22 de enero de 2018

Los Mossos intentaron destruir la alerta de EEUU sobre la Rambla


Los Mossos intentaron destruir la alerta de EEUU sobre la Rambla



Agentes de la Policía Nacional registran una furgoneta en la incineradora de Sant Adrià de Besós, el pasado 26 de octubre. / RICARD FADRIQUE

VER TODA LA NOTICIA: http://www.elperiodico.com/es/amp/noticias/politica/mossos-intentaron-destruir-alerta-eeuu-rambla-6567677

21 de enero de 2018

PERISCOPIO - NACHO ALDAY - AIDEEN

PERISCOPIO 
                   20/01/2018

NACHO ALDAY - AIDEEN

Aideen Strandsson, llegó a Suecia en 2014 procedente de Irán y tras “soñar con Jesús” decidió convertirse del islam al cristianismo por lo que ha recibido numerosas amenazas de muerte de los musulmanes que la consideran traidora a Alá.

Ahora se enfrenta a la posibilidad de ser deportada tras ver rechazada su petición de asilo por las autoridades que han aprobado antes la petición de asilo de refugiados musulmanes, incluso le han llegado a decir que “no es nuestro problema que hayas decidido convertirte al cristianismo”.

Recibió una oferta de trabajo en la conocida empresa tecnológica Ericsson, pero no pudo aceptarla ya que está “ilegalmente” en el país. Sin embargo, hay casos de refugiados que han recibido permiso de residencia después de cometer delitos muy graves. De ser deportada sufrirá violaciones y podría ser asesinada por el régimen islámico.
Mientras tanto, el gobierno sueco anunció que aceptará el regreso de los yihadistas que lucharon con el Estado Islámico, dándoles ayudas y vivienda gratis.




18 de enero de 2018

Fortalezas y calles empedradas que te asombrarán en Castilla-La Mancha

Fortalezas y calles empedradas que te asombrarán en Castilla-La Manchahttp://www.abc.es/viajar/destinos/espana/abci-fortalezas-y-calles-empedradas-asombraran-castilla-la-mancha-201801170155_noticia.html

Castilla-La Mancha cuenta con dos ciudades patrimonio, Cuenca y Toledo, y un legado arquitectónico que guardan sus castillos, testigos de duras batallas

Actualizado:
Castilla-La Mancha llega a Fitur 2018 cargada de propuestas entre el cielo y la historia. Presenta, por ejemplo, el parque astrónomico de la serranía de Cuenca, que ha conseguido la certificación de la Fundación Starlight como uno de los cielos con menos contaminación lumínica de España para observar las estrellas. Diecinueve pueblos participan de este proyecto. Además, muestras sus tesoros avalados por la historias, las ciudades patrimonio, los castillos, un paisaje de calles empedredas emocionante para cualquier fin de semana. Repasamos algunas de esas joyas.

1. De Toledo a Cuenca, Patrimonio de la Humanidad

Vista de Toledo desde el valle
Vista de Toledo desde el valle
Ser turista en Toledo es difícil. Esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad, requiere más de un par de horas o una mañana para descubrir sus enmarañadas callejuelas en un trazado que hace imposible descubrir todo su casco viejo, cuyo emplazamiento es tan original como el de Venecia o muchas ciudades europeas. La capital regional se levanta sobre un promontorio que abraza el río Tajo. Conocida como la Ciudad de las Tres Culturas, debido a la convivencia durante siglos de cristianos, judíos y musulmanes, la ciudad alberga dentro de sus murallas una espectacular muestra de la historia del arte español y de los pueblos que dejaron su impronta.
Pintores, literatos y cineastas llegaron a Toledopara callejear por la ciudad a horas intempestivas. De esa experiencia hay fiel testimonio. Por ejemplo: El Greco y sus lienzos; Gustavo Adolfo Bécquer, cuya presencia es constante en la ciudad, y Luis Buñuel que rodó escenas de su película «Viridiana» en el pórtico del Convento de Santo Domingo El Real. Toledo, declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1986, alberga en el recinto amurallado joyas arquitectónicas como la catedral, la Sinagoga del Tránsito y Santa María La Blanca, la Mezquita del Cristo de la Luz, el Alcázar de Toledo, que alberga el Museo del Ejército y la Biblioteca... En definitiva, un tesoro incalculable que seduce a miles de visitantes.
Casas colgadas de Cuenca
Casas colgadas de Cuenca
Y si quiere seguir disfrutando del patrimonio arquitectónico y cultural, no deje de visitarCuenca, que se asienta entre las hoces de los ríos Júcar y Huécar. Su casco histórico se despliega al borde de paredes rocosas, en plena serranía de Cuenca. La catedral, las Casas Colgadas, la Plaza Mayor, los museos, conventos y las calles empedradas son un remanso de paz para quien quiera huir del estrés de la ciudad.
Llegar a Cuenca -ciudad Patrimonio de la Humanidad- y no contemplar sus Casas Colgadases como ir a París y no ver la Torre Eiffel. Sin duda, es su monumento más representativo, pero no el único. Esta ciudad encierra en su casco viejo la catedral de Santa María, el puente de San Pablo (situado sobre el río Huécar), la Plaza Mayor, una de las más bonitas y monumentales, el Museo de Arte Abstracto y otros edificios de gran valor patrimonial. Es recomendable visitar Cuenca durante la Semana Santa. La ciudad se transforma y se convierte en el epicentro cultural de España con la la Semana Internacional de Música.

