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21 de mayo de 2018
El CNI sugiere por primera vez en un informe la injerencia rusa en Cataluña
El CNI sugiere por primera vez en un informe la
injerencia rusa en Cataluña
El servicio secreto
señala a “activistas patrocinados por instituciones” de Moscú

El
director del CNI y el jefe del mando de Ciberdefensa. EFE
EL
PAIS - Madrid 21 MAY 2018 - 17:00 BRT
El Centro Criptológico Nacional (CCN) —el organismo
responsable de defender de ciberataques las redes de las administraciones
públicas— recoge por primera vez en un informe oficial sus sospechas sobre la
existencia de una injerencia rusa en la crisis catalana. En un documento en el que hace balance de
las ciberamenazas detectadas durante 2017, el CCN —dependiente del Centro Nacional de
Inteligencia (CNI)— recurre a una nota a pie de página para sugerir
la intervención de Moscú, aunque sin aportar datos: “Parece demostrada la
presencia de activistas patrocinados por instituciones rusas en la expresión
mediática del conflicto derivado de la situación creada en Cataluña durante
2017, como consecuencia del alejamiento de la legalidad constitucional vigente
de ciertas instituciones autonómicas catalanas”.
Hasta ahora, el Gobierno español se ha limitado a
constatar que muchas de las fake news (noticias
falsas) sobre la crisis catalana difundidas en otoño pasado a través de las
redes sociales tenían su origen en servidores alojados en territorio
ruso, y también venezolano, pero sin responsabilizar al Estado ruso.
El centro adscrito al servicio secreto no llega a hacerlo, pero va un paso más
allá al señalar a “activistas patrocinados por instituciones rusas”.
El caso catalán se inscribe, según el CCN, en una
estrategia más amplia. El año pasado, escribe, fue “testigo de la explotación
que se ha hecho de información obtenida a través de ataques de este tipo con el
objeto de influir en la opinión pública o de las perturbaciones que los agentes
de las amenazas —en muchas ocasiones, patrocinados por Estados— han realizado
sobre procesos electorales o al socaire de situaciones de conflicto. En la
mayoría de las ocasiones las víctimas han sido instituciones democráticas o
partidos políticos de muchos países del mundo, España entre ellos”, recalca el
informe.
“Ha quedado claro que la sustracción digital, la
publicación de información o la intoxicación de los medios de comunicación o
las redes sociales se ha utilizado profusa y estratégicamente por actores
estatales con el objetivo de desestabilizar a otros Estados y polarizar a la
población civil”, insiste. Como ejemplos concretos, cita los ataques sufridos
por la CDU, el partido de la canciller alemana Angela Merkel; por En Marche!,
el movimiento del presidente francés Emmanuel Macron; o por el Partido
Demócrata de EE UU. “Los actores estatales se han centrado en influir
digitalmente en los procesos democráticos al objeto de obtener beneficios
geopolíticos", subraya el documento.
Admite más adelante que “en el período previo a las
elecciones al Parlamento de Cataluña, en diciembre de 2017, se manifestaron
preocupaciones sobre la posibilidad de que se vieran influenciadas por
ciberataques”, aunque estos temores no llegaron a materializarse. Lo que sí se
produjo fue un "incremento importante de ataques DDos o de denegación de
servicio, en gran medida por la campaña contra las [redes] de las
administraciones públicas y empresas" por parte de activistas de la denominada
#OpCatalunya, que afectó a más de 70 páginas web tras el referéndum ilegal del
1-O; aunque su efecto, según el centro, fue muy limitado.
Al margen de las motivaciones políticas, el informe
constata que la mayoría de las campañas de ciberespionaje de motivación económica
registrados el año pasado afectaron "repetidamente a varias empresas
españolas o residenciadas en España" y que "las agencias
gubernamentales de muchos países del mundo, incluyendo España, fueron
repetidamente víctimas de persistentes ataques de espionaje digital a gran
escala originados en terceros países, incluidos algunos que no habían sido
previamente identificados como una amenaza para las redes de los gobiernos
atacados"; es decir, supuestos amigos o aliados.
También advierte del intento del Estado Islámico y
otros grupos afines por trasladar su acción terrorista al ciberespacio; aunque
constata que "los yihadistas todavía no parecen ser capaces de desarrollar
ciberataques sofisticados" y, en comparación con años anteriores, disponen
de menos fondos para hacerse con la tecnología necesaria.
Durante 2017, el CCN gestionó un total de 26.472
ciberincidentes (un 27,22% más que en 2016). Diariamente se tuvo que enfrentar
a cuatro ataques de una peligrosidad muy alta o críticica.
