5 de abril de 2020

PARAGUAY

viernes, 3 de abril de 2020


PARAGUAY – 04/04/2020

Levantando los ojos al Cielo, como proponía el príncipe brasileño Don Bertrand de Orleans y Braganza con motivo de la pandemia, el presidente de Paraguay, Mario Abdo, mandó un mensaje a su pueblo que entre otras cosas decía, "tengo fe en Dios, en su poder y en su misericordia y es en estos momentos cuando anhelamos más su presencia en nuestras vidas. Isaías dice en las Sagradas Escrituras: 'No tengas miedo, pues Yo estoy contigo, no temas, pues Yo soy tu Dios, Yo te doy fuerzas, Yo te ayudo, Yo te sostengo con mi mano victoriosa'. Eso dice Dios y yo le creo, porque creo que con su gracia vamos a salir victoriosos". En la foto durante su alocución a la nación.

También el presidente de Panamá dirigiéndose a sus conciudadanos afirmaba: "los que creemos en Dios vemos que nos enfrentamos algo tan grave que necesitamos su fuerza interior y sin su ayuda no lo conseguiremos".

A su vez el presidente de Guatemala invito al pueblo a un día de ayuno y oración el sábado, víspera del día del Señor, el domingo, "unámonos los guatemaltecos pidiéndole a Dios que nos bendiga", concluía.

El presidente de los Estados Unidos ya había afirmado ser un gran honor para él declarar el domingo 15 de marzo como Día Nacional de Oración. "Somos un país que, en toda nuestra historia, ha mirado a Dios para pedir protección y fortaleza en tiempos como estos. Sin importar donde estés, te aliento a ponerte en oración en un acto de fe. Juntos, fácilmente prevaleceremos", convocando así a todos los americanos a unirse en oración por aquellos que han perdido a familiares y amigos, por los que están sufriendo en esta gran crisis. En el momento de firmar el decreto le acompañaron un grupo de líderes religiosos inclinándose ante Dios Todopoderoso pidiendo su misericordia y su gracia. Trump previamente había declarado el estado de emergencia por la gravedad de la situación.

El primer ministro italiano con lágrimas decía: "hemos perdido la batalla contra el coronavirus, perdimos el control y sólo Dios nos puede ayudar".

En El Salvador su presidente declaraba: "como somos muchos los creyentes pidámosle a Dios que nos ayude a sobreponernos y salve a la mayoría de la población en esta tribulación que enfrentamos. Estoy seguro que con su ayuda vamos a salir adelante. Inclinemos la cabeza y pidámosle por nuestro país". Tras unos momentos de oración silenciosa con todos los miembros del Gobierno concluyo diciendo Amén.

Estos ejemplos contrastan con el ateísmo del Gobierno de España, así como con la vergonzosa omisión de invocar la protección divina del rey Felipe VI.

3 de abril de 2020

L'OSSERVATORE ROMANO, 040420

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APOSTASIA

jueves, 2 de abril de 2020


APOSTASÍA – 03/04/2020

El Sagrado Corazón sangra con la apostasía general en la Iglesia y por nuestra indiferencia. Indiferencia doblemente censurable, porque es indiferencia para con nuestro prójimo y sobre todo indiferencia para con Dios. Unos conspiran, otros duermen…

¿Cuántas almas en el mundo entero van perdiendo la fe? Pensemos en el incalculable número de periódicos impíos, emisoras de radio impías, canales de televisión impíos, que diariamente llenan el orbe. Pensemos en los innumerables obreros de Satanás que, en las cátedras, en el seno de la familia, en los lugares de reunión o de diversión, propagan ideas impías. Los efectos de todo esto están delante de nosotros. Diariamente las instituciones, las costumbres, el arte, se van descristianizando, indicio incontestable de que el propio mundo se va perdiendo para Dios.

¿No habrá en todo esto una gran conspiración? Tantos esfuerzos, armónicos entre sí, uniformes en sus métodos, en sus objetivos, en su desarrollo, ¿serán mera obra de coincidencias? ¿Dónde y cuándo, intenciones desarticuladas produjeron articuladamente la más formidable ofensiva ideológica que la Historia conoce, la más completa, la más ordenada, la más extensa, la más ingeniosa, la más uniforme en su esencia, en sus fines y en su evolución?

