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21 de junio de 2019

IZQUIERDISMO

P E R I S C O P I O

Blog Contra-Revolucionario

jueves, 20 de junio de 2019


IZQUIERDISMO – 21/06/2019

Frente a la trilogía de la Revolución Francesa, todavía hoy el consenso general no duda en calificar de izquierdista perfecto a quien se afirme favorable a una libertad, igualdad y fraternidad absolutas. De alguien que es, en definitiva, un anarquista, en el sentido etimológico y radical de la palabra, del griego an arche, sin gobierno, con o sin connotación de violencia o terrorismo. Los izquierdistas moderados califican como utópico, “lamentablemente utópico” dicen, el sueño de su correligionario radical. Nadie negará, sin embargo, la plena autenticidad izquierdista de esa utopía.

En función de este marco de izquierdismo absoluto, es fácil discernir qué, dentro de la escala izquierdista, un programa o un método, puede ser calificado como más o menos izquierdista. Es decir, será tanto más izquierdista, o menos, cuanto más se aproxime o se distancie del anarquismo total. Así, por ejemplo, un socialista es tanto más izquierdista cuanto más efectiva y general sea la igualdad que reivindica. Y será íntegramente izquierdista el que reivindique la igualdad total.

Una afirmación análoga debe hacerse en relación a otro “valor” de la trilogía de 1789, el liberalismo político. Este será tanto más izquierdista cuanto más reclame la libertad total. Está en la esencia del anarquismo total la afirmación de que toda y cualquier desigualdad es injusta. Es cierto que, de acuerdo al consenso general, el izquierdismo tiene su punto omega y su escala de “valores” bien definidos. El totalitarismo económico destruye fácilmente la libertad política. Y recíprocamente. Pero esta contradicción existe sólo en las etapas intermediarias que todavía no son el anarquismo total, aunque predispongan a él. Pues, tanto se puede llegar a este último por una libertad absoluta, cuanto, y principalmente, por una igualdad absoluta.

La libertad absoluta propicia una ofensiva general de los que son o tienen menos, contra los que son o tienen más. Y a su vez, la igualdad completa implica en la negación de toda autoridad y, por lo tanto, de toda ley. Esas dos vías tan diferentes no son paralelas y se encontrarán en el infinito. Por más contradictorias que sean en la práctica del moderado de hoy, convergen en el punto final an árquico, en el cual se encuentran y se completan.

En la foto Stalin, déspota temido e incontestable de todas las Rusias. Cabello desgreñado, bigote vulgar, rostro grosero y brutal, gesto impetuoso y violento, traje carente de cualquier elevación o distinción.Poderoso dictador, rebajado, en su presentación y persona, al nivel del último servidor, constituyendo el símbolo de un orden de cosas satánico, que por adoración de la igualdad tiene por instinto rebajar y degradar todo.

EXTRACTOS DE COMENTARIOS DEL PROF. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA AUTORIA DE NACHO ALDAY SIN REVISION DEL AUTOR.

11 de junio de 2018

Putin reabilita o maior assassino do século XX

Agência Boa Imprensa – ABIM

Putin reabilita o maior assassino do século XX

Copa do mundo na RússiaBustos de Stalin vêm sendo erguidos nas cidades russas por iniciativa da Sociedade Russa de História Militar, fundada pelo presidente Putin. Muitos russos lembram que Stalin mandou fuzilar cruelmente, confinou em campos de concentração, matou de fome ou deportou para a Sibéria cerca de 20 milhões de pessoas. Em fevereiro, Putin louvou o “devotamento” do escritor Alexandre Prokhanov, grande bardo de Stalin, e condenou “a demonização excessiva de Stalin, que é um modo de atacar a União Soviética e a Rússia”. Lev Goudkov, do centro Levada de opinião pública, comentou que “o poder russo conjuga a mitificação do passado soviético com uma justificação velada de seus próprios crimes”.
Esperamos que com a copa do mundo na Rússia não faça os povos esquecerem o passado de horror da ex-URSS, que Putin parece desejar restaurar, inclusive usando a copa do mundo como propaganda do regime.

