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27 de marzo de 2012

Desolación en el entorno de Rajoy ante el tropiezo en Andalucía y Asturias

Desolación en el entorno de Rajoy ante el tropiezo en Andalucía y Asturias




El golpe a la gestión del presidente complica el futuro de Javier Arenas


Dolores de Cospedal comparece en la sede del PP en Génova (Madrid) tras los resultados. / CLAUDIO ALVAREZ (EL PAÍS)
Mariano Rajoy empezó a descubrir anoche las consecuencias de gobernar un país en crisis y tomar medidas impopulares, precisamente esas que siempre quiso ocultar para poder ganar las elecciones. Cuando llegó a la sede de la calle Génova con su esposa, Elvira Fernández, todos los dirigentes le vieron relajadísimo. Los datos que les llegaban de Andalucía auguraban una mayoría absoluta cómoda de 58 o 59 escaños. Varios ministros, dirigentes del PP e incluso el banquero Rodrigo Rato, un habitual de las noches electorales, se acercaron al despacho del presidente a celebrar una victoria histórica.
Pero en cuanto empezó el recuento, las caras de alegría empezaron a cambiar. Después llegó la desolación: Andalucía se escapa de nuevo.
Un enorme chasco al que se sumaba el catastrófico resultado asturiano:de nuevo tercera fuerza. Otro varapalo para Rajoy en su lucha personal con Francisco Álvarez Cascos, al que él decidió apartar.
Javier Arenas fue el único de los dirigentes clave que nunca estuvo del todo seguro. Y por eso presionó para que Rajoy retrasara a después de las andaluzas las medidas más impopulares. Pero Bruselas, Angela Merkel y los mercados también presionaban, y Rajoy adelantó su medida más polémica, la reforma laboral. Aunque sí dejó los recortes más brutales de los Presupuestos para después de estos comicios.

Perder 170.000 votos era algo que nadie en el PP podía imaginar ni con los recortes
Lo cierto es que la estrategia fracasó.Dolores de Cospedal trataba anoche de sacar partido al hecho de que el PP ha ganado las elecciones, pero nadie podía disimular una enorme decepción.
La mayoría absoluta ha quedado muy lejos. 50 escaños no los daba ni el peor de los augurios para el PP. Ahora, salvo un improbable modelo a la extremeña, esto es que IU y el PSOE no pacten, Arenas se irá de nuevo a la oposición.
El futuro político del dirigente de mayor confianza de Rajoy, su gran consejero, el hombre fuerte del PP, estaba anoche en el aire. Tanto que Cospedal, su principal rival interna —ambos mantienen hace tiempo una pugna por el control del partido— se mostró dubitativa cuando se le preguntó por él: “Ha hecho un magnífico trabajo, y a partir de ahí hablaremos de todo lo que quiera hablar Javier Arenas”.

Si Arenas quiere recuperar poder en el partido, chocará con Cospedal
Internamente el líder del PP andaluz, que fracasa de nuevo en su cuarto intento, en condiciones políticas inmejorables —con el PSOE a la baja y el escándalo de los ERE en plena campaña— puede quedar muy debilitado. Anoche ya había críticas soterradas al partido en Andalucía y a la campaña de Arenas. Que el PP, en estas condiciones y con la ola de la victoria aplastante el 20N y un PSOE dividido y con escándalos, haya perdido 170.000 votos sobre las últimas elecciones autonómicas era algo que nadie lograba asimilar anoche. Si se compara con las generales de hace solo cuatro meses —aunque la participación siempre es mayor— el PP ha perdido 420.000 votantes.
Cospedal se convierte así en la única dirigente del PP que ha logrado ganar con mayoría absoluta en una de las tres históricas comunidades socialistas —Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía—. Y probablemente este resultado reabra una batalla interna en el PP.
Si Arenas quiere seguir al frente de la oposición en Andalucía e intenta volver a recuperar papel interno en el PP, se encontrará con la oposición frontal de Cospedal, que ya en el último congreso movió los hilos para apartar a los fieles al dirigente andaluz de puestos clave del partido. Aún así, Arenas, dirigente muy respetado, siempre encuentra su hueco.
El varapalo es también importante para Rajoy, que anoche abandonó Génova para viajar a Seúl, donde se encontrará con Barack Obama y podrá olvidar las penas andaluzas con una apretada agenda internacional.
No solo se lleva un enorme chasco después de meses de buenas noticias. Además ve que su rival, el PSOE, muy debilitado tras las generales, salva su plaza clave y desde allí reconstruirá su oposición. El golpe puede animar a la izquierda para la huelga general del jueves y alienta la batalla contra los recortes de los Presupuestos del viernes.
Cospedal no quería admitir que los primeros tres meses del Gobierno, centrados en recortes y una polémica reforma laboral hayan impedido ganar a Arenas. Y desmentía que haya voto de castigo: “El cambio en España es imparable. Hay un Gobierno que está haciendo las reformas que España necesita y tiene el respaldo mayoritario. Una cosa son las generales y otra las autonómicas”.
Sin embargo, en el PP muchos admitían en privado que ahí está la clave. Aunque hay diversas teorías. Algunos sostienen que la idea de jugar a dejar lo más duro para después de las andaluzas ha sido demasiado evidente. Otros, que algunas cuestiones troncales para el electorado del PP, como la subida de impuestos que Rajoy siempre negó, han calado. Y otros incluso hablaban de las polémicas sobre el fichaje de familiares en empresas cercanas al Gobierno como elemento que ha molestado mucho al electorado del PP.
Cada uno daba su propia explicación, pero todas iban en el mismo sentido: un enorme chasco que demuestra que, nada más llegar al poder, el PP ya ha empezado a sufrir desgaste.

