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2 de julio de 2017

Un Rey en el «gallinero» A Don Juan Carlos se le ofreció seguir la ceremonia desde la tribuna de invitados, y prefirió no asistir

Un Rey en el «gallinero»

A Don Juan Carlos se le ofreció seguir la ceremonia desde la tribuna de invitados, y prefirió no asistir
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El protocolo militar se adaptó sin problemas a la presencia de dos Reyes-Capitanes Generales en la Escuela Naval Militar de Marín hace justo un mes
El protocolo militar se adaptó sin problemas a la presencia de dos Reyes-Capitanes Generales en la Escuela Naval Militar de Marín hace justo un mes - EFE

El problema estalló el miércoles de la peor forma posible. Don Felipe y Don Juan Carlos transmitieron una imagen de enfrentamiento que no se corresponde con la realidad, y la Corona se presentó ante la opinión pública como una institución sometida al protocolo por encima del sentido común, algo que tampoco es cierto. A la Casa del Rey le llovió un chorreo de críticas por no haber evitado un problema previsible, pero que encerraba más dificultades de las que han transcendido.
La noticia era que el Rey que trajo la democracia a España, el Rey que se despojó de sus poderes para devolver la soberanía al pueblo, había sido excluido de la celebración del 40 aniversario de las primeras elecciones. España celebraba por todo lo alto el momento estelar del reinado de Don Juan Carlos, pero sin Don Juan Carlos, que a sus 79 años seguía los acontecimientos decepcionado desde el Palacio de La Zarzuela.
La celebración de esa efeméride se había torcido desde el principio. El primer error fue fijar la moción de censura para el 13 de junio, lo que impidió que el aniversario de las elecciones se celebrara el día 15, que era exactamente la fecha histórica. Por eso, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, tuvo que aplazarlo y la Casa del Rey eligió el 28. En ese momento, Zarzuela pidió a Don Juan Carlos y a Doña Sofía que reservaran esa fecha, y así lo hicieron.
En el funeral de la Infanta Alicia en mayo de este año se dispuso un sitio de honor para Don Juan Carlos y Doña Sofía diferente al de los Reyes
En el funeral de la Infanta Alicia en mayo de este año se dispuso un sitio de honor para Don Juan Carlos y Doña Sofía diferente al de los Reyes- EFE
Después había que elegir el formato del acto y, en un principio, se pensó en celebrar una sencilla ceremonia en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso, a la que estaba previsto que asistieran los Reyes y los padres del Rey. Sin embargo, la ocasión histórica requería algo más solemne y finalmente se optó por copiar el formato del 30 aniversario, con discursos del Rey y del presidente del Congreso.
Fue entonces cuando se comunicó a Don Juan Carlos que el acto se celebraría en el hemiciclo. Ello implicaba alguna dificultad protocolaria, pero no insalvable, porque iban a coincidir dos Reyes en las Cortes, algo muy excepcional. La última vez que ocurrió algo parecido fue hace más de un siglo, el 17 de mayo de 1902, cuando coincidieron en el Hemiciclo del Congreso la Reina Regente María Cristina y su hijo Alfonso XIII, que estrenaba su reinado.

El «Palco Real»

