23 de abril de 2010

«Garzón está atrapado en sus propias contradicciones»

ABC - 23/04/10

«Garzón está atrapado en sus propias contradicciones»

SIGEFREDO Stanley G. Payne

Al Supremo le llueven peticiones para que cierre el «caso Garzón»

PEDRO RODRÍGUEZ | WASHINGTON


Stanley Payne, profesor emérito de la Universidad de Wisconsin, sigue desbrozando la fatal sobredosis de historia generada por la España de los años treinta. Una especie de ruleta donde, a juicio del reputado hispanista, la trágica bola de nuestro país fue saltando a través de las casillas de la democracia liberal, el elitismo de extrema izquierda, el socialismo revolucionario, y la república popular hasta detenerse, por la fuerza de las armas, en una especie de semi-fascismo.
Su última aportación se titula "¿Por qué la República perdió la guerra?" (Espasa Fórum, 294 páginas). Un documentado intento de explicar el desenlace de un conflicto superlativo entre todas las guerras civiles registradas en Europa durante la primera parte del siglo XX. El mismo conflicto, que pese a los esfuerzos de la transición democrática, parece acumular un creciente protagonismo en la actualidad política de la España del siglo XXI.
- Anticipar la victoria de los alzados en julio de 1936 ¿hubiera sido una apuesta de alto riesgo?
- Por supuesto, se daba por descontado que cualquier revuelta fracasaría. Se esperaba una repetición de la "sanjurgada", con la participación de sólo un 5 a 10 % del Ejército. Quizá sin el factor de Franco, con alguna de ayuda de Alemania e Italia, hubiera sido posible sofocarlo rápidamente el alzamiento.
- ¿Por qué la República no supo aprovechar su teórica superioridad inicial?
- Por dos razones fundamentales: la profunda división de las fuerzas políticas que respaldaban a la República y por su dependencia de las milicias populares en detrimento de fuerzas militares leales.
- Entre las causas de la derrota republicana, ¿qué le lleva a destacar las profundas contradicciones del socialismo español?
- De todos los grandes partidos socialistas europeos de la época, el PSOE era el más contradictorio y el más dividido. Sólo una pequeña minoría moderada y democrática, la liderada por Julián Besteiro, mantenía ideas políticas coherentes y razonadas. Desde el primer año de la República, los socialistas se fracturan en revolucionarios y moderados o semi-moderados. Y esa división se prolongó durante la guerra misma.
- Usted cuestiona que Franco fuese el gran beneficiado de la intervención extranjera.
- Del mismo modo que la ayuda alemana e italiana mejoró claramente el potencial de combate de los nacionales durante los primeros meses, la ayuda soviética resultó crucial para la defensa de Madrid, y en ambos casos esos apoyos no hicieron sino prolongar lo que podría haber sido una guerra civil relativamente corta.
- Tampoco comparte que desde un punto de vista militar, la guerra civil española fuese un ensayo práctico para la Segunda Guerra Mundial.
- El conflicto español fue una guerra de baja intensidad jalonada de vez en cuando por algunas batallas de alta intensidad. La gran innovación fue el uso de la aviación. Pero en términos de organización militar, tácticas y uso limitado de fuerzas blindadas, no fue un adelanto de la Segunda Guerra Mundial.
- ¿Por qué España fue tan diferente incluso en su guerra civil?
- La cuestión singular en el caso español es que la guerra civil surgió en una época de paz y relativa prosperidad, al margen del impacto que las dos guerras mundiales tuvieron en todos los otros conflictos similares de Europa.
- ¿Qué le parece que en la España actual se utilice la guerra civil para buscar extrañas legitimaciones políticas?
- Esto es muy complicado como todas las cosas de España. Me parece que reabrir fosas es una obra de caridad, de humanidad, incluso de interés histórico. Otra cuestión, son los intentos de utilizar la llamada memoria de la guerra civil para fines políticos o legislar interpretaciones de la historia como se hizo hace dos años con tintes casi soviéticos. Creo que se busca dar legitimidad a las izquierdas actuales y tratar de estigmatizar a las derechas. Naturalmente, cualquier intento de legislar la interpretación de la historia es algo bastante nocivo, sobre todo en democracia.
- ¿Le parece que ese revisionismo pone en peligro el esfuerzo de superación que supuso la transición democrática española?
- La transición no trató de rectificar mitos. No fue un acto historiográfico, fue un acto político. Se intentó superar las secuelas de la guerra civil con un acuerdo tácito entre todos los partidos para no alimentar nuevos conflictos sectarios con ese pasado. Ese entendimiento, que no fue un pacto de silencio, se mantuvo bastante tiempo con éxito pero empezó a cambiar en los noventa con una mayor debilidad de los socialistas, cuando Felipe González empezó a sacar la idea de que el PP era un partido franquista.
- ¿Qué sentido puede tener ahora en España intentar dilucidar de alguna manera la guerra civil a través de los tribunales de Justicia?
- Los tribunales no tienen la menor jurisdicción en virtud de la gran ley de amnistía aprobada a finales de los años setenta. El mismo Garzón está atrapado en sus propias contradicciones porque cuando se intentó procesar a Santiago Carillo, el magistrado dictaminó que era imposible por la amnistía. En su intento del año pasado se olvidó de esa limitación e intentó inventarse una categoría nueva de delitos, que es algo que un juez no puede hacer.