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28 de febrero de 2018
La sorprendente conexión entre el Opus Dei y el rock español
La sorprendente conexión entre el Opus Dei y el rock español
La historia de la música española no
hubiese sido igual sin la participación de la institución religiosa
EL
PAIS - Madrid 15
FEB 2018 - 11:20 BRST
Rosendo
Mercado, al frente de Leño, actuando en el Parque de Atracciones de Madrid en
1979. En vídeo, algunas de las canciones que se grabaron para la discográfica
Chapa. WEB
OFICIAL DE ROSENDO / VÍDEO: EPV
Llevaba la camiseta pegada, una cazadora de cuero
estrecha y vaqueros de campana. O sea, vestía como estrellas del rock
setentero. Su nombre: Vicente Mariskal Romero.
Edad: veintitantos. Profesión: agitador y periodista. La época: mediados de los
setenta en España, con Franco recién fallecido y todavía en pie mucho de su
represor sistema. Su objetivo: poner en marcha la primera discográfica española
dedicada al rock español, que diese cabida a bandas que empezaban a dar sus
primeros pasos: Leño, Asfalto,
Bloque, Tequila... Y, de repente, apareció el Opus Dei.
"Lo que tenían que haber hecho estamentos
progresistas lo hizo la iglesia con una gran visión de negocio", dice a
ICON el periodista y locutor Vicente MariskalRomero (Isla
Cristina, Huelva), que en 2018 cumple 70 años. Y añade: "Fui compañía por
compañía ofreciendo la idea de crear un sello para los grupos españoles de
rock. Todas me dijeron que no. Hasta que llegué a Zafiro, unos visionarios del
Opus Dei. Gente de iglesia y muy de derechas, pero que supo ver una línea de
negocio".
"Nuestra jefa era numeraria del Opus. Me dijo:
'Manten a los peludos lejos de la oficina'. Esa fue una de las condiciones para
crear Chapa. Yo era el único contacto. Ella me decía constantemente que debía
'ser un buen chico' y cosas así"
Vicente Romero, creador de Chapa Discos
Se remonta Romero hasta mitad de la década de los
setenta, cuando en España triunfaban cantantes melódicos y cantautores. Era
1975. Franco acababa de morir y el rock vivía su época de máximo esplendor en
el resto del mundo. En España empezábamos a desperezarnos. En ese contexto
arrancaron su andadura bandas pioneras que, cantando en español, canalizaban a
través del rock lo que pasaba en la calle, pero que no interesaban en absoluto
a las discográficas. Sobrevivían instaladas en el más profundo underground.
Sin embargo, sí que interesaban al público de su
generación, ávido de libertad, de cambios y, sobre todo, de un rock en español
con el que identificarse. Eso lo sabía bien Romero, que ya gozaba de cierta
fama gracias a su labor como locutor radiofónico y a sus saraos en vivo, en los
que esos grupos sí tenían cabida. Con una respuesta del público que indicaba
que ahí estaba pasando algo y que propició la edición en 1975 del
recopilatorio Viva el Rollo, primera
grabación comunal con varias bandas emergentes como Burning o Tilburi...
cantando en inglés.
"Había grupos que imploraban por encontrar una
compañía. Una noche después de un festival en Campo de Criptana, Asfalto me
pillaron en una furgoneta y me convencieron para ayudarles. Así que me veo de
pronto haciendo la ruta de los sordos, que es
como se llamaba: consistía en ir por todas las compañías proponiendo que
apoyaran a grupos nacionales sin ningún resultado", relata Romero.
Como buen conocedor de la industria, el periodista
andaluz tocó todas las puertas y se acercó a Zafiro sabiendo que "cogían
lo que las multinacionales no querían". "EMI, CBS... Todas las
grandes corporaciones mundiales se empezaron a implantar aquí en los setenta y
con lo que venía de fuera tenían de sobra", señala, al tiempo que insiste:
"Cuando empecé a ofrecerles producto nacional me dijeron que no les
interesaba, que estaba loco, que el rock cantado en castellano no iba a
funcionar".
Romero propuso a las compañías crear un sello
discográfico para los grupos españoles. "Todas me dijeron que no hasta que
llegué a Zafiro. En teoría eran los más retrógrados, del Opus Dei. Pero
tuvieron valentía, se dejaron su dinero y abrieron las puertas a lo que no
quisieron las grandes discográficas, que ofrecían lo que venía fuera y, del
producto nacional, a Julio Iglesias, Mocedades, Camilo Sesto...".