3 de septiembre de 2011

La reforma constitucional por la crisis quiebra el histórico consenso de 1978


POLÉMICA REFORMA CONSTITUCIONAL

La reforma constitucional por la crisis quiebra el histórico consenso de 1978

La reforma constitucional del PSOE y PP sale adelante con una imagen de desunión

Socialistas y populares no logran forzar in extremis siquiera la abstención de CiU

El Congreso avaló ayer una reforma histórica de la Constitución sin el consenso con el que se aprobó esta norma fundamental en 1978. Los dos artífices del cambio para imponer la estabilidad presupuestaria en la Constitución, PP y PSOE, fracasaron al buscar el consenso de las grandes ocasiones.
Un “no puedo” pronunciado por Josep Antoni Duran, el portavoz de CiU, acabó de rematar media hora frenética en la que todo se movió para intentar atraer al grupo nacionalista que ha sido el fiel de la balanza de la política española muchas veces y podría volver a serlo si no hay mayorías absolutas tras las elecciones del 20 de noviembre. Se intentó todo, y fue en vano. CiU no quiso ni votar.
Tal vez lo más interesante de la política, las negociaciones hasta el último minuto, suceden casi siempre de forma discreta, a puerta cerrada para la prensa. Por eso ayer, los periodistas que estaban en la tribuna de prensa del Congreso asistían atónitos a una escena en el hemiciclo muy difícil de contemplar casi en toda su dimensión, como si fuera un teatro. Faltaban los diálogos, aunque muchos se intuían. Todo sucedió a la vista de todos, y grabado por las cámaras de televisión, porque en vez de suspender la sesión para negociar, como es habitual, el presidente José Bono concedió un receso de cinco minutos que luego fueron muchos más. Hasta 30. Así todos se quedaron en el hemiciclo y la negociación se pudo ver en directo con imágenes inéditas.