2. Ruta de los castillos

Castillo de Sigüenza
Castillo de Sigüenza
La región también cuenta con otras propuestas turísticas, como la ruta por los castillos, testigos silenciosos de conquistas y reconquistas en épocas antiguas. En estas fortalezas vivieron reyes, señores feudales templarios, monjes y frailes. Siglos de historia depositados piedra sobre piedra hasta conformar imponentes estructuras que hoy evocan batallas y encuentros sanguinarios. Y comenzamos este recorrido por el castillo de la localidad de Chinchilla de Montearagón (Albacete), construido en el siglo XV por el Marqués de Villena, Juan Pacheco, sobre otra fortificación árabe, en cuya cárcel estuvo preso César Borgia.
El Sacro Convento y Castillo de Calatrava La Nueva, situado en la localidad ciudadrealeña de Aldea del Rey, es una impresionante fortaleza edificada en el siglo XIII como sede de la Orden de Calatrava, cuya fábrica de pedernal se recorta magnífica sobre el cielo manchego, dominando el paso estratégico de La Mancha a Sierra Morena.
El castillo de Belmonte (Cuenca) fue impulsado también por el Marqués de Villena, Juan Pacheco, en el siglo XV y sometido a una restauración parcial en el siglo XVIII.
El castillo de Sigüenza, convertido en Parador Nacional, remata con su gallarda y solemne silueta el perfil del municipio, en el que, vista de lejos, se confunden las torres de la catedral, los chapiteles de los templos románicos y los frontispicios de palacios y conventos, con la algarabía tierna de la arquitectura popular genuina de estas sierras ibéricas.

3. Castillo de Almansa: una maravilla del gótico albaceteño

Castillo de Almansa
Castillo de Almansa
Espectacularmente alzado sobre el perfil del municipio, el castillo de Almansa es uno de los mejor conservados de la provincia de Albacete. Es una fortaleza edificada en el siglo XIV por el infante don Juan Manuel, posiblemente sobre fortificaciones anteriores, en cuyo interior conserva interesantes y bellas obras de cantería góticas.
Conquistado por Jaime I de Aragón, fue cedido a la Orden del Temple, pasó después a Castilla, y fue dotado con dos fueros, el de Requena y el de Cuenca, por el rey Alfonso X «el Sabio».
En 1919 el alcalde de Almansa denunció el estado ruinoso y solicitó permiso para su demolición, pero gracias a los informes realizados por la Real Academia de la Historia y la de Bellas Artes de San Fernando, en contra de la petición del Ayuntamiento, la fortaleza no sólo se salvó, sino que fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional.
Otra fortaleza destacada es el castillo del Cid, situado en la localidad guadalajareña de Jadraque, en lo alto del cerro «más perfecto del mundo», como aseguró don José Ortega y Gasset. Llamado así por fervor popular, pudo haber sido conquistado a los árabes por Rodrigo Díaz de Vivar.

Finalmente, el castillo de Guadamur (Toledo) es, sin duda, lo que más personalidad da a la villa toledana. Situado al este de la localidad, en el cerro llamado de la Natividad, es uno de los más visitados en la región.

“Felipe VI se siente apoyado en este momento pero sabe que eso puede cambiar”

“Felipe VI se siente apoyado en este momento pero sabe que eso puede cambiar”
NOTA DEL BLOG, ESPERAMOS QUE NO ESTE EN EL HORIZONTE DE SU MAJESTAD IMITAR A SU BISABUELO  ALFONSO XIII, QUE YA SABEMOS LO QUE OCURRIO, Y AHORA SERIA PEOR.
La periodista Ana Romero escribe 'El Rey ante el espejo', un libro en el que desvela que la abdicación de Juan Carlos I empezó a prepararse en 2012
EL PAIS -  Madrid 18 ENE 2018 - 13:58 BRST
Los Reyes en la entrega de premios que concede la Fundación Víctimas del Terrorismo.

Los Reyes en la entrega de premios que concede la Fundación Víctimas del Terrorismo. BALLESTEROSEFE

Hace 40 meses que Felipe VI inauguró el reinado de España tras la abdicación de su padre, Juan Carlos I de los que tan solo nueve meses los ha vivido con cierta normalidad. La monarquía quedó en entredicho al final de la etapa del anterior rey, España entró en un bloqueo institucional sin precedentes, sin gobierno durante un año, y parte de la sociedad catalana y sus gobernantes desafiaron al Estado al plantear la independencia. Este es el marco del relato en el que desarrolla El Rey ante el espejo de la periodista Ana Romero (La Esfera de los Libros) tras entrevistar a docenas de interlocutores que reconstruyen el final de Juan Carlos I y el primer trienio de su hijo.