17 de mayo de 2018
Funeral por Cataluña
ANÁLISIS
Funeral por Cataluña
El minimalista salón Verge de Montserrat era un símbolo del signo
político de la presidencia entrante: Nosaltres sols!
EL PAIS - XAVIER VIDAL-FOLCH

Quim
Torra, durante la toma de posesión. ALBERTO ESTÉVEZ (EFE) ATLAS-QUALITY
El código político yace también en el código del
vestuario. No solo por las corbatas negras ha sido un funeral. De tan íntimo,
clandestino, como si la Generalitat fuese una institución privatizada y
privadísima, amén de triste. Solo ha asistido la familia. Ni siquiera entera,
los dos hijos de Quim Torra no le han acompañado. No llamaron a los
expresidentes. No fueron convocados los
gruposparlamentarios. Ni el
Gobierno al nivel que éste decidiese. Ni la sociedad civil. Ni se ha
impuesto el mítico medallón presidencial de Francesc Macià. El aparente deudo
ha dispensado abrazos rígidos —y al mismo tiempo, lánguidos— a la docena de
asistentes. El minimalista salón Verge de Montserrat ha sido este jueves por la
mañana un conjunto vacío. O mejor, un símbolo del signo político de la
presidencia entrante: Nosaltres sols!
Ese nosotros solos ilustra —quizá de forma
involuntaria— el descomunal aislamiento del nuevo titular de la Generalitat ,
contra las promesas de gobernar para todos y su improbable designio de ampliar
la base social del soberanismo. Y enraiza históricamente con el grupo de Estat
Català —tan ensalzado por Torra— que no solo traicionó en 1934 al president
Lluís Companys sino que preparó en 1936 un golpe contra él: urdió asesinarle,
adelantándose un lustro a la Gestapo, que se lo brindó a Franco para que lo
fusilase.
El protocolo es la entretela del poder. Dijeron que
ansiaban el éxtasis de un Govern “efectivo”. Y en vez de con arcos de triunfo,
se entronizan con una ceremonia de tercera. Nunca la generación que salió a la
calle al lema de “Llibertat, amnistia i Etatut d’autonomia”,
y que aprendió con Josep Tarradellas a ponerse la corbata, habrá tenido peor
sinsabor por culpa del deterioro institucional.
El deterioro lo empezó el propio Torra al
autocalificarse de presidente provisional. Siguió Carles Puigdemont, al
decretarle interino por cinco meses. Continuó el presidente del Parlament,
Roger Torrent, negándose a ir a ver al jefe del Estado, como iba siendo
costumbre en casi todos los relevos, incluso para plantearle educadamente ideas
contrarias. Culmina con estas primera horas del president electo, de perfiles
servil o agitatorio —visita a Berlín,
inminente viaje a las cárceles— y nivel presidencial de un cero
escandaloso.
El deterioro de las instituciones deteriora,
degrada, mella, recorta, desnaturaliza. Perjudica a los ciudadanos, a quienes
tanto costó recuperarlas. Si uno no se cree ni su propio cargo ni su propia
responsabilidad, tampoco sus interlocutores políticos le darán crédito, ni los
ciudadanos. Si Quim Torra quiere ser tratado como la figura con la que parece
identificarse, la de un president ilegítimo (por sujeto a otro legítimo); como
un jefe de un comité de acción; como un ideólogo racista actuante contra la
mayoría de los catalanes (dadas sus banales excusas sobre sus escritos de odio,
que no certifican verdadero arrepentimiento), lo logrará en breve. Y nunca será
presidente de todos los catalanes. Esto terminará mal, pues suele acabar mal lo
que mal empieza.
1 de mayo de 2018
¿Financió e impulsó George Soros el 'procés' para desestabilizar España?

El magnate y especulador financiero George Soros / CG
27.04.2018 17:19 h.
4 min
El multimillonario y especulador financiero George Soros ayudó a impulsar el proceso independentista promovido por la Generalitat de Cataluña con el objetivo de desestabilizar España. Así lo revela el informe Agentes oscuros y hostigamiento en la zona gris, que avanza Confilegal.
El estudio, firmado por los analistas de inteligencia privados Juan A. de Castro y Aurora Ferrer, examina el papel del acaudalado estadounidense de origen húngaro entre septiembre y diciembre de 2017 en el conflicto secesionista catalán. Y llega a una sorprendente conclusión: “El golpe secesionista catalán no habría sido nunca posible sin la colaboración plena del entramado del financiero, que no filántropo, George Soros y de sus redes. Ello implica la activación de su muy característico modus operandi y de una financiación apropiada a través, entre otros, de la puesta a disposición de dicho conglomerado secesionista, de su complejísima red global de ONGs y think tanks locales y globales, guiados adecuadamente desde el observatorio principal de su Open Society Foundations”.
