18 de diciembre de 2010

ABC
Patrimonio Nacional no autoriza el uso turístico tras habilitar un «finger» y encarcelar «La Piedad»
C. FOMINAYA/M.CALLEJA / MADRID
Día 18/12/2010
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Patrimonio Nacional reabrirá mañana el Valle de los Caídos, pero solo a medio gas. Únicamente se podrá acudir a la misa que los padres benedictinos oficien los domingos a las 11 horas, a las 13 y a las 17, y a los actos litúrgicos que celebren diariamente a las 11 el resto de la semana, excepto el lunes. No podrán acceder al interior del recinto, sin embargo, los turistas que se acerquen hasta sus puertas en horarios diferentes a esos. La hospedería seguirá funcionando como hasta ahora.
Fuentes gubernamentales reconocieron ayer que «por el momento sólo es posible la apertura de la Basílica para los oficios religiosos». Aseguran que las razones de seguridad que obligaron a cerrar el templo al público no permiten, por el momento, el libre acceso al mismo. El motivo, afirman, «es el mal estado de la escultura de “La Piedad” y el riesgo de desprendimiento sobre los viandantes».
Con la intención de proteger a quienes a partir de ahora accedan al templo se ha habilitado un túnel a modo de «finger» de acceso a un avión justo en la entrada de la Basílica que ayer, a última hora de la tarde, todavía no se había terminado. También se ha colocado una gran verja y una malla delante de la escultura de «La Piedad». Todo ello ha costado un total de 65.279 euros.
El conflicto se remonta al mes de abril, momento en el que Patrimonio Nacional decidió cerrar el paso al recinto con la intención de desmontar y restaurar la obra escultórica de Juan de Ávalos, ubicada en el frontispicio de la Basílica. Desde entonces y hasta noviembre, sólo permitió la entrada a los oficios religiosos. A los pocos días la restauración quedó paralizada. Únicamente llegaron a levantar una parte del manto de la Virgen que repusieron poco después.
Misas «de campaña»
En noviembre, Delegación de Gobierno ordenó el cierre total del recinto, alegando motivos de «seguridad», con lo que ni fieles, ni turistas, podían acceder al Valle de los Caídos. Esto motivó que los padres benedictinos se vieran obligados a dar una misa «de campaña» en la carretera. Su reacción hizo que tanto Delegación de Gobierno como Patrimonio permitieran las misas en la explanada de la Basílica.