MÁS INFORMACIÓN
"La obsesión de Felipe VI es que los españoles no sean juancarlistas, felipistas o leonorcistas, en su momento, sino que valoran la institución de la Monarquía porque la consideren útil", apunta Romero. "No lo tiene fácil", añade. El Rey es reconocido en este momento "pero sabe que eso puede no ser así en un momento dado", afirma la periodista, fruto de las conversaciones con muchos interlocutores pero, sobre todo, con los dirigentes políticos actuales. Su llegada contó con muchos colaboradores que, además, contribuyeron a que la salida de Juan Carlos se hiciera de la mejor manera posible.

En este libro revela que la abdicación de Juan Carlos Iempezó a prepararse en 2012 y sus cuatro protagonistas principales fueron el director del CNI, general Félix Sanz Roldán, y los tres jefes de la Casa del Rey anteriores al actual, Jaime Alfonsín. Alberto Aza, Fernando Almansa y Rafael Spottorno. Un hilo conductor entre su anterior obra, "Final de Partida", y la actual recorre los avatares del padre del actual Rey entre los que juega un papel relevante su amiga íntima. Corinna Larsen. En la nueva obra hay menciones a la princesa Corinna que ha tratado de impedir, a través de requerimientos legales, que fuera simplemente mencionada, lo que no ha conseguido. El papel y la personalidad de la reina Letizia ocupan un capítulo del libro a través de los testimonios que Ana Romero ha podido recabar.


Cataluña ha sido y es una de las principales preocupaciones del Rey. Su discurso del 3 de octubre, llamando a la restauración de la legalidad constitucional, lo forzó él mismo al considerar que era su obligación al ser el símbolo de "la unidad de España". El Monarca es consciente de que no gustó a buena parte de los catalanes por lo que la brecha ahí está. El Rey no ha vuelto a Cataluña desde el 26 de agosto, cuando participó en la manifestación tras los atentados de Barcelona.

