19 de noviembre de 2018

PERISCOPIO - PUERTA

domingo, 18 de noviembre de 2018


PUERTA – 19/11/2018

En la Sagrada Escritura encontramos la frase “porque fueron débiles, yo les abrí una puerta que nadie podrá cerrar”. Esta puerta abierta es el Corazón Inmaculado de María.

Nada puede darnos mayor confianza, esperanza más fundada, estímulo más seguro, que la convicción de que, en todas nuestras miserias, en todas nuestras caídas, no tenemos sólo mirándonos con rigor de Juez, a la infinita Santidad de Dios, sino también al Corazón lleno de ternura, de compasión y de misericordia, de Nuestra Madre celestial.

Mientras más dificultades encontremos, humillaciones, rechazos y desprecios, si a pesar de todo, confiamos con una confianza mayor que el peso de la adversidad, debemos tener la certeza de que seremos atendidos.

Se puede medir el tamaño de la victoria por el tamaño de la humillación, por el tamaño del fracaso, por el tamaño de la imposibilidad aparente de conseguir algo. Esta regla tiene mucha importancia. Debe formar parte del estado de espíritu habitual cuando se hacen planes, se conciben esperanzas y se ejecutan proyectos. La derrota no es tan importante. La única derrota verdadera consiste en no confiar. ¡Quien confía, vence!

No se debe pensar que será un paseo triunfal hasta la victoria, un paseo con los aplausos de todos. Pocas veces a lo largo de la Historia la Iglesia ha vencido así. Y cuando vence de este modo, frecuentemente viene luego una derrota.

La verdadera victoria normalmente viene de una confianza ciega. Ante lo paradójico, lo inverosímil, aquello que se diría que no podría ocurrir, debemos poner nuestra confianza serena en la Señora de todos los Pueblos.

El camino es duro porque es la vía de la Cruz. Los caminos suaves no son los rieles de la verdadera victoria. La victoria es la de la Cruz, en la que todo es difícil, complicado, y en la que aparentemente no se tendrá éxito.

Ella que es la omnipotencia suplicante sabrá conseguirnos todo cuanto nuestra flaqueza necesita. Con el Corazón Inmaculado de María todos los terrores se disipan, los desánimos se desvanecen, las incertidumbres se despejan. Ella es la Puerta del Cielo abierta de par en par para los hombres de nuestro tiempo, tan extremadamente débiles. Y esta puerta “nadie la podrá cerrar”, ni el demonio, ni el mundo, ni la carne.

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