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20 de mayo de 2018
PERISCOPIO 19/05/2018 NACHO ALDAY - CENTROAFRICA
PERISCOPIO
19/05/2018
NACHO ALDAY
CENTROAFRICA
Militares y mercenarios rusos llegan a la República
Centroafricana para vender armas y formar al ejército nacional compitiendo en
esto último con la Unión Europea. Su presencia puede desestabilizar este
conflicto mutante en el corazón del continente, la guerra más olvidada del
mundo.
El Kremlin ha puesto en marcha su primera misión africana con
botas sobre el terreno vendiendo armas cortas y munición, además del envío de
170 instructores militares.
Desde Rusia llegaron 900 pistolas Makarov, 5.200 Kalashnikov,
840 ametralladoras, 140 rifles de francotirador y 270 lanzagranadas. Fuentes
humanitarias aseguran que Rusia prepara la venta de material pesado estacionado
al otro lado de la frontera con Sudán, donde se llevarán a cabo los
entrenamientos para capacitar a los centroafricanos en su uso.
La inteligencia europea apunta que la localización de los
puestos militares rusos coincide con varias minas de diamantes. Estas
concesiones han sido otorgadas a Moscú a cambio de esa ayuda militar. Con esa
estrategia Putin consigue una presencia armada en el corazón de África y
suculentos contratos de explotación de recursos naturales.
Militares portugueses indican que la presencia rusa conlleva la
mayor implicación estadounidense, cuyas fuerzas permanecen en hibernación.
Sudán y Chad ya están presentes en la guerra civil desde el principio con sus
mercenarios Seleka. El próximo episodio de la nueva guerra fría será en las
selvas africanas.
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10 de mayo de 2018
ANALYSIS: The War With Iran is Just Getting Started
ANALYSIS: The War With Iran is Just Getting Started
Thursday, May 10, 2018 | Yochanan Visser
Iran overnight finally launched its long-anticipated retaliatory attack on Israel after a series of IAF strikes on Iranian targets in Syria over the past three months.
At 12:15 AM, the "Code Red" alert went off in scores of Israeli communities on the Golan Heights, forcing residents into their bomb shelters.
Shortly afterwards, Iran launched 30 missiles at Israel, and at least one of them was aimed at the city of Safed in the northern Galilee. That missile (most likely an upgraded Scud) was subsequently intercepted by the Patriot anti-missile system.
This reporter witnessed first-hand how the Iron Dome anti-missile shield downed four Fajr or Grad missiles in the skies above the Golan Heights, and how Israeli fighter jets continuously took off for four hours during an extensive offensive against Iran in Syria.
On the Iranian side, the first direct confrontation with the Israeli military was overseen by Qassem Soleimani, the commander of the Quds Force of the Iranian Revolutionary Guards Corps, who has overseen virtually every major battle in Iraq and Syria over the past four years.
“It was ordered and commanded by Qassem Soleimani and it has not achieved its purpose,” IDF spokesman Lieutenant-General Jonathan Conricus told reporters, referring to the third Iranian attempt to strike targets in Israel.
The other two attempts took place on Febr. 10 when a large Iranian attack drone attempted to strike the Israeli city of Bet Shean in the northern Jordan Valley, and on April 19 when Iran reportedly deployed three attack drones which took off from the al-Kiswah base near Damascus which was attacked by the IAF on Wednesday night.
Prime Minister Benyamin Netanyahu who arrived in Israel after a short trip to Moscow reportedly got a green light of Russian President Vladimir Putin to launch the massive counter-attack against Iran in Syria.
Russia is able to shoot down virtually every plane departing from bases north of the Negev desert in Israel by using the S-300 anti-aircraft missile system. But it didn't.
The four-hour Israeli offensive in Syria set back the Iranian military built up in the country by many months, according to the IDF. A military spokesman reported more than 50 airstrikes on Iranian targets in Syria, according to Israeli TV Channel 10.
The Israeli army also released an animated video showing an Iranian Ouragon multi-barrel launcher near the al-Kiswah base, which was destroyed before it could launch its missiles on Israel.
Another IDF spokesman, Brigadier General Ronen Manelis, told Channel 10 that the IAF strikes destroyed Iranian intelligence facilities, logistic headquarters, observation posts, weapon storage facilities and the Ouragon launcher near al-Kiswah.
