1 de junio de 2013

El Rey preside hoy un homenaje a los caídos tres meses después de su operación

El Rey preside hoy un homenaje a los caídos tres meses después de su operación

Almuerza en La Zarzuela con los ministros de Defensa e Interior y la cúpula militar

EL PAIS -  Madrid 1 JUN 2013 - 12:59 CET28
El Rey despacha con el jefe de la casa del Rey en la Zarzuela. / EFE
Don Juan Carlos, en el homenaje a los caídos hoy en Madrid. / EFE
El Rey preside hoy, acompañado por la Reina y los Príncipes de 
Asturias,  el homenaje a los caídos organizado por el Ministerio de Defensa por el Día de las Fuerzas Armadas, que este año contará con la celebración más austera de la última década, al haberse reducido la magnitud del acto principal. A la ceremonia, que tendrá lugar en la plaza de la Lealtad de Madrid, asistirán también el ministro de Defensa, Pedro Morenés, y la cúpula militar, encabezada por el jefe del Estado Mayor de la Defensa, almirante Fernando García Sánchez.
Este año, con el objetivo de llevar el ahorro a su máxima expresión, Defensa ha sustituido el acto central que tenía lugar cada vez en una ciudad diferente, por actividades en las bases y cuarteles desplegadas por toda España. En Madrid, habrá un izado solemne de la bandera en la Plaza de Colón, que presidirá el almirante García Sánchez, y después tendrá lugar el homenaje a los caídos, al que asistirá don Juan Carlos. Cuando retomó su actividad pública tras su última intervención quirúrgica, la Casa del Rey avanzó el deseo del monarca por participar en esta celebración. Será su primera actividad oficial fuera del Palacio de la Zarzuela desde que el pasado 17 de mayo presidiera la final de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid en el Santiago Bernabéu.
Dos semanas antes ya había acudido al palco de este estadio para acudir a la semifinal de la Champions League entre el Real Madrid y el Borussia de Dortmund del pasado 30 de abril. Este sábado, con su uniforme de capitán general de los Ejércitos, don Juan Carlos volverá a presidir un acto castrense. Después, los Reyes y los Príncipes compartirán un almuerzo en Zarzuela junto a los ministros de Defensa e Interior, el JEMAD y los jefes de Estado Mayor de los Ejércitos de Tierra, general Jaime Domínguez Buj, del Aire, general Francisco Javier García Arnáiz, y de la Armada, almirante Jaime Muñoz Delgado, así como el director de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa.
La Casa del Rey ha decidido convocar este almuerzo, dado que este año tampoco se ha organizado la tradicional recepción que el alcalde de la localidad escogida cada año ofrecía a las autoridades civiles y militares invitadas al acto. Hasta ahora, el Día de las Fuerzas Armadas se celebraba con un homenaje a los caídos y a la bandera, que tradicionalmente llegaba de manos de un paracaidista. El año pasado, en Valladolid, ya se eliminó por motivos económicos la exhibición de medios operativos con la que se completaba la celebración, también con el objetivo de ahorrar.

La defensa española hace agua

LA CUARTA PÁGINA

La defensa española hace agua

Los medios militares no parecen los adecuados para atender las misiones actuales. Hay, además, otras hipotecas: deuda, compromisos industriales, una plantilla inflada... Y no existe una guía válida para el futuro