‘Fake news’ a favor del ‘procés’
Ferrer considera que “todas las evidencias recabadas y analizadas” confirman la “alta probabilidad” de que en realidad “la injerencia en Cataluña haya sido iniciada, y esté siendo llevada a cabo, por George Soros y sus fundaciones y no por el Gobierno de Vladimir Putin”.
Esta injerencia se tradujo en un “aumento exponencial de indicadores de desinformación que enturbiaron notablemente el escenario (fake news, contradicciones, mentiras, omisiones, confusión, alteración de imágenes, alteración de la percepción pública…), especialmente tras los hechos acontecidos el 1-O”. Unos hechos que también denunciaron periodistas como Clara Jiménez (de Maldito Bulo) y Reporteros sin Fronteras (RSF).
Patrón similar a otras actuaciones de Soros
Tanto De Castro como Ferrer descartan la hipótesis del complot ruso de apoyo a la secesión, pese a que así lo apuntó el Gobierno. De hecho, consideran que el procés fue una suerte de “revolución de color” en Cataluña, con protestas aparentemente pacíficas, populares y espontáneas, pero que en realidad fueron financiadas desde el extranjero con el objetivo de provocar cambios políticos mediante la desestabilización y fractura del país.
Los analistas consideran que el patrón del procés coincide con “la más pura tradición de los operativos propios a entramados de George Soros” que buscan “la instauración de un Nuevo Orden Global con la fragmentación y desestabilización de Europa como principal premisa”.
Un mercado global sin trabas gubernamentales
Según De Castro, “la fragmentación de España constituiría la antesala de las de otras regiones potentes europeas en el marco de sus respectivas naciones. La secesión catalana sería uno de los pasos de Soros tras el Brexit o los esfuerzos por generar conflicto en Europa a través de lobbies a favor del creciente flujo migratorio de Siria hacia Europa (generador de corrientes extremistas capaces de fragmentar ciertos países de Europa)”.
Eso facilitaría “desarrollar un mercado global en el que la debilidad de las regiones permitiera la supremacía de los negocios sin trabas gubernamentales”, todo ello camuflado detrás de acciones de “falsa filantropía”.
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"Fake News",
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Procés,
Soros
12 de abril de 2018
Intelectuales españoles se plantan contra el separatismo
Intelectuales españoles se plantan contra el separatismo
Antonio Banderas, Javier Cercas, Albert Boadella y Jordi Canal denuncian la actuación de los líderes independentistas catalanes y destapan las mentiras del procés
Actualizado:
Destacados intelectuales españoles han coincidido al denunciar la actuación de los líderes independentistas. Gran parte del mundo de la Cultura se une al bloque constitucionalista para destapar el comportamiento fraudulento que se ha vivido en las instituciones catalanas y defienden que se actúe acatando la ley. Critican que los politicos del lazo amarillo se han apropiado de una forma de pensar y hablan incluso de «golpe de Estado», que no necesariamente tiene que conllevar violencia. Estas son las voces de Antonio Banderas, Javier Cercas, Albert Boadella y Jordi Canal
1. Antonio Banderas

En una amplia y reciente entrevista concedida a «The Guardian» con motivo del rodaje de la serie en la que da vida a Picasso, el actor Antonio Banderas no dudó en pronunciarse al ser preguntado sobre la situación vivida en España a raíz del conflicto provocado por el independentismo catalán. «Picasso habría permanecido del lado de la ley, de la Constitución. Es el lado en el que yo también estoy», dijo.
Y, al ser interrogado por la supuesta «violencia», en palabras del periodista inglés, del 1-O, el actor respondió con contundencia y un ápice de ironía:«Es mucho más complicado. Voy a meterme en problemas. Si tú eres quien lleva a mis hijos como escudos, a mis mayores como escudos, y quebrantas la ley, estás poniendo una cruz sobre ellos. Es un poco gracioso, ¿no? Hubo 900 personas heridas, ¿dónde están?», zanjó, para continuar hablando del genio malagueño.
2. Javier Cercas

Tras las apresuradas voces en defensa de Puigdemont que se escucharon en Alemania después de su detención, en las últimas horas han surgido otras que ayudan a la opinión pública alemana a entender realmente lo que pasa en Cataluña. Uno de los periódicos más favorables a los separatistas hasta el momento ha sido el «Süddeutsche Zeitung» y a él, precisamente, ha dirigido un artículo el escritor español Javier Cercas denunciando la actuación de los líderes independentistas catalanes, a los que acusa de haber protagonizado «un golpe de Estado, lo que no implica forzosamente violencia».