L'eresia al potere

Settimo Cielodi Sandro Magister

L'eresia al potere

Radaelli
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di Antonio Livi
Ritengo che sia indispensabile, nell’attuale congiuntura teologico-pastorale, tener conto di quanto ha esaurientemente dimostrato Enrico Maria Radaelli nel suo ultimo lavoro ("Al cuore di Ratzinger. Al cuore del mondo", Edizioni Pro-manuscripto Aurea Domus, Milano 2017), ossia che l’egemonia (prima di fatto e poi di diritto) della teologia progressista nelle strutture di magistero e di governo della Chiesa cattolica si deve anche e forse soprattutto agli insegnamenti di Joseph Ratzinger professore, che mai sono stati negati e nemmeno superati da Joseph Ratzinger vescovo, cardinale e papa. Questa tesi, che così enunciata potrebbe apparire a molti inaccettabile (mi riferisco a tutti coloro che finora avevano visto in Ratzinger come cardinale Prefetto della congregazione per la dottrina della fede e poi come papa Benedetto XVI un provvidenziale baluardo contro quella che lui stesso definiva "dittatura del relativismo"), ha una sua adeguata giustificazione scientifica nel libro di Radaelli, il quale analizza pagina per pagina il testo fondamentale di Ratzinger, quella "Einführung  in das Christentum: Vorlesungen über das apostolische Glaubensbekenntnis", che fu pubblicata nel 1968 come rielaborazione delle lezioni di Teologia tenute nel semestre precedente dall’allora giovane professore nell’Università di Tubinga ed ha avuto nel testo originale ben ventidue edizioni, l’ultima nel 2017.
Enrico Maria Radaelli è noto come il miglior discepolo e interprete di quel Romano Amerio che nel 1985 aveva pubblicato "Iota Unum. Studio delle variazioni della Chiesa Cattolica nel secolo XX", che io considero la prima, coraggiosa e seria e documentata denuncia della presenza del modernismo teologico nella forma (retorica) e nella sostanza (ideologica) della "Gaudium et spes" e di altri fondamentali testi conciliari. Imitando lo scrupolo esegetico e l’onestà intellettuale del suo maestro, Radaelli studia attentamente il testo ratzingeriano, citandone i passaggi fondamentali da un’edizione italiana recente (cfr "Introduzione al cristianesimo. Lezioni sul Simbolo apostolico", Queriniana, Brescia 2000) e facendo subito notare – ed è uno dei dati a sostegno della tesi di Radaelli – che Joseph Ratzinger, anche quando è divenuto prefetto della Congregazione per la dottrina della fede, non ha mai sentito il bisogno di rivederne o modificarne il contenuto. In effetti, nel 2000 scriveva che il suo libro avrebbe ben potuto intitolarsi "Introduzione al cristianesimo, ieri, oggi e domani", aggiungendo:
"L’orientamento di fondo era, a mio avviso, corretto. Da qui il mio coraggio oggi di porre ancora una volta il libro nelle mani dei lettori" ("Saggio introduttivo alla nuova edizione 2000", in "Introduzione al cristianesimo", ed. cit., p. 24).
Insomma, conclude Radaelli, la teologia che Ratzinger ha sempre professato e che si ritrova in tutti i suoi scritti, anche in quelli firmati come Benedetto XVI (i tre libri su "Gesù di Nazaret" e sedici volumi di "Insegnamenti") non è sostanzialmente diversa da quella della "Einführung", ed è una teologia di stampa immanentistico, nella quale tutti i termini tradizionali del dogma cattolico restano linguisticamente inalterati ma la loro comprensione è cambiata: messi da parte, perché ritenuti oggi incomprensibili, gli schemi concettuali propri della Scrittura, dei Padri e del Magistero (che presuppongono quella che Bergson chiamava "la metafisica spontanea dell’intelletto umano"), i dogmi della fede sono re-interpretati con gli schemi concettuali propri del soggettivismo moderno (dal trascendentale di Kant all’idealismo dialettico di Hegel). A farne le spese – osserva giustamente Radaelli – è soprattutto la nozione di base del cristianesimo, quella di fede nella rivelazione dei misteri soprannaturali da parte di Dio, ossia la "fides qua creditur". Questa nozione risulta irrimediabilmente deformata, nella teologia di Ratzinger, dall’adozione dello schema kantiano dell’impossibilità di una conoscenza metafisica di Dio, con il conseguente ricorso ai "postulati della ragione pratica", il che comporta la negazione delle premesse razionali della fede e la sostituzione delle “ragioni per credere”, che costituivano l’argomento classico dell’apologetica dopo il Vaticano I (Réginald Garrigou-Lagrange) con la sola “volontà di credere”, che fu teorizzata dalla filosofia della religione di stampo pragmatistico (William James). Ratzinger ha sempre sostenuto, anche nei discorsi più recenti, che l’atto di fede del cristiano ha come suo specifico oggetto, non i misteri rivelati da Cristo ma la persona stessa di Cristo, conosciuto nella Scrittura e nella liturgia della Chiesa. Ma è una conoscenza incerta e contraddittoria, troppo debole per resistere alla critica del pensiero contemporaneo. Sicché la teologia di oggi, secondo Ratzinger, non riesce a parlare della fede se non in termini ambigui e contraddittori:
"Il problema di sapere esattamente quale sia il contenuto e il significato della fede cristiana è oggi avvolto da un nebuloso alone di incertezza come mai forse prima nella storia" ("Introduzione al cristianesimo", Prefazione alla prima edizione, trad. it. cit., p. 25).
