19 de marzo de 2010

“Los jóvenes se harán adultos cuando cojan un pico y una pala a los 16 años”

Jueves, 18 de marzo de 2010 - 21:19h

ElConfidencial.com

Parte inferior do formulário

ElConfidencial.com > Sociedad y Medio Ambiente

SOCIÓLOGOS, PROFESORES DE SECUNDARIA Y PSICÓLOGOS

“Los jóvenes se harán adultos cuando cojan un pico y una pala a los 16 años”

Alejandro Navas | Mara Cuadrado | Blanca García Olmos


@Ana I. Gracia.- 12/03/2010 (06:00h)

La generación de los jóvenes españoles de hoy es la más mimada de la Historia de España. Son muchos los que aspiran a vivir de los padres hasta que puedan vivir de sus propios hijos. Los mismos que han crecido en un ambiente de bienestar, han aprendido que la mejor cultura es la del mínimo esfuerzo y sólo se mueven por lo rápido e inmediato. Pero la crisis financiera ha trastocado todos sus planes (si es que tenían alguno): aquellas ideas son cosa del pasado.

Alejandro Navas, sociólogo de la Universidad de Navarra, apuesta porque la madurez adolescente llegará cuando se les obligue a coger un pico y una pala a los 16 años. “Hay una minoría que son unos fieras: viajan, hablan idiomas, hacen deporte, trabajan y estudian”. Pero abundan los niños blandos, unos jóvenes sobreprotegidos. “Tienen que aprender a trabajar duro para tomar iniciativas”, añade el sociólogo. Y cuanto antes, mejor. Es la única manera que existe, a su entender, para que asuman hábitos de trabajo, tomen una disciplina, aprendan valores, se esfuercen y valoren cuánto cuesta el dinero y desarrollen el horizonte humano.

Los padres de los jóvenes de hoy cimentaron sus vidas con el trabajo y la familia. Sus creencias se basaban en un sistema de identidades fuertes: familia, patria y religión. Hoy, no sólo las tasas de nupcialidad han descendido estrepitosamente, sino que no se tienen hijos, la mitad de las parroquias de España no tienen cura y no se tienen ideas fuertes. El mundo que se movía por convicciones firmes mutó. Ahora se cree en las impresiones y en las tendencias que proporcionan el gusto y el género.

Mara Cuadrado, psicóloga infanto-juvenil y de familia, está de acuerdo en que los jóvenes del siglo XXI están mejor formados e informados que nunca, y que disponen de muchas más libertades que cualquiera de sus antepasados. “Tener eternos adolescentes treinteañeros es culpa de la educación que han recibido. Mientras que los padres no les animen a buscarse la vida fuera para que maduren, no conseguiremos nada”.

Hijos demasiado mimados

La psicóloga no cree que la crisis haya provocado esta crisis generacional, que es la de los primeros jóvenes de la Historia de España que vivirá peor que la de sus padres. Han sido los padres los que han mimado demasiado a sus hijos (“¿dónde están mejor que en casa?”) y los hijos los que se han dejado mimar (“no estoy dispuesto a sacrificar el bienestar de casa por nada ni nadie”). Ahora ni siquiera el vivir con una pareja es un aliciente para salir de casa. “Se encuentran donde quieren y cuando quieren. ¿Para qué entonces todos los perjuicios que supone vivir en pareja y el compromiso con otro que ello se deriva?”, pone sobre la mesa Cuadrado.

Aunque hacen mucho ruido, no es habitual encontrarse con jóvenes que ni estudien ni trabajen, pero hay un porcentaje cada vez mayor que sí responde a esa generación ya bautizada como Nini y que, “si tienen la suerte de encontrar un trabajo, lo abandonan en cuanto tienen derecho a prestación por desempleo”, se queja la psicóloga. Los jóvenes de hoy no tienen ni quieren tener hijos. “Es una inversión de futuro muy arriesgada, y les acobarda arriesgar tanto”, añade Navas.

Todo lo que enseñaron los padres ya no sirven. Ahora toca empezar de cero, y la clave, según los expertos, es saber cómo educarlos desde que son bebés: “castigarles cuando lo necesiten y enseñarles que para conseguir algo tienen que esforzarse”, apunta Blanca García Olmos, portavoz nacional de la Asociación de Profesores de Secundaria.

Cuadrado compara a los jóvenes de ahora con los de la España de la transición, cuando había que sacar adelante el país con horas de trabajo, pluriempleo y poca exigencia en derechos laborales. “Supongo que en breve ambas poblaciones podrán equipararse”. Los jóvenes occidentales y orientales se independizan a los 18 años, cuando ingresan en la Universidad. Los españoles, a los 36. Asumida ya la posición que tienen en la carrera global, ahora les espera una dura competición con los países emergentes, que han criado una generación que sabe lo que es trabajar duro y exigir menos.

Los jóvenes asiáticos tienen un sistema de selección durísimo. Desde los tres años, cuando piden el ingreso en un jardín de infancia, ya se los rifan. Por eso viven constantemente presionados: son opositores en un mundo en el que sobreviven sólo las fieras”, caracteriza Navas. En China es el propio estado el que selecciona y promueve al personal. “Así te lanzan al estrellato o te coaccionan para siempre”. La pregunta que lanza el sociólogo es qué español está dispuesto a trabajar como lo hacen los chinos. “Ellos emigran de su país para llegar a España y ser empresarios. Y lo consiguen. ¿Cómo? Viviendo toda la familia al unísono para trabajar y hacer fortuna”.

Menos conocimiento y más valores

Las encuestas avisan de que a los jóvenes lo único que les quita el sueño perder en algún momento el bienestar y la seguridad que han vivido siempre. “El éxito del futuro de un adolescente actual dependerá de la educación que le demos, no sólo basada en conocimiento, sino en valores, así como la confianza en sí mismo, en sus posibilidades, y enseñarles a aprovechar las oportunidades que les ofrece el mundo”, advierte Cuadrado.

García Olmos sabe que el sistema educativo es sólo una solución concreta, y hoy por hoy se necesitan varias soluciones que se complementen. Navas sabe que no es fácil poner soluciones sistemáticas que no se pueden decretar por ley. “La crisis obligará a los jóvenes a dar un paso hacia delante y encontrar el lugar en el que poner su granito de arena y mejorar la sociedad”. Todos coinciden en que España ha entrado en una nueva era llena de incertidumbres laborales, económicas y vitales. Se acabó lo conocido.