Corrillo de socialistas y populares junto al presidente del Gobierno, ayer, durante el pleno. / ULY MARTÍN
La primera reforma de la Constitución de calado en sus 33 años de historia vivió momentos de enorme tensión con los principales actores de la política española en juego. El objetivo era importante. Ni el PP, que quiere cortejar a CiU por si la necesita para gobernar, ni el PSOE, que quiere evitar a toda costa la imagen de un pacto en soledad con el PP —con el acompañamiento de UPN— dejaron de intentar durante toda la semana que los nacionalistas aceptaran al menos abstenerse en la votación. La ruptura con una formación que, como CiU, estuvo en el pacto constitucional, y gobierna en Cataluña, era algo que nadie deseaba.
El PP, por su futuro, y el PSOE, por su presente, querían intentar salvar la pésima imagen que se temían y que finalmente quedó plasmada en las fotografías y las televisiones: una reforma constitucional apoyada por menos diputados que los que votaron en 1978 el texto original —316 frente a 325, informa Efe—. Tres diputados socialistas se ausentaron y uno quiso votar en contra. 34 quedaron así fuera del pacto, uno menos de las firmas necesarias para que se convocara un referéndum, aunque no todos, ni mucho menos, están dispuestos a firmar.
Pero sobre todo se produjo una imagen de distancia total de las formaciones de la izquierda —especialmente significativa la de IU, que también estuvo en el pacto constitucional cuando era solo PCE— y de los nacionalistas de CiU y PNV. Estos dos últimos se quedaron y no votaron. Duran, que siempre cuida los gestos, quiso hacer uno muy claro: mientras los demás diputados apretaban el botón él leía tranquilamente el libro Narració d’una asfixia premeditada, de Ramón Trias Farga, que trata sobre los problemas financieros de la Generalitat.
Pero el gesto aún más llamativo, después de discursos durísimos en los que acusaron al PP y al PSOE de haber secuestrado la Constitución que era de todos, fue el de los grupos pequeños, ERC, BNG, NaBai, ICV, que decidieron abandonar el pleno antes de la votación.
Y eso que, por la mañana, todo parecía indicar que al menos CiU se abstendría. La noche anterior, socialistas y populares, dirigidos por José Antonio Alonso y Soraya Sáenz de Santamaría, habían preparado una enmienda transaccional para satisfacer a CiU y permitirle que se abstuviera. En ella se permitía que, en caso de catástrofe, los parlamentos autonómicos puedan pedir al Congreso endeudarse más. Pero es este último quien decide, y no los primeros como pedía CiU. El propio Alfredo Pérez Rubalcaba habló con Duran y creyó que la abstención estaba cerca aunque CiU nunca llegó a comprometerse del todo.
PP y PSOE señalan que Duran habló finalmente con Artur Mas y decidió no votar el texto pasara lo que pasara. Ni abstención ni nada. Muchos lo atribuyen a un momento de campaña electoral y al intento de CiU por rematar al PSC, que tiene así más dificultades para explicar en Cataluña la reforma. Las caras de algunos diputados socialistas catalanes a la hora de votar algo criticado en su propia Ejecutiva, incluida por la ministra Carme Chacón, que ha mostrado sus dudas, reflejaban esa preocupación.
CiU buscó entonces cuadrar el círculo. No votaría el texto, pero sí estaba dispuesta a apoyar la enmienda transaccional pactada con PSOE y PP. Ahí llegó el receso de esos supuestos cinco minutos. Y las dudas en el PSOE y el PP.
Cristóbal Montoro, después de hablar con Rajoy, insistía ante Rubalcaba y Zapatero en que no tenía sentido mantener unas transaccionales pensadas para incluir a CiU en el consenso si los catalanes se negaban en redondo ni siquiera a abstenerse. En medio de un enorme revuelo, al que tanto los diputados de base, los ministros y los periodistas asistían estupefactos, comenzó una larga negociación pública primero entre socialistas y populares para tomar una decisión. Todos se consultaban, alrededor del escaño de Zapatero, que observaba mientras Rubalcaba hacía todo tipo de aspavientos con Montoro. Rajoy permanecía en su escaño completamente ajeno a todas las negociaciones, aunque los suyos le informaban de vez en cuando.
Los socialistas insistían en que las enmiendas no suponían modificar lo sustancial, y que valía la pena votarlas para que al menos con ese mínimo gesto CiU se comprometiera. La escena era cada vez más parecida a un ritual de atracción, y Sánchez Llibre recorría los escaños mientras Duran permanecía impasible en el suyo. Al final, PSOE y PP se pusieron de acuerdo después de que Elena Salgado llamara a Rajoy a capítulo para que aceptara presentar esas enmiendas. Y entonces sí llegó la escena más espectacular de todas. Duran no tenía intenciones de moverse de su escaño. Así que fueron los grupos mayoritarios —Alonso y Sáenz de Santamaría— los que acudieron a la casa del pequeño, Duran, para intentar rematar las transaccionales. Lograron pactar dos. Todos los diputados minoritarios salieron para mostrar su enfado salvo Llamazares, que se guardaba un último as en la manga: vetó las transaccionales porque le parecían una “tomadura de pelo” con lo que no se pudieron votar. Y al final, una imagen aún más extraña. Los diputados del PSOE, cuyo presidente había propuesto la reforma, no aplaudieron. Los del PP, con Rajoy a la cabeza, sí lo hicieron con entusiasmo. Todo un paradigma.
[El presidente francés, Nicolás Sarkozy, como había hecho la cánciller alemana Angela Merkel un día antes, ensalzó la iniciativa española poniéndola como ejemplo de buen hacer. “A mí también me gustaría que en Francia los políticos quisieran más a su país que a sus partidos, quisieran más el interés general que su situación personal. Cuando los socialistas españoles y la derecha española se han puesto de acuerdo es porque quieren más a su país que a sus partidos”, señaló Sarkozy].

