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18 de noviembre de 2018

Las casas cuartel echan el cierre

Las casas cuartel echan el cierre

La falta de efectivos aboca a la clausura de cientos de puestos de la Guardia Civil y deja a los pueblos cada vez más solos y desprotegidos

Casa Cuartel de la Guardia Civil de Orea (Guadalajara), el Ayuntamiento de la localidad ha rehabilitado parte del edificio por dentro. FOTO: ALEJANDRO RUESGA / VÍDEO: ÁLVARO DE LA RÚA
La entrada de Alcolea del Pinar (una localidad de 328 habitantes en Guadalajara), junto a la N-II, está enmarcada con un complejo de edificios vallados y en visible estado de abandono. Es la antigua casa cuartel. “En 2013 el Ministerio del Interior decidió trasladar este puesto a Sigüenza, nos resistimos, preguntamos, pero nunca nos dieron ni respuestas ni explicaciones”, dice Carmen Rojo, concejal de ese Ayuntamiento. Desde entonces viven “con 40 familias menos: Mujeres, niños... Nos hemos quedado más solos y desprotegidos. En este destacamento estaban destinados 40 guardias y sus patrullas salían y entraban todo el día”.
Desde hace meses sufren también una oleada de robos. “En sucursales bancarias, en la sede de la ITV, en casas con gente dentro, en vehículos, no paran, pese a las persecuciones de los vecinos”, enumera Rojo, que advierte: “Aquí más de uno ha pensado ya en coger la escopeta”. En Guadalajara han subido un 16,8% las infracciones penales según los últimos datos de criminalidad de Interior del primer trimestre de este año. Este sábado se reunían decenas de vecinos del pueblo para convocar una manifestación ante su cuartel cerrado. “Estamos desprotegidos”, “Más Guardia Civil”, se lee en los carteles.
Antes de salir por la puerta de su casa, el guardia Víctor Caballero, gaditano de 38 años, se giró y le dijo a su mujer: “Vamos a coger a ese cabrón y nos vamos a ir de vacaciones con una medalla”. Cinco horas más tarde era acribillado a tiros junto a su compañero de patrulla, Víctor Romero (30 años) en un páramo conocido como El Ventorrillo (Teruel). El serbio Norbert Feher, Igor El Ruso, se ocultaba en una masía del término municipal de Albalate del Arzobispo y les disparó a quemarropa. Se va a cumplir un año de aquello y Noelia Lorens, de 36 y viuda de Caballero, sigue esperando a que le reconozcan el derecho a una pensión. “Aquel día ellos perdieron la vida, pero yo lo perdí todo”, dice en una cafetería de Alcañiz (Teruel).
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“No hubo un operativo como tal; iban buscando a un ladrón armado que había disparado a varias personas, y solo se cubrió la zona con cuatro patrullas de los puestos más próximos”, recuerda Javier Armero, secretario provincial de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) en Teruel, donde los índices de delincuencia han subido un 8,8%, y hasta un 46,1% los robos con fuerza en domicilios, según los últimos datos de criminalidad del Ministerio del Interior de 2018.

