2 de diciembre de 2017

Estrategia de construcción del enemigo español

Estrategia de construcción del enemigo español
El independentismo en Cataluña lleva décadas creando un relato de agravios que sitúa a España como eje de todos los males para los catalanes

EL PAIS -  Madrid 1 DIC 2017 - 18:50 BRST

El expresidente catalán Jordi Pujol, rodeado de periodistas a la salida de su domicilio en Barcelona.
El expresidente catalán Jordi Pujol, rodeado de periodistas a la salida de su domicilio en Barcelona.CARLES RIBAS

"Memorial de agravios: Cataluña es una nación discriminada que no puede desarrollar libremente su potencial cultural y económico. Descubrimiento, constatación, ponderación y divulgación de los hechos discriminatorios, carencias, etcétera, de forma clara, contundente y sistemática. Remarcando la incidencia negativa que esto tiene para el conjunto del pueblo catalán y para cada uno de sus ciudadanos". Este entrecomillado no corresponde a los últimos años, cuando se puso en marcha oficialmente el procés independentista en Cataluña. Es de 1990, cuando el Gobierno de la Generalitat, presidido por Jordi Pujol, encargó a un grupo de intelectuales catalanes un documento titulado La estrategia de la catalanización, que fue presentado ese otoño.
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Ese texto, de 20 folios divididos en nueve apartados, supuso el inicio de la creación de un 
relato del independentismo que sitúa a España como eje de todos los males para los catalanes. Ahí comenzó la construcción de un enemigo de Cataluña. Primero fue "España no nos entiende"; más tarde, "España nos roba"; luego se pasó a "España nos oprime"; y desde el día del referéndum ilegal del 1 de octubre "España nos agrede". Una estrategia clásica en la política y en la guerra de crear un enemigo tan inhumano que solo se puede responder con la destrucción. O ellos o nosotros.
27 años después de presentarse aquel documento, el independentismo ha conseguido movilizar los votos de más de un 40% de los catalanes que fueron a las urnas en las pasadas elecciones autonómicas y de dos millones de ciudadanos que votaron sí a la creación de una república catalana en el referéndum ilegal del pasado 1 de octubre. Unas cifras nada despreciables.

Aunque el referéndum fue a todas luces ilegal, sin garantías democráticas y carente de transparencia, marca la tendencia creciente del separatismo en Cataluña. Un colectivo que se ha duplicado desde 2010 y al que las encuestas auguran un empate técnico con los no independentistas para las próximas elecciones del 21 de diciembre.

Lejos quedan los años de presidencia de Pujol, que se presentaba como el freno al independentismo a cambio de un modelo diferente, o del también presidente Pasqual Maragall cuando decía: “Quiero un Estatuto con alma de Constitución y cuerpo de reglamento, que los niños puedan cantar en la escuela”.

¿Qué ha sucedido para que España haya fracasado en sus relaciones con su región más rica? En primer lugar, los errores cometidos por los distintos Gobiernos del PP y del PSOE, que han conseguido apoyos de los partidos nacionalistas catalanes y vascos para sus Ejecutivos nacionales en minoría a cambio de dinero y transferencias (“apóyame en Madrid y haz lo que quieras en Barcelona”, era el mensaje). Esa política de paz por territorios se ha mostrado ineficaz en el largo plazo.

Reprogramación
Pero más grave todavía ha sido la total ignorancia de lo que estaba sucediendo en Cataluña: un movimiento silencioso de reprogramación nacionalista promocionado por la Generalitat y que afectaba al pensamiento, la enseñanza, la Universidad y la investigación, los medios de comunicación, las entidades culturales, el mundo empresarial, la proyección exterior, las infraestructuras y la Administración. Esos son los nueve apartados del documento que vio la luz en octubre de 1990 y que tenían un objetivo claro: construir a España como enemigo de Cataluña, para lograr el fin último de la independencia.

El escritor italiano Umberto Eco publicó en 2012 un ensayo titulado 
Construir al enemigo, en el que explicaba el valor de contar con adversarios en política. “Tener un enemigo es importante”, dice Eco, “no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo”.