Así nacía Chapa Discos, subsello
integrado en Zafiro que arrancaba en 1978 con la grabación de dos discos de
debut, uno de los madrileños Asfalto y otro de los cántabros Bloque, ambas
formaciones de rock urbano con tintes progresivos.
La mano derecha de Romero fue Luis Soler,
trabajador de Zafiro que se convirtió en aliado y director artístico de Chapa,
quien en la biografía de Leño, Maneras de vivir, de
Kike Babas y Kike Turrón, recuerda: "Embaucamos a la compañía para crear
un sello con producto nacional que recogiese todo ese movimiento que se estaba
fraguando. El súper director de Zafiro era García Marenco, alguien a quien ni
se veía en su despacho, alto standing. Era
un tipo ya mayor, el fundador, de la época de Marisol".
"Mi jefa era Carmen Grau, una que, en fin, ser
del Opus a su lado era ser liberal. Eran gente que me dejaban hacer, más o
menos, pero eran gente de censura", apunta Soler, al tiempo que describe
al productor ejecutivo, Antonio Ortega, como "un señor al que le daba lo
mismo todo eso del rock nacional". Romero añade: "Nuestra jefa,
Carmen Grau, era numeraria del Opus. Me dijo: 'Manten a los peludos lejos de la
oficina'. Esa fue una de las condiciones para crear Chapa. Yo era el único
contacto. Grau me decía constantemente que debía 'ser un buen chico' y cosas
así".
"Nos
obligaban a firmar un contrato por el que se quedaban con el 50 por ciento de
los derechos de autor. No sabíamos lo que firmábamos y así nos lució años
después"
Rosendo Mercado, fundador de Leño
Contra todo pronóstico, la apuesta de la
discográfica resultó ser ganadora, mucho más de lo que todos los implicados
esperaban, con Asfalto y Bloque vendiendo "excelentemente bien" con
sus debuts homónimos de 1978. "Así empezaron a darnos más cancha",
reconoce Romero, convertido en productor (sin nada de experiencia) de Chapa
Discos por exigencia de Zafiro, que pretendía así abaratar costes.
Admite el periodista su inexperiencia entonces,
pero defiende: "Puede que no sean los discos que mejor suenan, pero sí son
los que la gente sigue recordando, porque se hicieron con sangre, sudor y
lágrimas". Y agrega: "Los grabábamos con presupuesto para 50 horas en
el estudio Audiofilm de Madrid. Cuando salen Asfalto y Bloque venden 15.000 o
20.000 ejemplares. Eso era una burrada. Fue cuando nos dieron carta
libre".
Llegaron después el estreno del argentino
Moris, Fiebre de vivir (1978), con sus compatriotas
Tequila como músicos. Tras ellos, más nombres de la contracultura callejera del
rock de la Transición a finales de los setenta como
Leño, Cucharada, Ñu, Topo, Mermelada e incluso Kaka de Luxe. Una nómina
valiente entonces, clásica ahora, que se amplió con el heavy de Barón Rojo y
Obús en los primeros ochenta.
"Hicieron una cantidad de dinero
impresionante a cambio de prácticamente nada", destaca Romero, quien
incluso llevaba personalmente a los grupos para que "firmaran la
editorial", que consistía básicamente en ceder los derechos de las
canciones a la compañía.
Baron
Rojo, uno de los grupos más vendedores de Chapa Discos, a principios de los 80,
cuando tocaron en Londres. Posan a la afueras del Royal Albert Hall. WEB OFICIAL DE
BARÓN ROJO
"Yo no entendía lo que era eso entonces: el
grupo firmaba y nos metíamos a grabar", asegura Romero, quien subraya que
él nunca pidió derechos de autor. Y aquí viene la queja a Zafiro: "Los
contratos eran leoninos. Nadie sabe realmente los discos que se
vendieron". "Hay que reconocer también que nadie quería ese producto,
pero Zafiro arriesgó y a cambio se guardaba las espaldas con el tema de la
editorial", concede Romero, para apostillar después que ahora esos
derechos editoriales han acabado en la multinacional Universal y los originales
de las grabaciones en la también multinacional Sony.