LA OTRA 'CASA' DE LA FAMILIA ROLDÁN EN MILMARCOS

Natividad Colas, vecina de Milmarcos (Guadalajara) de 86 años, lo tiene claro: “La Guardia Civil es sagrada, más que el cura”. Y añade: “Aquí tenemos un cuartel abandonado y otro nuevecito, que nos construyó “un pez gordo” del cuerpo, que debió de pensar que para hacerlo en otra parte, pues mejor en su pueblo; aunque está y no está porque cuando llamamos nos sale Guadalajara o Molina de Aragón, si vienen es a dormir”. En Milmarcos supuestamente hay destinados tres guardias pero, como la mayor parte de puestos, abren por horas algún día a la semana o permanecen cerrados (un cartel indica “llame al 062”), porque se prioriza sacar las patrullas a la calle.
El “pez gordo” al que se refiere la señora es Luis Roldán, el exdirector de la Guardia Civil, quien hizo parte de su fortuna construyendo cuarteles, como se vio en el juicio en el que fue condenado a 31 años de prisión. Roldán salió en 2010. Natividad Colás y sus vecinos aseguran que la sola presencia del puesto aleja a los delincuentes de estos pueblos “dejados de la mano de Dios”, en la España vacía, que supone el 90% de su extensión, aunque solo concentre el 20% de la población.
“Los delincuentes no son tontos, se esconden y delinquen allí donde se sienten menos vigilados”. Y recuerda que, “como en otras provincias de España, la mayor parte de los puestos de la Guardia Civil están cerrados y abren un día a la semana unas horas por falta de efectivos”. En Albalate del Arzobispo hay cuatro guardias que pueden llegar a cubrir un territorio de 1.600 kilómetros cuadrados (algo menos que toda Gipuzkoa) para abarcar las comarcas de Bajo Martín y Andorra-Sierra de Arcos.
La situación es extrapolable a toda España. Solo 28.400 de los aproximadamente 77.000 componentes de la Guardia Civil están destinados en los 1.942 cuarteles que hay en España. Hay algunos puestos en los que solo hay un guardia, muchos con dos, tres o cuatro, según el catálogo de 2017 al que ha tenido acceso EL PAÍS (ver gráfico). El resto de efectivos se supone que “están en especialidades (Tráfico, SEPRONA, Policía Judicial...) o son mandos o realizan labores burocráticas y no están de cara al ciudadano”, según fuentes del Instituto Armado.
Sin embargo, ni la Dirección General de la Guardia Civil ni el Ministerio del Interior han activado el Plan de Redistribución Territorial que lleva años de cajón en cajón y que pretendía agrupar puestos para que —al menos— hubiera 20 efectivos por acuartelamiento.
Nadie parece dispuesto a abrir esa caja de Pandora. “No se ha entrado en materia, requiere un consenso político muy grande, nosotros ponemos el estudio técnico y operativo pero la puesta en marcha es una decisión política”, aseguran en la Dirección General de la Guardia Civil. “No es tiempo de hablar de ese tema aún”, dicen en Interior, después de que la semana pasada el ministro, Fernando Grande-Marlaska acudiera al cuartel de Berlanga de Duero (Soria) para anunciar la apertura de una comisaría y una cárcel rodeado de mandos que no pertenecían a ese puesto. “En Berlanga, que lleva unos 15 pueblos, ahora mismo solo hay cinco guardias y ni cabo ni sargento, es decir, uno hace las veces de comandante de puesto sin serlo, como en tantos sitios”, dice un guardia de la zona.
CUARTELES SEGÚN LA PLANTILLA
Fuente: Guardia Civil. EL PAÍS
El general de Castilla y León, Clemente García Barrios, ordenaba hace dos semanas cerrar los cuarteles por falta de efectivos y la delegada del Gobierno, Virginia Barcones (del PSOE y natural de Berlanga), le obligaba a anular esa orden recordando que no se puede restar servicios básicos al ciudadano, como la seguridad, si se quiere evitar la despoblación de los pueblos y atender los casos de violencia de género.
“No tengo ninguna duda de que estos puestos deben seguir abiertos y hay que compatibilizar el estar presente en los cuarteles con tener unidades en la calle”, decía la delegada días después de enmendarle la plana al general.
“Ante la falta de efectivos, lo que se está haciendo es exactamente lo que ordenó el general: cerrar los cuarteles y sacar las patrullas con parejas de guardias formadas por agentes de puestos próximos para lograr hacer los turnos”, coinciden guardias de Soria, Guadalajara, Teruel, Burgos, Granada... Lo llaman “núcleos operativos”, pero “las extensiones de terreno que cubren son cada vez más grandes, pudiendo incluir hasta 40 pueblos”, explican.
El déficit de efectivos tiene supuestamente su origen en “la crisis”, que paralizó las convocatorias públicas de empleo y “no se han cubierto las plazas de todos los guardias que se han ido jubilando en los últimos años”.
El alcalde de Checa (Guadalajara), Jesús Alba, en el centro de la imagen con chaqueta gris, rodeado de vecinos delante del cuartel que mantienen.
El alcalde de Checa (Guadalajara), Jesús Alba, en el centro de la imagen con chaqueta gris, rodeado de vecinos delante del cuartel que mantienen. ALEJANDRO RUESGA
Hace un mes, otro guardia del puesto de La Zubia (Granada), José Luis Arcos, de 49 años, moría tiroteado por un delincuente en Huétor Vega. Le acompañaba una guardia en prácticas, recién salida de la escuela. “Hay pocas patrullas, no hay gente para cubrir tanto territorio, nuestra demarcación acaba en Sierra Nevada o en el otro límite de Dúrcal y Padul”, dice un compañero de ese puesto, que recuerda que “entre bajas, cursos, comisionados, vacaciones...”, se hace casi imposible cubrir los turnos y siguen cerrando cuarteles: “Trevélez, Órgiva... muchos en Las Alpujarras. Esta distribución territorial es de la época de los bandoleros”.
Un somero recorrido por cuarteles de Soria (con algo más de 500 guardias y 19 puestos, en total), Teruel (670 guardias y 33 puestos) y Guadalajara (644 y 31 puestos), evidencia que, más allá del efecto disuasorio que pueden tener para potenciales delincuentes, esos cuarteles actúan como una suerte de ancla poblacional en una España con un 90% de territorio rural en el que habita aproximadamente un 20% de su población. En una gran mayoría de los 8.000 municipios del país la seguridad depende exclusivamente de la Guardia Civil, porque no cuentan ni con Policía Nacional (presente solo en pueblos de más de 20.000 habitantes), ni pueden permitirse una policía local. Y son cada vez más los casos en los que los ayuntamientos asumen el coste de mantener abiertos los cuarteles como medida de protección. Según los últimos estudios de la FEMP, mientras que la población ha crecido globalmente en España un 15% desde el año 2000, en el medio rural ha bajado un 8%.