El artículo identifica como objetivo separatista «desviar la atención de las acusaciones de corrupción que pesaban sobre sus políticos». En septiembre de 2017, recuerda, el Parlamento regional aprobó la ley del referéndum, declarada luego inconstitucional, y la ley de transitoriedad, con las que se proponían «cambiar de arriba abajo el derecho democrático» para constituir la república catalana. Estas puntualizaciones, que en España pueden parecer de Perogrullo, son muy pertinentes en Alemania, donde el conflicto de Cataluña queda reducido a imágenes de violencia policial y separatistas con ramos de flores en los informativos de televisión. El hecho de que Cercas sea percibido por sus lectores alemanes como un perfil de izquierda nada sospechoso de ideas totalitarias añade credibilidad a sus explicaciones.
Delitos graves
Se trató de «un descarado ataque al Estado de derecho» y un «golpe de Estado», un intento de anular el orden legislativo vigente y sustituirlo por un nuevo orden ilegal. Los líderes independentistas detenidos «no son presos políticos, sino que están acusados de delitos graves, como rebelión, que se aplica a quienes intentan un golpe de Estado». «Ser elegido no otorga a nadie el derecho a derogar la democracia. Deberían recordarlo precisamente en Alemania». Cercas es consciente del precio que pagará: «Cuando un autor empieza a hablar de política, la gente deja de juzgarlo por sus novelas y lo juzga por sus opiniones». Como extremeño que vive en Gerona, reconoce que no supo ver a tiempo el monstruo «porque me daba miedo o vergüenza».
«Me pregunto por qué alemanes bienintencionados creen que España no es un Estado de derecho tras 40 años de democracia y 32 en la UE». Y remata: «Una Europa unida es la única utopía razonable frente al explosivo cóctel independentista que mezcla victimismo histórico, egoísmo económico y xenofobia».
3. Albert Boadella

El dramaturgo Albert Boadella, autoproclamado presidente de la plataforma Tabarnia, presentó ayer en Madrid su nuevo libro, «¡Viva Tabarnia!»(Espasa), que cuenta con prólogo del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y en el que reflexiona sobre la situación actual de Cataluña. Durante la rueda de prensa, Boadella aseguró que la «falta de decisión» del Gobierno del PP «la estamos pagando muy cara» y reprochó a Rajoy que permitiera el conato de referéndum, que no interviniera en el «adoctrinamiento» que se practica en las escuelas catalanas o que no tuviera preparada una «contraprogramación» desde la televisión pública a TV3, que calificó de televisión «golpista».
En su opinión, en el tema catalán «todo se ha hecho muy mal y las responsabilidades de los distintos gobiernos son inmensas». Boadella también culpó al expresidente Jordi Pujol de «fabricar» toda la estructura actual y, de hecho, le ve en el «origen» del catalanismo nacionalista: «Lo tenía en la cabeza antes de ser presidente».
Sobre lo que está por venir, el presidente de Tabarnia advirtió de que Cataluña puede ser una «brecha mortífera» para el conjunto de Europa y se refirió a países europeos que pueden estar interesados en «avivar» la situación catalana y en «desmontar» parte de la Unión Europea, que tiene sus «imperfecciones» pero, sin duda, es «nuestro mejor futuro».
Además de destacar el «peligro real» que Cataluñapuede representar para Europa, Boadella afirmó que el catalanismo es «esencialmente xenofobia», aunque luego está el «folclore» para encubrirlo un poco, y explicó que esa xenofobia significa una «mirada de superioridad frente al resto de los españoles y una sensación desagradable de vivir junto a ellos».
Por todo ello, a juicio de Boadella, Tabarniasupone «oxígeno», una mirada satírica a los independentistas y un mensaje: «Si vamos a jugar al derecho a decidir, vamos a decidir todos».
4. Jordi Canal

A principios del siglo XX, el escritor austrohúngaro Franz Kafka escribió una novela inacabada titulada «Der Prozess», en español «El Proceso», de grandes tintes esperpénticos. Cien años después, el político español Artur Mas inició el denominado en catalán como «procés», cuya oda al absurdo habría hecho palidecer a Kafka. «En Cataluña ya no se sabe lo que está ocurriendo o lo que va a pasar», apunta el historiador Jordi Canal(Olot, 1964), que acaba de publicar «Con permiso de Kafka: el proceso independentista en Cataluña» (Península Atalaya). Sin desenlace aparente, Canal es uno de los muchos intelectuales catalanes que se han hartado de que usen su silencio en su contra.
