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15 de mayo de 2012

El Supremo de EE UU confirma la victoria de España en el ‘caso Odyssey’


El Supremo de EE UU confirma la victoria de España en el ‘caso Odyssey’

El Supremo de EE UU rechaza tres recursos contra el traslado del tesoro de 'La Mercedes' a Madrid

Ahora sí, por fin ha acabado la larga batalla de España con la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration sobre las 500.000 monedas de plata y oro recuperadas del navío español Nuestra Señora de las Mercedes. El tribunal Supremo de EE UU ha rechazado hoy una petición de la empresa cazatesoros radicada en Tampa (Florida) para que el caso sea revisado. La resolución del Supremo deja por tanto intactas dos decisiones anteriores, de dos tribunales de menor rango.
Durante su reunión semanal, los magistrados de Washington estudiaron el jueves pasado el recurso de Odyssey junto a otros interpuestos contra España (una petición de Perú y otra de descendientes de los pasajeros de La Mercedes, que aseguraban ser dueños de pleno derecho de las monedas).
El máximo tribunal no dio razones sobre por qué no admite a trámite el caso y se limitó a publicar hoy un mero “denegado”. “Todo nuestro equipo está muy contento por la decisión de hoy, que convierte nuestra victoria en absolutamente definitiva”, ha dicho James Goold, el abogado del Gobierno español que ha conducido la batalla legal.
“El Supremo ha rechazado tres peticiones que señalaban que los fallos a favor de España eran contrarios a la legislación internacional, a la de EE UU y a la de España. La postura de España de que, en el caso de la fragata Mercedes, el saqueo no autorizado de nuestro patrimonio cultural es ilegal, ha sido respaldada a todos los niveles y la decisión de hoy elimina cualquier futuro desafío a nuestra victoria”, dijo Goold en un mail. No ha habido respuesta de momento de los abogados de Odyssey.
El pasado 26 de febrero un avión militar de carga trasladó a Madrid las monedas, después de que el Supremo se negara ha detener el envío en tanto estaba estudiando el recurso. El tribunal de apelaciones de Atlanta ya había ordenado a Odyssey la devolución de las monedas (la mayoría de plata) tras rechaza los argumentos de la empresa de exploración submarina.
El Mercedes fue hundido en 1804 por un barco de la Armada Británica frente a las costas de Portugal cuando navegaba rumbo a América del Sur desde Cádiz.

6 de octubre de 2010

Cazaminas contra cazatesoros


EL PAIS
Cazaminas contra cazatesoros
La Armada detecta 128 pecios en el golfo de Cádiz durante la primera campaña arqueológica de su historia
T. CONSTENLA / P. ESPINOSA - Madrid / Cádiz - 06/10/2010


Nadie quiere más Odyssey excepto Odyssey. Desde 2007, cuando el tesoro de oro y plata sumergido del buque Nuestra Señora de las Mercedes voló hacia Estados Unidos -y todavía no ha sido devuelto por la poderosa compañía de cazatesoros pese a las resoluciones a favor de España-, las Administraciones se han tomado en serio la protección del patrimonio arqueológico subacuático que, hasta entonces, se ejercía tímidamente y por barrios (Cataluña, Valencia y Andalucía eran las únicas comunidades con centros específicos). Tan en serio que la Armada ha destinado durante un mes al cazaminas Sella, diseñado para evitar explosivos enemigos, a rastrear el golfo de Cádiz para buscar restos arqueológicos.

