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14 de octubre de 2019

Junqueras, condenado a 13 años de cárcel por sedición y malversación por su «dominio» del procés

Oriol Junqueras, durante su declaración en el juicio del «procés»
Oriol Junqueras, durante su declaración en el juicio del «procés»
SENTENCIA DEL «PROCÉS»

Junqueras, condenado a 13 años de cárcel por sedición y malversación por su «dominio» del procés

El tribunal reconoce que hubo violencia en el plan secesionista pero sin la violencia necesaria para condenar por rebelión

Romeva, Bassa y Turull, condenados a 12 años; Forn y Rull, a 10,5 años. Forcadell, condenada a 11,5 años y los Jordis a 9

«Ninguna Constitución europea avala el derecho a decidir», señalan los magistrados


MadridActualizado:
«No basta la constatación de indiscutibles episodios de violencia para proclamar que los hechos integran un delito de rebelión (...) La violencia tiene que ser instrumental, funcional, preordenada de forma directa, sin pasos intermedios, a los fines que animan la acción de los rebeldes». Este es el principal argumento del tribunal para condenar por sedición, y no rebelión a los líderes del «procés». Al primero y principal acusado, Oriol Junqueras, le ha impuesto 13 años de cárcel por sedición en concurso medial con malversación en calidad de dirigente. A partir de ahí los magistrados han ido graduando las penas en función del grado de participación de cada exconsejero en los hechos probados.
Así, mientras que sobre Raül Romeva, Dolors Bassa y Jordi Turull ha recaído la segunda condena más dura, 12 años de prisión por los mismos delitos que el anterior, a Joaquim Forn y Josep Rull les exime de la malversación y les condena a las penas de 10 años y 6 meses de prisión y 10 años y 6 meses de inhabilitación absoluta por sedición.
Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, por su parte, han sido condenadosa las penas de 9 años de prisión y 9 años de inhabilitación absoluta, y la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, a 11 años y 6 meses de prisión por sedición e igual tiempo de inhabilitación absoluta. Los otros tres exconsejeros que están en libertad (Santi Vila, Carles Mundó y Meritxell Borràs) sólo tendrán que pagar una multa por desobediencia, al considerar el tribunal que su participación en el plan secesionista ilegal fue menor que la de sus compañeros. Son 10 meses de multa, con una cuota diaria de 200 euros, y un 1 año y 8 meses de inhabilitación especial.
Por otra parte, la sentencia allana el camino para reactivación de la euroorden contra el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y los cuatro exconsejeros de su Govern que también se fugaron de la justicia española, informa Jesús Hierro. Fuentes judiciales consultadas por ABC confirman que el fallo contra los líderes procesados «se abre un nuevo escenario», que podría llevar al juez Pablo Llarena a reactivar las euroórdenes para sentar a los fugados antes la justicia española. El juez habría de valorar si emitir una orden general europea o una específica a cada país donde se instalaron los fugados: Puigdemont, Toni Comin, Meritxell Serret y Lluís Puig están Bélgica, y Clara Ponsati en Escocia.
El Supremo da por probada la violencia, pero niega que fuera una violencia instrumental, funcional, preordenada de forma directa a los fines de una rebelión
El Supremo da por probada la violencia en el plan secesionista ilegal, pero niega que fuera una violencia instrumental, funcional, preordenada de forma directa, sin pasos intermedios, a los fines que animan la acción de los que serían autores de una rebelión. «No basta la constatación de indiscutibles episodios de violencia para proclamar que los hechos integran un delito de rebelión», explican los siete magistrados.
Aluden a la «absoluta insuficiencia» de los actos para imponer de hecho la efectiva independencia de Cataluña y la derogación de la Constitución. «Dicho con otras palabras, es violencia para lograr la secesión, no violencia para crear un clima o un escenario en que se haga más viable una ulterior negociación», explican. Al abordar los diferentes pasos del «procés», el tribunal define el referéndum ilegal del uno de octubre. «Fue un levantamiento tumultuario alentado por los acusados entre muchos otras personas para convertir en papel mojado, con el uso de las vías de hecho y fuerza física, unas decisiones judiciales del Tribunal Constitucional y Tribunal Superior de Justicia de Cataluña».

