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7 de abril de 2019

ACUARIO

viernes, 5 de abril de 2019


ACUARIO – 06/04/2019

El visitante de un acuario observó que cada pez permanecía en su área. Le sorprendió lo sensibles que se mostraban en relación a cualquier cosa que se encontraban en el camino de su incesante y ocioso andar a través de su medio líquido. El contacto con la vegetación, algún pequeño obstáculo, hasta una burbuja de aire tenía inmediatamente un efecto en su dirección y movimientos.

Tuvo ganas de saber cómo reaccionaba su sensibilidad respecto a lo que pasaba fuera de la pecera, puesto que ésta tenía uno de sus lados totalmente dispuesto para la observación de los visitantes.

Los peces literalmente apoyaban sus bocas, se podría decir hasta sus ojos, en el cristal. Pero eran completamente insensibles a cualquier cosa que estuviera fuera: una mano descansando sobre el cristal, dedos gesticulando o golpeando, nada les causaba la más mínima reacción. El mundo fuera de la pecera podría estar cayéndose, que ninguno de estos peces le prestaría la más mínima atención hasta que no sucediese dentro de su pequeño y líquido mundo.

Vienen a la mente aquellos peces cuando se ven las actitudes de algunos contemporáneos, no de pocos, cuando reciben noticias o comentarios sobre el mundo de hoy, a través de la televisión, la radio o los periódicos. Cada vez con mayor frecuencia, las noticias tratan de catástrofes individuales, locales y hasta nacionales. A veces incluso es discutida la destrucción del mundo en una hipotética hecatombe nuclear. La persona que escucha esas noticias permanece indiferente, mientras no causen repercusiones inmediatas en su pequeña vida privada, en su acuario.

Síntomas de alarmante corrupción, contradicciones aberrantes, indicios preocupantes sobre transformaciones psicológicas de grupos sociales, nada de eso es relevante mientras que su pequeña vidita continúe inalterada unos pocos días más, o, tal vez, sólo algunas horas. Esa actitud llama muchísimo la atención.

Frente de la pecera, tuvo el deseo de golpear el cristal y hablarles a los peces para que sintieran la realidad del mundo exterior en el que estaba y que ellos ignoraban completamente.

Los peces sólo son sensibles a las pequeñas cosas que les rodean. El comportamiento de algunos hombres es semejante al de los peces en un acuario: viven, escondidos en su pequeño mundo, indiferentes a lo que pase fuera.

EXTRACTOS DE COMENTARIOS DEL PROF. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA SIN REVISION DEL AUTOR.

1 de marzo de 2019

SILENCIOSOS

jueves, 28 de febrero de 2019


SILENCIOSOS – 01/03/2019

Un gran cansancio va apartando a un considerable sector de la vida política. En el corazón de las sociedades contemporáneas, agitadas, ruidosas y caóticas, se va formando una zona de desinterés. Una vasta zona que ya apartó de las urnas a una importante masa de electores. Desinterés silencioso, que revela su fuerza solamente por la omisión. ¿Cuál es la causa de este fenómeno? Digamos antes de nada que no constituye un fenómeno de una u otra nación. Esta zona apareció a la luz pública en las elecciones de los últimos años por una notable abstención de los electores. Por eso, sería vano procurar una explicación local. Sólo una causa universal podría engendrarlo. Auscultando ese silencio apático, como se presenta en algunos países, y tomándolo como muestra del silencio universal, se pueden alinear algunos factores explicativos. De entrada, un inmenso cansancio. Continuamente el hombre recibe hoy novedades que lo deslumbran o lo asustan, pero que en todo caso lo hacen vibrar. En todo momento, también, se le mete por los oídos una música o un eslogan. Al respecto de cualquier cosa se enfrenta a una estadística o a un cuestionario, que le revela la existencia de un problema nuevo, sobre el cual se le pide que opine. A toda costa se le quiere obligar a participar de todo. El hombre moderno es así solicitado para una vida colectiva intensísima. La excesiva agitación produce en las profundidades de su alma una sensación de inadaptación, de angustia y de vacío. Dócil, vibra con todas las noticias, oye todas las músicas, ingiere todos los eslóganes, examina todas las estadísticas y se preocupa con todos los problemas. Es que, antes de ser materia prima para la propaganda, sociológica o política, el hombre es un ser racional y libre, que lleva en sí un mundo interior. Este mundo interior, o lo cultiva con amor y cuidado, o se transformada en una jungla interna, de la cual saltan los más inesperados fantasmas. Privado por la excesiva participación de su centro de gravedad interior y personal, el hombre entra en un desvarío. Para defenderse, se desinteresa de todo. Entra en el silencio. Y se abstiene. Nadie los percibe, nadie los entiende, nadie los representa. Sólo el bullicio tiene ciudadanía. Puestos al margen, ellos se callan. Hay en los silenciosos una inmensa perplejidad. La farándula de las ideologías enloquecidas, la danza endiablada de las contradicciones estruendosas, del cinismo agresivo, de las indumentarias delirantes, todo esto suscita en numerosas personas una pregunta que, porque no es “moderna”, pocos se atreven a hacerla, pero que atormenta a muchos: ¿dónde iremos a parar, y a qué cataclismos vamos siendo arrastrados? El silencioso representa lo que queda de sentido común en nuestra sociedad. El silencioso no está sólo cansado. Está perplejo. Perdido. No está al margen de la vida, él representa lo que queda de sentido común en la humanidad. Es la vida la que está al margen del sentido común. Este es el significado más profundo del marcado avance del silencio en Occidente.