Cuando Don Juan Carlos fue informado del nuevo formato del acto, él mismo rechazó asistir porque, dijo, no quería seguir la ceremonia desde «el gallinero». Con esta expresión, se refería a los asientos de la tribuna de invitados del Congreso de los Diputados en cuyo espacio central, tras el reloj, se suele habilitar el Palco Real. Desde allí, Doña Sofía siguió la proclamación de Don Felipe. Sin embargo, nunca se ha visto allí sentado a un Rey. De hecho, hace tres años, cuando aún no se sabía si Don Juan Carlos asistiría o no a la proclamación de su hijo, la propia Zarzuela aseguró que la tribuna de invitados no era un lugar adecuado para el Rey Don Juan Carlos.
Tampoco Don Juan de Borbón ocupó esta tribuna cuando asistió a la jura de la Constitución por parte del Príncipe de Asturias. En aquella ocasión, el Conde de Barcelona siguió la ceremonia desde la tarima presidencial, a la derecha de los Reyes, junto a las Infantas Doña Elena y Doña Cristina. Aunque Don Juan sí contempló desde la tribuna la sanción de la Constitución en 1978.
Los dos Reyes, en la aniversario de la UE, en el Salón de Columnas del Palacio Real
Los dos Reyes, en la aniversario de la UE, en el Salón de Columnas del Palacio Real- EFE
Nunca se ha visto a un Rey en el «gallinero» del Congreso de los Diputados
Con la respuesta del «gallinero» se interpretó que Don Juan Carlos no quería asistir al aniversario de las elecciones. Se hizo extensivo el criterio que Don Juan Carlos utilizó hace tres años, cuando decidió voluntariamente no acudir a la proclamación de su hijo para no restarle protagonismo. Y el problema fue que nadie trató de hacerle ver que la ceremonia del pasado miércoles no podía celebrarse sin su presencia porque lo previsible era que ocurriera lo que acabó pasando.
La cuestión del protocolo la habría resuelto con mano izquierda la Casa del Rey, una institución experta en esos menesteres y consciente de que el protocolo nunca debe ser un problema, sino una solución. De hecho, así se ha venido haciendo durante los tres últimos años en las ceremonias en las que los dos Reyes han coincidido en el Palacio Real, en el del Pardo o en el Monasterio de El Escorial. También en la Escuela Naval Militar de Maríncoincidieron dos Reyes-Capitanes Generales de los Ejércitos el pasado 2 de junio, y el protocolo militar se supo adaptar a las circunstancias.
Pero llegó el miércoles, ocurrió lo previsible y se puso de manifiesto la necesidad de normalizar la presencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía en la vida pública, así como su lugar protocolario, que debe estar siempre a la altura de lo que representan. Una cuestión difícil de abordar porque aún pesan las circunstancias que llevaron a Don Felipe a marcar diferencias con el reinado anterior. Ello le corresponderá al nuevo Rey y a su mano derecha, Jaime Alfonsín, que ante unas dificultades sin precedentes han sido capaces de recuperar la popularidad de la Corona a unos niveles cercanos a los de los mejores tiempos.
Don Felipe preside desde una pequeña tarima la parada naval junto a Don Juan Carlos el mes pasado
Don Felipe preside desde una pequeña tarima la parada naval junto a Don Juan Carlos el mes pasado- EFE
No obstante, el clamor que ha estallado esta semana, primero en la sede de la representación de la soberanía nacional y después en los medios de comunicación y en la opinión pública, es un indicio de que los logros institucionales de Don Juan Carlos están haciendo olvidar sus errores personales. Algo que también era previsible que ocurriera, tarde o temprano.

28 de junio de 2017

El Rey: «Ningún camino puede conducir a la ruptura de la convivencia»

El Rey: «Ningún camino puede conducir a la rupturade la convivencia»

Las Cortes ovacionan a Don Felipe con un aplauso de más de dos minutos de duración y «vivas» al Rey, a España y a la democracia

El Rey: «Ningún camino debe llevar a dividir a los españoles»
 - Actualizado: Guardado en: España