Manelis warned that the fighting with Iran is not yet over, and that the Israeli army is prepared for "any scenario." That could allude to fears that Iran might activate its military arm in Lebanon: the Hezbollah terrorist organization. Hezbollah has at its disposal more than 130,000 missiles that can now reach every part of Israel.
Up untill now, Hezbollah has not participated in the hostilities against Israel, despite reports of intensive IAF activity in Lebanese airspace and a claim that the IAF hit a Hezbollah position near the Israeli-Syrian border last night.
As I wrote on Wednesday, Iran is careful not to engage Israel in all-out war and has always used disruptive and asymmetric warfare since its devastating war with Iraq in the 1980s. Iran knows that it is the weaker party when it comes to conventional warfare.
This doesn’t mean, however, that Iran will now be deterred from continuing its military build-up in Syria.
The IRGC in Syria is constantly flying in new advanced weaponry, such as the Fateh 313 short-range ballistic missile and the Fateh 110 guided missile with an upgraded range of 300 km.
Israel is, therefore, expected to continue its preemptive strikes against Iranian targets in Syria, and is prepared to absorb Iranian missiles "raining on the north, while causing a flood in Iran" in response, as Defense Minister Liberman put it after the dramatic events early Thursday morning.
8 de diciembre de 2017
ANÁLISIS Trump, nuevo profeta en Israel
ANÁLISIS
Trump,
nuevo profeta en Israel
La relación entre EE UU e Israel se había
deteriorado durante el final del mandato de Obama

Un grupo de
palestinos quema fotos de Netanyahu y Trump, este jueves en Gaza. KHALIL HAMRA AP
“Acabaremos echando de menos a Obama. Al
menos era un tipo previsible”, reconocían algunos analistas de la prensa
israelí a comienzos de año, al hilo del cambio de guardia al frente de la Casa Blanca. Especialmente durante su primer mandato,
el demócrata fue uno de los presidentes estadounidenses más populares a escala
mundial. Excepto en Israel, donde acabó demonizado ante la opinión pública por
su proyección hacía el mundo musulmán, plasmada en el discurso de El Cairo de 2009 en el que intentó poner fin al
antagonismo entre el islam y Occidente. Poco contribuyó a la mejora de su
imagen la fría relación con Benjamín Netanyahu: el primer ministro israelí le
responsabilizó de la congelación de la expansión de los asentamientos, una
decisión que para los sectores nacionalistas preponderantes en el Estado judío
equivale a un anatema.
Donald Trump, bien al contrario, no va a
hallar otro lugar mejor que Israel para encontrar reconocimiento tras haber declarado Jerusalén como capital de Israel. Escasamente apreciado en ultramar —el
alcalde de Londres, Sadiq Khan, ha instado al Gobierno británico a no invitarle a una visita oficial—, el 45º presidente fue recibido en mayo en el aeropuerto de Tel Aviv con la alfombra roja de amo del
mundo.
Es cierto que, a finales de 2016, pocos
meses antes de abandonar la Casa Blanca, Obama confirmó el programa de rearme
de Israel por un monto de 38.000 millones de dólares durante una década. Pero
cuando solo quedaban unas semanas para que traspasara el poder a Trump, propició
un voto de condena del Estado hebreo en el Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas. Su decisión de no vetar por primera vez en toda su presidencia una resolución contra la expansión de
las colonias judías en Jerusalén Este y Cisjordania sonó a revancha de
despedida a los desplantes de Netanyahu. El jefe del Gobierno israelí había
osado desafiarle un año antes desde la tribuna del Congreso, sin acudir siquiera
a saludarle a su paso por Washington, para torpedear el acuerdo nuclear con
Irán.
“El presidente Trump ha quedado inscrito en
los anales de nuestra capital para la eternidad”, proclamaba ayer con
arrobamiento el primer ministro israelí en una conferencia diplomática. “Su
nombre quedará grabado junto al de otros en nuestra gloriosa historia”. Aludía
sin duda al presidente Harry Truman, que en 1948 reconoció al recién nacido
Estado de Israel; a John F. Kennedy, que sentó las bases para la superioridad
militar hebrea en Oriente Próximo, incluso a Richard Nixon, que ordenó un
puente aéreo con armas y municiones cuando las tropas egipcias avanzaban por el
Sinaí y las sirias irrumpían en el Golán en la guerra del Yom Kipur (1973). A este grupo de
presidentes justos quedará incorporado Trump, frente a
la distancia histórica —rayana con el olvido— en la que ha quedado Obama en
Israel. Va de la mano de Jimmy Carter y de George Bush padre. Precisamente los
mandatarios que sentaron a los líderes del Estado judío a la mesa de
negociación con los países árabes.