Sobre polines —es decir, aupados del suelo para intentar frenar su deterioro— es como se encuentra buena parte de los vehículos militares españoles, incluyendo los carros Leopard que han perdido hace tiempo su carácter de arma principal del combate. Como consecuencia del impacto de la crisis y de decisiones cuestionables en años de bonanza, el sistema de defensa español hace agua por todas partes, sin que (18 meses después del arranque del actual Gobierno) dispongamos de una guía válida para encarar un futuro que se presenta inquietante en términos de amenazas.
Con la afortunada excepción de los decrecientes contingentes desplegados en el exterior, el resto de las fuerzas armadas se encuentra en una situación de penuria alarmante. No solo se trata de que el buque insignia de la armada, el portaaeronaves Príncipe de Asturias (R-11), esté ya en proceso de desguace —no tanto por su vejez como por la falta de fondos para adecentarlo—, sino de que el resto de la armada apenas acumula días de navegación, al igual que los aviones han visto drásticamente reducidas las horas de vuelo y los vehículos terrestres carecen de combustible suficiente para mantener su operatividad. Y todo ello mientras, medido con criterios de la OTAN, dedicamos anualmente a la defensa unos 13.700 millones de euros (1,3% del PIB español), de los que bastante más de la mitad se van en gastos de personal.
En estas condiciones —y cuando a la insostenible deuda acumulada por Defensa (29.495 millones de euros, si se cumpliera el ilusorio plan de reprogramación anunciado ahora por el Gobierno), se le añade una previsión de sostenidas rebajas presupuestarias— se impone hacer algo más que lamentarse y escudriñar de dónde se puede recortar un euro más. El magro balance de las iniciativas de la OTAN (con su creativa fórmula de smart defense) y de la UE (con la no menos inefable pooling & sharing), nos muestra con crudeza que, más allá de las palabras, no se puede hacer más con menos cuando se cae por debajo de la línea de credibilidad disuasoria y de capacidades críticas. Nada permite suponer que España va a lograr por sí sola la cuadratura de un círculo virtuoso que hoy resulta inalcanzable por una combinación de falta de medios y de voluntad política para asumir la carga de la defensa. Llegados a ese punto cabe preguntarse si no sería aconsejable desmantelar por completo las fuerzas armadas, aprovechando que no existe ninguna amenaza en fuerza contra el territorio nacional y dedicar a otros menesteres los recursos que se liberarían.
España necesita unas capacidades creíbles para defender el bienestar de sus ciudadanos
Actuar así supondría un suicidio garantizado, aunque solo sea porque el vacío de poder generado dispararía de inmediato apetitos inconfesables ahí fuera. Es cierto que la seguridad y la defensa deben entenderse hoy como tareas multidimensionales, de las que las militares solo son una parte (y no siempre la principal). Pero España no puede prescindir de unas capacidades militares creíbles, sin las que quedaría inerme para defender el bienestar y seguridad de los españoles y para colaborar con otros en la promoción de los valores y principios que nos definen como sociedades abiertas.
Dicho eso, cuando se repasa la estructura de nuestros ejércitos y los planes de adquisiciones ya aprobados, se hace cada vez más evidente el enorme desajuste existente. Buena muestra de ello es que hoy la unidad de élite (con más y mejores recursos que ninguna otra) sea la Unidad Militar de Emergencias (UME), diseñada para cumplir tareas que en ningún caso son parte esencial de la defensa militar (sino de protección civil). Lo mismo cabe decir de tantos sistemas de armas que terminarán en el desguace sin haber entrado nunca en acción (como los 300 carros Leopard) o que han sido encargados pensando más en las guerras del pasado que en las probables operaciones del futuro (en las que, más que masivos choques frontales de ejércitos regulares, sobresale la necesidad de contar con proyección de poder, medios para la guerra asimétrica y para hacer frente a nuevas amenazas como los ciberataques).