Los alcaldes pagan

“Los cuarteles son importantísimos para los pueblos. Si no se siente segura, la gente se va”, dice Jesús Alba, alcalde socialista de Checa (Guadalajara), donde mantienen con dinero del consistorio (unos 6.000 euros al año) el cuartel para que siga siendo habitable. Al igual que hace la alcaldesa del vecino pueblo de Orea (184 habitantes), Marta Corella: “Hemos invertido más de 40.000 euros en arreglar el techo y dos pabellones (pisos) para que puedan vivir dos familias de guardias”, asegura. Así sucede, viven dos familias, pese a que ni tan siquiera pueden trabajar en el pueblo porque como ocurre en otros muchos de estos acuartelamientos, no tienen acceso a Internet. “Al menos que se vea que hay alguien, y si viene uno con malas intenciones, igual se lo piensa”, dice el alcalde de Checa.
“La seguridad, como la sanidad o la educación, son clave en la vertebración social de los municipios”, señala Joaquín Moreno (Compromiso con Aragón), alcalde del municipio turolense de  Utrillas (3.000 habitantes), que lleva invertidos 85.000 euros en el proyecto técnico de un nuevo cuartel y en las catas de los suelos que ha cedido el consistorio para su construcción. El antiguo lo cerró hace dos años el Ministerio del Interior “por ruina”. Mientras lo construían, y como medida provisional, cedieron una nave industrial en la que hoy se alojan los 12 guardias de ese puesto y sus oficinas. “Pero en el próximo pleno decidiremos si les echamos porque llevamos dos años para que construyan un nuevo cuartel”.
Carmen Rojo, concejal de Alcolea del Pinar (Guadalajara), delante del cuartel cerrado.
Carmen Rojo, concejal de Alcolea del Pinar (Guadalajara), delante del cuartel cerrado. ALEJANDRO RUESGA
En el caso de Monteagudo de las Vicarías (200 almas en Soria), el Ayuntamiento (PP) cede dos viviendas sociales para que hagan las veces de cuartel y viven tres guardias, que hacen turnos con los de Arcos de Jalón (1.500 habitantes).
En el cuartel de Abejar (Soria), como en el de Checa, Orea, Alustante o Milmarcos (Guadalajara), o en el de Alfambra (Teruel), o en los de Huétor Santillán, Tocón, Castril, Cacín, Moclín (en Granada), en la mayor parte de los acuartelamientos que no son cabecera de comarca, un cartel en la puerta (cerrada) indica que se llame al 062, el teléfono de emergencias de la Guardia Civil. Y a esperar, “más o menos, dependiendo de donde vengan”.