Esta teoría explica la mayoría de los movimientos populistas que están creciendo en el mundo en este siglo. Desde el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump (que ha creado el enemigo del inmigrante, haciendo trampas sobre el terrorismo internacional), hasta los promotores del Brexit británico (también utilizan al inmigrante como enemigo, junto a la burocracia europea, para abandonar la Unión Europea), los movimientos ultraderechistas y xenófobos de distintos países de Europa y, por supuesto, los grupos de izquierda radical (entre los que se encuentran en España Podemos y la CUP), cuyo adversario es el sistema y lo que llaman el régimen del 78. También el yihadismo ha conseguido crecer al construir un enemigo global.

El ensayo de Umberto Eco añade: “Desde el principio se construyeron como enemigos no tanto a los que son diferentes y que nos amenazan directamente, sino a aquellos que alguien tiene interés en representar como amenazadores aunque no lo hagan directamente; de modo que lo que ponga de relieve su diversidad no sea su carácter de amenaza, sino que es su diversidad misma la que se convierta en señal de amenaza”.

El psiquiatra Enrice Baca va más allá al explicar que “la construcción del enemigo consiste en un proceso de despojamiento del otro-persona, potencial objetivo de la agresión, de toda característica humana. Eso supone la eliminación de cualquier rasgo personal que lo haga aparecer como otro-yo, que pueda despertar rasgos de piedad, solidaridad o identificación”. En otras palabras, el enemigo construido debe ser una cosa que hay que eliminar.

El expresident de la Generalitat, Artur Mas en el Tribunal Supremo.
El expresident de la Generalitat, Artur Mas en el Tribunal Supremo. JULIAN ROJAS
El helicóptero de Mas
Seguro que el 15 de junio de 2011, el entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, no afinó tanto como Eco o Baca en el plano teórico, pero sí emprendió la fase final de construcción del enemigo que llevaría a Cataluña y al resto de España a la mayor crisis institucional desde que se instaurara la democracia hace 40 años.

Ese día, Mas tuvo que acceder al Parlament de Cataluña en un helicóptero de los Mossos d’Esquadra, acompañado de la presidenta de la Cámara, Núria de Gispert, porque centenares de manifestantes rodeaban el edificio protestando por los recortes aprobados en los presupuestos autonómicos de ese año. Otros dos helicópteros transportaron a parte del Govern y varios microbuses a decenas de parlamentarios, a través del zoológico de Barcelona, para evitar a la multitud de indignados.

El sociólogo Joan Navarro, vicepresidente de Asuntos Públicos de la consultora Llorente y Cuenca, explica que en ese momento, “el catalanismo de CiU, que hasta entonces era garante de un modelo diferente, comprendió que todo había cambiado y tomó la decisión de emprender el camino hacia el independentismo, como fórmula de defensa frente a los efectos de la crisis económica y bajo la presión de ERC y la CUP”. Todo ello, sin olvidar la irrupción de los casos de corrupción en CiU.
Hasta entonces, la mayoría de los catalanes se conformaban con el victimismo histórico de que España no les entiende y que había que seguir luchando “por defender el hecho diferencial con la historia, la voluntad de ser nación y la lengua como hecho diferencial política de Cataluña”, añade Navarro, “pero ahí se pasó del ‘España no nos entiende’ al ‘España nos roba’, un escalón decisivo en la construcción del enemigo”.

El nacionalismo catalán llevaba 30 años defendiendo una posición diferencial y obteniendo buenos réditos en sus negociaciones con los Gobiernos en minoría del PSOE y del PP. Pero el segundo Ejecutivo de José María Aznar, en 2000, con mayoría absoluta en el Congreso, supuso un cambio de rumbo, con el bloqueo, no solo de las relaciones con la Generalitat, sino con el resto de los Gobiernos autónomos.

Ese movimiento recentralizador duró poco y la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al poder, en 2004, cambió el paso y abrió una nueva etapa de relaciones bilaterales entre Madrid y Barcelona y de elaboración de un nuevo Estatuto de Cataluña. Los debates, votaciones, correcciones, referéndum y, finalmente, el recurso y la sentencia del Tribunal Constitucional, en plena crisis económica en España, fue enfrentando cada vez más a los partidos catalanes con los nacionales y la llegada de Mariano Rajoy al Gobierno, en 2011, terminó de encender la mecha del conflicto.
El proceso de señalamiento de España como enemigo de Cataluña iba creciendo a medida que 
ERC y la CUP iban ganando posiciones.