En el libro Conversaciones con Rosendo (Fundación
SGAE, 2003), el rockero de Carabanchel habla así del contrato que firmó su
grupo, Leño, con Zafiro: "Nos obligaban a firmar un contrato editorial por
el que se quedaban con el 50 por ciento de los derechos de autor. No sabíamos
lo que firmábamos y así nos lució años después. A mi me preocupaba grabar, no
tenía ni idea de lo que pudiera generar. La verdad es que con los gerifaltes
[de Zafiro] no teníamos ninguna relación ni confianza, pero los currantes eran
todos fans de Leño". Cuando Leño se separaron, en 1983, la compañía puso
todas las trabas a Rosendo para frenar su carrera en solitario. Y lo consiguió.
Fueron a juicio y el rockero no debutó en solitario hasta dos años después, en
1985.
"Eran los únicos que fichaban a grupos de
rock, de modo que para las bandas aquello ya era un logro, aunque las
condiciones dejasen mucho que desear. Se aprovechaban de esto ofreciendo unos
derechos de autor que ni la caridad... Ganaron con todos muchísimo
dinero", explica Luis Soler.
El
logotipo de la compañía, que aparecía en todos los vinilos, que se reeditaron
buena parte de ellos hace dos años.
Esto hizo inevitables los encontronazos entre
artistas y discográfica, que aún hoy los músicos recuerdan con dolor. Pero
entonces no podían hacer nada contra personajes como "Octavio, el clásico
abogado engominado de la compañía", según le recuerda Soler, antes de
zanjar: "Utilizaba tretas y engaños".
Concede Mariskal en este punto que las tretas de la
compañía no fueron correctas, pero con la claridad que da la distancia, no duda
al poner en valor que Zafiro se gastara "el dinero para llevar a Asfalto a
Londres en 1979 y que con Barón Rojo hicieran
un esfuerzo impresionante para ir hasta Inglaterra y Japón". Por eso opina
que ambas bandas quizás fueran un poco "ingratas", pues la compañía
ganaba dinero, pero "también se esforzaba mucho, aunque estaba condenada a
morir y acabar absorbida por multinacionales". Y eso pasó: a finales de
los ochenta Zafiro (y con ella Chapa Discos) fue absorbida por BMG Ariola, que
luego fue comprada por Sony.
Aún sin olvidar los sinsabores, Romero (que sigue
en la brecha en el portal mariskalrock.com y como director de la
revista Heavy Rock) sigue hablando de aquellos años como
una "lucha bonita". Y añade: "Mereció la pena el esfuerzo, las
amarguras, las quejas de los músicos y todo lo que pasó. Después yo seguí mi
camino desde mitad de los ochenta. Pero fíjate, los antiguos trabajadores de
Zafiro nos reuniremos este febrero en Madrid para una comida. Ese legado sigue
vivo y eso es precioso".
8 de junio de 2017
Así empezó y terminó el Popular: el banco del Opus que financió al PCE
Así
empezó y terminó el Popular: el banco del Opus que financió al PCE
La entidad, que entró en la élite de la gran banca
española bajo el mandato de Luis Valls, se resistió a la política de fusiones y
se hundió con la fiebre inmobiliaria

De
izquierda a derecha: José Luis Leal (AEB), Javier Valls Taberner (Popular),
Francisco Luzón (Argentaria), Emilio Ybarra (BBV), Mariano Rubio (gobernador
del Banco de España), Alfonso Escámez (Central), Mario Conde (Banesto), José
María Amusátegui (Hispano), Emilio Botín (Santander) y Luis Valls Tabernes
(Popular), en un homenaje a Rubio. Vídeo: clientes y accionistas del Banco
Popular muestran su preocupación. RAFA SAMANO / COVER / ATLAS
Hace ahora exactamente 40 años, en vísperas
de las primeras elecciones democráticas que España celebraba tras la dictadura
franquista, una noticia rompió todos los esquemas: el Banco Popular concedía al PCE dinero con que financiar su campaña. La entidad, presidida por Luis
Valls-Taberner, iba contracorriente. El partido comunista, que había sido
legalizado solo dos meses antes y afrontaba los comicios con muchas esperanzas,
había encontrado el rechazo generalizado de toda la banca, lo que ponía en
peligro su participación. Pero aquel banquero, miembro numerario del Opus
Dei para
más inri, apoyaba a los comunistas. Anatema
para el resto del sector.
