11 de diciembre de 2019

CONVERSAR

martes, 10 de diciembre de 2019


CONVERSAR – 11/12/2019

En el arte de conversar los antiguos encontraban una importante razón de su vida con la convivencia de los espíritus y por eso lo cultivaban con mucho primor. Se diría que conversar bien es una de las artes más importantes de la vida humana. Ir por la vida sin hablar, es hacer como un viajero que viajase sin mirar el panorama.

La primera regla para aprender a conversar, es comprender que la cosa más interesante de una conversación, no es el tema que uno está tratando, sino la persona con que se está conversando. Nuestro interlocutor no desea tanto oírnos tratar de uno u otro tema, sino que quiere ver si nosotros somos interesantes. Conversando así, hacemos agradable nuestra convivencia y atractivo el ambiente donde estamos.

La concepción de la vida que existía antiguamente era que se debía trabajar durante el día, para por la noche estar sosegado, conversar y tratar de asuntos variados. El arte de la conversación fue llevado a su apogeo en la Francia del siglo XVIII. Nunca se conversó tanto, ni se conversó tan bien.

Hoy en día, simplemente no se sabe que conversar. O la conversación es una serie de cosas sórdidas e inmorales o un conjunto de pequeños casos sin importancia. No es raro que dos o tres estén juntos y en silencio. No se tiene qué decir y entonces se enmudece.

Una conversación sin dichos agudos, es como una comida sin sal. Puede estar bien hecha y con buena materia prima, pero no tiene gracia. El buen interlocutor debe tener el don de la comunicación, que supone un cierto interés por el otro. No apenas para saber lo que piensa, sino también entender cómo piensa, cómo es su persona y su mentalidad.

Se encuentra interés cuando el otro es de una manera determinada y se tiene cierta afinidad con su forma de ser. Cuando esto se da mutuamente, la conversación sale espontánea, natural, y puede durar horas.

En una alternancia agradable entre el silencio y el intercambio de ideas, de impresiones, de recuerdos, se pasea a través de diversos asuntos, como se puede pasear por un jardín donde se encuentran flores variadas, animales curiosos, pájaros multicolores.

Cuando percibimos que los interlocutores aprecian el tema que estamos tratando, ocurre un fenómeno semejante a la resonancia de los cristales, que vibran en la misma frecuencia del cristal que produjo un sonido.

Todavía quedan quienes aprecian este gran placer de otrora, hoy casi extinguido, o sea, una buena conversación.

No hay comentarios: