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6 de diciembre de 2016
IDEAS - La yihad que violenta las calles de media Europa
La
yihad que violenta las calles de media Europa
Los disturbios callejeros y el terrorismo islamista
son fenómenos muy diferentes, pero hay que reforzar la vigilancia ante la
posibilidad de que se retroalimenten
BERNARD GODARd EL PAIS

Afiche del colectivo francés Demasiado Joven Para Morir que llama a
dejar las armas. BORIS HORVAT
¿El yihadismo puede acabar engendrando
violencia urbana o, al contrario, la violencia urbana puede desembocar en el
yihadismo? Y paralelamente, ¿podemos pensar que ciertas formas nuevas de
yihadismo constituyen en sí mismas violencia urbana?
Desde que Abu Mohamed al Adnani, el número dos del ISIS, muerto en septiembre de 2016, proclamó: “Aplastadle la cabeza [al enemigo
occidental] a pedradas, matadlo con un cuchillo, atropelladlo con vuestro
coche, arrojadlo al vacío, asfixiadlo o envenenadlo”, la tesis del lobo
solitario está totalmente acreditada. Estamos ante todo lo contrario de un acto
terrorista convencional. Sabemos que a Al Qaeda nunca le gustaron los aficionados, ni los tibios, y que jamás pensó en utilizar a los
combatientes que habían ido a Afganistán dispuestos a luchar. A los aspirantes
a terroristas los escogían en función de su competencia en el manejo de
explosivos o porque poseían suficiente sangre fría para llevar a cabo su
misión.
Los comandos de noviembre de 2015 en París o los de meses después en Bruselas no correspondían a ese perfil. Sembrar el
terror en las ciudades europeas como sea, incluso reivindicando actos cometidos
por desequilibrados, indica el salto a una lógica diferente. ¿Podemos, pues,
asociarlos a una violencia urbana?
Las violencias urbanas son lo contrario del
acto terrorista, porque su intención es ser colectivas, abiertamente contra las
fuerzas del orden. El motín urbano comienza a partir de una chispa, de un flashpoint; en Francia, por ejemplo, en los últimos años, tras la
muerte de algún joven en operaciones policiales. Durante los disturbios de 2005 en las barriadas del norte de París, hubo quien quiso atribuir el aumento de la
violencia a los islamistas; las investigaciones demostraron que no era cierto.
Volvió a suceder más tarde, en agosto de 2011, en Bristol y Leicester: la misma
situación y las mismas conclusiones.
Pero eso no prueba en absoluto que sea
imposible la confluencia entre el compromiso yihadista y la violencia urbana.
No debemos olvidar que, en un momento dado, los grupos salafistas violentos han
podido intentar provocar a las fuerzas del orden u oponerse con violencia a
otros grupos. Se vio en Colonia, en octubre de 2014, cuando los miembros del grupo de extrema
derecha Hogesa (el acrónimo en alemán de “hooligans contra los salafistas”)
emprendieron una batalla callejera contra estos últimos. Ya años antes, varios
grupos salafistas británicos —como Sharia for UK—, belgas — como Sharia
for Belgium— y franceses —como Forsane Alizza— habían emprendido una campaña de
provocaciones.
El líder salafista inglés Anjem Choudary, famoso por
sus declaraciones extremistas, intentó movilizar a las masas. Y no es
extraño que muchos de los miembros de estos grupos, a continuación, se incorporasen a la yihad en Siria.Tal vez, entre los actos aislados de los
psicópatas —como el asesino del camión de Niza en julio de 2016—, los enfrentamientos entre kurdos y
salafistas en Hamburgo y los choques entre militantes de la Liga Inglesa de
Defensa (EDL en sus siglas en inglés) y miembros de Sharia for UK en Londres,
haya que esperar una llamarada de violencia en las grandes ciudades europeas.
Todo es posible, pero lo más importante es
que, ante el órdago del ISIS para movilizar a los jóvenes musulmanes
occidentales contra sus Gobiernos, y mientras se mantenga la presión actual
sobre sus últimos bastiones, Raqqa y Mosul, debemos reforzar la vigilancia.
Bernard
Godard fue
hasta 2014 experto en Islam de la policía francesa. Es autor de ‘La cuestión
musulmana en Francia’ (2015). Traducción de María
Luisa Rodríguez Tapia.
Etiquetas:
Editoriales,
IDEAS,
Violencia,
YIHAD
9 de agosto de 2016
Islam, violencia, terrorismo
Islam, violencia, terrorismo
Jorge Soley, el 5.08.16 a las 5:02 PM
Las palabras del Papa sobre el terrorismo islámico en el avión de regreso de la JMJ, unas declaraciones que expresan sus opiniones personales sobre un tema complejo y que no suponen ninguna enseñanza magisterial, han llamado la atención de muchos.
En primer lugar llama la atención el esfuerzo, mejor o peor fundado, del Papa por no agravar la delicada situación que vivimos, por rebajar la tensión, por intentar no quebrar aún más el precario equilibrio en que se debate el mundo. La aportación del Papa en favor de la paz es pues meritoria y de gran importancia.
Pero también llama poderosamente la atención la equiparación que hace entre “violencia islámica” y “violencia católica". En sus propias palabras: “todos los días cuando leo los diarios, veo violencia, aquí en Italia, alguien que mata a la novia, otro que mata a la suegra. Y estos son católicos bautizados, son católicos violentos”. Y añadió que si habla “de violencia islámica, debo hablar de violencia católica y no, los islámicos no todos son violentos, no todos los católicos son violentos”.
Una de las trampas retóricas que se utiliza, por ejemplo, en los debates políticos estomar un concepto del adversario y cambiarle el sentido para así poder ridiculizarlo y dejarlo en evidencia. Suele ser bastante eficaz… pero no deja de ser una trampa. Algo similar ocurre en esta equiparación: nadie emplea el término “violencia islámica” en el sentido de “actos violentos perpetrados por musulmanes"; el término se usa para significar “actos violentos motivados por lo que enseña el Islam” (el Corán, sus suras, los hadiths…).
Así, cuando por ejemplo un musulmán iraquí asesina a su vecino por una cuestión de lindes de tierras, o por cualquier otra disputa vecinal, no sería lícito hablar de violencia musulmana. En cambio sí sería “violencia islámica” en el caso de que ese musulmán asesinara a su hermano porque éste abandona el Islam para hacerse cristiano, algo penado con la muerte en el Islam (Joseph Fadelle explica su propio caso en el imprescindible “El precio a pagar").
Cuando un católico mata a su suegra, no está actuando movido por un mandato que aparece en el Evangelio o en el Magisterio, por lo que no cabe aquí hablar de “violencia cristiana” motivada por lo que enseña la Iglesia. Esta distinción, “violencia perpetrada por un cristiano/musulmán/budista…” o “violencia movida por lo que enseña una religión", es evidente y se aplica siempre. Por ello, equiparar al católico que mata a su novia o a su suegra, con el musulmán que siguiendo lo que enseña el Corán mata a un infiel (y nadie, ni los musulmanes más moderados, puede negar ni niega las suras del Corán que mandan actuar con violencia), es una comparación con trampa, pues se presentan como equivalentes situaciones diferentes.
El Papa añadió que “no es justo identificar al islam con la violencia. No es justo ni es verdad. He tenido un diálogo largo con el gran imán de la universidad Al Azhar, Sé cómo piensan ellos, buscan la paz, el encuentro”.
Es cierto que no todos los musulmanes son violentos, salta a la vista, pero también es verdad que el Corán está lleno de mandatos para extender la Umma a través de la violencia. Su historia, desde el minuto cero hasta la actualidad, lo confirma. No dudo de que sea bienintencionado, pero no es justo ni es verdad negar esta realidad. En cuanto a las conversaciones del Papa con el gran imán de la universidad Al Azhar, que no dudo de que serán muy interesantes, es conveniente hacer dos precisiones. En primer lugar, no estamos ante un “Papa musulmán", como a muchos católicos y quizás al mismo Papa le pueda parecer, sino a uno más de los centenares de intérpretes musulmanes, con una autoridad ciertamente limitada y para nada universalmente reconocida dentro del fragmentado mundo del Islam. Por otra parte, es bueno recordar la existencia de la taqiyya, la autorización para mentir y disimular, que aunque está más extendida en el chiísmo, está presente también en la tradición suní.
Dice el Papa que sabe cómo piensan los supuestos líderes musulmanes. Sin embargo, la inmensa mayoría de quienes conviven con musulmanes en países de mayoría musulmana (elemento clave, pues como me explicó hace ya años el obispo de Addis Abbeba, mientras los musulmanes son minoría son muy tratables, el problema es cuando alcanzan cierto volumen que consideran suficiente para imponer la sharia, la ley islámica, algo que todo buen musulmán anhela en buena lógica) tienen otra visión. Desde el padre Samir Khalil Samir S.J., uno de los islamólogos más reconocidos, hasta el Patriarca sirio Ignacio José III Younan, quien acaba de declarar que lo que está ocurriendo en Europa, incluyendo el martirio del Padre Hamel, es Yihad, pasando por los numerosísimos pronunciamientos en este sentido por parte de los obispos de Oriente Medio. El último, monseñor Yousif Mirkis, arzobispo católico caldeo de Kirkuk, que ha declarado que “el Padre Jacques Hamel es un mártir y ha sido asesinado por ser cristiano y del mismo modo con el que los islamistas matan desde hace décadas a los cristianos en Oriente Medio”. Nada que ver con el asesinato de la suegra.
Por último, señaló el Papa que el terrorismo “está en todos lados”, y crece “cuando no hay otra opción, cuando al centro de la economía mundial está el dinero y no la persona, el hombre y la mujer, esto ya es el primer terrorismo”. El terrorismo no es un concepto vago que se pueda aplicar a cualquier cosa, sino que tiene unos límites bien delimitados. Si poner el afán de más dinero en el centro de la economía mundial es terrorismo, entonces el término terrorismo ya no significa nada, o significa todo, lo que viene a ser lo mismo. Es posible que a muchos no les importe y consideren el uso preciso de las palabras una manía de pesados aguafiestas, pero cuando las palabras ya no significan nada, la verdad pierde sentido y son los hombres quienes quedan indefensos ante las mayores vejaciones. La historia de los totalitarismos del siglo XX, tan dispuestos siempre a cambiar el sentido de las palabras, debería habernos dejado bien clara esta lección.
Postdata 1: No he asistido a la JMJ de Cracovia por motivos obvios. Sí han ido tres de mis hijos y numerosos amigos. Lo que me explican es que el ambiente de oración fue notable: exposición del Santísimo, jóvenes rezando de rodillas en todo el recinto, rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia con el Papa, diversas capillas pequeñas de adoración… También, como no podía ser de otra forma cuando el Papa ejerce como Papa, el Papa Francisco estuvo muy acertado en todo lo que le dijo a los jóvenes.
Postdata 2: Leo que Bat Ye’or, la gran historiadora judía, ha declarado que:
“Yo, judía, debo reconocer que cuando los cristianos cometen masacres, no es a imitación de Jesucristo, mientras que cuando los musulmanes degüellan a un infiel, es a menudo según el modelo de Mahoma“.
Postdata 3: Cuando ya casi había dado por terminada esta entrada, un amigo me señala lo que el director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en Francia, Marc Fromager, profundo conocedor sobre el terreno de la realidad del Islam, ha escrito acerca de los comentarios aéreos del Papa:
“Cuando evoca diversos hechos aparecidos en los diarios italianos para explicar que no hay ninguna correlación entre Islam y violencia, confieso que no lo comprendo muy bien. ¡Cuando un italiano asesina a su suegra no es porque sea católico! Al cometer ese acto, no está aplicando la doctrina de la Iglesia y aún menos el mensaje del Evangelio. Recuerdo que el mismo Cristo llegó a curar a la suegra del primer Papa.Una vez más, se entiende bien y uno aprueba totalmente el deseo del Papa de rebajar la tensión generada actualmente por el Islam, pero al mismo tiempo creo que uno puede estar en su derecho de expresar ciertas reservas en cuanto a la pertinencia de su demostración.¿En qué medida, al poner en el mismo plano Islam y cristianismo y al no hacer del Islam radical una especificidad propia al Islam, el Papa puede dar la impresión de un cierto olvido a los cristianos de Oriente perseguidos en nombre del islamismo?Yo viajo regularmente a Oriente Medio y he podido visitar todos los países excepto el Yemen. Los cristianos de Oriente me dicen que no entiende nada. Tienen a menudo la impresión de ser abandonados, también por sus hermanos cristianos de Occidente. Saben que han sido vendidos por 30 barriles de petróleo por las autoridades políticas de Occidente. No se esperaban ser igualmente olvidados por sus propios hermanos… Los cristianos de Oriente están inquietos por nosotros, tienen la impresión de que no entendemos lo que nos va a llegar - piensan que vamos a pasar por lo que ya experimentan ellos - y lamentan cada vez más la negación de la realidad en la que parece que queremos persistir.Ellos conocen bien el Islam por haber convivido con él desde hace catorce siglos. Saben muy bien que, en ningún caso, se pueden equiparar el Islam y el cristianismo“.
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