Aunque no existe ningún método objetivo para determinar cuántos recursos humanos se deben dedicar a los ejércitos, parece claro que los 130.000 que contempla la Ley de Plantillas (83.000 de tropa y marinería y 47.000 entre oficiales y suboficiales) resultan hoy excesivos y desproporcionados (la pirámide jerárquica está descompuesta y son muchos los mandos para los que no hay destinos adecuados). La Visión 2025 elaborada por el JEMAD parece apuntar a una reducción de 20.000 efectivos para los próximos 12 años, pero nada nos asegura que baste con eso para garantizar nuestra defensa con lo que quede entonces. Tampoco es fácil determinar cuántos carros, buques o cazas necesitamos, pero no deja de resultar penosa la imagen de un ministro de Defensa que se afana por colocar a precio de saldo, sea en Indonesia o en Latinoamérica, un material que ni podemos mantener, ni tirar a la basura.
Resulta penoso que el ministro intente colocar a precio de saldo el material que no podemos tirar
Los hechos se imponen: España no puede garantizar su propia defensa en solitario y sus actuales medios militares no parecen los más adecuados para atender a las misiones que probablemente tengan que cumplir en el futuro inmediato. Esos mismos hechos reflejan unas hipotecas de las que muy difícilmente podremos librarnos en años (deuda, recursos humanos, medios anacrónicos, compromisos industriales…). En consecuencia, el margen de maniobra es muy reducido y se impone la apuesta por la multilateralidad —tanto en clave UE y OTAN, como en el marco bilateral siguiendo el ejemplo franco-británico iniciado en 2010—, la especialización —ni podemos soñar con una industria de defensa que cubra todas nuestras necesidades, ni con unos ejércitos que sirvan para todo— y la priorización —somos una potencia media con dos fachadas marítimas y una fuerte dependencia energética, de lo que se deduce la necesidad de contar con una Armada y un Ejército del Aire mucho más potentes que su Ejército de Tierra—. Y esto debe tener un reflejo directo en la asignación presupuestaria, trastocando inercias muy consolidadas (la macrocefalia del Órgano Central, que absorbe casi tanto como el Ejército de Tierra, que a su vez recibe más que la Armada y el Ejército del Aire juntos).
Para hacerlo más difícil aún, las organizaciones multilaterales de seguridad a las que pertenecemos están en horas bajas, lo que refuerza el equivocado camino de la renacionalización de la seguridad y defensa. A medio plazo España no tiene, ni va a tener, más medios para su defensa; por tanto, no cabe más que afinar en la definición de unas capacidades mínimas que sean realmente operativas. Eso supone contar con un grupo de combate naval con una mínima proyección de poder (también aérea) en la totalidad de nuestra ZEE y en el Mediterráneo (con el BPE [L-61] Juan Carlos I como obligado estandarte). Implica asimismo, consolidar una Fuerza de Reacción Rápida terrestre (con su componente naval y aéreo de transporte) sobre la base de las Brigadas Polivalentes de las que ya se comienza a hablar, y con especial atención a la potenciación de las unidades de operaciones especiales. Aprovechando la crisis para vencer las resistencias corporativas, se impone además la necesidad de desmantelar todos aquellos organismos que no respondan al carácter de empleo conjunto que debe caracterizar a las fuerzas armadas. Por último, sin una reserva realmente movilizable (eterna asignatura pendiente de todos los planes de defensa), no será posible sostener esfuerzo alguno.
El envío de un simple avión de transporte a Malí (más 50 militares entre instructores y personal de protección) es una señal de que algo va mal, muy mal. Podemos aceptar pasivamente que ese es nuestro peso y capacidad para atender a amenazas que nos afectan muy directamente, añadir los deportes a la cartera de Defensa (como hace Austria) para engordar así nuestro patriotismo con los triunfos de nuestros deportistas o encarar con seriedad la tarea de dotarnos de medios para garantizar nuestra estabilidad estructural. ¿En qué estamos?
Jesús A. Núñez Villaverde es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).
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El Gobierno aprueba controles preventivos ante la ciberguerra