Tras las elecciones plebiscitarias de 2015 y las manifestaciones multitudinarias de La Diada durante varios años, los independentistas más radicales consiguen eliminar a Artur Mas y colocar a Carles Puigdemont al frente de un Govern que avanza hacia la consolidación de un enemigo (primero fue rival y luego adversario) al que combatir. 
Se pasa entonces del “España nos roba” al “España nos oprime” y se moldea a ese enemigo de Madrid como alguien que no quiere negociar, ni siquiera dialogar, con Cataluña y que les obliga a reaccionar saltándose la legalidad. No deja de ser cierto que desde que el Constitucional echó abajo el Estatuto, en 2010, la actitud de los sucesivos Gobiernos de Rajoy fue muy poco receptiva, por decirlo de una manera fina, ante las peticiones catalanas.
“Con el paso del tiempo y a medida que avanzaba el procés, el secesionismo comprendió que no tenían ni el apoyo, ni siquiera el reconocimiento internacional, ni la fuerza suficiente para llevar a cabo la independencia”, explica Joan Navarro. “Y ya en última etapa pasaron a la guerra del espejo, que consiste en obligar al Gobierno de España a que se enfrente a su propios demonios y que se convirtiera en una fuerza de opresión, de ocupación”.
La última fase para redondear la figura del enemigo de Cataluña fue la organización del referéndum ilegal del 1 de octubre. Las fuerzas separatistas eran conscientes de que, pese a contar con mayoría de diputados en el Parlament, no tenían ni los apoyos, ni la legalidad, ni las estructuras para poner en marcha la república catalana; así que siguieron adelante con el objetivo de forzar la confrontación con el Estado (“España nos reprime”), mediante una vieja táctica política de situar al enemigo frente a la paradoja de los errores inevitables: cualquier decisión que tomes te perjudica. Y así fue.

Decidieron subvertir la legalidad para obligar al Estado a utilizar el principio de la fuerza, y lo consiguieron. Las imágenes de la Policía Nacional y la Guardia Civil golpeando a civiles que iban a votar dieron la vuelta al mundo, en beneficio de los independentistas y en contra de un Estado democrático al que habían convertido en un enemigo cruel y opresor y al que etiquetaban de franquista. Si a eso unimos la entrada en prisión de los miembros no fugados del Govern, acusados de tres delitos muy graves, el relato de “España nos reprime” quedaba redondo.

Con lo que no contaron los ideólogos separatistas fue con la decisión colegiada de Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera de complementar la 
aplicación del artículo 155 de la Constitución con la convocatoria de elecciones autonómicas en la primera fecha posible: el 21 de diciembre. Las supuestas represión, agresión, opresión u ocupación quedaban en entredicho cuando el Gobierno de España anunciaba las urnas para decidir el futuro de Cataluña.

Si a eso unimos la renuncia pública a la declaración unilateral de independencia de los líderes secesionistas e incluso la negación de los pasos dados en el Parlament, el resultado es algo confuso. “En estos momentos”, explica Joan Navarro, “hay dos millones de catalanes defraudados porque sus líderes no cumplieron la promesa de llevarles a la república catalana, y otros millones con miedo a la vuelta al 
procés. Lo que ha conseguido Rajoy es devolver el conflicto a Cataluña”. 
RIVAL, ADVERSARIO Y, FINALMENTE, ENEMIGO
“No hay posibilidades de evolución, ni de rectificación, una vez que la construcción del enemigo se ha llevado a término. Solo queda la posibilidad, a veces, de abandonar el grupo propio y traspasar el valor perverso de la identidad (construida sobre la hipótesis de la destrucción del otro) a un nuevo plano de convivencia con el adversario. Es la única salida”. Esta reflexión de José Lázaro, profesor de Humanidades, en su ensayo La violencia de los fanáticos, puede abrir una muy ligera rendija de optimismo si los ideólogos independentistas reconocen el fracaso del procés y se plantean la reconstrucción de un catalanismo federal, capaz de convivir con un adversario (o mejor, un rival), en vez de seguir luchando contra un enemigo al que destruir.

Uno de los capítulos del libro de Lázaro incluye una conversación con el psiquiatra Enrique Baca sobre la construcción del enemigo. Allí explica la diferencia entre rival, adversario y enemigo. “Al rival se le puede respetar e incluso estimar. Al adversario también, aunque es más difícil estimarlo… Pero la verdadera construcción del enemigo solo se alcanza con la decisión de destruir, literalmente a los miembros del otro grupo”.