EXCERTOS DE COMENTARIOS DEL PROF. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA SIN REVISION DEL AUTOR

13 de diciembre de 2017

VIDEO. “Las redes sociales están desgarrando a la sociedad”, dice un exejecutivo de Facebook

“Las redes sociales están desgarrando a la sociedad”, dice un exejecutivo de Facebook
Chamath Palihapitiya lamenta haber participado en la construcción de herramientas que destruyen el tejido social

Chamath Palihapitiya, durante el foro de la Escuela de Negocios de Stanford el pasado 10 de noviembre.
Chamath Palihapitiya, durante el foro de la Escuela de Negocios de Stanford el pasado 10 de noviembre.
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Un antiguo alto ejecutivo de Facebook ha entonado el mea culpa por su contribución al desarrollo de unas herramientas que, a su juicio "están desgarrando el tejido social". Chamath Palihapitiya, que trabajó en la compañía de Mark Zuckerberg de 2007 a 2011 y que llegó a ser su vicepresidente de crecimiento de usuarios, opina que "los ciclos de retroalimentación a corto plazo impulsados por la dopamina que hemos creado están destruyendo el funcionamiento de la sociedad. Sin discursos civiles, sin cooperación, con desinformación, con falsedad".

Palihapitiya hizo estas declaraciones sobre la adicción a las redes sociales y sus efectos en un foro de la Escuela de Negocios de Stanford el pasado 10 de noviembre, pero la web de tecnología The Verge las ha recogido este lunes y, a través, de ella, diarios como The GuardianPalihapitiya, que en su día trabajó para aumentar el número de personas que usan las redes sociales, recomendó a su audiencia que se tomara un "descanso" en su uso.

Aclaró que no hablaba solo de Estados Unidos y de las campañas de intoxicación rusas en Facebook. "Es un problema global. Está erosionando las bases fundamentales de cómo las personas se comportan ante sí y entre ellas", subrayó, para añadir que siente "una gran culpa" por haber trabajado en Facebook. Habló de cómo las interacciones humanas se están limitando a corazones y pulgares hacia arriba y de cómo las redes sociales han conducido a una grave falta falta de "discurso civil", a la desinformación y a la falsedad.


En la charla, Palihapitiya, ahora fundador y CEO de Social Capital, desde la que financia a compañías de sectores como la salud y la educación, se declaró una especie de objetor de conciencia del uso de redes sociales y anunció que quiere usar el dinero que ganó en Facebook para hacer el bien en el mundo. "No puedo controlar [a Facebook] pero sí puedo controlar mi decisión, que es que no usar esa [...]. También puedo controlar las decisiones de mis hijos, que no pueden usar esa [...]", declaró, para aclarar que no se ha borrado del todo de las redes pero que sí trata de usarlas lo menos posible.

El ex alto cargo de Facebook alertó de que los comportamientos de las personas están siendo programados sin que se den cuenta. "Ahora tienes que decidir a cuánto vas a renunciar", añadió. Palihapitiya hizo referencia a lo sucedido en el Estado indio de Jharkhand el pasado mayo, cuando unos mensajes falsos de WhatsApp sobre la presencia de supuestos secuestradores de niños acabaron con el linchamiento de siete personas inocentes. "A esto nos enfrentamos", criticó Palihapitiya, que añadió que este caso "llevado al extremo" implica que unos delincuentes "puedan manipular a grandes grupos de personas para que hagan lo que ellos quieran".