«Ensoñación» para engañar

«Bastó con una decisión del Tribunal Constitucional para despojar de inmediata ejecutividad a los instrumentos jurídicos que se pretendían hacer efectivos por los acusados. Y la conjura fue definitivamente abortada con la mera exhibición de unas páginas del Boletín Oficial del Estado que publicaban la aplicación del artículo 155». El Alto Tribunal insiste en que el riesgo contra el orden constitucional que supone una rebelión «ha de ser real y no una mera ensoñación o un artificio engañoso creado para movilizar a unos ciudadanos que creyeron estar asistiendo al acto histórico de fundación de la república catalana». El Estado mantuvo siempre el control de la fuerza, militar, policial, jurisdiccional e incluso social, alega el tribunal.
Ninguna constitución europea avala un supuesto «derecho a decidir»
Los magistrados recuerdan que ninguna constitución europea avala un supuesto «derecho a decidir». «Un supuesto derecho que se presentaba marginando u despreciando a otro enorme bloque ciudadano, para los que sería heterodeterminación (en lugar de autodetermnación) o determinación a la fuerza». La sentencia concluye que el concepto de soberanía «sigue siendo la referencia legitimadora de cualquier Estado democrático».
La esencia de la sentencia se basa en un punto: para los jueces, los líderes del procés nunca tuvieron capacidad de llevar a cabo una rebelión, fue solo una «ensoñación» para engañar a los militantes catalanes y forzar al Estado. Esa idea, que supone admitir la tesis de algunos acusados de que nada tuvo eficacia real, también significa dejar claro que una comunidad autónoma nunca podrá separarse por si misma, ella sola, sin contar con el resto.
El tribunal del «procés» ha hecho públicas este lunes las condenas impuestas a los doce líderes independentistas del «procés», entre las que están también las de la expresidenta del Parlament y la de los líderes de la ANC y Òmnium Cultural, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart respectivamente. Forcadell ha sido condenada a 11 años y 6 meses por sedición y los dos líderes independentistas a 9 años, en su caso sólo por sedición, aunque como dirigentes. La sentencia, que han firmado este lunes los siete magistrados del «procés», ya ha sido comunicada a los condenados en las cárceles catalanas en las que se encuentran: Lledoners, Mas d'Enric (Tarragona) y Puig de les Basses (Gerona).
Tras cuatro meses de deliberaciones, el tribunal ha concluido que los condenados no cometieron un delito de rebelión, por el que la Fiscalía pedía para Junqueras 25 años de cárcel. Los magistrados consideran que los líderes del «procés» no emplearon y asumieron la violencia como elemento central de su actuación ilegal, un requisito que sí exige el delito de rebelión, que consiste en un alzamiento público y violento para conseguir varios fines, entre ellos declarar la independencia de una parte de España. Según los siete magistrados la violencia no fue un elemento estructural del plan secesionista ilegal, sino que se ciñó a episodios concretos.

Cumplimiento de la condena

La sentencia del Tribunal Supremo no ha acogido la petición de la Fiscalía de impedir el acceso de los condenados al tercer grado (semilibertad) antes de cumplir la mitad de la pena impuesta. El Código Penal permite que el tribunal sentenciador lo haga cuando esa condena supere los cinco años de cárcel, como es el caso de todos los condenados. De esta forma, y aunque los magistrados apunten a la vía de los recursos ante una progresión de grado que se considera injusta, la realidad es que la Generalitat está facultada para darles permisos cuando quiera. Y es que el Reglamento Penitenciario tiene mecanismos para que los presos salgan de prisión en un régimen que en la práctica supone un tercer grado encubierto, como sucedió con Oriol Pujol.
El acatamiento significa su íntegro cumplimiento», dice Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha comparecido desde el Palacio de la Moncloa para valorar la sentencia y ha garantizado que las penas se cumplirán íntegramente, informa Víctor Ruiz de Almirón. El acatamiento a la sentencia, ha dicho, se traduce en su negativa a contemplar en estos momentos el indulto: «El acatamiento significa su íntegro cumplimiento». Sánchez ha destacado que el juicio se ha desarrollado «con plenas garantías y absoluta transparencia», llegando a definirlo como «un proceso judicial ejemplar».
En la oposición, el presidente del PP, Pablo Casado, ha garantizado su apoyo al Gobierno en funciones si tiene que tomar medidas excepcionales, pero ha pedido a Sánchez que deje claro que no aprobará indultos a los condenados, informa Mariano Calleja. Entre las medidas que propone incluye la recuperación de la competencia de política penitenciaria.
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha pedido a Sánchez una «reunión de Estado» para garantizar el cumplimiento íntegro de las penas y que no reciban privilegios los reos independentistas, informa Juan Casillas. Pablo Iglesias, líder de Podemos, ha asegurado que la renuncia de Sánchez a aplicar el indulto es «una prueba más» de que quiere gobernar con el PP, informa Gregoria Caro.

Comparación con el fusilamiento de Companys

«En la víspera del día que el Estado español fusiló al presidente de la Generalitat Lluís Companys, un agente judicial ya debe estar camino de las cárceles catalanas para notificar la sentencia del juicio de la vergüenza. Que la historia le caiga encima», ha escrito el expresidente fugado, Carles Puigdemont, en un mensaje en su cuenta de Twitter recogido por Miquel Vera.

El presidente catalán, Quim Torra, no ha tardado en sumarse a la comparación entre la sentencia a los organizadores del referéndum ilegal de 2017 y el fusilamiento a Companys. «Tal día como hoy de 1940 se celebraba el Consejo de guerra contra el Lluís Companys. Acusado de adhesión a la rebelión militar, Companys alegó que no se le juzgaba a él sino al Presidente de la Generalitat de Cataluña. Condenado a muerte, sería fusilado al día siguiente», ha recordado Torra.

12 de abril de 2018

Intelectuales españoles se plantan contra el separatismo


Vídeo: Vea las declaraciones de Cercas

Intelectuales españoles se plantan contra el separatismo

Antonio Banderas, Javier Cercas, Albert Boadella y Jordi Canal denuncian la actuación de los líderes independentistas catalanes y destapan las mentiras del procés

Actualizado:
Destacados intelectuales españoles han coincidido al denunciar la actuación de los líderes independentistas. Gran parte del mundo de la Cultura se une al bloque constitucionalista para destapar el comportamiento fraudulento que se ha vivido en las instituciones catalanas y defienden que se actúe acatando la ley. Critican que los politicos del lazo amarillo se han apropiado de una forma de pensar y hablan incluso de «golpe de Estado», que no necesariamente tiene que conllevar violencia. Estas son las voces de Antonio Banderas, Javier Cercas, Albert Boadella y Jordi Canal

1. Antonio Banderas

En una amplia y reciente entrevista concedida a «The Guardian» con motivo del rodaje de la serie en la que da vida a Picasso, el actor Antonio Banderas no dudó en pronunciarse al ser preguntado sobre la situación vivida en España a raíz del conflicto provocado por el independentismo catalán. «Picasso habría permanecido del lado de la ley, de la Constitución. Es el lado en el que yo también estoy», dijo.
Y, al ser interrogado por la supuesta «violencia», en palabras del periodista inglés, del 1-O, el actor respondió con contundencia y un ápice de ironía:«Es mucho más complicado. Voy a meterme en problemas. Si tú eres quien lleva a mis hijos como escudos, a mis mayores como escudos, y quebrantas la ley, estás poniendo una cruz sobre ellos. Es un poco gracioso, ¿no? Hubo 900 personas heridas, ¿dónde están?», zanjó, para continuar hablando del genio malagueño.

2. Javier Cercas

Tras las apresuradas voces en defensa de Puigdemont que se escucharon en Alemania después de su detención, en las últimas horas han surgido otras que ayudan a la opinión pública alemana a entender realmente lo que pasa en Cataluña. Uno de los periódicos más favorables a los separatistas hasta el momento ha sido el «Süddeutsche Zeitung» y a él, precisamente, ha dirigido un artículo el escritor español Javier Cercas denunciando la actuación de los líderes independentistas catalanes, a los que acusa de haber protagonizado «un golpe de Estado, lo que no implica forzosamente violencia».
El artículo identifica como objetivo separatista «desviar la atención de las acusaciones de corrupción que pesaban sobre sus políticos». En septiembre de 2017, recuerda, el Parlamento regional aprobó la ley del referéndum, declarada luego inconstitucional, y la ley de transitoriedad, con las que se proponían «cambiar de arriba abajo el derecho democrático» para constituir la república catalana. Estas puntualizaciones, que en España pueden parecer de Perogrullo, son muy pertinentes en Alemania, donde el conflicto de Cataluña queda reducido a imágenes de violencia policial y separatistas con ramos de flores en los informativos de televisión. El hecho de que Cercas sea percibido por sus lectores alemanes como un perfil de izquierda nada sospechoso de ideas totalitarias añade credibilidad a sus explicaciones.