Rajoy pide "el apoyo de todos" pero advierte que será difícil salir de la crisis


ARRANQUE DE LA PRECAMPAÑA ELECTORAL

Rajoy pide "el apoyo de todos" pero advierte que será difícil salir de la crisis

El líder del PP promete "diálogo" para superar la "gran encrucijada" histórica en que está España

El candidato a la Presidencia arranca en un acto en Galicia el curso político centrado en el 20-N

Rajoy, durante su intervención en el acto de arranque de la precampaña en el castillo de Soutomaior (Pontevedra). /SALVADOR SAS (EFE)
La situación económica no solo es complicada, sino que está empeorando. Esa es al menos la visión instalada en el Partido Popular (PP). Tanto que la dirección empieza a estar muy preocupada con la situación que se va a encontrar Mariano Rajoycuando llegue a La Moncloa, algo que dan por hecho. El líder del PP ya ha empezado hoy, en su mitin de arranque del curso político como cada año en Soutomaior (Pontevedra), a preparar a la gente para lo que puede venir y a avisar de que la salida de la crisis no va a ser nada fácil.
Rajoy no concretó y evitó el dramatismo que, según piensan en el PP, hundió al inglés David Cameron en la campaña electoral británica, pero apuntó un discurso mucho más preocupado de lo que hacía hasta ahora: "No voy a hablar del Gobierno, es el pasado. Lo que nos toca y nos preocupa es mirar al futuro. Yo lo que quiero deciros es que nos espera una tarea muy difíicil por delante. Quien piense que las cosas van a ser fáciles se equivoca, quien piense que se puede hace sin esfuerzo se equivoca, y quien crear que esto se arregla con una varita mágica se equivoca".
"Salir de donde estamos va a ser muy difícil", insistió Rajoy, "pero vamos a superar todas las dificultades, que no haya dudas. No existe crisis lo suficientemente profunda que no podamos superar. Tenemos pruebas fehacientes de la capacidad de nuestros trabajadores, de la pujanza de nuestros emprendedores, de la competencia de nuestras empresas. Tenemos talento, dinamismo, somos una gran nación, una nación imbatible que se llama España".

"Diálogo y concordia"

El presidente del PP ha prometido que si gana las elecciones, actuará desde "el diálogo, la centralidad y la concordia" para, con el apoyo de todos, superar la "gran encrucijada" histórica que atraviesa España, informa Efe.
Con su discurso pronunciado en el Castillo de Soutomaior (Pontevedra), Rajoy inicia un curso político, que, como ha destacado, "no es un curso cualquiera", sino "uno de los más cruciales" de la historia de la democracia española.
El PP es "una esperanza real de cambio" que trabaja por la recuperación tras los comicios autonómicos del 22 de mayo y que en este tiempo ha demostrado, según sus palabras, que se puede atajar el déficit, no subiendo impuestos, sino reduciendo gastos superfluos y fomentando nuevos ingresos.
Rajoy ha estado acompañado hoy por uno de los barones clave del Partido Popular, el presidente de su tierra natal, Galicia, Alberto Núñez Feijóo. Junto a él han estado también las juntas directivas regionales y provinciales, y más de 2.000 afiliados y simpatizantes, informa Europa Press.
Los populares gallegos celebran que su líder haya vuelto a elegir su tierra natal para un acto que, como dicen "supone el primer paso de su última etapa" en al carrera que termina el 20-N en La Moncloa. Sus paisanos están convencidos de que, como indican los sondeos, Rajoy será el próximo presidente del Gobierno, y acabará con "los siete años de expermientos socialistas". El portavoz del PP gallego, Antonio Rodríguez Miranda, ha proclamado públicamente que confía en que Galicia sea "el talismán" de su líder para llevarlo a La Moncloa.