11 de octubre de 2017

El Ejército se prepara para apoyar a la Policía y la Guardia Civil en Cataluña

El Ejército se prepara para apoyar a la Policía y la Guardia Civil en Cataluña
Defensa activará el plan Cota de Malla si lo ordena el Gobierno

EL PAIS -  Madrid 11 OCT 2017 - 06:21 BRT

La ministra de Defensa, Maria Dolores de Cospedal, pasa revista a guardias civiles el pasado domingo en Toledo.
Ampliar fotoLa ministra de Defensa, Maria Dolores de Cospedal, pasa revista a guardias civiles el pasado domingo en Toledo. ISMAEL HERRERO EFE

“Somos militares y nos gusta hacer planes y prever”, respondió el jefe del Estado Mayor de la Defensa, Fernando Alejandre, cuando se le preguntó por los convoyes enviados durante los últimos días a Cataluña. De momento, lo que ha hecho el Ejército es acumular material logístico, “para estar preparado ante cualquier contingencia”, según sus palabras. El objetivo, según fuentes militares, sería apoyar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado si el Gobierno da la orden de activar el denominado Plan Cota de Malla.

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“El Ejército no intervendrá en Cataluña si no lo ordena el Gobierno. Lo contrario sería un golpe de Estado”, proclama el teniente general retirado Pedro Pitarch. Los generales en activo con los que ha hablado EL PAÍS, bajo compromiso de anonimato, discrepan sobre si el Gobierno debería haber actuado antes contra el órdago separatista, pero todos coinciden en que el Ejército no dará un paso hasta que no se lo ordenen las autoridades legítimas. No podría ser de otra manera. Pero eso no significa que no esté ya elaborando planes y posicionando material por si llega la orden.

La misión que cumplirían las Fuerzas Armadas en Cataluña, según las fuentes consultadas, sería la de apoyar a la Guardia Civil y al Cuerpo Nacional de Policía en su tarea de garantizar la seguridad. Ya se les está prestando apoyo logístico, en forma de alojamiento en las bases militares de Sant Climent Sescebes (Girona) y El Bruch (Barcelona), pero si fuera necesario se daría un paso más: sustituirlas en la vigilancia de objetivos estratégicos para que los Cuerpos de Seguridad del Estado pudieran liberar efectivos y dedicarlos a otros cometidos.
Se trataría de que los militares se hicieran cargo de la protección de puertos, aeropuertos, centrales nucleares, depósitos de combustible y otras infraestructuras críticas. Es una misión prevista en la Ley Orgánica de Defensa Nacional de 2005, que ya se estaría ejecutando si, tras los atentados del 17 agosto en Barcelona y Cambrils, el Gobierno hubiese elevado a 5 el nivel de la alerta antiterrorista.

Las Fuerzas Armadas cuentan desde hace años con un plan de contingencia, denominado Cota de Malla, por el que los militares asumen la protección de los objetivos que se les asignan. Ese plan se activó en el pasado para la protección de elecciones y conferencias internacionales; y fue especialmente importante tras los atentados del 11-M o con motivo de la boda del entonces Príncipe de Asturias en 2004. Sólo se trata de sacarlo del cajón, actualizarlo y adaptarlo a las circunstancias de Cataluña.

Según estas previsiones, los militares se encargarían preferentemente de tareas de vigilancia estática, evitando el riesgo de que tuvieran que hacer frente a algaradas y tumultos. Y ello porque los miembros de las Fuerzas Armadas carecen de la instrucción y el equipo adecuado para disolver manifestaciones, además de que no tienen, salvo en casos concretos (policías militares y la Unidad Militar de Emergencias), la condición de agentes de la autoridad, necesaria para poder dar órdenes a civiles.

DE LA LEY AL PLAN DE CONTINGENCIA
Ley Orgánica de Defensa Nacional 5/2005. Establece que las Fuerzas Armadas, “junto con las instituciones del Estado y las Administraciones Públicas, deben preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas”. La misma ley incluye entre las operaciones militares “el apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la lucha contra el terrorismo” y la “colaboración con las diferentes Administraciones Públicas en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas”.

Cota de Malla. Es el nombre del plan de contingencia por el que las Fuerzas Armadas apoyan a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, cuando es necesario, para garantizar la seguridad mediante la protección de objetivos asignados. Se ha aplicado en múltiples ocasiones por la celebración en España de cumbres internacionales o de eventos de proyección internacional. También se aplicaría en el caso de elevarse del actual 4 al 5 el nivel de alerta antiterrorista.

