39,90 euros (electrónico: 14,99 euros).

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28 de agosto de 2013

El ‘Cara al sol’ reaviva la polémica por el franquismo en Baralla

El ‘Cara al sol’ reaviva la polémica por el franquismo en Baralla

El municipio otorga un premio a una comida con el nombre del himno de la Falange

El alcalde aseguró que las víctimas del franquismo “se lo merecían”

Los votos del PP evitaron la dimisión del regidor

El grupo municipal del BNG en el Ayuntamiento de Baralla, Xosé ManuelBecerra, ha denunciado que el alcalde, el popular Manuel González Capón, volvió a hacer apología del franquismo el pasado domingo en una fiesta local. Capón rechazó el jueves 22 de agosto dimitir en un pleno extraordinario convocado para debatir sobre su continuidad en el cargo por haber dicho que las víctimas del franquismo “se lo merecían”.
Tres días después Baralla celebró una jornada de comidas campestres, en el contexto de las fiestas patronales, en la que, como cada año, fueron premiadas las tres mejores meriendas. Una de ellas recibía el nombre de Cara al sol, himno de la Falange. El jurado, compuesto por tres párrocos del municipio, le otorgó el tercer premio, acto entendido por los nacionalistas como un modo de respaldar al alcalde, en el ojo del huracán desde que el pasado 26 de julio afirmase en un pleno municipal que los condenados a muerte por el franquismo "será porque se lo merecían". 
El portavoz del BNG en el municipio calificó lo sucedido el domingo de “representación pública de reafirmación” y aseguró que “viene a demostrar que el arrepentimiento que manifestó era falso”, en referencia a las reiteradas ocasiones en que González Capón ha pedido disculpas. “No es una casualidad, porque sucede tres días después de celebrarse el pleno, que haga ostentación pública de que una merienda premiada lleve el nombre del himno del fascismo”, advirtió. Asimismo, puso de manifiesto que uno de los párrocos que fue miembro del jurado participó precisamente el jueves en el pleno extraordinario en el que se debatió la dimisión del regidor popular. “Allí, vestido con sotana, se dedicó a gritar `Id a Paracuellos´ a los presentes”, aseguró Becerra. En este sentido, concluyó que “todos los datos y circunstancias de ese premio a esa merienda, evidencia que se sigue en la línea de reafirmarse en el pensamiento, independientemente de que, de cara a la galería, se trate de dar una imagen distinta y se pidan falsas disculpas".
Por su parte, el alcalde, que dirige el municipio lucense desde hace 26 años, se justificó alegando: “Yo no participé en nada, tan solo como todos los años di el premio, pero lo decidió el jurado”. “El nombre de la merienda lo pusieron esas personas, creo que les daba el sol y punto, por ahí viene la historia”, zanjó.