FE DE ERRORES
La guerra de Yom Kipur fue en 1973, y no en
1974 como afirmaba una versión anterior de este análisis.
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Trump
5 de diciembre de 2017
La última tentación de Trump: incendiar el statu quo en Tierra Santa
ANÁLISIS
La
última tentación de Trump: incendiar el statu quo en Tierra Santa
El amago del presidente de EE UU de reconocer a
Jerusalén como capital israelí agita el mundo islámico

Judíos
ultraortodoxos pasean ante la Ciudad Vieja de Jerusalén. En vídeo,
declaraciones de Jared Kushner, asesor de Trump, y del delegado en EE UU de la
OLP. THOMAS COEX (AFP) / VÍDEO: REUTERS-QUALITY
Es mejor dejarlo estar. Al menos en la tres
veces milenaria Ciudad Santa, donde aún subsisten componendas de la era de
Saladino y los cruzados, saltarse el statu quo puede acarrear funestas
consecuencias. Donald Trump prometió en la
campaña electoral que trasladaría la Embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv, sede
de todas las legaciones extranjeras ante el Estado judío, a Jerusalén, donde
Israel fijó su capital. En mayo, apenas cuatro meses después de llegar a la
Casa Blanca, tuvo que quebrantar su palabra y, al igual que todos los
presidentes en las dos últimas décadas —Bill Clinton, George W. Bush y Barack
Obama—, dejó en suspenso “por razones de seguridad nacional” durante otros seis
meses el traslado de la misión diplomática aprobado por el Congreso en 1995.
En contra de su voluntad política, Trump
parece tener que volver a incumplir ahora el trato con los votantes. No iba a
haber traslado por el momento, se aseguraba antes de que venciera en la
medianoche del lunes al martes el plazo para la adopción de la decisión
presidencial. Finalmente, todo ha vuelto a quedar pendiente de un
pronunciamiento final mientras se prolonga la tensión. Desde el Pentágono y el
Departamento de Estado le han alertado con claridad de que el cambio de sede
diplomática podría tener efectos contraproducentes para la seguridad de las
tropas y de los ciudadanos estadounidenses asentados en países islámicos.
La Ciudad Vieja alberga el Muro de las
Lamentaciones y la basílica del Santo Sepulcro, lugares santos para el judaísmo
y la cristiandad, junto a la Explanada de las Mezquitas, un emblemático icono y
tercer recinto más sagrado, tras La Meca y Medina, para los musulmanes. Existe
acuerdo generalizado en la comunidad internacional de que el casco histórico
amurallado se halla en la parte oriental de Jerusalén, esto es, la zona ocupada por Israel desde hace 50 años que los
palestinos aspiran a convertir en capital de su Estado independiente.
Por eso las embajadas se encuentran precisamente
en Tel Aviv. Al menos mientras israelíes y palestinos no alcancen un compromiso
sobre el estatuto final de Jerusalén en el marco de un acuerdo de paz duradero.
Las 16 legaciones que se habían establecido en la parte occidental de la ciudad
—entre ellas las de 12 países latinoamericanos— terminaron trasladándose a la
metrópolis costera cuando Israel se anexionó por ley la parte oriental en 1980.
El Consejo de Seguridad de la ONU condenó la medida como una violación del
derecho internacional. Los últimos en mudarse fueron Costa Rica y El Salvador
en 2006.
¿Por qué está amagando ahora Trump –cuando se presentaba como
arquitecto del “acuerdo definitivo” de paz— con adoptar una decisión contraria al
consenso internacional? Las especulaciones políticas de Washington amenazan con
incendiar la calle árabe con una ola de protestas. Jordania, Egipto, Turquía
–que mantienen relaciones con Israel, las 22 naciones de la Liga Árabe, los 57
Estados miembros de la Organización de la Conferencia Islámica que representan
a 1.500 millones de musulmanes, han advertido en las últimas horas, o se
disponen ha hacerlo,del riesgo de una reacción popular incontrolada si
finalmente EE UU rompía con el statu quo. Incluso el presidente francés,
Emmanuel Macron, ha expresado su preocupación ante un eventual reconocimiento
unilateral de Jerusalén como capital de Israel tras una conversación telefónica
con el mandatario estadounidense.