Pero Palihapitiya no solo censuró los efectos de las redes en cómo funciona la sociedad, sino todo el sistema de funcionamiento de Silicon Valley. A su juicio, los inversores inyectan dinero en "empresas estúpidas, inútiles e idiotas", en lugar de abordar problemas reales como el cambio climático y las enfermedades curables.

Las críticas de Palihapitiya a las redes se suman a las del primer presidente de Facebook, Sean Parker, que censuró la forma en que la compañía "explota una vulnerabilidad en psicología humana" al crear un "ciclo de retroalimentación de validación social". Además, un exgerente de producto de la empresa, Antonio García-Martínez, acusó a Facebook de mentir sobre su capacidad para influir en las personas en función de los datos que recaba sobre ellos, y escribió un libro, Chaos Monkeys, sobre su trabajo en la empresa. En el último año se ha producido una creciente preocupación por el poder de Facebook, su papel en las elecciones estadounidenses y su capacidad para amplificar noticias falsas.


16 de marzo de 2017

Se vende alma de ciudad


La Opinión de Málaga
Análisis del paisaje
Guillermo Busutil* 12.03.2017 | 18:14
Se vende alma de ciudad. La eternidad del turismo todo lo vale. Es millonario el diablo en capitales y pueblos con su belleza globalizada. Un día y otro, el turismo de masas ávido del consumo emocional de lugares -como bien define su síntoma Francesc Muñoz, director del Observatorio de la Urbanización de la Universidad Autónoma de Barcelona- devora el paisaje de quienes siempre habitan la cotidianidad de su cultura. Calles, plazas y zonas peatonales tomadas por grupos a la zaga de un banderín, de un paraguas abierto o de un bastón coronado con un moño rojo. Y a veces en destacamento ciclista con guía o por libre. El desplazamiento de moda que no siempre cumple con las normas viales de convivencia. En Málaga los vecinos del Paseo Marítimo y del Palmeral del puerto estamos recogiendo firmas, a iniciativa del dueño del tapeo La Recachita, para solicitar al Ayuntamiento la conveniencia de un carril peatonal que nos salve.
Poco importa en política y en empresa el alma de una ciudad si su peso en la balanza no se traduce en ganancias y trabajo. De nada sirve el patrimonio cultural ni la singularidad del medio ambiente si no atrae el maná del turismo, el capitalismo inversor y edificaciones que los abanderen. Los disfraces con los que diablo adquiere la codicia de los que siempre quieren ganar ego y negocio. No hay ciudad en la que no suceda el pecado de Fausto. Sólo que no es precisamente el conocimiento ilimitado lo que adquieren los políticos en su transacción en busca de desarrollo y prosperidad. En el pacto goethe lo que importa más es lo material, aunque sea a costa de la letra pequeña que no se lee y después se padece: banalización del paisaje urbano, saturación de los centros históricos, invasión de los espacios públicos -mi amigo Juan Ferreras lleva denunciándolo fotográficamente en Granada con el epígrafe La ciudad es de todos-, y problemas de convivencia nocturna en los enclaves escénicos donde más se concentra la oferta de ocio y su eco.
Cada uno de estos puntos exaspera a los vecinos del barrio gótico de Barcelona, y de otras zonas, que han dejado de ir a Las ramblas y a comprar al mercado de La Boquería, atiborrado de turistas bebiendo zumos fotográficos. Igual les sucede a los 57.000 residentes de Venecia hastiados de los 24 millones de turistas al año, tirando de maletas por los 455 puentes que unen las 118 islas. Un fenómeno analizado en Bye, bye Barcelona de Eduardo Chibás y en El síndrome de Venecia de Andreas Pichler, documentales del azote del turismo precipitado e insostenible; de los palacios convertidos en Bed&breackfast y del auge de las viviendas transformadas en apartamentos turísticos, cuya subida de precios -entre el 14 y el 30% en los últimos tres años- impiden que los residentes puedan acceder al mercado de alquiler, además de generar la expulsión de inquilinos para reconvertir los usos del inmueble, y eliminar elementos de la vida cotidiana que son necesarios para permanecer en un lugar y sentirlo como propio. La marabunta se ha extendido a la Alfama, a la Baixa y al Chiado lisboetas, donde sus habitantes sortean a diario el ajetreo de visitantes concentrados en sus calles de sombra estrecha. Y también a Ámsterdam en la que aumentan las pintadas contra el flujo constante de personas en los canales, en los museos y demás atracciones.