El Gobierno aprueba controles preventivos ante la ciberguerra

La Estrategia de Seguridad Nacional propone el control preventivo de Internet

El documento da a ETA por derrotada pero avisa del peligro de Al Qaeda

En la Estrategia de Seguridad Nacional, que ayer aprobó el Gobiernocon el consenso del PSOE, tan importante es lo que se dice como lo que se calla. Y en sus 83 páginas no hay una sola alusión, ni siquiera velada, al separatismo o al soberanismo. Es decir: la deriva independentista del nacionalismo catalán no afecta a la Seguridad Nacional que, según la definición contenida en el documento, es “la acción del Estado dirigida a proteger la libertad y el bienestar de sus ciudadanos, a garantizar la defensa de España y sus principios y valores constitucionales, así como a contribuir junto a nuestros socios y aliados a la seguridad internacional en el cumplimiento de los compromisos asumidos”. Aunque parezca un puro ejercicio académico, definir este concepto tiene gran trascendencia: permite saber de qué se habla cuando se invoca para recortar derechos y aclara que la seguridad nacional no es lo mismo que la seguridad del Estado.
En un momento en que la Sanidad o la Educación se privatizan, la Seguridad Nacional se considera un “servicio público”, al que deben contribuir no solo la Administración central, sino también autonomías y ayuntamientos, “con espíritu de solidaridad y lealtad constitucional”, así como el conjunto de los ciudadanos.
La nueva estrategia —que sustituye la que coordinó Javier Solana y aprobó en 2011 el Gobierno Zapatero— tampoco menciona la Alianza de Civilizaciones, a la que su antecesora dedicaba un apartado, pero sí muchos otros temas. Estos son los más relevantes:
Final de ETA. “La madurez de la sociedad española, con las víctimas como referencia ética; la unidad de los partidos políticos, la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de los Servicios de Inteligencia, el trabajo de los jueces y fiscales, así como la cooperación internacional, han logrado imponerse a la amenaza de la banda terrorista. La fortaleza del Estado de derecho, la solidez de sus instituciones y la eficacia de las acciones implementadas han derrotado a ETA sin que esta haya conseguido sus objetivos”.
Terrorismo yihadista. “España es también objetivo del terrorismo yihadista y, en especial, de Al Qaeda en el Magreb Islámico”. Y ello debido a su “relativa cercanía a regiones inestables como el Sahel; la posible radicalización de inmigrantes tanto de primera como de segunda generación [...], la insistencia de los grupos fundamentalistas islámicos en presentar a España como parte del imaginario del Islam, así como nuestra implicación decidida en la lucha contraterrorista”, dentro y fuera del país.
Fuente: ‘Estrategia de Seguridad Nacional’.
Marruecos y el Sáhara. No menciona a Marruecos y solo habla genéricamente del Magreb. Advierte del riesgo de inestabilidad derivado de la primavera árabe, pero reconoce que su “principal consecuencia hasta ahora es la elección democrática de gobiernos responsables ante los ciudadanos”. Respecto al Sáhara, repite la doctrina oficial: respaldo a una “solución política justa, duradera y mutuamente aceptable para las partes”. Da por hecho que “el programa nuclear iraní no corresponde a un desarrollo exclusivamente civil”, sino militar.
Ceuta, Melilla y Gibraltar. Cita a Ceuta y Melilla al definir a España como “un Estado que comprende territorio peninsular, los archipiélagos balear y canario y las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla”. Y recuerda que es “prioridad estratégica [de España] mantener la preparación y capacidad para abordar aquella amenazas a las que tenga que hacer frente de forma autónoma”. Es decir, la defensa de las dos ciudades norteafricanas, no cubiertas por el paraguas de la OTAN. Más contundente se muestra con la colonia británica de Gibraltar, que califica de “anomalía” y “disfunción” y “plantea a España y Europa problemas de seguridad”.
Riesgos y amenazas. La nueva estrategia es continuista con la de Solana. A los nueve riesgos y amenazas que incluía dicho documento añade el espionaje y la vulnerabilidad del espacio marítimo. Desaparece uno de los potenciadores de riesgo: las “disfunciones de la globalización”.
Ciberseguridad. “El ciberespacio conlleva serios riesgos y amenazas”. Los ciberataques se han convertido en un potente instrumento de agresión contra particulares e instituciones públicas y privadas. Estos ataques ilícitos proceden “de grupos terroristas, redes de crimen organizado, empresas, Estados o individuos aislados”. La principal novedad es que las ciberamenazas ya no constituyen solo un apartado específico, sino un nuevo territorio en el que se materializan todas las demás. Por ejemplo, Internet puede emplearse para el proselitismo o la propaganda terrorista, para lanzar ataques contra infraestructuras críticas o transferir tecnología de armas de destrucción masiva, por lo que propone la adopción de “medidas preventivas de vigilancia del uso de la red”.
Inmigración irregular. La estrategia constata “la escasez de las llegadas” de inmigrantes, lo que “reduce los riesgos en el control fronterizo y los aumenta para la seguridad en el interior”. ¿Cuáles son esos riesgos? El incremento de la conflictividad social o la radicalización de los inmigrantes, pero también “una percepción negativa” de los mismos por el resto de la sociedad. Es decir, la xenofobia. Paradójicamente, alerta de que “la falta de acceso [de los inmigrantes] a servicios” sociales (lo que ha hecho el PP al negar la atención sanitaria a los irregulares) puede agravar el problema.
La crisis económica. “La crisis financiera y económica” que sufre España, “representa uno de los mayores retos para la Seguridad Nacional”, constata el documento. Tras asegurar que su origen está en “desequilibrios económicos o de los mercados, actuaciones ilegales o deficiente funcionamiento de los órganos supervisores”, subraya que los paraísos fiscales son “un factor desestabilizador” y propone algunas medidas que suscribirían los sindicatos: “Establecimiento de un marco socio-laboral basado en el diálogo social”.