La Autoridad Palestina ha avisado con
vehemencia de que iba a dejar de considerar a Washington como un mediador
imparcial en Oriente Próximo si se decanta en favor de las tesis de
Israel. El secretario general de la
Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat, teme sobre todo el “desastre”
provocado por un cambio en el statu quo a costa del fracaso del proceso de
negociaciones. El movimiento de resistencia islámico Hamás, mientras tanto, ha
tocado a rebato desde su feudo en Gaza al convocar una “jornada de la ira” para
este miércoles, mientras amenaza con lanzar una nueva Intifada si Trump da
algún paso diplomático unilateral en Jerusalén.
Hace ahora precisamente 70 años, Naciones
Unidas acordó el plan de partición de la Palestina que se encontraba bajo
mandato británico desde el fin de la I Guerra Mundial. Algo más de la mitad del
territorio fue adjudicado al Estado judío, proclamado oficialmente en mayo de
1948, y el resto estaba previsto para un futuro Estado árabe. Jerusalén,
empero, debía situarse bajo administración internacional, como “cuerpo
separado” de las nuevas entidades nacionales. Pero la guerra que libraron
fuerzas judías y de países árabes hasta que se selló el armisticio en julio de
1949 arruinó los planes de la ONU. El Oeste de la ciudad fue ocupado por
Israel, que estableció allí su capital, y el Este quedó bajo control jordano,
al igual que Cisjordania. Una Línea Verde de alto el fuego dividió la urbe con
alambradas y barricadas hasta la victoria israelí en la guerra de los Seis Días
de 1967.
Aunque las Embajadas están en Tel Aviv, los
embajadores acuden sin mayor problema a entregar sus cartas credenciales al
palacio presidencial y los diplomáticos asisten regularmente a reuniones de
trabajo en el Ministerio de Exteriores, situados ambos en Jerusalén Oeste. Es
un reconocimiento de una situación de hecho. La mayoría de ellos observa gran
cuidado, no obstante, en no poner nunca los pies en los centros oficiales del
Estado hebreo situados al este de la Línea Verde.
En una intervención pública prevista este
miércoles, el presidente Trump puede traspasar aún una línea roja al aludir a
alguna modalidad de reconocimiento de la capitalidad del Estado de Israel,
según han anticipado medios estadounidenses como The New York Times. Cumpliría así, al menos formalmente,
con su promesa electoral. Pero en función del contenido exacto de su discurso
en la siempre sensible cuestión de Jerusalén, la palabra empeñada del
mandatario republicano puede tornarse en la yesca que prenda una nueva hoguera
regional con foco abrasador en la Ciudad Santa.
Desde hace casi dos siglos, una escalera de madera permanece
en un alféizar del Santo Sepulcro sin que ninguna de las comunidades
cristianas de la basílica se atreva a tocarla. No han logrado ponerse de
acuerdo en retirarla desde entonces. Con tal de evitar los habituales
altercados entre popes, clérigos y frailes, coinciden en que es preferible
mantener el statu quo y dejar la escalera en su sitio.
3 de febrero de 2017
El peligro de hablar en español en Estados Unidos
El
peligro de hablar en español en Estados Unidos
El uso de esta lengua, hablada por 40 millones de
personas, no para de crecer. Es dudoso que Trump logre invertir esa tendencia

Valla publicitaria con una bandera de EE UU
que tapa parte del anuncio en español. GLENN KOENIG (GETTY IMAGES) QUALITY
Entre los 308 millones de estadounidenses
censados, hay 57 millones de latinos, de los que 40 son hispanohablantes. El
resto tiene un conocimiento desigual, aunque patente, de nuestro idioma. Estos
datos de conjunto ponen de relieve una constante histórica: la capacidad de
resistencia del español frente a un entorno institucional que, como sucede
ahora, le ha sido a veces hostil. Las leyes encaminadas a erradicar la
educación bilingüe han acabado sistemáticamente en fracaso, porque el uso del
habla depende del pueblo y no se puede legislar.