El Rey ha afirmado este miércoles ante las Cortes que «ningún camino que se emprenda en nuestra democracia puede −ni debe− conducir a la ruptura de la convivencia» y «menos aún, a un camino que divida a los españoles o quiebre el espíritu fraternal que nos une». Don Felipe ha hecho esta advertencia en el acto conmemorativo de las primeras elecciones democráticas que se ha celebrado en el Congreso de los Diputados, donde ha sido interrumpido con aplausos media docena de veces y, al terminar, su discurso recibió una ovación que se prolongó durante más de dos minutos.
Ante parlamentarios de la Transición y de los tiempos actuales, el Rey ha afirmado que «la convivencia tiene su mayor garantía y su mejor protección en las normas que la amparan», y ha añadido que «el respeto a esas normas, en democracia, no es una amenaza o una advertencia para los ciudadanos, sino una defensa de sus derechos». Además, ha llamado a «encauzar los antagonismos y resolver los desacuerdos y las diferencias mediante el diálogo, mediante el debate» y «dentro de la ley». Fuera de la ley, advirtió, «solo hay arbitrariedad, imposición, inseguridad y, en último extremo, la negación misma de la libertad», porque «la libertad sigue siempre la misma suerte que las leyes: reina y perece con ellas».
Los Reyes han sido recibidos este miércoles en el Congreso de los Diputados con un larguísimo aplauso y vivas al Rey, a España y a la democracia. Todos los parlamentarios se pusieron de pie para dar la bienvenida a Don Felipe y Doña Letizia, aunque algunos no aplaudieron, como los de Podemos, que portaban claveles rojos. También los nacionalistas aprovecharon el momento para mostrar papeles con urnas.
Tras las palabras de la presidenta de la Cámara Baja, Ana Pastor, que fue interrumpida con aplausos cuando recordó al Rey Don Juan Carlos, Don Felipe tomó la palabra. También el Rey comenzó con una alusión a su padre. «A él, junto a toda aquella generación que abrió el camino de nuestra democracia, quiero ofrecerles hoy y aquí el testimonio más profundo de nuestra gratitud, homenaje y admiración».
Durante su intervención, Don Felipe recordó cómo, a lo largo de la historia, «los españoles se oían, pero no se escuchaban; se veían, pero no se miraban; se hablaban, pero no se entendían y menos aún se respetaban». Explicó cómo las sucesivas Constituciones no fueron capaces «de garantizar la estabilidad política, el progreso social y económico ni la convivencia en paz y libertad que los españoles anhelaban». «Fue una época convulsa e incierta, en la que se sucedían los pronunciamientos y los golpes de estado, las guerras y la violencia. Se derribaba una y otra vez todo lo que antes se había construido», manifestó. Recordó aquellos tiempos en los que «el adversario político era un enemigo al que había que excluir de la vida pública, y no un rival».
Por ello, añadió, «los diputados y senadores elegidos en las elecciones del 15 de junio tenían ante sí una responsabilidad histórica: dar la respuesta política a nuestros errores del pasado y superar las diferencias entre los españoles, convencidos de que la Guerra Civil y la dictadura eran, como se afirmó entonces en estas Cámaras, una inmensa tragedia sobre la que no cabía fundar el porvenir de España». Aunque en el Congreso llamó la atención que el Rey utilizara la palabra «dictadura» para referirse al franquismo, no es la primera vez que lo ha hecho.
El Rey afirmó que los protagonistas de la Transición «cumplieron con su deber» a pesar de la incertidumbre política; de la difícil situación económica, «por encima también de incomprensiones e ingratitudes» y «a pesar del terrible dolor que causaba el terrorismo». «Si hoy la democracia y la libertad son una evidencia, se lo debemos a ellos. Porque entonces, hay que recordarlo, no lo eran», afirmó.
A pesar de los «errores y equivocaciones» que pudieron cometerse en la Transición, Don Felipe afirmó que «los españoles podemos sentirnos orgullosos de lo que hemos construido juntos en estas cuatro décadas» y subrayó que todo ellos «es el resultado del sacrificio y esfuerzo del pueblo español, de millones de españoles. Y constituye un extraordinario patrimonio moral y material que no debemos silenciar ni ignorar, que no podemos dividir, ni mucho menos destruir».
Al acto conmemorativo del 40 aniversario de las primeras elecciones, además de los diputados y senadores y actuales, asistieron algunos de los protagonistas de la Transición o sus descendientes. Además de los ex presidentes Felipe González y José María Aznar, estaban los hijos de Torcuato Fernández-Miranda, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Dolores Ibarruri, Nicolás Redondo y Marcelino Camacho, la viuda de Leopoldo Calvo-Sotelo y un nieto de Manuel Fraga, entre otros. Don Felipe y Doña Letizia -vestida con un espectacular vestido rojo- también impusieron las medallas a los parlamentarios constituyentes e inauguraron una exposición sobre las primeras elecciones de la democracia.