En la cuestión catalana, el principio político del diálogo discrepante fue sustituido hace años por el independentismo por un proceso de construcción del enemigo, que hace muy difícil recuperar la conversación. Sobre todo, porque el relato se ha basado en innumerables mentiras y falacias. Las enumeraban Xavier Vidal-Folch y Nacho Torreblanca el pasado septiembre en EL PAÍS: La secesión de 1714, una Constitución hostil a Cataluña, la autonomía ha fracasado, el Estado es autoritario, España nos roba, solos seremos más ricos, tenemos derecho a separarnos, no saldremos de la UE, el 1-O es legal y votar siempre es democrático. 10 falsedades que han funcionado muy bien en la construcción del enemigo español. Lázaro explica el proceso en su conversación con Baca: “La identificación como enemigo del oponente es el punto de partida; la difusión de esa identificación entre ‘los nuestros’ es el paso siguiente; la acumulación de valores negativos y su señalamiento como alguien indeseable y peligroso supone el comienzo de la última etapa. Aquí es donde la propia dinámica del mecanismo empieza a despojar al enemigo de su carácter de otro-yo. Los pasos que faltan (reducción a la maldad absoluta) se dan solos”.


PERISCOPIO 02/12/2017 NACHO ALDAY – GUERRA HÍBRIDA

PERISCOPIO

02/12/2017

NACHO ALDAY – GUERRA HÍBRIDA 
                                    
Guerra híbrida es un concepto con el que se identifica un nuevo tipo de guerra que viene a dar por superada la guerra convencional. 

Está definida por el hecho de que no hay una distinción real entre la guerra y la paz. La idea es que las guerras ya no se declaran. Implican esfuerzos a diferentes niveles utilizando un grado de sofisticación cada vez mayor en el empleo de la tecnología con el objetivo de desestabilizar un Estado. El enemigo trata de influenciar a los estrategas políticos más destacados y a los principales responsables de la toma de decisiones combinando el uso de la presión con operaciones subversivas. El agresor a menudo recurre a actuaciones clandestinas para no asumir la responsabilidad o las posibles represalias. ¿Qué hacer cuando la autoría no está clara?

Pongamos un ejemplo imaginario con el caso catalán. Existe un sentimiento separatista fomentado por una potencia extranjera interesada en desestabilizar España. El Estado intenta frenar esa secesión encargando un atentado terrorista de falsa bandera en el corazón de Barcelona. Al no conseguir nada Madrid destituye el gobierno autonómico a lo que la potencia extranjera contesta derribando sofisticadamente dos aviones de combate, causando incendios devastadores en Galicia, mandando oleadas de invasores africanos a nuestras costas y liquidando con guante blanco a los dos fiscales implicados en el caso.


1 de diciembre de 2017

Las campañas de desinformación, nueva amenaza para la seguridad nacional

Las campañas de desinformación, nueva amenaza para la seguridad nacional
El Gobierno incluye la difusión de noticias falsas en la Estrategia que analiza los riesgos para España

EL PAIS -  Madrid 1 DIC 2017 - 06:29 BRST

Reunión del Consejo de Seguridad Nacional, bajo la presidencia del Rey, en en julio de 2015. JUANJO MARTIN EFE

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La nueva Estrategia de Seguridad Nacional, el documento que fija los riesgos para la seguridad de España y los medios y medidas para hacerles frente, que hoy aprobará el Consejo de Ministros, incluye por vez primera las “campañas de desinformación” como una de las formas de la llamada guerra híbridaEl documento evita citar a Rusia, aunque los expertos atribuyen al Kremlin las interferencias en las elecciones de Estados Unidos, el Brexit o la crisis catalana.

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El Gobierno ha sido extremadamente cauto al evitar atribuir a Moscú la autoría de las noticias falsas que inundaron las redes sociales en los últimos días de septiembre y principios de octubre. Se ha limitado a constatar que un 50% de los perfiles que difundieron estas fake newsprocedían de servidores alojados en territorio ruso y un 30% se replicaron desde Venezuela.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2017, que sustituye a la vigente desde 2013, no entra en detalles, pero aporta un nuevo enfoque al recordar que las “campañas de desinformación” no son un hecho aislado sino que forman parte de una estrategia planificada: la llamada guerra híbrida, que combina desde las fuerzas convencionales hasta la presión económica o los ciberataques. Sin profundizar en este espinoso asunto, el texto alude al triunfo de la posverdad, que intenta movilizar las emociones desdeñando el rigor de los hechos.