In effetti, la teologia di oggi è costretta ad ammettere che, nell’animo del credente, all’atto di fede (voluto anche se infondato) è sempre associato il dubbio. Ciò avviene perché ormai il fondamento dell’atto di fede non è più, come insegnava il Vaticano I, "l’autorità di Dio, che non può ingannarsi né ingannare gli uomini", ma è l’uomo stesso, il quale ha voluto costruirsi un’idea di Dio che soddisfi le proprie esigenze spirituali. Ma questa idea di Dio, che l’uomo religioso di oggi ha forgiato a propria immagine e somiglianza, è inevitabilmente incerta e problematica, e il teologo ne avverte la radicale incompatibilità con la cultura contemporanea:
"Chi tenta di diffondere la fede in mezzo agli uomini che si trovano a vivere e a pensare nell’oggi può realmente avere l’impressione di essere un pagliaccio, oppure addirittura un resuscitato da un vetusto sarcofago. […] Constaterà la condizione di insicurezza in cui versa la sua propria fede, la potenza quasi inarginabile dell’incredulità che si oppone alla sua buona volontà di credere. […] Sul credente pesa la minaccia dell’incertezza. […] Il credente può vivere la sua fede unicamente e sempre librandosi sull’oceano del nulla, della tentazione e del dubbio, trovandosi assegnato il mare dell’incertezza come unico luogo possibile della sua fede" ("Introduzione al cristianesimo", Prefazione alla prima edizione, trad. it. cit., pp. 34-37).
Radaelli mostra come le medesime espressioni si ritrovino nella pubblicistica del cardinale gesuita Carlo Maria Martini, arcivescovo di Milano, il quale andava ripetendo: "Ciascuno di noi ha in sé un credente e un non credente, che si interrogano a vicenda". Io aggiungerei che sono le medesime espressioni alle quali fa ricorso Gianni Vattimo, teorizzando il credere del cristiano come facente parte del suo "pensiero debole". Ma è proprio questa nozione sostanzialmente scettica della fede nella Rivelazione ciò che, secondo Ratzinger, consente alla teologia un proficuo confronto con la filosofia e con la scienza di oggi, concedendo esplicitamente ad esse il presupposto epistemologico dell’impossibilità della conoscenza razionale di Dio e della legge morale naturale. In effetti, se nemmeno il credente ha la certezza dell’esistenza di Dio e della sua presenza visibile in Cristo, nel dialogo della Chiesa con il mondo moderno bisogna parlare di Dio come di un’ipotesi: un’ipotesi che Kant riteneva necessaria per fondare la pietà religiosa, ma non un’evidenza della ragione naturale in base alla quale è ragionevole credere alla parola di Cristo, rivelatore del Padre. E così mi spiego come Ratzinger, nel suo encomiabile impegno di dialogo pastorale con la cultura secolaristica, abbia chiesto agli interlocutori di progettare una morale pubblica basata sull’ipotesi dell’esistenza di Dio (cfr Jürgen Habermas e Joseph Ratzinger, "Ragione e fede in dialogo", trad. it. a cura di G. Bosetti, Marsilio, Venezia 2005). Così argomentava il prefetto della Congregazione per la dottrina della fede alla vigilia della sua elevazione al soglio pontificio:
"Dovremmo allora capovolgere l’assioma degli illuministi e dire: anche chi non riesce a trovare la via dell’accettazione di Dio dovrebbe comunque cercare di vivere e indirizzare la sua vita 'veluti si Deus daretur', come se Dio ci fosse. Questo è il consiglio che già Pascal dava agli amici non credenti; è il consiglio che vorremmo dare anche oggi ai nostri amici che non credono. Così nessuno viene limitato nella sua libertà, ma tutte le nostre cose trovano un sostegno e un criterio di cui hanno urgentemente bisogno" ("L’Europa nella crisi delle culture", conferenza tenuta la sera di venerdì 1 aprile 2005 a Subiaco, al Monastero di Santa Scolastica, in occasione del Premio San Benedetto "per la promozione della vita e della famiglia in Europa").
Io ho letto con particolare attenzione le pagine del libro di Radaelli nelle quali questo concetto di “fede debole” è adeguatamente documentato. Esso investe una problematica filosofico-teologica che, per la sua importanza dal punto di vista pastorale, da sempre sta al centro dei miei interessi di studio (cfr Antonio Livi, "Razionalità della fede nella Rivelazione. Un’analisi filosofica alla luce della logica aletica", Leonardo da Vinci, Roma 2005; "Logica della testimonianza. Quando credere è ragionevole", Lateran University Press, Città del Vaticano 2007; "Filosofia del senso comune. Logica della scienza e della fede", Leonardo da Vinci, Roma 2010; "Quale pretesa di verità può essere riconosciuta alle dimostrazioni filosofiche dell’esistenza di Dio", in "L’esistenza di Dio. Un’innegabile verità del senso comune che dalla formalizzazione metafisica può ricevere piena giustificazione dialettica", a cura di F. Renzi, Leonardo da Vinci, Roma 2016, pp. 19-36). Le analisi di Radaelli sui testi di Ratzinger mi hanno fatto comprendere perché questo grande teologo abbia accettato come inevitabile, al giorno d’oggi, l’interpretazione fideistica del cristianesimo e abbia squalificato come inutile "apologetica neoscolastica" il ritorno alla dottrina classica dei "praeambula fidei", che è certamente di Tomaso d’Aquino ma è stata anche recepita nei