5 de mayo de 2014

Adolfo Suárez urdió la transición en una sastrería

Adolfo Suárez urdió la transición en una sastrería

Día 30/03/2014 - 17.09h

En el probador de Pajares, su sastre, el presidente se reunía con Mario Armero, enlace de Carrillo

La moda le jugó una mala pasada Adolfo Suárez durante su presidencia a mediados de los años 70. El carismático político, que entendía que sus estilismos eran de vital importancia para consolidar su imagen como presidente de la Transición, se apuntó a una moda importada de Italia: la de dejar el primer botón de las mangas de la chaqueta desabrochado. Cuando decimos «se apuntó», queremos decir que «le apuntó» su sastre de cabeceraAntonio Pajares.
Pajares elaboraba trajes a medida en su selecta sastrería de la calle Eduardo Dato de Madrid. Por sus puertas pasaban tanto hombres de poder como dandis de la época. Acudía a él casi todo el consejo de ministros, desde Fernando Suárez hasta Ignacio Camuñas, Jesús de Polanco, presidente del grupo Prisa y el actorArturo Fernández. Fue a finales de los 60 cuando adoptó esta curiosa tendencia en moda masculina, que era clásica en el famoso sastre italiano Domenico Caraceni, que tenía talleres en Roma y en Milán. «No abrochar jamás el primer botón de las mangas de las chaquetas», dictaba Pajares a sus clientes, explicando que era el nuevo súmmum de la elegancia masculina.
Más que elegancia masculina, lo que indicaba era que el traje estaba hecho a medida. Solo las chaquetas a medida permiten desabrochar los botones de las mangas, ya que las que vienen «de serie» no tienen los ojales abiertos. En el caso de las chaquetas de prêt-à-porter, los botones estaban cosidos sobre la manga y los ojales estaban puestos a modo de trampantojo; así, en el caso de tener que acortar la manga se podía hacer sin más, descosiendo y volviendo a coser los botones.
Pero en una España donde muy poca gente entendía de moda, y aún menos podía permitirse un traje a medida, en vez de interpretar el toque de estilismo como algo elegante y exclusivo se interpretó como una dejadez. ¿Y lo peor? Acabó pagando por ello su querida esposa,Amparo Illana. La mujer del presidente recibía en La Moncloa decenas de cartas de amas de casa españolas indignadas, que consideraban que no atendía debidamente a su marido, porque no le cosía los botones de las chaquetas.
Mal podían imaginarse estas abnegadas amas de casa que era lo último en moda importado desde Italia. A falta de Twitter, de Instagram o de una página de Facebook oficial, fue el mismo Pajares el que finalmente tuvo que hacer declaraciones a la prensa, explicando que no le faltaban botones a las chaquetas del presidente, para tranquilizar a las amas de casa en pie de guerra sartorial.
Para los que dudaban que la moda y la política van de la mano, cuentan que cuando Adolfo Suárez necesitó del silencio, la discreción y el anonimato para reunirse con Mario Armero, enlace de Carrillo, que se hallaba en Francia, no encontró mejor lugar para hacerlo que elprobador de arriba de la exclusiva sastrería de Madrid de Antonio Pajares. Lo demás es ya historia.

4 de mayo de 2012

El día en que quisieron fusilar a Gutiérrez Mellado


ESPAÑA

El día en que quisieron fusilar a Gutiérrez Mellado

En el centenario de su nacimiento, ABC rescata las actas del juicio al que le sometieron las autoridades republicanas durante la Guerra Civil

Día 30/04/2012 - 12.25h
El 13 de febrero de 1937 la ofensiva nacional sobre Madridalcanzaba su punto álgido. Franco se encuentra exultante por la profundidad del avance de sus sesenta mil soldados sobre el río Jaramay lo que suponía debía ser una victoria inminente. La capital siente la amenaza por poder quedar aislada en cualquier momento y el temor a la quinta columna es más profundo que nunca.
En esas circunstancias, un joven teniente de Artillería, que años después pasaría a la historia como figura clave de la transición española por su actuación durante el 23-F, se enfrenta al juicio de su vida. A la hora convenida, las 11 de la mañana, el Juzgado de Urgencia número 1 de Madrid da comienzo a las vistas para analizar los cargos de «desafección» a la República que se han presentado contra Gutiérrez Mellado.
ABC rescata este domingo el expediente del juicio que la República realizó a Gutiérrez Mellado. La documentación revela cómo el padre de Gregorio Peces Barba, entonces fiscal. ayudó a su absolución. Gracias a la intervención de los familiares de Gutiérrez Mellado, se sustituyó al primer fiscal y a un jurado por magistrados más afines pero evitar su condena. Gutiérrez Mellado fabricó una coartada y en vez de huir a zona nacional optó por entregarse a las milicias y asumir las consecuencias.