No era la primera vez que Valls cambiaba el
paso a sus colegas, que le conocían como “el banquero florentino”, seguramente
por su pose y singular personalidad. Pocos meses atrás se había negado a
aportar los cuatro millones de pesetas que habían pedido a los grandes bancos
para la creación de la Confederación Empresarial Española (CEE), promovida por
Agustín Rodríguez Sahagún (mano derecha en asuntos empresariales de Adolfo
Suárez). Luego la CEE se integraría en la CEOE.
El Popular fue el único que se negó de los
entonces conocidos como los siete grandes bancos: Banesto, Central, Hispano
Americano, Bilbao, Vizcaya, Popular y Santander (por orden de activos).
De aquellos siete, solo quedan dos. Los bancos vascos se juntaron en el BBV
(luego lo harían con Argentaria, que había agrupado a toda la banca pública)
tras fracasar la opa del Bilbao sobre Banesto, comenzando al baile de las
fusiones. Y se da la circunstancia de que el último, el Santander, se ha comido
a cuatro (los tres primeros, en los noventa, y al Popular, ahora).
El Popular ha resistido los embates hasta ahora.
Siempre se quiso mantener al margen, aunque “sin perder la perspectiva y estar
atento a cualquier señal que le diera el Gobierno”, como le gustaba decir a
Valls. Prefería estar a lo suyo. Se había especializado en los años setenta en
banca comercial y se alejó de la industrial, sin obsesionarse por avanzar en la
clasificación de los siete grandes. Se escudaba para ello en que se había
convertido en un banco moderno, que, año tras año, era calificado como el más
rentable del mundo. En todo caso, una pieza de caza mayor que, a medida que se
avanzaba en la integración europea y la globalización, era cada vez más
codiciada por el resto de entidades, españolas y extranjeras.
La primera andanada que recibió fue la del
Hispano, al frente del cual el Banco
de España había colocado a Claudio Boada, y la Banca
March. Para los March, el Popular ya había sido objeto de deseo desde mucho
antes. Al Banco de España no le parecía mal, pero a Valls, sí. Era casus
belli. Le
pareció una traición entre colegas y encima tuvo que enfrentarse al gobernador,
Mariano Rubio. El florentino banquero logró frenar el asedio e iniciar una política de alianzas ante
posibles futuras asechanzas con entidades como la aseguradora Allianz, que ha
seguido hasta estos días, o los bancos Rabobank e Hipobank, y accionistas
individuales vinculados al Opus Dei, ya consolidado en el seno de la entidad
con la que empezó a coquetear en la postguerra, que cuenta con una sindicatura
de accionistas con mucho peso en el capital. Al tiempo hizo alguna escaramuza,
poco significativa, en Portugal, Francia (donde se alió con Crédit Mutuel) y
Florida.
Mientras todo evolucionaba, Valls observaba
los movimientos y la llegada de nuevos actores al sector sin, aparentemente,
inmutarse. Junto a Botín (Santander) y Alfonso Escámez (Central), fue uno de
los pocos que no acudió, por ejemplo, a la investidura como doctor honoris
causa del
banquero de moda, Mario Conde, en junio de 1993 (en diciembre de ese año
sería intervenida Banesto). Tampoco se había mojado en febrero de 1983 cuando
el Gobierno socialista expropió Rumasa, presidida por su correligionario del
Opus, José María Ruiz-Mateos, quien le acusó de haberse puesto de perfil e
incluso de haber instigado la operación.
Luis Valls, que durante varios años
compartió la presidencia con su hermano Javier (un hombre en sus antípodas por
su forma de ser), abandonó el máximo cargo en 2004 y murió en 2006. Dejó el
puesto a Ángel Ron, un ejecutivo de la casa al que le recetó
que mantuviera la independencia y no se metiera en camisas de once varas. Quizá
transgrediendo la proclama de Valls o llevado por otros convencimientos, decidió comprar el Banco Pastor, una entidad asentada principalmente en
Galicia. El transcurso del tiempo ha demostrado que el Pastor fue una operación
fallida, que más que sumar restaba. Para entonces, el banco ya estaba metido de
hoz y coz en el ladrillo, con un riesgo que a marzo de 2017 supera los 36.000
millones y que ha sido la causa definitiva de su caída en picado.