Son innumerables los datos de toda índole
que dan fe de la vitalidad del español en Estados Unidos, desde su uso en el
entorno familiar y comunitario hasta su presencia en los medios, sobre todo la
televisión. Su fuerza es, asimismo, muy considerable en el entorno académico
universitario. ¿Qué significa entonces la noticia de la eliminación del español de la web de la Casa Blanca, que luego ha
quedado atemperada con la vuelta del idioma al Twitter oficial de la residencia
de Trump?
En un vídeo de 1960 que se puede encontrar
fácilmente en YouTube y que visto hoy resulta entrañable, Jacqueline Kennedy se dirige en español a los hispanos, pidiéndoles el voto para su
marido, entonces senador. No es un caso aislado. En el más de medio siglo
transcurrido desde entonces, las intervenciones en español han tenido lugar con
cierta regularidad en el entorno presidencial, independientemente del partido
que ocupara el poder. Todo el mundo recuerda los esfuerzos de George W. Bush
por congraciarse con los hispanos en nuestro idioma. Obama juzgó importante que
la página presidencial hiciera justicia a la realidad bilingüe de EE UU,
integrando al español en su diseño, por puro sentido de la realidad. El
español no es lo único que ha desaparecido de la web presidencial también
lo han hecho las alusiones a Cuba, al cambio climático, o al tratado nuclear
con Irán, entre otras cosas.
Negar la importancia del español en aquel
país es un disparate equiparable a negar el cambio climático, cosa que por lo
demás la nueva Administración hace con total impunidad. El peso histórico,
político, social, económico y cultural del español en el país norteamericano es
un hecho incuestionable, sólo que los hechos no cuentan para una agenda que
ignora de manera sistemática la realidad.
Por lo que se refiere a la fuerza
demográfica de las comunidades latinas de EE UU, Gabriel García Márquez resumió
lapidariamente la situación hace años cuando afirmó: "No somos nosotros
quienes vinimos a Estados Unidos. Fueron los Estados Unidos quienes vinieron a nosotros".
¿Y cómo lo hicieron? Mediante una simple operación de compraventa. En 1848,
tras un conflicto bélico fulminante, México cedía la mitad de su territorio a
su vecino del norte por 15 millones de dólares en virtud del Tratado de
Guadalupe-Hidalgo. De la noche a la mañana una ingente masa de población
hispanohablante pasó a formar parte del territorio del Norte, no sin que la
toponimia se erigiera en testigo mudo del atropello. En Las
sergas de Esplandián (1510), novela de caballerías de Garci Rodríguez de Montalvo, California
es una isla habitada por mujeres negras súbditos de la reina Calafia. Nombres
como Los Ángeles, San Francisco, Nevada, Colorado entre otros muchos, cada uno
con su propia historia, son parte del corolario. Si la geografía es inequívoca,
no cabe decir lo mismo de la historia, que los anglosajones siempre han contado
mal, priorizando la visión de un movimiento expansivo horizontal de costa a
costa, en dirección oeste.
La visión hispánica, centrada en el examen
de un eje vertical Sur-Norte, ha sido resaltada por investigadores como el
profesor Fernández Armesto, en Nuestra América (el título, como es sabido, procede de
Martí), pero es sistemáticamente ignorada. Más datos. California, que a veces acaricia el sueño de la independencia es, además del
Estado más rico de la unión, un territorio preeminentemente hispanohablante. En
Miami se puede prescindir por completo del inglés (eco quizá de otro dato
revelador: el primer texto literario sobre lo que hoy es territorio
estadounidense es una descripción en español de Florida escrita por Cabeza de
Vaca en 1542). Un hecho importante que conviene resaltar es que, en contra de
lo que se suele afirmar, invocando estadísticas imprecisas, el uso del español
no decrece de una generación a otra de manera lineal, porque lo contrarresta el
constante flujo de nuevos inmigrantes. Otros idiomas, como el yiddish, en tiempos muy extendido en lugares como
Nueva York, han desaparecido sin dejar huella: el español, por el contrario, no
ha dejado nunca de crecer, tendencia que se propone interrumpir la nueva
Administración. En la cambiante historia de las relaciones de los
hispanohablantes de Estados Unidos con su lengua materna se pasó del complejo
de inferioridad a una fase de afirmación y orgullo. Ahora hay un elemento
adicional: el miedo. Hablar en español en público puede ser peligroso ante la
amenaza de una ola masiva de deportaciones.
Eduardo
Lago es
escritor y exdirector del Instituto Cervantes en Nueva York.
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