¿Qué tiene que ocurrir para que termine el «procés»?
Hay que actuar con la Constitución y con la Ley, pero si la oposición al independentismo quiere ganar la batalla hay que ir más allá. Hay que hacer un trabajo de explicar lo que está ocurriendo en Cataluña fuera y dentro de nuestras fronteras. Es responsabilidad del Gobierno, pero también de la oposición, de los intelectuales y de toda la sociedad. España ha tenido una excesiva confianza en que quien tiene la razón no debe entrar a explicar las cosas. Gracias al silencio de la otra parte, los nacionalistas han ganado una y otra vez. Han construido con mentiras un discurso positivo, creído y atractivo. Una religión.
¿El silencio favorece al mentiroso?
Tu silencio es tu debilidad. El nacionalismo ha creído que el silencio del Estado español, la no respuesta judicial y política, era un signo de debilidad. Por eso, el año pasado los independentistas se sorprendieron tanto con la fortaleza del Estado. Pensaban que la aplicación del 155 iba a ser algo de grandes dimensiones... En este sentido, no hay que olvidar que el nacionalismo catalán tiene aires de superioridad. Se creen más modernos, más listos, más democráticos e incluso más ricos que el resto de España.
En su libro denuncia la perversión del lenguaje que vienen realizando los nacionalistas.
Hay un trabajo de construcción de una nueva lengua. Son tramposos con las palabras. Dicen que eran una nación antes de que existieran las naciones. Dicen que democracia es votar, pero en el franquismo también se votaba y había elecciones. Entienden libertad y respeto a las leyes de forma distinta al resto de españoles. Puigdemont habla de dialogar, pero, ¿a qué se refiere? ¿Sobre qué bases se va a dialogar? Yo tengo amplias dificultades para hablar del tema con amigos y familiares independentistas, porque no hablamos la misma lengua y falta un mínimo de racionalismo. Es imposible sentarse a dialogar así.
También dicen que su «revuelta» no es violenta.
El «procés» está entrando ahora en una vía de violencia física, con una kale borroka a la catalana. Sin embargo, hay que preguntarse qué entienden por violencia. Ellos cuando afirman que no ha habido violencia se refieren a violencia física. Pero violencia también es cuando, en 1993, empezaron a señalar a historiadores, a mí por ejemplo, como autores al servicio del Estado. La creación de listas negras, el pintar un lazo amarillo delante de la casa de alguien para señalar que es enemigo de la patria, intimidar, excluir a la gente en su comunidad... Eso también es un tipo de violencia. Ya hemos visto lo que pasa cuando se marca a la gente, lo vimos con ETA y en los años 30 cuando se señaló a una minoría en Europa.
En su libro desmiente que lo que ocurre en Cataluña tenga algo que ver con 1714 u otros episodios.
Soy muy reacio a ver continuaciones de larga duración en las sociedades. Nosotros los catalanes no tenemos casi nada en común con los catalanes de 1714. Es una invención como muchas otras del nacionalismo. Sí tenemos nexos con la Cataluña de la República e incluso la de finales del XIX, pero no con una sociedad medieval o moderna. Cataluña como estado y como nación no ha existido nunca.
Pero el nacionalismo defiende que Puigdemont es el 130 presidente de la Generalitat.
Sí, otra mentira. Porque no ha habido 129 presidentes antes. Eso forma parte de la reinvención de la historia de Cataluña. El nacionalismo ha sabido convencer a los historiadores de que trabajasen en crear esta historia mitológica. Proclamar que hubo una Cataluña como estado y como nación en la Edad Media; y además hacer creer que era algo institucional y democrático. Se buscan continuaciones justificadoras del momento presente.
Un discurso diferenciador, que también intenta ligar con la vieja Leyenda Negra en Europa. Es lo que estamos viendo ahora con esas discusiones en Alemania, con esa facilidad para decir que hay un déficit democrático y legal en España. Se proclaman como más democráticos que el resto de españoles.
Lo que sí es distinto respecto a la historia de otras regiones españolas es el éxito allí del nacionalismo periférico.
El nacionalismo catalán surge a finales del siglo XIX debido a tres factores. Primero; un momento propicio, con la Guerra de Cuba, la crisis industrial en Cataluña, atentados anarquistas, crisis de las Restauración. Segundo; por cierto fracaso español en el proceso de la nacionalización de sus propias sociedades. Tercero; aparición de una serie de intelectuales, empresarios afectados por la crisis catalana, clases medias, que hacen una apuesta por un nacionalismo excluyente. El problema ha estado abierto desde la Restauración hasta hoy en día.
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