Mostrando entradas con la etiqueta SIMBOLOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SIMBOLOS. Mostrar todas las entradas

17 de abril de 2017

El Águila de San Juan del escudo de España y la ignorancia histórica

El Águila de San Juan del escudo de Españay la ignorancia histórica

El distintivo no es anticonstitucional, ni fascista, ni franquista, sino que procede de la época de los Reyes Católicos
  • 96 
  • Compartir
  • Compartido 9.4k veces
Escudo de los Reyes Católicos en un excelente de oro acuñado en Sevilla entre 1497 y 1504.
Escudo de los Reyes Católicos en un excelente de oro acuñado en Sevilla entre 1497 y 1504. - WIKIPEDIA
ANA SANTANA (EFE) Santa Cruz De Tenerife - Actualizado: Guardado en: Historia

Calificar el escudo de España con el Águila de San Juan como «anticonstitucional, fascista o franquista» es incorrecto y revela una grave ignorancia histórica, pues este distintivo procede de la época de los Reyes Católicos, cuando se unieron los emblemas de Castilla y Aragón.
El historiador y militar Jerónimo González precisa este dato en su libro «Historia de la enfermería en la policía armada, nacional del cuerpo nacional de policía», en el que aborda la creación de esta especialidad sanitaria en el ámbito policial, y que surge como una extensión de su «Historia de la enfermería militar española».
Jerónimo González (Tenerife, 1953) ha sido teniente del cuerpo militar de sanidad-enfermería -su último destino fue en la Unidad Militar de Emergencias en Los Rodeos- y explica en una entrevista a EFE que el águila de San Juan nimbada en oro, que portaba en sus garras el yugo y las flechas, fue el distintivo del cuerpo de la Policía Armada.
Simbolizaba el mandato de la protección de los valores e ideales del que hacía gala el régimen del general Francisco Franco y que procede del escudo de los Reyes Católicos, puntualiza Jerónimo González, quien actualmente ejerce como abogado.
En 1978, cuando se aprueba la transformación de la entidad en el Cuerpo de la Policía Nacional, continúa en uso este emblema pero se suprimen el yugo y las flechas de las garras del águila. Posteriormente, con la unificación y nacimiento del actual Cuerpo Nacional de la Policía, desaparecerá totalmente.

Ignorancia histórica

Pero los orígenes de este escudo con el águila «se pierden en el tiempo» pese a que algún «iluminado o manifiestamente indocumentado lo califica de fascista, franquista e inconstitucional», advierte el investigador.
«Nada más lejos de la realidad, pues tiene otras raíces más profundas en la Historia de España», y en concreto, cuando se unen los escudos de Castilla y Aragón se incorpora el águila que tenía el escudo heráldico de Isabel I de Castilla, que se hizo coronar Reina de Castilla el día de San Juan.
Así seguirá siendo durante los siglos posteriores «sin ninguna referencia a Francisco Franco, que por esa época ni estaba ni se le esperaba», aunque es verdad que el águila de San Juan fue incorporada como soporte al escudo de España como un elemento destacado.
Además del águila, durante la dictadura y la posterior transición, se sustituyó el cuartel de Dos Sicilias por el de Navarra, se incorporaron las columnas de Hércules y la cinta con el lema «Plus Ultra», de versiones anteriores del escudo nacional, y la divisa de los Reyes Católicos «Tanto monta» fue sustituida por «Una, grande y libre».
Por lo tanto, resulta totalmente incorrecto referirse al uso del escudo de España con el águila de San Juan con los términos «anticonstitucional o incluso inconstitucional», lo que alude a «grave ignorancia histórica», advierte Jerónimo González, pues incluso este emblema figura en todos los lugares oficiales y documentos en los debates, redacción y promulgación de la Constitución española de 1978.
También figura sobre el preámbulo del texto del ejemplar solemne de la Constitución que firmó el Rey Juan Carlos I, y que se conserva en el Congreso de los Diputados.
Así se mantuvo hasta 1981, cuando por ley de 5 de octubre se sustituyó dicho escudo por el actual, en el que desaparece el águila con el yugo y las flechas en sus garras, el emblema «Una, grande y libre» y la corona imperial es sustituida por la real, además de incorporar la flor de lis borbónica.
Es muy probable que estas modificaciones se hayan hecho más por desconocimiento histórico que por necesidad real, explica el investigador, quien señala además que en la Carta Magna de 1978 no se hace mención en ninguno de sus artículos al escudo de la nación, aunque sí sobre la composición y colores de la bandera.

15 de agosto de 2016

FIDEL CASTRO ES EL MITO DEBILITADO DE TODO LO PEOR QUE HAY EN LA REVOLUCION. SIGNOS DE LOS TIEMPOS?

Fidel em inauguração de centro cultural em Havana, em 2014 - HO / AFP

FIDEL CASTRO ES EL MITO DEBILITADO DE TODO LO PEOR QUE HAY EN LA REVOLUCION. SIGNOS DE LOS TIEMPOS?