La cámara del robot Pluto Plus captó imágenes a unos 200 metros
Es la primera vez que unidades militares se implican en esta tarea -ocurre tras el convenio que firmaron en 2009 los Ministerios de Cultura y Defensa-, pero se pretende consolidar en el futuro para elaborar cartas arqueológicas de todo el litoral español, uno de los más ricos en vestigios históricos con unos 3.000 pecios estimados.
En este mes, se han localizado en el golfo de Cádiz 1.300 contactos, de los cuales 128 son pecios -históricos o actuales- en profundidades que no superan los 200 metros. Ahora serán los arqueólogos quienes determinarán si tienen interés histórico o no (se realizarán inmersiones de buceo en los que están a menos de 50 metros y estudios mecánicos en los otros). Entre los 15 ya analizados, solo tiene valor un ancla del siglo XVIII. Entre los restantes, la mayoría serán descartados. "Pueden ser lavadoras", admite el jefe técnico de la campaña, Daniel González-Aller. Hay vestigios de lo que podrían ser unas ruinas urbanas y varias estructuras de barcos, pero ni rastro de los más deseados, el Santísima Trinidad (baja en la batalla de Trafalgar en 1805) o el Reina Regente (galeón hundido durante un temporal a finales del XIX). "Seguiremos buscando", anunció ayer a bordo del cazaminas la ministra de Defensa, Carme Chacón, que se desplazó a Rota (Cádiz). A su lado, la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, dijo: "El ta última fase se ha suprimido en esta campaña", aclaró con una sonrisa el jefe técnico de la campaña. Las lanchas, que usan un sondador multihaz, especializado en rastreos de entre cinco y 200 metros de profundidad, y un sónar de barrido lateral, con capacidad de hasta 40 metros, hallaron 80 restos susceptibles de tener interés. De ellos solo uno ha sido identificado por los arqueólogos. Son unas anclas que ahora tendrán que ser datadas y valoradas.
Los cazaminas han podido encontrar otros 48 restos investigables, gracias al sónar de profundidad variable con capacidad para llegar a 250 metros de profundidad y el vehículo de control remoto Pluto Plus, un robot con cámaras de televisión que capta imágenes a 200 metros bajo el mar. "El trabajo más importante llega ahora, que es el de los arqueólogos. Ellos deben saber qué es de interés, identificar a qué época pertenecen y determinar su procedencia", detalló González-Aller.
Identificar los pecios es clave para poder proteger22>El mes de trabajo de la Armada ha contado con lanchas hidrográficas transportables y con cazaminas. "Detectan, clasifican, identifican y neutralizan, aunque esta última fase se ha suprimido en esta campaña", aclaró con una sonrisa el jefe técnico de la campaña. Las lanchas, que usan un sondador multihaz, especializado en rastreos de entre cinco y 200 metros de profundidad, y un sónar de barrido lateral, con capacidad de hasta 40 metros, hallaron 80 restos susceptibles de tener interés. De ellos solo uno ha sido identificado por los arqueólogos. Son unas anclas que ahora tendrán que ser datadas y valoradas.
Los cazaminas han podido encontrar otros 48 restos investigables, gracias al sónar de profundidad variable con capacidad para llegar a 250 metros de profundidad y el vehículo de control remoto Pluto Plus, un robot con cámaras de televisión que capta imágenes a 200 metros bajo el mar. "El trabajo más importante llega ahora, que es el de los arqueólogos. Ellos deben saber qué es de interés, identificar a qué época pertenecen y determinar su procedencia", detalló González-Aller.
Identificar los pecios es clave para poder protegerlos. En Andalucía ya se han tomado medidas como la de declarar bien de interés cultural un centenar de restos como zonas arqueológicas y zonas de servidumbre arqueológica. Lugares donde hay o se presume que hay piezas sumergidas del pasado que se protegen legalmente para evitar la visita de expoliadores o los daños provocados por futuras obras públicas o privadas.

17 de septiembre de 2010

España deja expoliar otro galeón

ABC

Cultura

España deja expoliar otro galeón

Los cazatesoros acechan el «San Francisco», que naufragó en Japón en 1609. Mientras, ni Cultura ni Exteriores han querido responder la petición de arqueólogos de la Universidad de Texas para investigar el pecio

PABLO M. DÍEZ / CORRESPONSAL EN PEKÍN

Día 17/09/2010

19 comentarios

SEVEN SEAS

Buzos de la empresa de Whitaker

Por uno de esos accidentes de la Historia, un naufragio en el siglo XVII marcó un hito que ha perdurado hasta hoy en las relaciones entre España y Japón. Pero, por uno de esos despistes de la Historia, la pasividad de la Administración española para rescatar, o buscar, los restos de dicho hundimiento pueden minar los contactos culturales entre ambos países cuatro siglos después.

Corría el año del Señor de 1609 cuando la noche del 30 de septiembre el galeón español «San Francisco» encalló frente a las costas de la prefectura de Chiba, al este de Japón y a unos cien kilómetros de Tokio. La nave, que cubría la ruta de la seda, la porcelana, el oro y las especias entre Filpinas y Nueva España (México), se había desviado de su rumbo por un tifón que la separó de los otros dos galeones con los que viajaba y se fue a pique frente al pueblo de Onjuku.

De los 373 hombres de su tripulación, 317 sobrevivieron aferrándose durante toda la noche de tormenta a los restos del barco, hasta que fueron rescatados por la mañana por los aldeanos de la zona y las «ama», las pescadoras que bucean a pulmón para recoger almejas del fondo marino. Entre el pasaje destacaba una figura especial: Rodrigo de Vivero y Velasco, el gobernador de Filipinas que regresaba a Acapulco tras su estancia en Manila. Gracias a sus contactos con los sogunes del clan Tokugawa y a los 4.000 ducados que éstos le prestaron, De Vivero volvió al año siguiente a México en el «San Buenaventura», un barco de 120 toneladas construido en Japón bajo dirección del navegante inglés William Adams, llevando consigo a la primera delegación nipona que puso pie en suelo americano.