Además de esta tarea, para la que harían falta más de un millar de efectivos, el Ejército podría recibir encargos más complicados, como mantener abiertas las vías de comunicación, mediante la retirada de obstáculos (de barricadas a tractores) con grúas y vehículos de ingenieros. También podría facilitar las comunicaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a través de las redes militares.

El Ejército dispone en Cataluña de dos batallones, ambos pertenecientes al Regimiento Arapiles: el Extremadura, con base en Sant Climent Sescebes (Girona) y el Barcelona, en el cuartel de El Bruch (Barcelona). Tienen unos 350 efectivos cada uno y están desde principios de año en proceso transformación. El Extremadura, que ya ha recibido sus primeros blindados de cadenas Pizarro, es un batallón Mecanizado; y el Barcelona, motorizado, con vehículos VAMTAC.

Las mismas fuentes subrayan que estos efectivos son insuficientes para apoyar a las Fuerzas de Seguridad del Estado (además de que en dos provincias, Lleida y Tarragona, no hay ninguna guarnición), por lo que deberían ser reforzados con tropas llegadas de fuera de Cataluña.

Eso en el caso de que los militares se limitaran a tareas de vigilancia, pues los planes del Ejército contemplan escenarios mucho más exigentes. “Si se produjera una escalada de violencia que desbordara a las Fuerzas de Seguridad del Estado, el Ejército tendría que hacer valer su superioridad”, advierte un mando. En el escenario más peligroso, Policía y Guardia Civil no solo tendrían que enfrentarse a disturbios o algaradas, sino a grupos armados.

Los expertos no dan mucha probabilidad a la hipótesis de que todos o parte de los casi 17.000 Mossos d´Esquadra se levantasen contra el Estado, pero no descartan el riesgo de que surjan grupos armados entre los sectores más radicalizados del independentismo. “La maniobra debe montarse de acuerdo a la hipótesis más probable y la seguridad, según la más peligrosa”, recuerda un mando.


29 de enero de 2017

La policía ha perdido un 9,9% de agentes y la Guardia Civil un 6,4% desde que gobierna Rajoy

La policía ha perdido un 9,9% de agentes y la Guardia Civil un 6,4% desde que gobierna Rajoy

El Ejecutivo no ha cubierto más de 12.400 plazas de los Cuerpos de Seguridad que han quedado vacantes desde diciembre de 2011


EL PAIS -  Madrid 26 ENE 2017 - 21:03 BRST

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La policía ha perdido un 9,9% de su personal y la Guardia Civil un 6,4% desde que gobierna Mariano Rajoy. Los efectivos policiales han caído de 72.457 a 65.287 entre diciembre de 2011 y octubre del año pasado (7.170 plazas sin cubrir). En el caso del Instituto Armado las vacantes son 5.265, tras descender de 82.692 a 77.427 miembros. Interior admite que la reducción se debe a que “en un periodo de contención del gasto” la oferta de empleo público "no ha alcanzado a reponer los agentes que han causado baja”, fundamentalmente, los jubilados.

El Gobierno justifica la merma de más de 12.400 plazas entre Policía y Guardia Civil, detalladas en una respuesta al diputado Miguel Ángel Heredia, secretario general del grupo parlamentario del PSOE en el Congreso, por las limitaciones que establece la tasa de reposición para ofertas públicas de empleo y que permite cubrir las jubilaciones. “Hemos atravesado una mala época (...), una etapa en la que la tasa de reposición fue primer cero y después fue del 10%”, reconoció el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, en el Parlamento a finales de diciembre.

La policía ha perdido un 9,9% de agentes y la Guardia Civil un 6,4% desde que gobierna Rajoy

En todas las comunidades autónomas y provincias la tendencia en el último lustro en la policía es a la baja, salvo un repunte leve en Palencia del 1,1% (una diferencia respecto a finales de 2011 de dos efectivos más, 179). Castilla-La Mancha, donde la secretaria general del PP y ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, gobernó la legislatura anterior y Emiliano García-Page (PSOE) lo hace desde 2015, es la región donde, porcentualmente, más personal no se reemplazó (16,2%), con 271 agentes menos.

