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1 de noviembre de 2018

NACHO ALDAY - VENECIA

jueves, 1 de noviembre de 2018


NACHO ALDAY - VENECIA – 01/11/2018

Italia está en alerta roja por una ola de mal tiempo excepcional como no se recuerda en décadas y que está devastando sobre todo el centro y norte del país. Lluvias torrenciales, inundaciones, vientos huracanados de 180 kilómetros por hora que derribaron miles de árboles crean una grave situación de emergencia, con un trágico balance de al menos 12 muertos. Seis de ellos murieron por caída de árboles. Cientos son los heridos.

Especialmente llamativo fue el temporal en Venecia donde la marea alcanzó 156 centímetros. Tres cuartas partes del suelo de la ciudad de los canales se inundó por marea alta y se tuvo que suspender el servicio de transporte de los vaporetti.

La Basílica de San Marcos se ha visto parcialmente inundada y hay preocupación por los daños sufridos. Las aguas han cubierto decenas de metros cuadrados del milenario pavimento en mosaico frente al altar de la Virgen Nicopeia, protectora de Venecia y se ha inundado completamente el Baptisterio. El agua llegó hasta los 90 centímetros sobre el pavimento del atrio, bañando las puertas monumentales de bronce, las columnas y los mármoles. Se dice que la Basílica ha envejecido en al menos 20 años con la inundación.

La tormenta marina en la región de Liguria, al norte del país, con olas de ocho metros, obligó a cerrar el aeropuerto y también el puerto de Génova. Grande fue la devastación en esta provincia habiendo quedado destruidos cientos de barcos en el puerto de Rapallo.

Los bomberos realizaron más de 7.000 intervenciones en un par de días. Los transportes de varias regiones se han visto muy afectados, con líneas ferroviarias interrumpidas. En Roma el viento derribó más de 300 árboles, que cayeron sobre coches, calles y viviendas. Las tejas volaron como proyectiles en algunas calles. Desde el punto de vista meteorológico, Roma y otras zonas italianas están sufriendo cada vez más un clima extremo.

En Venecia vivían 174.808 personas en 1951, hoy rondan los 55.000. En el último año, han visitado la ciudad 28 millones de turistas. El éxodo de residentes y el auge del turismo representan un grave peligro al comprometer la calidad de vida.

5 de septiembre de 2018

ANTIGUO ROLLO DE TORÁ SE SALVA DEL INCENDIO EN MUSEO DE BRASIL

Antiguo rollo de Torá se salva del incendio en museo de Brasil

ANTIGUO ROLLO DE TORÁ SE SALVA DEL INCENDIO EN MUSEO DE BRASIL

(JTA) — Un antiguo rollo de la Torá que un día fue propiedad de un emperador brasileño, había sido retirado del Museo Nacional de Brasil para su restauración antes del incendio masivo del domingo que abrasó el edificio en Río de Janeiro.

Marcus M. Gilban
A diferencia de otros tesoros irremplazables, el rollo de Torá yemenita del siglo XIII que una vez perteneció al emperador Pedro II está a salvo en otro edificio que pertenece al Museo Nacional. Se espera que la Federación Judía en Río de Janeiro haga pronto un anuncio sobre el rollo judío.

“Lamentamos profundamente la pérdida de este tesoro colosal en la historia de Brasil”, dijo el cónsul honorario de Israel en Río, Osias Wurman, sobre el edificio en una entrevista con JTA.

“La única compensación fue saber que la Torá de Pedro II está segura, ya que estaba ubicada en otro edificio del museo. Esta Torá es evidencia de la admiración que el monarca portugués tenía por el pueblo judío y por sus tradiciones. Esto era muy raro en Europa”.

El Museo Nacional albergaba la colección más grande de artefactos históricos de América Latina con más de 20 millones de artículos, incluidos extensos especímenes paleontológicos, antropológicos y biológicos.

Era el hogar de un esqueleto de dinosaurio de 12 metros de largo, una momia egipcia y un cráneo llamado Luzia que estaba entre los fósiles más antiguos jamás encontrados en las Américas, que fueron todos quemados por el fuego. El meteorito más grande jamás descubierto en Brasil sobrevivió a las llamas.

Establecido en 1818, el edificio del Museo fue una vez el hogar de la familia real portuguesa después de que huyó de las tropas de Napoleón y navegó desde Portugal hacia Brasil. Más tarde fue el hogar de la Familia Imperial brasileña hasta 1889. Pedro II, el último monarca del país, nació allí en 1825.

Para muchos en Brasil, el pobre estado del museo de historia natural de 200 años de antigüedad se convirtió rápidamente en una metáfora de lo que ellos ven como el destripamiento de la cultura y la vida brasileña después de años de corrupción, colapso económico y gobiernos ineptos.

La causa del incendio aún es desconocida. Manifestantes y directivos del Museo dijeron que años de negligencia gubernamental lo habían dejado tan poco financiado que su personal había recurrido a sitios de financiamiento colectivo para abrir exhibiciones.

La institución había obtenido recientemente la aprobación de casi 5 millones para una renovación planificada, incluida una actualización del sistema para prevención de incendios. Los bomberos usaron camiones para recoger agua de un lago cercano porque los hidrantes no funcionaban.

El emperador Pedro II era el nieto del rey portugués Dom Joao VI. Estableció una reputación como un vigoroso patrocinador del aprendizaje, la cultura y las ciencias. La pasión por la lingüística lo motivó durante toda su vida a estudiar nuevos idiomas, y pudo hablar y escribir no sólo en portugués, sino también en otros 13 idiomas, incluido el hebreo.

En mayo, un sefer haftarah, o lecturas de los libros de los profetas que se leen en Shabat después de la lectura de la Torá, fue confiscado a criminales durante una redada policiaca en un barrio marginal de Río de Janeiro y devuelto a la comunidad judía.