documenti dogmatici del Concilio di Trento e del Concilio Vaticano I. La ragione sta nel fatto che fin dagli inizi, cioè fin dalla "Einführung", Ratzinger partecipava a quell’efficientissima operazione culturale che Cornelio Fabro definì come "avventura della teologia progressista" e che non ha come unico protagonista Karl Rahner. Si suol dare troppo importanza al dissidio dottrinale tra Ratzinger e Rahner, in seguito al quale il primo lasciò la redazione di "Concilium" e si unì ai collaboratori di "Communio". La verità è che il dissidio era solo sulla metodologia dialettica e non sui contenuti di fondo della "svolta antropologica" che entrambi intendevano imprimere alla teologica cattolica in vista di una radicale riforma della Chiesa. Per convincersene basterà rileggere quanto Ratzinger scrive a proposito della sua iniziale collaborazione con il collega gesuita durante i lavori del concilio ecumenico:
"Lavorando insieme con lui, mi resi conto che Rahner e io, benché ci trovassimo d’accordo su molti punti e in molte aspirazioni, dal punto di vista teologico vivevamo su due pianeti diversi. Anch’egli, come me, era impegnato a favore di una riforma liturgica, di una nuova collocazione dell’esegesi nella Chiesa e nella teologia e di molte altre cose, ma le sue motivazioni erano parecchio diverse dalle mie. La sua teologia – malgrado le letture patristiche dei suoi primi anni – era totalmente caratterizzata dalla tradizione della scolastica suareziana e dalla sua nuova versione alla luce dell’idealismo tedesco e di Heidegger. Era una teologia speculativa e filosofica, in cui, alla fin fine, la Scrittura e i Padri non avevano poi una parte tanto importante, in cui, soprattutto, la dimensione storica era di scarsa importanza. Io, al contrario, proprio per la mia formazione ero stato segnato soprattutto dalla Scrittura e dai Padri, da un pensiero essenzialmente storico" (Josef Ratzinger, "La mia vita. Autobiografia", Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2005, p. 123).
Questa mia digressione mi consente di tornare ad affermare che la tematica affrontata nel saggio di Radaelli e l’acume critico con cui essa è trattata rendono un grande servizio alla comprensione di ciò che sta avvenendo nella Chiesa dagli anni Sessanta del Novecento fino a oggi. Sono eventi che io ho spesso sintetizzato parlando di “eresia al potere”. Mi esprimo in termini che possono sembrare semplicistici o esagerati e invece sono pienamente giustificati dai fatti. La realtà è che la teologia neomodernista, con la sua evidente deriva ereticale, ha assunto gradualmente un ruolo egemonico nella Chiesa (nei seminari, negli atenei pontifici, nelle commissioni dottrinali delle conferenze episcopali, nei dicasteri della santa Sede), e da queste posizioni di potere ha influito sulle tematiche e sul linguaggio nelle diverse espressioni del magistero ecclesiastico, e di questo influsso hanno risentito (in grado diverso, naturalmente) tutti i documenti del Vaticano II e molti insegnamenti dei papi del post-concilio (cfr Antonio Livi, "Come la teologia neomodernista è passata dal rifiuto del Magistero ancora dogmatico all’esaltazione di un Magistero volutamente ambiguo", in "Teologia e Magistero, oggi", Leonardo da Vinci, Roma 2017, pp. 59-86). I papi di questo periodo sono stati tutti condizionati, chi per un verso chi per un altro, da questa egemonia, che proprio Joseph Ratzinger designò, poco prima della sua elezione al soglio pontificio, come "dittatura del relativismo". Paolo VI ha certamente presieduto e diretto sapientemente il Concilio dopo la morte di Giovanni XXIII, e di lui vanno ricordati alcuni interventi provvidenziali, quali la redazione della "Nota explicativa praevia" apposta alla costituzione dogmatica "Lumen gentium", nonché l’esclusione del tema del celibato sacerdotale e della contraccezione dal dibattito in aula (temi successivamente affrontati nelle encicliche "Sacerdotalis coelibatus" e "Humanae vitae"), ma allo stesso tempo ha avvalorato l’interpretazione del Concilio come una "svolta antropologica" dell’ecclesiologia, come l’istanza suprema di un riconoscimento dei valori umanistici della modernità, sulla base di una comune "religione dell’uomo". Giovanni Paolo II ebbe certamente il coraggio di condannare le deviazioni teologiche in campo morale (cfr l’enciclica "Veritatis splendor") e riprese l’insegnamento del Vaticano I contro il fideismo (cfr l’enciclica "Fides et ratio"), ma permise a Karl Rahner di consolidare la sua egemonia sugli studi ecclesiastici e onorò pubblicamente sia lui (con una lettera di encomio per i suoi ottant’anni) sia altri importanti esponenti della teologia progressista (nominando cardinali Henri de Lubac e Hans Urs von Balthasar). Allo stesso tempo si dimostrava sordo agli appelli di molti autorevoli rappresentanti dell’episcopato mondiale che gli chiedevano di contrastare efficacemente la deriva ereticale del movimento ecumenico e dei rapporti con gli ebrei (cfr Mario Oliveri, "Un Vescovo scrive alla Santa Sede sui pericoli pastorali del relativismo dogmatico", Leonardo da Vinci, Roma 2017). Del papa attuale non occorre parlare. Bastano peraltro le puntualissime citazioni che di lui riporta Radaelli in questo suo utilissimo libro.