2 de abril de 2012

La hoz, el martillo y los sables

EL SÁBADO SANTO ROJO

La hoz, el martillo y los sables

El Sábado Santo de 1977 culminó una de las operaciones más delicadas de la Transición

Los comunistas dejaron de ser clandestinos y Adolfo Suárez desató las iras de parte de la cúpula de las Fuerzas Armadas

Tres generales, entre ellos dos jefes de servicio secreto, y el entonces ministro de Gobernación, Martín Villa, revelan a EL PAÍS las claves de la histórica legalización del PCE

De izquierda a derecha, el coronel Fernándo Puell y los generales Javier Calderón, Ángel de Lossada y Andrés Cassinello. / GORKA LEJARCEGI
El presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, convocó el 8 de septiembre de 1976 una reunión con los Consejos Superiores de los tres ejércitos (Tierra, Aire y Marina). Un cónclave insólito y nunca más repetido. Hacía solo un par de meses que el Rey le había encargado la formación del segundo Gobierno de su reinado y a la par el desmontaje de las viejas estructuras franquistas. Suárez, con poco más de 40 años, salido de las filas del antiguo régimen, era consciente de la trascendencia de aquella reunión con decenas de generales y almirantes. Él quería exponerles las líneas maestras de la reforma política que tenía en mente y obtener el respaldo de la cúpula militar para esa delicada misión. No en vano, el Ejército, la Iglesia y la oligarquía habían sido los pilares en los que se había apoyado la dictadura de Franco a lo largo de tres decenios. Durante esa asamblea, a lo largo de tres horas, Suárez desplegó todos sus encantos para convencer a su auditorio. En ningún momento hizo referencia al PCE, un partido que entonces estaba fuera de la ley. Al terminar su exposición, mientras los asistentes tomaban un vino español, el jefe del Gobierno se acercó a un corrillo y uno de los generales le preguntó por la espinosa cuestión de la legalización del partido comunista. El presidente comentó que el partido liderado por Santiago Carrillo no sería legalizado, aunque lo hizo sin aclarar que no lo sería mientras tuviera los estatutos que tenía ese momento. La ambigüedad logró su propósito. Los altos mandos salieron encantados. Hasta tal punto que Mateo Prada Canillas, capitán general de Burgos, proclamó a voz en grito: “¡Presidente, viva la madre que te parió!”.
Lo que todavía hoy causa extrañeza es que seis días después se distribuyera desde el Ministerio del Ejército una nota a las guarniciones de Madrid en la que se expresaba la “profunda y unánime repulsa del Ejército” ante la posible legalización del PCE. Otra nota difundida cuatro días más tarde en los acuartelamientos anulaba la anterior, que atribuía a una “inadmisible ligereza”, aunque mantenía que el tema de los comunistas había producido “una repulsa general en todas las unidades”. Semejante episodio era un botón de muestra de la sensibilidad a flor de piel que había en los más poderosos estamentos castrenses en relación de los comunistas. Suárez debería medir al milímetro sus pasos si no quería enfurecer a la clase militar.
Siete meses después de aquella advertencia.
General Lossada: "Oí cómo el vicepresidente informaba a los ministros militares de la próxima legalización del PCE"
“Señoras y señores: hace un momento, fuentes autorizadas del Ministerio de la Gobernación han confirmado que el Partido Comunista de España ha quedado legalizado e inscrito en el Registro de Asociaciones Políticas”. El periodista Alejo García fue el primero en lanzar al aire, a través de Radio Nacional de España, la noticia de la legalización del PCE. Fue a media tarde del 9 de abril de 1977, Sábado Santo. Media España estaba de vacaciones y la otra media en las tradicionales procesiones. Ese día se convirtió en elSábado Santo rojo.
La próxima semana se cumplirá el 35º aniversario de ese hecho histórico que removió los cimientos de buena parte del estamento militar de más alta graduación. Estos consideraban que la decisión del Gobierno de Adolfo Suárez era un insulto para quienes a las órdenes de Franco habían vencido en la Guerra Civil sobre las llamadas hordas marxistas.
Martín Villa: "Yo mandé inscribir al PCE en el Registro de Asociaciones, pero se me olvidó firmar la orden. Lo hice en 1984"
Todo el mundo creyó entonces, y sigue creyendo hoy, que la elección de esa fecha peculiar fue una jugada maestra del presidente Suárez con la intención de sorprender a los militares franquistas más recalcitrantes. “A mí eso me hace gracia. No fue una cosa milimétricamente calculada. Sucedió así por pura casualidad. Fue una coincidencia”, afirma hoy Rodolfo Martín Villa, entonces ministro de la Gobernación. Y este revela, divertido, un detalle inédito: “Yo ordené la inscripción del PCE en el Registro de Asociaciones Políticas, pero se me olvidó firmar la resolución. La firmé en 1984 delante del ministro [socialista] José Barrionuevo, cuando solicité una copia de ese documento para incluirla en un libro que yo estaba escribiendo. En ese instante me di cuenta de que no lo había rubricado en su momento”.