6 de mayo de 2016

TRIBUNA. JAVIER MORENO LUZÓN EL PAIS - Las dos banderas

TRIBUNA
Las dos banderas
La rojigualda y la tricolor no son incompatibles y ambas representan a España

JAVIER MORENO LUZÓN EL PAIS

El equipo español desfila ondeando la bandera constitucional en la Olimpiada de Atenas.El equipo español desfila ondeando la bandera constitucional en la Olimpiada de Atenas. EDUARDO ABAD (EFE)
 El pasado 14 de abril, varios Ayuntamientos gobernados por las izquierdas exhibieron la bandera de la Segunda República, la tricolor roja-amarilla-morada. De inmediato, los medios conservadores les acusaron de realizar actos inconstitucionales e incluso antidemocráticos. Se cruzaron argumentos sobre las leyes acerca de los símbolos oficiales, la libertad de expresión y el significado de esa enseña. Una polémica que, dada la importancia de estos elementos en las identidades nacionales, habla de fracturas y visiones contrapuestas de la comunidad política. Porque hay, o al menos hubo, dos banderas de la nación española.
Durante el siglo XIX, la combinación roja-amarilla-roja se ganó el puesto de bandera nacional. Inventada en tiempos de Carlos III para la armada, los liberales la enarbolaron en sus luchas contra el absolutismo y se convirtió, con el respaldo de la monarquía constitucional, en el mejor símbolo de España. Así se consagró en las guerras coloniales, cuando comenzó a llamarse rojigualda para resaltar su valor, pues el amarillo se asimilaba al oro. Sus principales defensores provenían del Ejército, que la erigió en un tótem sagrado. Luego, como en otros países, llegó a la escuela y a toda clase de fiestas. Allá por 1869 surgió la idea de añadir a estos colores un tercero, para componer un diseño parecido al de la Revolución Francesa, madre de las demás. Y se eligió el morado, que se asociaba con los Comuneros de Castilla, rebeldes en el siglo XVI contra el tirano Carlos V en las historias progresistas: era el color de la libertad. Pero, hasta bien entrado el siglo XX, la tricolor española solo fue signo de los grupos republicanos, cuyo modelo era Francia. Y, durante años, las dos banderas fueron compatibles, pues el republicanismo empleaba ambas.
OTROS ARTÍCULOS DEL AUTOR

Pero el rey abrazó la dictadura de Primo de Rivera y la rojigualda, símbolo nacional casi indiscutible, quedó en emblema de la Monarquía. Cuando se proclamó la Segunda República, en medio del entusiasmo popular, la tricolor se impuso de manera casi inevitable y las expresiones monárquicas pasaron a la clandestinidad. La nueva bandera se presentó como la verdadera bandera nacional, la de la comunidad de ciudadanos que había surgido de los combates por la libertad y conectaba con el progreso mundial. En la Guerra Civil, y no sin algunas dudas iniciales, los sublevados recuperaron la vieja enseña, adornada con un escudo que enfatizaba su arraigo en la tradición.
Así, la bandera republicana, junto con otros símbolos partidistas y territoriales, fue la del bando derrotado en la guerra. El franquismo se apropió de los emblemas nacionales hasta hacer que la oposición los odiara, pero, curiosamente, la tricolor apenas asomó en las manifestaciones contra la dictadura. En la transición a la democracia fueron pocos los partidos que la reivindicaron y en 1977 el Comunista aceptó la rojigualda. Carrillo declaró que con la republicana se había reprimido la insurrección de octubre de 1934, por lo que tampoco había que idolatrarla. Aunque la bicolor siguió despertando recelos, el escudo de 1981 la avaló como constitucional, reivindicada por los socialistas en su periodo de gobierno. La otra parecía olvidada.
Sin embargo, la enseña republicana resurgió en las protestas contra el Partido Popular a comienzos de este siglo. La reivindicación de las víctimas del régimen franquista y la puesta en solfa de los relatos habituales sobre la Transición impulsaron ese renacimiento. La crisis de la corona, que desembocó en la retirada de Juan Carlos I, también ayudó. Pese a todo, la bicolor ha demostrado su fortaleza y ha sido asumida por la mayoría de quienes se sienten españoles como algo propio, es el símbolo banal de los triunfos de La Roja. Es una bandera democrática, la del Estado de las autonomías integrado en Europa. Resulta pues insustituible.
Pero la tricolor conserva significados relevantes. Más allá del cambio en la jefatura del Estado o de proyectos radicales minoritarios, para una parte significativa del electorado representa la memoria de los vencidos, es la de Manuel Azaña o de Antonio Machado; y encarna a la vez los valores reformistas de aquella primera democracia española, ese republicanismo cívico que reivindica la igualdad junto a la libertad y la virtud. Ni la memoria —tornada reconciliación— ni el civismo son ajenos a la Constitución de 1978 y al sistema político actual. O no deberían serlo. Por eso, el pabellón republicano merece respeto y ambas enseñas tendrían que volver a ser compatibles. Las naciones, sobre todo las complejas, pueden tener varias banderas.
Javier Moreno Luzón es catedrático de Historia en la Universidad Complutense.