Ratzinger rehabilita a Müller. Pero también el Papa emérito es acusado de herejía

Settimo Cielodi Sandro Magister

Ratzinger rehabilita a Müller. Pero también el Papa emérito es acusado de herejía





Libro
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"Has defendido las claras tradiciones de la fe, pero en el espíritu del Papa Francisco has intentado también comprender cómo pueden ser vividas hoy".
Es éste el elogio que el "Papa emérito" Benedicto XVI dirige al cardenal Gerhard L. Müller, en el prólogo del volumen publicado en Alemania en ocasión de los 70 años del cardenal y de los 40 de su ordenación sacerdotal.
El 1 de julio pasado el Papa Francisco destituyó bruscamente a Müller de su cargo de prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, después de haber demostrado en más de una ocasión que no le gustaba su vigilancia sobre la integridad doctrinal de su ministerio.
Pero no por eso tienes que rendirte, le escribe ahora Joseph Ratzinger. Porque, aunque no tenga un cargo concreto, "un sacerdote y, ciertamente, un obispo y un cardenal, nunca está simplemente retirado". Más bien lo contrario, "podrás seguir sirviendo a la fe públicamente en el futuro", sobre todo en estos "tiempos confusos que vivimos". Servicio que, efectivamente, Müller ya está realizando.
Ratzinger reconoce el justo papel que su amigo cardenal ha desarrollado como prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, es decir, conjugando la competencia teológica con la "sabiduría" de quien "tiene bien a la vista toda la vida" de la Iglesia.
A este respecto, observa:
"Pienso, por ejemplo, que en la reforma litúrgica algunas cosas habrían sido distintas si la última palabra no hubiera sido dejada a los expertos, sino que hubiera habido además sabiduría en el momento de  juzgar".
Se podrían citar aquí algunos pasajes significativos del "saludo" que Benedicto XVI dirige al amigo cardenal en el libro que le ha sido dedicado. Pero todo el texto merece ser leído.
El originale en alemán puede leerse en esta otra página de Settimo Cielo:
A continuación la traducción en lengua española.
Se observará que Ratzinger dedica amplio espacio también a su trabajo de teólogo, y cita autores como Karl Rahner y Bernard Häring, sobre los que -como también sobre él mismo- se han formado enteras generaciones de teólogos y pastores.
Sin embargo, curiosamente, la publicación de estos recuerdos suyos en el libro en honor del cardenal Müller ha coincidido con un ataque teológico frontal, de una dureza sin precedentes, precisamente contra Ratzinger como teólogo.
Por parte de quien y por qué, lo explicamos al final de este post, tras el elogio de Ratzinger a Müller.
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UN PALABRA DE SALUDO
por el Papa emérito Benedicto XVI
¡Eminencia! ¡Querido hermano!
Se acerca tu 70 cumpleaños y aunque ya no puedo escribir un verdadera y propia contribución científica para el libro que se dedica en tu honor en esta ocasión, me gustaría participar con una palabra de saludo y de gratitud.
Han pasado 22 años desde que me regalaste, en marzo de 1995, tu "Katholische Dogmatik für Studium und Praxis der Theologie". Fue para mí una señal alentadora, que indicaba que también en la generación de los teólogos postconciliares había pensadores que tenían el valor de luchar por la integralidad, representando la fe de la Iglesia como unidad y totalidad. Si bien es cierto que una investigación detallada es importante, no menos importante es que la fe de la Iglesia aparezca en su unidad interna, completa, y que por lo tanto sea visible también toda la sencillez de la fe, a pesar de las complejas reflexiones teológicas. Porque la sensación que la Iglesia nos impone un paquete de cosas incomprensible, que interesan sólo a los especialistas, es un enorme obstáculo al "sí" a Dios que nos habla en Jesucristo. En mi opinión, uno se convierte en un gran teólogo, no cuando se ocupa de detalles refinados e intrincados, sino cuando es capaz de representar la unidad y sencillez final de la fe.
Tu "Dogmatik" en un único volumen me tocó también por una razón autobiográfica. Karl Rahner había presentado en el primer volumen de sus escritos un proyecto para una estructura renovada de la dogmática que había elaborado con Hans Urs von Balthasar. Naturalmente, esto había suscitado en todos nosotros una gran sed de ver este esquema completado y elaborado. El deseo que surgía por todas partes de una dogmática Rahner-Balthasar se unió, además, a una operación editorial. En los años cincuenta, Erich Wewel había convencido al padre Bernard Häring que escribiera un texto de teología moral en un único volumen, que se convirtió en un gran éxito cuando fue publicado; tras lo cual, a este competente editor se le ocurrió la idea que algo así debía llevarse a cabo en el campo de la dogmática, y que una obra completa escrita por la misma mano correspondía a una necesidad real. Obviamente, se dirigió a Karl Rahner y le pidió que escribiera este libro. Pero Rahner tenía tantos compromisos en ese momento que no pudo liberarse para una empresa tan grande. Extrañamente el editor se dirigió a mí, que estaba al principio de mi recorrido y enseñaba teología dogmática y fundamental en Frisinga. Pero, por desgracia, también yo, aunque estaba al inicio de mi camino, estaba ocupado con muchas actividades y no me sentí capaz de escribir dicha obra en un tiempo que fuera aceptable. Por ello pregunté si podía implicar a un co-autor, un amigo mío, el padre Alois Grillmeier. Colaboré en el proyecto en la medida de lo posible y me reuní en varias ocasiones con el padre Grillmeier para amplias consultas. Pero el Concilio Vaticano II ocupaba, en ese momento, todas mis fuerzas e impuso un profundo replanteamiento de toda la presentación de la doctrina tradicional de la Iglesia. Cuando en 1977 fui nombrado arzobispo de Múnich y Frisinga, estaba claro que no podía dedicarme a ese trabajo. Pero cuando en 1995 llegó a mis manos tu libro, vi de repente, en un trabajo realizado por un teólogo de la generación siguiente, lo que yo había querido hacer, pero no había podido.
Pude conocerte personalmente cuando la conferencia episcopal alemana te propuso como miembro de la comisión teológica internacional, en la que destacaste de manera particular por tu gran competencia y tu total fidelidad a la fe de la Iglesia. Cuando en 2012 el cardenal Levada, por razones de edad, dimitió de su cargo como prefecto de la congregación para la doctrina de la fe se te consideró, tras hacer todas las valoraciones, como el obispo más idóneo para asumir esta tarea.