23 de marzo de 2018

PRISMA / EMBAJADA RUSA EN MÉXICO, CLAVE PARA QUE STALIN OBTUVIERA LA BOMBA ATÓMICA

Prisma / Embajada Rusa en México, clave para que Stalin obtuviera la Bomba Atómica

PRISMA / EMBAJADA RUSA EN MÉXICO, CLAVE PARA QUE STALIN OBTUVIERA LA BOMBA ATÓMICA


Enlace Judío México.- En el mes de mayo de 1942 la Secretaría de Relaciones Exteriores recibió una insólita petición: La Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) solicitaba permiso para abrir una embajada en México.

JUAN ALBERTO CEDILLO EN EXCLUSIVA PARA ENLACE JUDÍO MÉXICO

La solicitud de José Stalin sorprendió al gobierno mexicano debido a que ambos países no mantenían ninguna relación comercial y eran escasos los contactos diplomáticos con la URSS. Además, porque los soviéticos precisaron que tenían prisa por abrir su sede diplomática.

La inusitada petición se realizó en medio de la Segunda Guerra Mundial mientras la URSS sufría los embates de los ejércitos del Tercer Reich que estaban por tomar Moscú y en otro frente combatían ferozmente por la defensa de Stalingrado.

¿Qué motivos tenía el dictador José Stalin para abrir una embajada en la República Mexicana?
La respuesta se conoció muchos años después cuando Pavel Sudoplatov, el jefe del Departamento del Extranjero de la KGB, publicó sus memorias en su libro titulado “Special Task” (Operaciones Especiales).

La principal razón para contar con una sede diplomática en México fue: proporcionar “cobertura diplomática” a un pequeño y sofisticado grupo de espías que estaban consiguiendo los secretos del “Proyecto Manhattan”, el programa para desarrollar y fabricar la primera bomba atómica.

La SRE aceptó la solicitud de Stalin y dos meses después, en junio de 1942, se abrió la embajada soviética en una ex hacienda ubicada en el poblado de Tacubaya la cual fue remodelada y transformada en un palacete.

Para esa época, Robert Oppenheimer, un joven y brillante científico judío de la Universidad de California, trabajaba en un proyecto ultrasecreto con una pléyade de investigadores nucleares de la talla de Enrico Fermi, Leo Szilard y Niels Bohr. Además participaba el Premio Nobel de Física, Albert Einstein.

Los científicos que encabezaron el Proyecto Manhattan, Oppenheimer, Fermi y Szilard acordaron compartir sus investigaciones subrepticiamente con la URSS ante el temor de que la Alemania de Adolfo Hitler desarrollara primero la bomba atómica.

También porque previeron que si una sola nación poseía superioridad nuclear impondría su voluntad al resto del mundo, así que decidieron crear un “equilibrio del terror”.

Los avances para desarrollar la bomba atómica fueron proporcionados a los espías de José Stalin por un físico alemán nacionalizado británico llamado Klaus Fuch, quien sería el responsable de sacar los máximos secretos del laboratorio de Los Álamos para entregarlos a los soviéticos.

El jefe de los “espías atómicos” se llamó Leonidas Eitingon, también de origen judío, quien durante su juventud se sumó a la policía Secreta Soviética para escapar de los Pogromos (linchamientos) que se protagonizaron contra los hebreos en Bielorrusia.

Eitingon era muy amigo Sudoplatov y le propuso echar mano de los desconocidos “agentes de influencia” que había reclutado en Estados Unidos, España y en la capital mexicana para que se convirtieran en los “correos” que recolectaran los secretos y se mandaran a Moscú.

Entre los “agentes de influencia”, o “moles” como se les designa en el argot del espionaje, que había reclutado Eitingon en los diversos países se encontraban, entre otros, los españoles Antonio Meiji, Margarita Neken y el suizo Hans Meyer. Además los mexicanos Luis Arenal y la escritora Anita Bremer quien en esa época radicaban en Nueva York y el General Brigadier del Ejército Mexicano Roberto Calvo Ramírez, jefe de la comandancia en Baja California Norte.