Delitos graves

Se trató de «un descarado ataque al Estado de derecho» y un «golpe de Estado», un intento de anular el orden legislativo vigente y sustituirlo por un nuevo orden ilegal. Los líderes independentistas detenidos «no son presos políticos, sino que están acusados de delitos graves, como rebelión, que se aplica a quienes intentan un golpe de Estado». «Ser elegido no otorga a nadie el derecho a derogar la democracia. Deberían recordarlo precisamente en Alemania». Cercas es consciente del precio que pagará: «Cuando un autor empieza a hablar de política, la gente deja de juzgarlo por sus novelas y lo juzga por sus opiniones». Como extremeño que vive en Gerona, reconoce que no supo ver a tiempo el monstruo «porque me daba miedo o vergüenza».
«Me pregunto por qué alemanes bienintencionados creen que España no es un Estado de derecho tras 40 años de democracia y 32 en la UE». Y remata: «Una Europa unida es la única utopía razonable frente al explosivo cóctel independentista que mezcla victimismo histórico, egoísmo económico y xenofobia».

3. Albert Boadella

El dramaturgo Albert Boadella, autoproclamado presidente de la plataforma Tabarnia, presentó ayer en Madrid su nuevo libro, «¡Viva Tabarnia!»(Espasa), que cuenta con prólogo del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y en el que reflexiona sobre la situación actual de Cataluña. Durante la rueda de prensa, Boadella aseguró que la «falta de decisión» del Gobierno del PP «la estamos pagando muy cara» y reprochó a Rajoy que permitiera el conato de referéndum, que no interviniera en el «adoctrinamiento» que se practica en las escuelas catalanas o que no tuviera preparada una «contraprogramación» desde la televisión pública a TV3, que calificó de televisión «golpista».
En su opinión, en el tema catalán «todo se ha hecho muy mal y las responsabilidades de los distintos gobiernos son inmensas». Boadella también culpó al expresidente Jordi Pujol de «fabricar» toda la estructura actual y, de hecho, le ve en el «origen» del catalanismo nacionalista: «Lo tenía en la cabeza antes de ser presidente».
Sobre lo que está por venir, el presidente de Tabarnia advirtió de que Cataluña puede ser una «brecha mortífera» para el conjunto de Europa y se refirió a países europeos que pueden estar interesados en «avivar» la situación catalana y en «desmontar» parte de la Unión Europea, que tiene sus «imperfecciones» pero, sin duda, es «nuestro mejor futuro».
Además de destacar el «peligro real» que Cataluñapuede representar para Europa, Boadella afirmó que el catalanismo es «esencialmente xenofobia», aunque luego está el «folclore» para encubrirlo un poco, y explicó que esa xenofobia significa una «mirada de superioridad frente al resto de los españoles y una sensación desagradable de vivir junto a ellos».
Por todo ello, a juicio de Boadella, Tabarniasupone «oxígeno», una mirada satírica a los independentistas y un mensaje: «Si vamos a jugar al derecho a decidir, vamos a decidir todos».