Cuando yo asumí este cargo en 1981, el arzobispo Hamer –entonces secretario de la congregación para la doctrina de la fe– me explicó que el prefecto no debía ser necesariamente un teólogo, sino un hombre sabio que, al estar por encima de las cuestiones teológicas, no formulara juicios propios de  un especialista, sino que debía más bien comprender qué había que hacer por la Iglesia en un momento determinado. La competencia teológica debía tenerla el secretario, el que dirige la "consulta", la asamblea de teólogos expertos que, juntos, dan un juicio científico correcto. Pero como en la política, la decisión final no pueden tomarla los expertos, sino los sabios que, además de tener familiaridad con el lado técnico, conocen toda la vida de una gran comunidad. Durante mis años de oficio intenté responder a este estándar. Si lo conseguí, es algo que otros deberán juzgar.
En los confusos tiempos que ahora vivimos, la convivencia entre el conocimiento técnico y la sabiduría sobre lo que, en última instancia, es decisivo me parece particularmente importante. Pienso, por ejemplo, que en la reforma litúrgica algunas cosas hubieran sido distintas si no se hubiera dejado la última palabra a los expertos, sino que hubiera habido más sabiduría al juzgar, lo que hubiera reconocido los límites del simple hombre de estudios.
Durante tus años romanos, te has comprometido siempre a trabajar no sólo como estudioso, sino como sabio, como padre en la Iglesia. Has defendido las claras tradiciones de la fe, pero en el espíritu del Papa Francisco has intentado también comprender cómo pueden ser vividas hoy.
El Papa Pablo VI quiso que los más altos cargos de la curia -los de prefecto y secretario- fueran asignados, siempre, sólo durante cinco años, con el fin de proteger la libertad del Papa y la movilidad del trabajo curial. Tu mandato quinquenal para la congregación de la fe ha llegado a término, por lo que ahora no tienes un cargo específico; pero un sacerdote y, ciertamente, un obispo y un cardenal, nunca está simplemente retirado. Por este motivo, podrás seguir sirviendo a la fe públicamente en el futuro, basándote en tu inspiración interior, tu misión sacerdotal y tu carisma teológico. Estamos todos contentos porque con tu gran responsabilidad interior y el don de la Palabra que te ha sido concedido, seguirás estando presente en la lucha de nuestro tiempo por la correcta comprensión del ser hombre y del ser cristiano. Que el Señor te ayude en esto.
Por último, quiere expresarte un agradecimiento muy personal. Como obispo de Ratisbona has fundado el "Institut Papst Benedikt XVI” que, guiado por uno de tus alumnos, lleva a cabo un trabajo verdaderamente excepcional para mantener mi trabajo teológico disponible al publico en su totalidad. El Señor te recompensará por tu esfuerzo.
Ciudad del Vaticano, Monasterio "Mater Ecclesiae",
en la fiesta de San Ignacio de Loyola 2017
Tuyo, Benedicto XVI
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El ataque de estos días a Ratzinger como teólogo lo podemos leer en un libro apenas publicado y cuyo autor es Enrico Maria Radaelli, conocido como el más fiel discípulo de Romano Amerio (1905-1997), el filósofo suizo que, en 1985, publicó en "Iota Unum" la acusación más estructurada y argumentada contra la Iglesia católica de la segunda mitad del siglo XIX, por haber subvertido los fundamentos de la doctrina en nombre del subjetivismo moderno.
El libro de Radaelli lleva por título: "Al cuore di Ratzinger. Al cuore del mondo" y ha sido publicado "pro manuscripto" por Aurea Domus, la editorial propiedad del autor, y a la que se puede pedir el libro via e-mail, o adquiriéndolo en algunas librerías de Roma y Milán.
Lo que ha llevado a Radaelli a tomar la decisión de acusar la teología de Ratzinger de ser subversiva ha sido la lectura y el análisis de su obra teológica más conocida y leída: la "Introducción al cristianismo", que fue publicada por primera vez en 1968 y que, hasta ahora, ha tenido múltiples reediciones y ha sido traducida a numerosos idiomas.
Ahora bien, lo que más asombro causa es que Radaelli no se ha visto solo en la labor de demoler el planteamiento teológico de Ratzinger; de hecho, ha recibido inmediato apoyo de un teólogo y filósofo de los más condecorados, monseñor Antonio Livi, decano emérito de la facultad de filosofía de la Pontificia Universidad Lateranense, académico pontificio y presidente de la International Science and Commonsense Association.
De hecho, también Livi sostiene que Ratzinger y su teología han contribuido poderosamente a la subida al poder, es decir, a un papel cada vez más hegemónico en los seminarios, ateneos pontificios, comisiones doctrinales, dicasterios de la curia y en los grados más altos de la jerarquía hasta llegar al papado, de lo que él llama "la teología modernista con su evidente deriva herética".
No es necesario resumir aquí los argumentos expuestos por Radaelli en su crítica contra Ratzinger como teólogo y, después, Papa. Basta leer la clarísima presentación que de ellos hace Livi en esta otra página de Settimo Cielo:
De esto se deduce que Francisco no es el único Papa que es, hoy en día, objeto de una "correctio" por herejía, porque tampoco su predecesor "emérito" está exento.
Ambos, Radaelli y Livi, están entre los primeros signatarios de la "correctio" dirigida al Papa Francisco el verano pasado. Y ahora también de esta contra Benedicto XVI.
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Mientras tanto, la interminable controversia sobre la aplicación de "Amoris laetitia", en favor o contra la comunión a los divorciados que se han vuelto a caer y conviven "more uxorio", se enriquece a partir de hoy, 2 de enero, con una nueva intervención pública, obra de tres obispos:

> Professione delle verità immutabili riguardo al matrimonio sacramentale
Como ya se intuye por el título, es una intervención firmemente contraria a cualquier cambio de la doctrina y de la disciplina de la Iglesia de siempre.
La firman tres obispos de Kazajistán:
- Tomash Peta, arzobispo metropolitano de la archidiócesis de María Santísima en Astaná;
- Jan Pawel Lenga, arzobispo-obispo emérito de Karaganda;
- Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la archidiócesis de María Santísima en Astaná.