Evangelización

Además de impulsar las relaciones comerciales con la Corona española y proteger a los misioneros jesuitas que arriesgaban sus vidas evangelizando el Lejano Oriente, Rodrigo de Vivero inauguró los contactos entre México y Japón enviando 50 expertos mineros en señal de agradecimiento.

Las crónicas de la época dan buena cuenta de su gesta, pero no aclaran nada sobre la valiosa carga que transportaba el «San Francisco» en su bodega. Aparte de un mástil y un jarrón, los únicos supuestos restos que se conservan en Onjuku, la leyenda cuenta que el tesoro del galeón hundido lleva ya cuatro siglos en el fondo del mar. Un canto de sirenas demasiado tentador que no ha pasado desapercibido para famosos «cazatesoros» como Robert Marx y James Whitaker. El primero es un antiguo marine y veterano submarinista que ha sido galardonado con la Orden de Isabel la Católica por el Gobierno español. Todo ello pese a que el año pasado llegó a repartir un doblón de plata auténtico —que supuestamente había rescatado de galeones españoles hundidos— por cada uno de los 300 relojes de edición limitada que la marca nipona Seiko comercializó con su nombre. Whitaker es un experto en búsquedas submarinas que ha peinado la zona del naufragio y podría haber encontrado ya el lastre del San Francisco.

«Para confirmarlo, tenemos que analizar las rocas porque muchos barcos pasaban por aquella zona», explicó Whitaker a ABC por teléfono desde Florida. Consciente de los problemas legales de casos sonados como el del «Odyssey», se apresuró a matizar que «hay muy pocas posibilidades de encontrar un tesoro, como mucho una moneda o dos, pero nada más porque el galeón se hundió a pocos metros de profundidad y casi todo fue salvado por los supervivientes y los pescadores del pueblo». Aunque Whitaker insistió en que «no estamos allí por el oro ni las joyas, sino por la Historia», otros arqueólogos sospechan de sus intenciones y creen que no quiere hacer saltar la liebre.

Desde hace tres años hay un proyecto de la Universidad A&M de Texas, en colaboración con dos catedráticos de Zaragoza y Extremadura, del que la Embajada española en Japón informó a la Dirección de Relaciones Culturales y Científicas del Ministerio de Asuntos Exteriores en sendos despachos fechados en marzo y abril de este año. Además, la legación diplomática redactó en mayo una carta de presentación para apoyar otra investigación dirigida por el profesor Akifumi Iwabuchi, de la Universidad de Ciencia y Tecnología Marina de Tokio. Ambos casos han tenido la callada por respuesta. «He enviado algunos documentos al Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena y la Embajada española en Tokio ha informado a Cultura de mi plan de búsqueda, pero no he recibido ninguna contestación», se quejó Iwabuchi, quien se lamentó de que esta falta de colaboración es «una pena porque preferiría trabajar codo con codo con España».

Mientras los Ministerios de Asuntos Exteriores y Cultura mostraban su desidia con un clamoroso silencio administrativo, los «cazatesoros» no han perdido el tiempo y han logrado el apoyo de los pescadores de Onjuku y sus autoridades turísticas. Hartos de esperar una prospección oficial que nunca llega, los vecinos de este pueblo costero han colaborado con Whitaker en la búsqueda del lastre pensando que cualquier hallazgo podría exhibirse en un museo que dispararía el número de visitantes.

¿Pero existe realmente un tesoro hundido en caso de que se halle el pecio del «San Francisco»? El profesor Iwabuchi, de la Universidad de Ciencia Marina de Tokio, cree que «no hay ningún tesoro en absoluto», pero Gonzalo Robledo, un cineasta colombiano que ha rodado un documental sobre el galeón, sospecha lo contrario. «De lo contrario, la empresa de Marx y Whitaker no habría hecho una fuerte inversión para buscarlo», razona.

En caso de que lo encuentren, los «cazatesoros» se habrán adelantado una vez más a la Administración española. En respuesta a ABC, Patrimonio declinó su responsabilidad esgrimiendo que «son las autoridades japonesas las que deben asegurar que en las operaciones de prospección y eventual recuperación del pecio se respete la normativa nipona en materia de protección cultural, y que en ningún caso los restos recuperados puedan ser objeto de explotación ilegal o comercial». Algo que parece difícil de garantizar porque, según las leyes de Japón, que no ha suscrito el convenio de la Unesco para velar por el patrimonio submarino, los «cazatesoros» no están obligados a pedir permiso para buscar barcos hundidos.