10 de junio de 2011

La política. Una confesión

EL PAIS



10 junio, 2011 - 08:30 - Juan Cruz


La política. Una confesión

Es demasiado temprano en este país para dejar que la democracia sea simplemente una expresión de la política; la democracia es una manera de ser ciudadanos en la sociedad, y entre los elementos de la democracia está la política, la conversación política, el consenso político, el desacuerdo político, la actividad política. De modo que relacionar la democracia exclusivamente con lo que se practica en el ámbito expresamente político, es decir, donde desarrollan los políticos el sistema democrático, es parcelar la democracia. Ahora hay en España un evidente descrédito de los políticos, bien ganado en multitud de casos, como se ve cada día, y como se ha visto de manera a mi parecer grosera en la inauguración del Parlamento valenciano, donde se han tergiversado muchos elementos de la conversación política y laica que es preciso mantener en una democracia cuya Constitución, en la que se basa, declara que este es un Estado aconfensional. Fue confesional en la dictadura, que existió, está ahí a nuestras espaldas, está en la experiencia también de los adultos que contravienen las normas constitucionales actuales haciendo burla de la población a la que sirven. Así que los políticos están en gran medida desacreditados, y eso lo dicen las encuestas y lo dicen los ciudadanos con los que nos tropezamos en los medios de transporte, en los bares, en las discusiones que siguen a los actos públicos, en las emisoras de radio, en las tertulias de la televisión, en los periódicos. En muchos de esos medios, donde la opinión no deja paso a la información, y donde el insulto es una agresión a la inteligencia, la desinformación es un calculado asalto a la verdad común y a la historia, se practica lo mismo que puso en marcha con éxito la derecha más violenta incluso antes de que la República empezara a andar. Eso pasa, y eso pesa en el descrédito de la democracia, no sólo en el descrédito de los políticos. Pero ese descrédito de los políticos se puede afear y se puede denunciar en este país y en este momento, incluso en las puertas del Parlamento, y aún más adentro, porque existe una democracia que permite la política; la dictadura no permitía la política, estaba en sus tuétanos, hicieron una guerra para que no se siguiera haciendo política, orquestaron, desde despachos de abogados y juristas, desde sillones de las redacciones más reaccionarias, que se parecían, en su lenguaje, al lenguaje de algunas salas de banderas, una campaña sistemática para desacreditar la política y justificar la guerra civil, y tuvieron lo que querían, una dictadura que duró lo que duró el dictador, cuya imagen tratan de limpiar ahora también aquellos que quieren derruir la política, el ejercicio de la política, es decir, una de las múltiples consecuencias que tiene la democracia. Por ese agujero del descrédito general, de la causa general contra la democracia y contra la política, podrían entrar indeseables drenajes de pus antidemocrática, que anidaría feliz en los intersticios aún no resueltos, y qué vivos están, de los nostálgicos, viejos y jóvenes de la No Democracia como sistema. Es mi opinión, la dije ayer hablando con unos jóvenes amigos que se juntaron conmigo en una plaza de Madrid. Y aunque tengo la voz rota por los cambios del aire que se han producido últimamente, como quisieron saber qué opinaba de la democracia y de la política, y fueron generosos escuchándome, les dije más o menos lo que antecede. Lo digo de nuevo, y lo digo con la pasión que dan la esperanza, la humildad y la duda.

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