No pensamos en esto. No percibimos esto. Dormimos en la modorra de nuestra vida de todos los días. ¿Por qué no somos más vigilantes? La Iglesia sufre todos los tormentos, pero está sola. Lejos, bien lejos de Ella susurramos. Es la escena del Huerto de los Olivos que se repite.

Los revolucionarios dicen que no promueven ninguna guerra contra la religión, y menos aún contra el catolicismo. Sin embargo, la vida de todos ellos, centristas, comunistas, tribalistas, ¿no es desde la mañana hasta la noche una conspiración contra los católicos verdaderos? Ellos también tienen los labios dispuestos para el ósculo, aunque en su mente hayan decidido hace mucho tiempo exterminar a los fieles.

¿Y entre nosotros? Gracias a Dios, esta fe que tantos combaten, persiguen, traicionan, nosotros la poseemos. ¿Qué uso hacemos de ella, la amamos? ¿Comprendemos que nuestra mayor ventura en la vida consiste en ser miembros de la única Iglesia verdadera, que nuestra mayor gloria es el título de cristiano? En caso afirmativo, y cuán pocos son los que podrían en sana conciencia responder afirmativamente, ¿estamos dispuestos a todos los sacrificios para conservar la fe? No digamos, en un arrebato de romanticismo, que sí. Seamos positivos. Veamos fríamente los hechos. No está junto a nosotros el verdugo que nos va a colocar en la alternativa de la cruz o la apostasía, pero todos los días, la conservación de la fe exige de nosotros sacrificios. ¿Los hacemos?

2 de abril de 2020

L'OSSERVATORE ROMANO, 030420

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MADRID



miércoles, 1 de abril de 2020



MADRID – 02/04/2020

Madrid es una ciudad rebosante de muertos. El efecto de la pandemia ha sido tan devastador que el número de fallecidos se ha triplicado. Nadie recuerda algo parecido. Por mucho que se utilicen los crematorios públicos y privados no hay manera de dar abasto, comenta un agente del sector. En incinerar un cuerpo se tardan cuatro horas, de manera que se amontonan los cadáveres. Por esta razón se están llevando a otras ciudades para su incineración.

En las empresas funerarias están trabajando a destajo, horas extras, festivos etc. y la Unidad Militar de Emergencia está ayudando al traslado de los fallecidos desde los hospitales y las residencias hasta la morgue del Palacio del Hielo. Si no fuera por los camiones del Ejército habría sido muy difícil el traslado en coches fúnebres.

Una de las cosas más duras ha sido ver como los familiares no podían despedirse de sus muertos. No han podido estar en las unidades de cuidados intensivos y por la complejidad del virus tampoco han podido estar presentes en las salas de los tanatorios ya que están clausuradas para evitar la propagación de la enfermedad. Los velatorios están prohibidos. Los ataúdes tienen que estar cerrados con los cuerpos dentro de una bolsa estanca que garantice su impermeabilidad, sellados y rociados con lejía. Además, el personal que se encarga de los féretros debe tener equipos de protección especiales. Todo este procedimiento hace que el trabajo sufra muchos retrasos.

El acondicionamiento como morgue de la pista de patinaje olímpica, de 1.800 metros cuadrados, ha supuesto un cierto alivio para el sector funerario. Esto habla por sí mismo del desbordamiento de las empresas, que hace tan solo unas semanas era imposible de prever. En la provincia de Madrid se acumulan 2.412 muertos por coronavirus. Con estos datos, no extraña que los fabricantes de ataúdes, uno de ellos en la foto, hayan tenido que duplicar su producción. También ya se está instalando una segunda morgue en la inacabada Ciudad de la Justicia, edificio diseñado para ser la sede del Instituto Anatómico Forense, que podrá acoger 200 cadáveres en cámaras de conservación.

Se suceden casos como el que refiere el presidente del Colegio de Médicos en el que un trabajador de una funeraria recomendó al familiar de un difunto que lo metiera en su coche y lo trasladara él mismo al Palacio del Hielo, porque de lo contrario podría pasarse con el cadáver dos días en su casa. Otra madrileña tuvo que convivir trece horas con su suegra fallecida hasta que consiguió los 3.100 euros para que una funeraria se llevase el cuerpo.

Por cierto, ¿cuántas personas en Madrid atendieron el pedido de la Señora de todos los Pueblos de rezar diariamente la oración dictada por Ella para ser preservados de las calamidades? Pregunta extensible a toda España y al resto del mundo.

https://www.hoy.es/sociedad/salud/madrid-capital-duelo-coronavirus-20200328215612-ntrc.html

1 de abril de 2020

L'OSSERVATORE ROMANO, 020420

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MEDITEMOS

martes, 31 de marzo de 2020


MEDITEMOS – 01/04/2020

Si queremos condolernos con la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, meditemos sobre lo que Él sufrió por manos de los judíos, pero no nos olvidemos de todo lo que especialmente hoy se hace para herir al Divino Corazón. Tanto más que Nuestro Señor, durante su Pasión, previó todo lo pasaría después. Previó todos los pecados de todos los tiempos, y también los pecados de nuestros días. El previó nuestros pecados y por ellos sufrió anticipadamente. Estuvimos presentes en el Huerto de los Olivos como verdugos y como verdugos seguimos paso a paso la Pasión hasta lo alto del Gólgota.

La Iglesia, eclipsada, está ante nuestros ojos indiferentes o crueles. Está delante de nosotros como Cristo delante de la Verónica. Condolámonos con sus padecimientos. Podemos estar seguros de que, con esto, estaremos dando al propio Cristo una consolación idéntica a la que le dio la Verónica.

Ciertas verdades referentes a Dios y a nuestro destino eterno, podemos conocerlas por la simple razón. Otras, las conocemos porque Dios nos las enseñó. En su infinita bondad, Dios se reveló a los hombres en el Antiguo y Nuevo Testamento, enseñándonos no solamente lo que nuestra razón no podía descubrir, sino además muchas verdades que podríamos conocer racionalmente, pero que por culpa propia la humanidad ya desconocía de hecho. La virtud por la cual creemos en la Revelación es la fe. Nadie puede practicar un acto de fe, sin el auxilio sobrenatural de la gracia de Dios. Esa gracia, Dios la da a todas las criaturas y, en abundancia torrencial, a los miembros de la Iglesia Católica. Esta gracia es la condición para su salvación. Nadie llegará a la eterna bienaventuranza, si rechaza la fe. Por la fe, el Espíritu Santo habita en nuestros corazones. Rechazar la fe es rechazar al Espíritu Santo, es expulsar del alma a Jesucristo. Veamos ahora, en nuestro entorno, cuántos católicos rechazan la fe. Fueron bautizados, pero en el curso del tiempo perdieron la fe. La perdieron por culpa propia, porque nadie pierde la fe sin culpa, y culpa mortal. Helos aquí, indiferentes u hostiles, piensan, sienten y viven como paganos. ¡Son nuestros parientes, nuestros prójimos, quizá nuestros amigos! Su desgracia es inmensa. Indeleble está en ellos la señal del bautismo. Están marcados para el Cielo, y caminan hacia el infierno. En su alma redimida, la aspersión de la Sangre de Cristo está marcada. Nadie la borrará. Es en cierto modo la propia Sangre de Cristo que ellos profanan cuando en esta alma rescatada se acogen principios, máximas, normas contrarias a la doctrina de la Iglesia. El católico apóstata tiene algo de análogo al sacerdote apóstata. Arrastra consigo los restos de su grandeza, los profana, los degrada y se degrada con ellos, pero no los pierde.

¿Y a nosotros, nos importa esto, sufrimos con esto, rezamos para que estas almas se conviertan, hacemos penitencia, hacemos apostolado? ¿Dónde está nuestro consejo, dónde está nuestra argumentación, dónde está nuestra caridad, dónde está nuestra altiva y enérgica defensa de las verdades que ellos niegan o injurian?