Ron no supo enderezar la nave pese a las
dos multimillonarias ampliaciones de capital y haber acordado con la familia
mexicana Del Valle desarrollar BX+ en aquel país y adquirió el negocio de
tarjetas de Citibank en España. Luego ya vino su sustitución por Emilio
Saracho,
cuyo mandato ha sido tan breve como confuso; el interés de compra por parte de
varias entidades que (esta vez sí) sabían que el Popular no iba a resistir en
solitario, y la decisión de urgencia del Santander mientras el banco se
derretía en Bolsa.
91 años de vida
El Popular había nacido en 1926 como Banco
Popular de los Previsores del Porvenir por iniciativa del ingeniero de minas
Emilio González-Llana Fagoaga, miembro del Partido Conservador. En los
cuarenta, tras la Guerra Civil, trató de adquirir la Banca Arnús para asentarse
en Cataluña; pero le birló la compra el Central, que entonces presidía Ignacio
Villalonga y que tuvo el mérito de situar el banco entre los grandes y dotarlo
de un importante grupo industrial con presencia en los principales sectores.
Los hermanos Valls-Taberner Arnó, hijos del
historiador Ferrán Valls Taberner, habían aterrizado en el Popular en plena
postguerra de la mano de su primo Felix Millet Maristany, un empresario
barcelonés dedicado a los seguros padre del imputado expresidente del Palau de
Barcelona. Millet, un hombre de profundas convicciones religiosas, se había
hecho con las riendas del Popular en 1944, y tuvo de mano derecha a Juan Manuel
Fanjul Sedeño, lo que abrió las puertas del banco al Opus Dei, que se hizo
fuerte en su fortaleza.
Para Valls lo ideal para los banqueros era “estar
cerca de la política y no sentir la necesidad de intervenir en ella”
A partir de ahí tuvieron una carrera
imparable. En 1957, el mayor de los hermanos, Luis, fue nombrado vicepresidente
y, de facto, comenzó a llevar las riendas de la entidad, de la que sería
nombrado presidente en 1972. La entidad no dejaba de ser un pequeño banco
familiar, que modernizó y colocó entre los grandes. La pertenencia al Opus Dei
le permitió conectar con los emergentes ministros que la organización iba
colocando en el Gobierno de Franco y que participaron en el resurgimiento
económico a partir del Plan de Estabilización de 1959.
Para Luis Valls lo ideal para los
ejecutivos de la gran banca era “estar cerca de la política y no sentir la
necesidad de intervenir en ella”. En esos años, los empresarios (y sobre todo,
los banqueros) ganaron peso político. Un peso que se reflejó en la Transición,
cuando los presidentes de los siete grandes celebraban aquellas comidas en la
sede del mayor (Banesto) con José María Aguirre Gonzalo como anfitrión, en las
que hacían y deshacían en una actuación concertada que en estos tiempos estaría
radicalmente condenada por las autoridades de la competencia.
2 de agosto de 2016
El Vaticano no quiere a Fernández Díaz como embajador ante la Santa Sede

El ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz
EFE
El Gobierno está sondeando la posibilidad de mandar al ministro a Roma
El Vaticano no quiere a Fernández Díaz como embajador ante la Santa Sede
Sectores cristianos critican sus políticas contra los refugiados y las vallas de Ceuta y Melilla
Jesús Bastante, 27 de julio de 2016 a las 11:57
Fuentes consultadas resaltan que el Papa conoce las críticas que sectores católicos han hecho de las políticas de Interior respecto a la acogida de inmigrantes y refugiados
/>Jorge Fernández Díaz y Ricardo Blázquez firman el convenio



(Jesús Bastante).- Es uno de los políticos más alabados por los sectores ultracatólicos en España. Miembro del Opus Dei, reconocido católico de misa diaria (hasta asegura tener un ángel de la guardia, Marcelo, que le ayuda a tomar decisiones y a aparcar), Jorge Fernández Díaz aspira a llegar al Vaticano y a hacerlo por la puerta grande: como embajador de España ante la Santa Sede.