Pese a ese olvido, la decisión de legalizar a los comunistas fue un proceso cuidadosamente cocinado durante meses. Sobre todo, porque el jefe del Gobierno era consciente de que podía levantar ronchas entre los escalones más poderosos de las Fuerzas Armadas. Consciente del riesgo que eso entrañaba en los albores de la Transición, Suárez empezó a diseñar la operación en 1976 con ayuda del general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente para Asuntos de la Defensa. Era como una delicada intervención quirúrgica en la que el cirujano tenía que manejar el escalpelo con gran precisión.
EL PAÍS ha reunido a los generales Andrés Cassinello, Javier Calderón y Ángel de Lossada, junto con el coronel Fernando Puell y el comandante Miguel Silva para diseccionar aquel hito de la historia. El exministro Martín Villa completa, además el testimonio directo de los militares.
Tras el incidente ocurrido tras la famosa reunión de la cúpula de los tres ejércitos con Suárez, éste no se amilanó. Siguió con su hoja de ruta encaminada a llevar a España hacia la normalización democrática.
Pese a la ebullición innegable que había entre los miembros más altos del escalafón de los uniformados, el 27 de febrero de 1977 se produjo una reunión secreta entre el jefe de Gobierno y el secretario general del PCE, Santiago Carrillo. Al término de la misma, este aceptó la monarquía, la bandera bicolor y una declaración solemne a favor de la unidad nacional. Con eso, quedaban aparentemente solventados los escollos más escarpados ante el futuro reconocimiento legal del partido. Eso allanaba la vía para la normalización democrática.
Un mes más tarde, Suárez encargó al entonces teniente coronel Cassinello, jefe del Servicio de Documentación (SECED), un informe sobre las ventajas e inconvenientes de la hipotética legalización del PCE. Cassinello, responsable del servicio de espionaje, despachaba a diario con el presidente. “Los servicios de Información de los tres ejércitos habían hecho otro informe en el que manifestaban que desde el empleo de teniente coronel para arriba había una opinión contraria a la legalización”, recuerda Cassinello. “En mi informe, de 10 folios, hay solo medio folio exponiendo los motivos que desaconsejaban la legalización. Yo creía que era bueno legalizar al PCE porque, además de que así se le desmitificaba, siempre resultaría más fácil vigilar a un partido legal que a un ilegal”, explica ahora Cassinello. No obstante, él admitía en su escrito que esa decisión podía causar cierto “revuelo” entre los militares que consideraban que los comunistas eran los enemigos derrotados en la Guerra Civil.
En el complejo —y discreto— proceso intervino la Sala de lo Contencioso del Supremo, que el 1 de abril de 1977 se declaró incompetente para decidir acerca de la legalización o no del partido liderado por Carrillo. “Nosotros creíamos que el Supremo resolvería la cuestión, pero en lugar de eso dictaminó que se trataba de un tema político y que, como tal, correspondía al Ejecutivo, al que devolvió así lapatata caliente”, rememora Martín Villa.
Por esos mismos días, el subsecretario de Educación, Sebastián Martín Retortillo, convocó un almuerzo al que asistieron su ministro, Aurelio Menéndez, y el ministro de Gobernación, Martín Villa, junto con el magistrado Jerónimo Arozamena. Durante el amigable encuentro, salió a colación el asunto del PCE y Arozamena comentó que de la propia sentencia del Tribunal Supremo se deducía la solución al problema: encargar un dictamen a la Fiscalía del Reino. Dicho y hecho. En plena Semana Santa, esta no tardó nada en decir que no había ningún motivo para negar la inscripción del PCE en el registro de Asociaciones Políticas.
Ya antes del pronunciamiento de la Fiscalía, el presidente Suárez consideraba que la situación estaba encarrilada. Por eso, el Lunes Santo, 4 de abril de 1977, convocó a sus vicepresidentes Alfonso Osorio y Manuel Gutiérrez Mellado, junto con Martín Villa, Landelino Lavilla (titular de Justicia) e Ignacio García López (ministro secretario general del Movimiento). Osorio fue el único del grupo que se resistió a la legalización del PCE.