De la traducción (c)Enlace Judío México

NACHO ALDAY - INCENDIO



martes, 4 de septiembre de 2018



NACHO ALDAY - INCENDIO - 05/09/2018

El jefe de la Casa Imperial de Brasil, Don Luis de Orleans y Bragança, emitió un comunicado con motivo del catastrófico incendio del Palacio de San Cristóbal el domingo pasado que incineró preciosos recuerdos y documentos históricos.

Las imágenes del Palacio, con la belleza de sus rasgos arquitectónicos, envueltos por la luz rojiza de las llamas y el humo era una imagen simbólica. Un símbolo de esa inmensa destrucción que políticos, hombres públicos, intelectuales y otros vienen emprendiendo, desde hace décadas, contra el edificio de la brasilidad.

En aquel Palacio, hace precisamente 196 años, el 2 de septiembre de 1822, la Emperatriz Dña. Leopoldina, reunida en Consejo de Estado, firmaba como Regente el decreto de Independencia.

Ese edificio ha sido sede de los monarcas, ya que la corte portuguesa llegó aquí y aquí trasladó la capital del imperio portugués siendo testigo de muchos momentos decisivos de la historia.

Ha recibido innumerables manifestaciones de pesar y consternación de brasileños estupefactos con los rumbos dramáticos hacia los que está siendo dirigido el país.

Tiene profunda convicción de que Dios rige los destinos de la historia de los pueblos. Muchas veces permite infortunios que sirven de alerta para hacernos despertar del letargo, corregir el rumbo y pasar a la acción.

La Tierra de la Santa Cruz fue alcanzada en su corazón. Las cenizas de ese desastre no son un acontecimiento aislado, sino uno de los ápices de una obra demoledora, emprendida por ideologías funestas y alienígenas, de voces engañosas que diseminan sentimientos de discordia y de convulsión. Voces e ideologías que deturpan la llegada de las naves con la Cruz de Cristo trayendo los misioneros, las bendiciones, las promesas, las riquezas espirituales y culturales de la civilización cristiana.

Como legítimo descendiente de los monarcas llama a todos los hombres de buena voluntad a vencer la inercia y cortar el paso al peligro de manera que Brasil pueda continuar su trayectoria sin las discordias, agitaciones y matanzas en las que se sumergieron tantas naciones, de las cuales el macabro incendio parecía ser una imagen.

4 de septiembre de 2018

PALÁCIO DE SÃO CRISTÓVÃO — Declaração do Chefe da Casa Imperial do Brasil

Agência Boa Imprensa – ABIM

PALÁCIO DE SÃO CRISTÓVÃO — Declaração do Chefe da Casa Imperial do Brasil

Museu Nacional
O Domingo, dia 2 de setembro, ia declinando, quando o País foi surpreendido por um incêndio catastrófico que não colheu vidas, mas que incinerou, em suas chamas inclementes, memórias e documentos históricos, muitos deles preciosos e únicos.
As imagens do Paço de São Cristóvão, na beleza de seus traços arquitetônicos, envolvido pela luz avermelhada das chamas e da fumaça resultante dos preciosos objetos consumidos pelo fogo, era uma imagem simbólica. Um símbolo acabado dessa imensa destruição que políticos, homens públicos, intelectuais e outros vêm empreendendo, há décadas, contra o edifício da brasilidade.
Naquele Palácio, há precisamente 196 anos, no dia 2 de setembro de 1822, a Imperatriz D. Leopoldina, reunido o Conselho de Estado, assinava como Regente o decreto de Independência do Brasil.
Aquele edifício, além de ter albergado os monarcas, desde que aqui aportou a corte portuguesa e para cá transferiu a capital do Império luso, era um testemunho de inúmeros momentos decisivos de nossa História.
Eu, enquanto Chefe da Casa Imperial do Brasil, meus irmãos e sobrinhos, temos recebido inúmeras manifestações de dôr e de pesar, de consternação e de inconformidade, de brasileiros estupefatos com os rumos dramáticos para os quais está sendo dirigido o País, rumos em meio aos quais o incêndio do Museu é um evento doloroso.
Tenho profunda convicção de que Deus rege os destinos da História dos povos. Muitas vezes permite Ele infortúnios que nos servem de alerta, nos despertam do letargo, nos chamam à emenda de nossos passos e nos convocam à ação.
A Terra de Santa Cruz foi atingida no seu coração. As cinzas desse desastre não são um acontecimento isolado, mas um dos ápices de uma obra demolidora, empreendida por ideologias funestas e alienígenas, de vozes enganadoras que disseminam sentimentos de discórdia e de convulsão. Vozes e ideologias que malsinam a hora em que as naus com a Cruz de Cristo abordaram nosso litoral, trazendo com os missionários as bênçãos, as promessas e as riquezas espirituais e culturais da Civilização Cristã.
Estou persuadido de que nosso povo, altaneiro, religioso e bom, nada tem de comum com estes enganos que de todas as partes se levantam.
Como legítimo descendente dos monarcas, que regeram nossos destinos enquanto povo, apelo aqui a todos os brasileiros de boa vontade, monarquistas ou não, que vencida a inércia, cortem o passo ao perigo que nos ronda, de modo que o Brasil possa continuar sua trajetória histórica, com energias vivificadas, sem conhecer as discórdias, as agitações e os morticínios em que foram submergidas tantas nações, e das quais o macabro incêndio do Palácio de São Cristóvão parecia ser uma imagem.
Dom Luiz
Rogo a Nossa Senhora Aparecida que abençoe e proteja sempre nosso povo e nossa Nação.
São Paulo, 3 de setembro de 2018
Dom Luiz de Orleans e Bragança
Chefe da Casa Imperial do Brasil