El actual Ministro de Interior en funciones jamás ha escondido su condición de católico ni miembro del Opus Dei, uno de los grupos más ultraconservadores. Como tal, Fernández Díaz mantiene unas excelentes relaciones con el actual Nuncio (embajador) en España, Renzo Fratini, y con los cardenales Rouco Varela y Cañizares. Desde hace algunos años, además, es un asiduo en las principales ceremonias católicas dentro y fuera de nuestro país.
Así, se pudo ver a Fernández Díaz asistiendo, como un fiel más, a la beatificación de Álvaro del Portillo, sucesor de Escrivá de Balaguer al frente del Opus. Fernández Díaz también ha representado al Gobierno en algunas canonizaciones y al nombramiento de Ricardo Blázquez, actual presidente de la Conferencia Episcopal, como cardenal.
El Ejecutivo sondea al Vaticano
El destino de Fernández Díaz es uno de los desafíos que habrá de afrontar Mariano Rajoy en el hipotético caso de que se le permita formar gobierno. Paralelamente a meter su nombre en la tríada de posibles presidentes del Congreso, desde hace semanas miembros del Ejecutivo están sondeando al Vaticano la posibilidad de que el Ministro de Interior sea el representante de España ante el Papa, según confirman fuentes tanto de la Santa Sede como de la Iglesia española. Sobre el papel, la trayectoria de Fernández Díaz no admitiría dudas para el Vaticano... antes de que llegara el Papa Francisco.
Según confirman fuentes eclesiásticas, el Papa Francisco "preferiría" no tener que encontrarse en la tesitura de otorgar el correspondiente plácet a Fernández Díaz como embajador. Desde el Vaticano se recuerda que, a diferencia de otros pontífices,Francisco "está muy informado" de lo que sucede en el mundo, y no únicamente por los "cauces oficiales" (Nunciatura, Conferencia Episcopal, embajador o Gobierno), sino que Bergoglio tiene "sus propios contactos".

Roma plantea un "silencio administrativo"
Entre ellos, varios eclesiásticos y responsables de acción social y caritativa de la Iglesia, que han hecho llegar al Vaticano sus serias dudas sobre la conveniencia de que Fernández Díaz represente a España. Aunque la Santa Sede no suele inmiscuirse en este tipo de nombramientos, y el procedimiento normal es el de aceptar el plácet (y más en el caso de nuestro país, el primero con el que los Estados pontificios tuvieron relaciones diplomáticas), en este caso Francisco podría actuar como en el reciente caso de la embajada de Francia. Entonces, el Gobierno de Hollande presentó a Laurent Stefanini, abiertamente gay. Roma no negó el plácet, pero sí lo demoró en una suerte de "silencio administrativo" que obligó al ejecutivo francés a presentar, un año después, otro candidato, al que la Santa Sede recibió de inmediato.
Fuentes consultadas resaltan que el Papa conoce las críticas que sectores católicos han hecho de las políticas de Interior respecto a la acogida de inmigrantes y refugiados, con especial relevancia a la situación en las vallas de Ceuta y Melilla o los centros de internamiento de extranjeros. Otras voces, como las del arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, o la dominica sor Lucía Caram, han sido más claras y han mostrado su rotunda negativa a las políticas llevadas a cabo por Fernández Díaz.

La oposición al nombramiento es especialmente cruda en Catalunya, donde colectivos cristianos, agrupados en torno a Esglèsia Plural, han lanzado una campaña de recogida de firmas para evitar que Fernández Diaz llegue a la Embajada. Según la asociación "si se llega a materializar sería uno de los golpes más duros en las últimas décadas para la Iglesia catalana y también para el proceso que el país ha emprendido hacia su autodeterminación que culminará, muy probablemente, con la creación de un nuevo Estado". Los impulsores de la campaña tildan a Fernández Díaz de ser "un ultracatólico confeso" que "pondrá al servicio de la derrota del Papa sus habilidades como conspirador".
Sea como fuere, lo cierto es que en Roma se admite que la candidatura de Fernández Díaz podría presentarse de inmediato, siempre y cuando Rajoy supere la investidura y vuelva a convertirse en presidente del Gobierno. Uno de sus primeros cambios será Fernández Díaz, cuya actuación al frente de Interior ha estado marcada por la polémica. Cuentan que todos los caminos conducen a Roma. El del todavía Ministro de Interior, tal vez, no culmine en la Ciudad Eterna.

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