Veinticuatro horas después, sonó el teléfono en el despacho del vicepresidente. Era el teléfono que solo utilizaba para hablar con el Rey o con el presidente Suárez. “Yo, que estaba destinado en el gabinete del vicepresidente Gutiérrez Mellado, hice ademán de retirarme, pero él me hizo señas para que no me marchara”, rememora el entonces teniente coronel Angel de Lossada y Aymerych (hoy general jubilado). “Después escuché cómo el vicepresidente llamaba a los ministros del Aire, de Tierra y de la Marina para comunicarles que el presidente del Gobierno le había anunciado la próxima legalización del partido comunista y que el propio presidente le había dicho que estaría disponible todo el día en su despacho por si alguno de ellos quería comentarle algo al respecto”, agrega Lossada. Ninguno de los ministros habló ni ese día ni los siguientes con el jefe del Gobierno.
“Yo despaché con el Rey ese martes o tal vez el miércoles —no lo recuerdo— para hablar de este asunto por orden de Adolfo Suárez”, dice Martín Villa, quien inmediatamente después se fue unos días de vacaciones a una finca de un amigo en Badajoz. Ese Miércoles Santo, Gutiérrez Mellado se marchó de vacaciones a Canarias. Eso indica que la legalización del PCE estaba bajo control del Gobierno, pese a ser un asunto delicado teniendo en cuenta que el dictador Francisco Franco llevaba muerto tan solo un año y medio. ¿Cómo, si no fuera así, se explica que el vicepresidente del Asuntos de la Defensa y el responsable del orden público se ausentaran en vísperas de un acontecimiento del tal magnitud?
El Sábado Santo, tras el dictamen de la Fiscalía del Reino que daba luz verde a la legalización, Martín Villa fue recogido en Badajoz por un helicóptero que le trasladó a Madrid. Citó en su despacho al general Sabino Fernández Campo, a la sazón subsecretario del Ministerio de Información y Turismo, para pedirle que dispusiera lo necesario para dar a conocer la noticia a la opinión pública. Fernández Campo, que era eldueño de Televisión Española y Radio Nacional, hizo notar al ministro la convulsión que eso podía producir en el mundo castrense, recordándole que en septiembre de 1976 se habían enviado circulares a las unidades militares dando cuenta del “compromiso” de Suárez de no legalizar al PCE.
Martín Villa se marchó a otro despacho y regresó al poco, tras conversar telefónicamente con Suárez, para decirle que “no se preocupara” por los militares. “Le hice notar, además, que yo no estaba hablando con el Sabino militar que era él, sino con el subsecretario de Información, que en ese momento era su cargo”, recalca Martín Villa.
El notición lo divulgó la agencia Europa Press, pero quien lo difundió a los cuatro vientos fue Radio Nacional en la voz de Alejo García. ElSábado Santo Rojo fue de absoluta normalidad. “En la ciudadanía era un tema asumido. No había peligro de represalias contra los comunistas”, dice el extitular de Gobernación. En el mundo militar tampoco hubo entonces el menor movimiento contrario a la decisión del Gobierno.
Sin embargo, el 11 de abril, lunes de Pascua, el caso estalló como si se tratara de una bomba con espoleta retardada. El ministro de Marina, el almirante Gabriel Pita da Veiga, presentó su dimisión alegando que estaba en desacuerdo con la legalización de los comunistas, de la que se había enterado por los medios de comunicación. “Eso era mentira. Yo mismo escuché el Martes Santo cómo le informaba de ello el vicepresidente Gutiérrez Mellado”, proclama el general Lossada. Todo induce a pensar que Pita da Veiga renunció al cargo ante las presiones de los altos mandos de la Armada. Su postura no fue secundada ni por el ministro del Aire, Carlos Franco Iribarnegaray, ni por el del Ejército, Félix Alvarez-Arenas Pacheco. La aparente sublevación militar obligó a Gutiérrez Mellado a interrumpir sus vacaciones en Canarias para regresar precipitadamente a la capital de España.
El terremoto de la legalización del PCE no produjo entonces mayores convulsiones. Pero hay quienes creen que las llamaradas de aquelincendio no se apagaron en la Semana Santa de 1977, sino que se propagaron hasta varios años después. Hay militares como el general Sabino Fernández Campo, que el 23-F era secretario general de la Casa del Rey, que creen que esta asonada golpista tuvo relación con el “engaño” de Suárez a la cúpula castrense al prometerle que el comunismo no sería legalizado.
“El supuesto engaño de Suárez y Gutiérrez Mellado era algo que estaba muy instalado entre los militares y fue el pretexto de algunas cosas que sucedieron después. Durante muchos años se vendió esa historia del engaño para justificar posturas ultras de algunos militares”, dice el hoy general retirado Javier Calderón, exjefe del Cesid (el servicio de espionaje anterior al actual CNI).
El 15 de junio de 1977, Suárez obtuvo el respaldo de los españoles en las primeras elecciones democráticas celebradas en España desde la Guerra Civil. Logró 166 escaños del Congreso; el PSOE consiguió 118 y el PCE 19. Quedó instalada la normalidad democrática.