Para los traslados de los secretos a la capital mexicana jugaron un papel fundamental el líder sindical Lombardo Toledano y Adolfo Uribe Alba, funcionario en la administración del presidente Lázaro Cárdenas.

Alguno de ellos colaboraron en el mecanismo para cruzar ilegalmente a agentes a través de la frontera y otros se desempeñaron como “correos”.

En España Eitingon se había hecho contacto con otros judíos: Morris Cohen quien combatió en las brigadas Internacionales junto con su esposa Nola Cohen. Ambos se sumaron al selecto círculo de espías atómicos.
También realizaban continuos viajes desde México a los Estados Unidos Nicolás y María Ficher, así como una agente soviética de origen británica llamada Katty Harry.

El selecto grupo de agentes que se dedicaban al espionaje atómico pronto identificó a siete grandes centros de investigación y 27 científicos de muy alto nivel que trabajaban en el Proyecto Manhattan.

Los “agentes de influencia” reclutados por Eitingon comenzaron a rendir frutos. Además de Fuche, el científico de origen ruso Bruno Pontencorvo, quien se desempeñaba como el principal asistente de Fermi en la Universidad de Chicago., entregó a los agentes información muy precisa sobre los trabajos en el reactor para procesar uranio.
La Rezidentura, la jefatura de la KGB en la capital mexicana, organizó los pagos para “los correos”. Se destinaban entre 75 y 200 dólares por mes para que cada uno pagara la renta por una casa segura, combustible, comidas y todo lo requerido para su misión.

Pavel Panteleevich Klarin, el jefe de la Rezidentura de México comenzó a viajar constantemente a Washington debido a que la embajada estaba recibiendo informes muy precisos sobre los avances del reactor de la Universidad de Chicago que provenían directamente de Fermi.

Debido a problemas para mandar los secretos desde Washington, Lev Vasilevsky decidió enviar los informes sensibles a través de la embajada de Tacubaya en México.

Gracias a los secretos que estaban recibiendo del Proyecto Manhattan desde el Distrito Federal, José Stalin pudo replicar la bomba atómica y con ello comenzó la “Guerra Fría”.

7 de marzo de 2013

El terror que infundió Stalin acabó con él


HEMEROTECA / 60 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL DICTADOR

El terror que infundió Stalin acabó con él

Día 05/03/2013 - 11.03h

El dictador agonizó durante horas sin que sus más próximos se atrevieran a atenderle. Los médicos del Kremlin estaban encarcelados y los que al final acudieron le trataron con temor