Aunque la Estrategia evite citar a Moscú, fue Rusia la que con más éxito aplicó la guerra híbrida con la anexión de Crimea por los hombrecillos de verde en 2014 y también la que ha recurrido a la difusión masiva de noticias falsas para interferir en las elecciones estadounidenses, el referéndum del Brexit o la crisis catalana; mientras que la posverdad tiene en el presidente Trump a su mejor apóstol.

CATALUÑA Y LOS DESAFÍOS A LA LEGALIDAD
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional no menciona el proyecto secesionista del Gobierno cesado de la Generalitat de Cataluña, a pesar de que este ha constituido el mayor órdago contra la unidad de España en el último medio siglo.

Al menos, el documento no cita expresamente a Cataluña. Sí contiene, sin embargo, una alusión implícita a este problema cuando menciona los “desafíos a la legalidad” como uno de los riesgos para la seguridad nacional y cuando ofrece como tratamiento la “respuesta del Estado de derecho”. Es decir, sin decirlo, los tribunales y el artículo 155 de la Constitución.

Precisamente, la victoria de Trump, el conflicto de Ucrania (con el resurgir de la tensión entre Rusia y la OTAN), el Brexit, el auge y caída del califato del ISIS, la crisis migratoria, el órdago nuclear de Corea del Norte y la extensión de los ciberataques son los principales cambios en el panorama mundial de los últimos cuatro años a los que la Estrategia intenta dar respuesta.

Entre sus objetivos figura la mejora del sistema de gestión de crisis. El Gobierno cuenta con una arquitectura de órganos de apoyo al Consejo de Seguridad Nacional, presidido por Rajoy. Pero el texto reconoce la necesidad de completarla y mejorar la coordinación. No en vano, el Consejo de Seguridad Nacional no se reunía antes de este viernes desde enero pasado, lo que supone que ha estado ausente de las grandes crisis que han sacudido España este año: los atentados yihadistas de agosto en Barcelona, los primeros en suelo español desde 2004, que dejaron 16 muertos; y la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) del Parlamento catalán el pasado 27 de octubre.

El segundo gran objetivo que fija la Estrategia es mejorar la cultura de seguridad nacional —es decir, la conciencia en la sociedad española de los riesgos a los que se enfrenta y la necesidad de hacerles frente—, por lo que su aprobación se ha acompañado de un vídeo publicitario (que se puede ver al inicio de este artículo).

Esta es la primera Estrategia que se aprueba tras la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Nacional de 2015. Por eso, ha cambiado el método de aprobación, por real decreto, y de elaboración. Esta última ha corrido a cargo de una Comisión de Alto Nivel, creada en enero pasado, en la que han participado todos los ministerios y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y que ha contado con aportaciones de más de 50 expertos, bajo la coordinación del Departamento de Seguridad Nacional, dirigido por Alfonso de Senillosa.

El Gobierno asegura que el documento ha sido consensuado con el PSOE y Ciudadanos. Fuentes socialistas admiten que hicieron sugerencias a un borrador, aunque ignoran cómo ha quedado el texto definitivo.

La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, anunció el jueves por la noche, en un foro organizado por La Razón, que propondrá a la Comisión de Defensa del Congreso la creación de un grupo de trabajo con diputados y editores de los principales medios de comunicación para estudiar una amenaza que "afecta de lleno a los intereses nacionales"  de España y sobre la que llamó a estar "muy vigilantes para que no se repita durante la campaña" de las elecciones catalanas del 21D.


Nunca de amarillo

Nunca de amarillo

Desde que Molière murió, en 1673, vestido de este color, todo el mundo de la escena lo evita. ¿Cómo pudieron elegirlo para significar un movimiento que es sobre todo teatral?