4. Jordi Canal

A principios del siglo XX, el escritor austrohúngaro Franz Kafka escribió una novela inacabada titulada «Der Prozess», en español «El Proceso», de grandes tintes esperpénticos. Cien años después, el político español Artur Mas inició el denominado en catalán como «procés», cuya oda al absurdo habría hecho palidecer a Kafka. «En Cataluña ya no se sabe lo que está ocurriendo o lo que va a pasar», apunta el historiador Jordi Canal(Olot, 1964), que acaba de publicar «Con permiso de Kafka: el proceso independentista en Cataluña» (Península Atalaya). Sin desenlace aparente, Canal es uno de los muchos intelectuales catalanes que se han hartado de que usen su silencio en su contra.
¿Qué tiene que ocurrir para que termine el «procés»?
Hay que actuar con la Constitución y con la Ley, pero si la oposición al independentismo quiere ganar la batalla hay que ir más allá. Hay que hacer un trabajo de explicar lo que está ocurriendo en Cataluña fuera y dentro de nuestras fronteras. Es responsabilidad del Gobierno, pero también de la oposición, de los intelectuales y de toda la sociedad. España ha tenido una excesiva confianza en que quien tiene la razón no debe entrar a explicar las cosas. Gracias al silencio de la otra parte, los nacionalistas han ganado una y otra vez. Han construido con mentiras un discurso positivo, creído y atractivo. Una religión.
¿El silencio favorece al mentiroso?
Tu silencio es tu debilidad. El nacionalismo ha creído que el silencio del Estado español, la no respuesta judicial y política, era un signo de debilidad. Por eso, el año pasado los independentistas se sorprendieron tanto con la fortaleza del Estado. Pensaban que la aplicación del 155 iba a ser algo de grandes dimensiones... En este sentido, no hay que olvidar que el nacionalismo catalán tiene aires de superioridad. Se creen más modernos, más listos, más democráticos e incluso más ricos que el resto de España.
En su libro denuncia la perversión del lenguaje que vienen realizando los nacionalistas.
Hay un trabajo de construcción de una nueva lengua. Son tramposos con las palabras. Dicen que eran una nación antes de que existieran las naciones. Dicen que democracia es votar, pero en el franquismo también se votaba y había elecciones. Entienden libertad y respeto a las leyes de forma distinta al resto de españoles. Puigdemont habla de dialogar, pero, ¿a qué se refiere? ¿Sobre qué bases se va a dialogar? Yo tengo amplias dificultades para hablar del tema con amigos y familiares independentistas, porque no hablamos la misma lengua y falta un mínimo de racionalismo. Es imposible sentarse a dialogar así.
También dicen que su «revuelta» no es violenta.
El «procés» está entrando ahora en una vía de violencia física, con una kale borroka a la catalana. Sin embargo, hay que preguntarse qué entienden por violencia. Ellos cuando afirman que no ha habido violencia se refieren a violencia física. Pero violencia también es cuando, en 1993, empezaron a señalar a historiadores, a mí por ejemplo, como autores al servicio del Estado. La creación de listas negras, el pintar un lazo amarillo delante de la casa de alguien para señalar que es enemigo de la patria, intimidar, excluir a la gente en su comunidad... Eso también es un tipo de violencia. Ya hemos visto lo que pasa cuando se marca a la gente, lo vimos con ETA y en los años 30 cuando se señaló a una minoría en Europa.
En su libro desmiente que lo que ocurre en Cataluña tenga algo que ver con 1714 u otros episodios.
Soy muy reacio a ver continuaciones de larga duración en las sociedades. Nosotros los catalanes no tenemos casi nada en común con los catalanes de 1714. Es una invención como muchas otras del nacionalismo. Sí tenemos nexos con la Cataluña de la República e incluso la de finales del XIX, pero no con una sociedad medieval o moderna. Cataluña como estado y como nación no ha existido nunca.
Pero el nacionalismo defiende que Puigdemont es el 130 presidente de la Generalitat.
Sí, otra mentira. Porque no ha habido 129 presidentes antes. Eso forma parte de la reinvención de la historia de Cataluña. El nacionalismo ha sabido convencer a los historiadores de que trabajasen en crear esta historia mitológica. Proclamar que hubo una Cataluña como estado y como nación en la Edad Media; y además hacer creer que era algo institucional y democrático. Se buscan continuaciones justificadoras del momento presente.
Un discurso diferenciador, que también intenta ligar con la vieja Leyenda Negra en Europa. Es lo que estamos viendo ahora con esas discusiones en Alemania, con esa facilidad para decir que hay un déficit democrático y legal en España. Se proclaman como más democráticos que el resto de españoles.
Lo que sí es distinto respecto a la historia de otras regiones españolas es el éxito allí del nacionalismo periférico.

El nacionalismo catalán surge a finales del siglo XIX debido a tres factores. Primero; un momento propicio, con la Guerra de Cuba, la crisis industrial en Cataluña, atentados anarquistas, crisis de las Restauración. Segundo; por cierto fracaso español en el proceso de la nacionalización de sus propias sociedades. Tercero; aparición de una serie de intelectuales, empresarios afectados por la crisis catalana, clases medias, que hacen una apuesta por un nacionalismo excluyente. El problema ha estado abierto desde la Restauración hasta hoy en día.