El 5 de marzo de 1953, «a las 21,50 horas (hora española: 19,50), dando síntomas de creciente insuficiencia cardiovascular y respiratorias, J.V. Stalin falleció», rezaba el dictamen transmitido por Radio Moscú. Habían pasado cuatro largos días desde que encontraran al dictador ruso de 73 años tendido sobre la alfombra de sus habitaciones en la «dacha» (casa de campo) de Kuntzevo, cercana a Moscú. Había sufrido una hemorragia cerebral, pero nadie le atendió durante horas por el terror que le infundía y aún después ni los médicos se atrevieron a tratarlo para que no les culparan de su muerte.
El 28 de febrero había invitado al ministro de asuntos interioresLavrentiy Beria y a los futuros primeros ministros Georgy Malenkov,Nikolai BulganinNikita Kruscheva una de sus habituales sesiones cinematográficas cuyas listas de invitados indicaban el favor del tirano soviético. La cena que siguió a la proyección de la película se alargó hasta que a las cuatro de la madrugada Stalin se retiró a sus aposentos.
Los guardias no advirtieron ningún movimiento en el estudio y las habitaciones de Stalin durante horas. Hacia las seis y media de la tarde se encendieron las luces, pero nada más. La preocupación de su guardia personal fue en aumento mientras discutían entre ellos si alguno debía ir a ver a Stalin. Con el pretexto de entregarle el correo, el comandante delegado de la «dacha», P.Lozgachev, entró finalmente y encontró a Stalin tendido en el suelo. «¿Qué pasa, Camarada Stalin? En respuesta oí un sonido incoherente», relató después este empleado que llamó con urgencia a otros guardias. Entre todos lo tendieron en un sofá y lo arroparon. «Debía de haber estado tirado allí, desamparado, desde las 7 ó las 8 p.m.», reveló después Lozgachev quien se quedó junto a Stalin hasta que a las tres de la mañana oyó un coche que se acercaba. «Me sentí mejor, creí que al fin habían llegado los médicos y podría dejar a Stalin en sus manos. Pero me equivocaba: eran Beria y Malenkov».
Beria aseguró entonces que Stalin dormía y ordenó que dejaran de molestarle, según los testimonios que recogió Vladimir Soloviov. El historiador ruso reflexionaba en 1993 en ABC: «Ninguno de los allegados a Stalin quería salvarlo. Todos querían que muriera. ¿Miedo? ¿Paranoia? ¿O no era más que la apreciación sensata y equilibrada de la situación? ¿Simple instinto de supervivencia?».
No han faltado desde entonces teorías que implican a Beria, el jefe de los servicios de seguridad, en un complot para provocar su muerte. Unas sostienen que no envió ayuda inmediatamente de forma intencionada. Según el historiador ruso Vladimir P. Naumov y Johathan Brent (Universidad de Yale), Stalin habría sido envenenado con warfarina, un matarratas que le habría provocado la apoplejía. Kruschev afirmó en sus memorias que Beria llegó a alardear de haberlo matado diciendo: «¡Yo lo maté! Los salvé a todos ustedes». Al parecer, éste temía ser eliminado en una de las purgas de Stalin.
Hasta el día siguiente no llegaron los médicos. «Estaban enormemente nerviosos. Sus manos temblaban muchísimo, no podían quitarle la camisa al paciente y tuvieron que cortarla con tijeras. Luego de echar un vistazo, diagnosticaron una hemorragia interna. Empezaron a tratarlo: una dosis de alcanfor, lixiviaciones, oxígeno. Ni pensar en tratamiento quirúrgico. ¿Qué cirujano habría cargado con semejante responsabilidad cuando Beria no dejaba de hacer preguntas como: «¿Garantiza que el camarada Stalin vivirá?», se preguntaba Lozgachev.
Ninguno de los doctores conocía a Stalin. Era la primera vez que lo examinaban y no era de extrañar su temor. «Todos los médicos del Kremlin estaban tras las rejas para entonces», relataba Soloviov. El tirano ruso los había mandado arrestar con la sospecha de que participaban en una conspiración sionista. En los últimos años la paranoia del mandatario soviético se había disparado.
Vasily, el hijo de Stalin que «como de costumbre estaba achispado», según el historiador ruso, al enterarse del tiempo que se había tardado en atender a su padre gritó: «¡Ustedes mataron a mi padre, hijos de puta!»
Antes de que Stalin falleciera, sus sucesores ya se repartieron los puestos que ocupaba el dictador. Su hija, Svetlana Alliluyeva que se cambiaría el nombre por el de Lana Peters y años después huiría de la URSS, censuró el comportamiento de Beria. «¿Cuáles eran sus pasiones? La ambición, la crueldad y el poder, el poder el poder...», señalaba al recordar cómo escupía para luego mostrarse como el más leal y más atento en los momentos en que Stalin recobraba la consciencia.
Casi al final, el tirano abrió los ojos. «Era una mirada horrible, llena de locura de cólera tal vez o de pavor ante la muerte», relató Svetlana Alliluyeva. «Aquella mirada se posó en todos durante una fracción de segundo. y entonces levantó su mano izquierda, que aún podía mover, y no sé si señaló vagamente por encima de nosotros o nos amenazó a todos. El gesto era incomprensible pero amenazador, y no sé a quién o a qué se dirigía. Un momento después su alma, con un esfuerzo final, se libró de su cuerpo». Para Kruschev, Stalin señaló un cuadro con una niña que alimentaba a un corderito refiriéndose a él mismo, que en esos momentos era alimentado con una cuchara «como ese corderito».
El cuerpo del dictador, en cuyas purgas murieron unos 10 millones de personas, fue embalsamado y colocado en el mausoleo de Lenin hasta que en 1961 fue retirado a instancias de Kruschev yenterrado junto a la muralla del Kremlin.