El general cumple 100 años

El general Manuel Gutiérrez Mellado fue una figura clave en la Transición debido a su labor como modernizador de las Fuerzas Armadas, según el coronel Fernando Puell de la Villa, autor de la biografía Gutiérrez Mellado, un militar del siglo XX. Puell destaca que apartó a los militares de la contienda política.La imagen de Gutiérrez Mellado —muerto en accidente de tráfico en Torremocha del Campo (Guadalajara) en 1995— se convirtió en un icono durante el golpe del 23-F.
La escena de ese casi septuagenario resistiendo la acometida de unos guardias civiles que intentaban derribarle ha quedado grabada a fuego en la memoria de los españoles. “Todavía me indigno y me avergüenzo del zarandeo sufrido por el general”, confiesa Andrés Cassinello. Pese a eso, muchos compañeros de armas no le tuvieron la misma consideración e, incluso, se referían a él de forma despectiva llamándole El Guti. Gutiérrez Mellado nació en Madrid el 30 de abril de 1912. Es decir, está a punto de cumplirse el centenario de su nacimiento. Esta efeméride, según los generales Cassinello, Javier Calderón y Ángel Lossada, además del biógrafo Puell y el comandante Silva, debería servir para hacer institucionalmente una serie de actos en su memoria. “Apoyó decididamente al presidente Suárez y eso le granjeó muchos enemigos”, declara Calderón. “Casi todo lo que se hizo en las Fuerzas Armadas se debió a su impulso reformador”, remacha Silva.