Málaga se libra de momento del enjambre del turismo en zumbido, pero su centro histórico sí que padece ya el acoso de las terrazas de los bares en el corazón de su tránsito. Incluso sus residentes se quedaron atónitos, hace pocas semanas, cuando los hosteleros pidieron que deje de considerarse zona residencial y sea catalogada como espacio turístico a efectos de protección acústica. Esta privatización del espacio público supone una pérdida muy significativa en culturas mediterráneas como la nuestra, acostumbrada a la vida en la calle como medio de socialización. Y contribuye a la sustitución del comercio tradicional por establecimientos destinados a satisfacer la demanda del visitante. De hecho los hosteleros argumentan que más de cuatro millones de personas han pasado por el Centro Histórico; que frente al 29,55% de suelo residencial, el turístico representa el 65,4%, con más de 12.900 plazas en hoteles; y que son sus negocios los que generan empleo en la ciudad.
La otra palabra mágica con la que Mephisto adquiere más almas al peso. Lo hizo en otros siglos con Esaú por un plato de lentejas y con un caballo blanco para Ricardo III. Más fácil lo tiene ahora en Málaga donde la Autoridad Portuaria y el alcalde abogan por levantar en el morro del puerto a mar abierto 350 metros de perfil aerodinámico cinco estrellas. Oro parece y plata no es este hotel con casino de lujo y centro comercial del que sus paladines públicos y privados cantan que será la atractiva marca de excelencia turística y modernidad de una ciudad en alza y vuelo. Poco importa que el proyecto suponga una agresión a su fachada marítima y a su sello identitario, que según Matías Mérida, profesor de Análisis del paisaje de la Universidad de Málaga (qué preciosa asignatura romántica y en desuso), supondrá que referentes paisajísticos e históricos de la ciudad como la Alcazaba, la Catedral o el castillo de Gibralfaro pierdan sustancialmente su protagonismo en el entorno. Otro arquitecto, Ángel Pérez Mora, razona que «la autonomía del puerto es para tratar de cruceros, veleros y mercantes y no para construir ciudad, que para eso están los ayuntamientos, sus planes generales, y sus representantes». Y opina con guasa inteligente, y lo subscribo, que a lo mejor sólo se trata de que el puerto tenga una torre por el morro.
La sociedad civil se ha movilizado con un manifiesto en el que muestra su disconformidad. Pero poco podremos hacer las voces de la cultura y del pensamiento crítico contra la decisión municipal de vetar la participación ciudadana en el proyecto, avalado también por Juan Cassá, el representante de Ciudadanos que exterminó el Instituto del Libro, que nunca pisó de oyente, para ahorrar en cultura -aunque se le quedó a la cola su propuesta de cambiar los coches de caballos por cars eléctricos-; y por el argumento del alcalde de que los ciudadanos terminarán acostumbrándose. A su defensa se suman los parados que aspiran a colocarse de albañiles y camareros en la construcción y oferta del falo del muelle 4, convertido en el estatus del síndrome del cateto rico (más grande y ostentoso es lo mío), y en el nuevo icono de Málaga levantando con erección de capital.
Tiene Málaga en la memoria reciente de su costa oeste un infierno de edificios en pena, cadáveres insomnes de arquitecturas verticales en un paisaje colmatado de cemento, a cambio del pelotazo del turismo susurrado por el diablo durante el boom del ladrillo y la especulación. Da la sensación de que se echa de menos aquel festín y su borrachera, a pesar de su resaca. Es arriesgado, frente al poder del 12% del PIB, cuestionar la cara B del turismo en nuestro país y en mi ciudad. Pero lo cierto es que los destinos más populares están hoy asfixiados bajo el peso del turismo de bullicio y bazar. La amenaza de su extensión exige a las administraciones y a los agentes de su industria que se preocupen de la sostenibilidad ambiental, social y cultural; del equilibrio de la convivencia entre su oferta y la vida cotidiana de los habitantes. Y de un control ético de la especulación que sólo es una piedra filosofal para los que ganan con una mano por debajo o por detrás.
Susurra el diablo la lujuria del horizonte a cambio del alma y su paisaje. Recuerda Málaga la advertencia en verso de Aleixandre: Angélica ciudad, un soplo de eternidad podrá destruirte.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

14 de noviembre de 2016

¿Está perdiendo liderazgo la opinión mediática?

¿Está perdiendo liderazgo la opinión mediática?