Un ciclista después de una protesta en Barcelona contra la aplicación del artículo 155 de la Constitución el pasado 21 de noviembre.
Un ciclista después de una protesta en Barcelona contra la aplicación del artículo 155 de la Constitución el pasado 21 de noviembre. JOSEP LAGO AFP

Nuevamente una mala decisión. Lo fue sustituir la señera para la estelada, bandera de todas las derrotas. También tomar caminos unilaterales en lugar de bilaterales o multilaterales, las prisas en lugar de la paciencia estratégica y las mayorías avaras en lugar de las calificadas. 
Ahora han cometido otro error al elegir el amarillo para la protesta contra el 155, contra los encarcelamientos y en favor de las candidaturas indepes.

Con la cantidad de actores movilizados en el proceso y la gran dosis de teatro que se ha hecho durante estos interminables cinco años, ¿cómo puede ser que nadie les haya dicho a los dirigentes que nunca hay que subir a un escenario vestido de amarillo y ni siquiera con un detalle de este color en el pecho? Desde que el gran Molière murió en el escenario vestido de amarillo el 17 de febrero de 1673 durante la representación de El enfermo imaginario, la gente de teatro rehúye el color amarillo, al menos cuando tiene que salir a actuar.

El Proceso, incluso cuando está en las últimas, sigue siempre la misma pauta. Lo que da valor a sus propuestas no es nada intrínseco sino la reacción del adversario, el Estado enemigo, el bloque del 155, el gobierno de Mariano Rajoy y los que le apoyan. Nada demuestra más claramente el vacío del proyecto que el infortunado desenlace del 27 de octubre, con una falsa proclamación de una inexistente república por parte de un gobierno primero silencioso y luego fugitivo. Todo teatro. La única ancla de salvación la proporcionó la reacción de la justicia, con los políticos presos, y de Rajoy, con el 155.

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Con el amarillo pasa lo mismo: una vez tomada la lamentable decisión de promocionar el color de la mala suerte para la campaña de los partidos independentistas, lo que sostiene su uso y entusiasma a los seguidores es su prohibición por las juntas electorales. Esta política reactiva es muy interesante para mantener la movilización y quemar las abundantes energías militantes, dedicadas ahora a buscar todo tipo de juegos y trucos de color amarillo para reírse de la prohibición. Ya que no hay hoja de ruta ni programa, dediquémonos al menos a embadurnarlo todo de amarillo en honor de presos y fugitivos.

La solidaridad está muy bien. No debe haber políticos presos aunque sean sospechosos de haber cometido delitos políticos horribles, como es cargarse el Estatuto y la Constitución, despeñar el Gobierno y el Parlamento por el camino de la ilegalidad y proclamar una república iliberal como proyecto y como procedimiento. Pero no puede haber objeción a que los ciudadanos expresen esa solidaridad exhibiendo signos comprensibles que significan su libertad, aunque yo particularmente nunca me pondría una señal amarilla encima, sobre todo si fuera amigo o familiar de un político preso, porque me parecería que estoy contribuyendo a que siguiera en prisión.

A los partidos independentistas, una vez cometido el error cromático, les va muy bien que la prohibición se extienda tanto como sea posible y se centre, sobre todo, en el color, para que el 21-D todo amarillee alrededor de las urnas. Será una escenificación notable, como todas las que han organizado los factótums del Proceso, que llenará de satisfacción a los participantes, aunque los resultados no les acompañen mucho o nada, como algunos ya empiezan a olerse. Seguro que lo atribuirán a las maniobras y maldades del Estado y del bloque del 155, pero en realidad será resultado de la elección errónea del color de la mala suerte cuando se sube a un escenario, y el proceso es el más colosal que hemos conocido en los últimos decenios.

Una nota final de aclaración. La junta electoral no prohíbe que los ciudadanos particulares embadurnen de amarillo lo que quieran e incluso que vistan de amarillo, como Molière al morir, el día de las elecciones. Lo que no gusta a los partidos no independentistas, y por eso recurren ante la junta electoral, es que se utilicen medios y presupuestos públicos, como son los edificios e instalaciones municipales, y sobre todo Catalunya Radio o TV3, para hacer campaña descarada a favor de los partidos independentistas. Buena parte de los protagonistas de estas manipulaciones son actores también ellos mismos, que se atreven a vestirse de amarillo sobre el escenario del Proceso y poner en peligro la existencia de los medios de comunicación públicos que les dan de comer. Todo muy extraño y de muy mal agüero.