Andalucía fue la autonomía donde menos efectivos policiales se renovaron en términos absolutos (1.210, una bajada del 9,4%). En cinco años, pasó de contar con 12.941 efectivos a 11.731. Le siguió la Comunidad de Madrid, con una diferencia de 1.118 agentes menos (de 13.522 a 12.404; un 8,3% menos). La variación de guardias civiles tampoco ha sido uniforme en todo el país. Donde más presencia porcentual pierde este cuerpo militar es en el País Vasco, con 713 menos (23,1%), según los datos a los que ha tenido acceso EL PAÍS. La rebaja más significativa se produce en Gipuzkoa (29,7%). En términos absolutos, Andalucía también es la región donde más plazas no se reponen, con 896 vacantes (5,8%), aunque sea por debajo de la media.

Interior reconoce por escrito que la reducción del número de efectivos “no ha sido igual” en todo el territorio “dependiendo de múltiples razones”. El grado de cobertura de las plantillas es una de ellas, “aunque la causa principal es la evolución permanente de las necesidades de seguridad en unas y otras regiones y núcleos urbanos”.

Sin concretar fechas o límites de tiempo, Zoido se comprometió el mes pasado en su primera comparecencia en la comisión de Interior a encontrar una solución “a la necesidad de cubrir todas las plazas”. La tasa de ocupación de la policía, observó, era del 82,9%. En el caso de la Guardia Civil, ascendía al 87,2%. La media entre ambos cuerpos quedaría en el 85,2%. Los agentes consultados estiman que en los próximos años se jubilarán promociones “enormes”, entre 4.000 y 5.000 agentes que entraron en el cuerpo en los años ochenta del siglo pasado.
El portavoz socialista de Interior, Antonio Trevín, apunta que a la carestía de agentes hay que añadir la dedicación de más de 5.000 policías a labores administrativas, “en vez de tenerlos empleados en labores de seguridad”. Y destaca que la reducción de la nueva jornada laboral ha sacado a un 10% de policías de las calles. Lo mismo ocurre en la Guardia Civil, sostiene. “En resumen, hay menos ojos para vigilar al delincuente”, sentencia Trevín.

“Se están jubilando unos 230 compañeros al mes”, explica Ramón Cosío, portavoz del Sindicato Unificado de Policía (SUP), para quien la tasa de reposición “ha sido ínfima”. “La seguridad y la austeridad están reñidas. La tasa de reposición en policía, educación y sanidad tiene que estar por encima de planteamientos políticos si queremos mantener el Estado del Bienestar”, esgrime el responsable sindical.

Los robos con violencia e intimidación en domicilios descendieron un 12,4% el año pasado, anunció el martes Zoido en el acto de celebración del 193 aniversario de la policía. Los delitos contra las personas bajaron a su vez un 22,4%, contra la seguridad colectiva un 6,6% y contra el orden público un 11,2%.

El PSOE destacó, a la espera de que se publique el informe anual sobre seguridad en España, que los homicidios y asesinatos aumentaron un 6,1% en el tercer trimestre de 2016 respecto al mismo periodo del año anterior con 227 casos. Los robos con fuerza en viviendas crecieron en ese periodo un 0,5% (85.355). Trevín subraya que en áreas de Andalucía, Canarias y Asturias los robos en hogares aumentaron entre un 25% y 70.

LA EXCEPCIÓN DE MELILLA

Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla son los únicos territorios donde se cumple, en un contexto a la baja generalizado, un incremento de las dotaciones de la Guardia Civil. Melilla se había reforzado en octubre de 2016 con 41 efectivos más (643) respecto a diciembre de 2011 (602). La mejora fue del 6,8%. A su vez, la ciudad norteafricana perdió en cinco años 34 policías nacionales, el porcentaje más bajo de todos los territorios (6%).

Por su parte, Ceuta pasó de 591 a 605 miembros más del Instituto Armado (2,4%) en el mismo periodo. Una subida que no compensaron las 83 plazas de la policía que no se cubrieron en el mismo periodo (descenso del 14,3%). En el caso de Melilla, el balance de la suma de policías y guardias civiles es positivo respecto a las fuerzas asignadas en diciembre de 2011.

“La necesidad de adaptarse a las necesidades operativas espacio-tiempo durante estos años implica que las variaciones porcentuales de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no puedan ser homogéneas en todo el territorio nacional”, explica el Ministerio del Interior.