Publicado por  ABC - el nov 14, 2016
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Hasta hace unos años la conducta de los ciudadanos estaba fuertemente mediatizada por lo que propagaran los líderes de opinión en los medios de comunicación más influyentes. Este fenómeno podía describirse como la “ajenidad” del pensamiento del individuo-masa que tan bien precisó Ortega y Gasset, refiriéndola al “yo-gente”.
En efecto, en la lección “Cambio y crisis”, que forma parte de su obra “En torno a Galileo”, escribía en 1933 este genial filósofo: “Y al vivir yo de lo que se dice y llenar con ello mi vida he sustituido el yo mismo que soy en mi soledad por el yo-gente”. Al fenómeno del “yo-gente” siguió, en la era de la información, el del “yo medios”, en virtud del cual una buena parte de los ciudadanos sustituyó su propio yo por un nuevo “yo-social” integrado por la opinión dominante de los líderes de opinión en los medios de comunicación de mayor prestigio.
En el año que encamina su final, han tenido lugar, sin embargo, tres acontecimientos que parecen apuntar hacia una especie de rebelión de la ciudadanía contra la tesis mayoritarias que defendían en esos casos los medios mayoritarios. Me refiero al “brexit”, al referéndum colombiano sobre el acuerdo de paz con las FARC y a los muy recientes elecciones presidenciales norteamericanas.
Pero, adviértase que no planteo lo sucedido tanto como sendos fracasos de las encuestas de opinión –que han sido clamorosos- como una indiscutible divergencia entre la que se suponía que iba a ser la opinión mayoritaria y la que finalmente se manifestó. En los tres casos, el resultado final fue distinto del esperado: hubo “brexit”, no se aprobó el acuerdo de paz en Colombia y fue elegido presidente el que supuestamente “menos gustaba”. Y, sin embargo, -insisto- la casi generalidad de los medios parecían dar por hechos los resultados contrarios.
¿Ha sido una simple coincidencia o estamos ante un cambio social que debe ser detenidamente analizado? Me parece que estamos ante algo más que una simple coincidencia. Pero no me atrevo a afirmar ni que estemos en un proceso de cambio ni si, en caso de estarlo, tiene o no suficiente trascendencia como para que debamos prestarle atención.
Lo que vislumbro es más impermeabilidad de la ciudadanía con respecto a la opinión publicada, una especie de recuperación de su “propio pensamiento” y de abandono de los fenómenos del “yo-social”. Me explico. Ser seguidor de Donald Trump, tanto en Estados Unidos como en España, era poco menos que aberrante. Sus opiniones machistas, racistas, y radicales contra los más desfavorecidos, no parecían asumibles por mentes educadas en el mundo de los derechos humanos. Los mensajes certeros en ese sentido de los medios de comunicación hacían sumamente difícil que alguien con sentido común pudiera votar por Trump.
Sin embargo, la imprevisibilidad del voto, inherente a su carácter secreto, condujo a que una clara mayoría de norteamericanos votase a favor de tal “energúmeno” político. Habrá varias razones para explicarlo, lo mismo que lo del “brexit” y lo del acuerdo colombiano. Pero es bastante posible que entre ellas esté la de que el liderazgo de opinión mediático esté perdiendo eficacia y que nos hayamos adentrado en una era que empieza ser más “la de la propia opinión” que solo la “era de la información”. Dicho más claramente, la gente empieza a tener su propia opinión que, a veces, no coincide con la de los medios influyentes.

11 de mayo de 2016

En España siempre hubo populistas, pero ahora lo que existe son miles de ciudadanos dispuestos a ser engañados por ellos

Vuelve el viejo comunismo

En España siempre hubo populistas, pero ahora lo que existe son miles de ciudadanos dispuestos a ser engañados por ellos
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Pablo Iglesias y Alberto Garzón celebran su pacto - EFE

Cada día que pasa tengo más claro que los ciudadanos somos tan culpables como los políticos de la situación que vivimos. O más, incluso. Todos aquellos que están dispuestos a comprar humo, a idolatrar a los tramposos como grandes dirigentes, a interpretar las payasadas como política de altura, a elevar las tonterías a la categoría de grandes axiomas y a comerse cualquier demagogia como mensaje de esperanza son responsables del auge del viejo comunismo. Una doctrina y praxis políticas que durante años arruinaron pueblos, llevaron sufrimiento a las familias y cercenaron el progreso y la libertad en muchos países. No entiendo, por tanto, a los españoles que ven en ellos modernidad, ni a los socialdemócratas que quieren colaborar con ellos. En España siempre hubo populistas, pero ahora lo que existe son miles de ciudadanos dispuestos a ser engañados por ellos. El debate en las próximaselecciones se va a mover entre la radicalidad de la extrema izquierda y lacentralidad de los partidos constitucionalistas. Y los votantes serán los responsables de que nos gobiernen unos u otros.