7 de mayo de 2020

COSMOVISION

miércoles, 6 de mayo de 2020


COSMOVISIÓN – 07/05/2020

La Revolución es un inmenso proceso de tendencias, doctrinas, de transformaciones políticas, sociales y económicas, derivado en último análisis, de una deterioración moral nacida de dos vicios fundamentales, el orgullo y la impureza, que suscitan en el hombre una incompatibilidad profunda con la doctrina católica.

Efectivamente, la Iglesia Católica, que nada tiene que ver con la secta de los bergoglianos, la doctrina que enseña, el universo que Dios creó y que podemos conocer tan espléndidamente a través de sus prismas, todo eso excita en el hombre virtuoso, puro y humilde una profunda admiración. El siente alegría al considerar la Iglesia y el universo como son.

Pero si una persona cede en algo a los vicios del orgullo o de la impureza, comienza a crearse en ella una incompatibilidad con varios aspectos de la Iglesia o del orden del universo. Esa incompatibilidad puede comenzar, por ejemplo, con una antipatía con el carácter jerárquico de la Iglesia, después desdoblarse y alcanzar a la jerarquía de la sociedad temporal, para más tarde manifestarse en relación al orden jerárquico de la familia. Y así, una persona puede, por varias formas de igualitarismo, llegar a una posición metafísica de condenación de toda y cualquier desigualdad, y del carácter jerárquico del universo. Sería el efecto del orgullo en el campo de la metafísica.

De modo análogo se puede delinear las consecuencias de la impureza en el pensamiento humano. El hombre impuro, por regla general, comienza por tender hacia el liberalismo, le irrita la existencia de un precepto, de un freno, de una ley que circunscriba el desbordamiento de sus sentidos. Y, con esto, toda ascesis le parece antipática. De esa antipatía, naturalmente, viene una aversión al propio principio de autoridad, y así sucesivamente. El anhelo de un mundo anárquico, en el sentido etimológico de la palabra, sin leyes ni poderes constituidos, y en el cual el propio Estado no sea sino una inmensa cooperativa, es el punto extremo del liberalismo generado por la impureza.

Tanto del orgullo como del liberalismo nace el deseo de igualdad y libertad totales, que es la médula del comunismo.

A partir del orgullo y de la impureza se van formando los elementos constitutivos de una concepción diametralmente opuesta a la obra de Dios. Esa concepción, en su aspecto final, ya no difiere de la católica solamente en uno u otro punto. A medida que, a lo largo de las generaciones, esos vicios se van profundizando y volviendo más acentuados, se va estructurando toda una concepción gnóstica y revolucionaria del universo.

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