18 de julio de 2013

Sobre la calificación teológica extrínseca del Vaticano II

Sobre la calificación teológica extrínseca del Vaticano II



29.06.2013 – Fiesta de los Apóstoles S.Pedro e S.Pablo                               Arnaldo Xavier da Silveira

Enlace del texto original en portugués

TRADUCTOR: José María Rivoir Gómez



·      Para esta valoración global del Vaticano II, se exponen los conceptos de calificación teológica “extrínseca” y de “heretizante.”
·      Los fieles tienen el deber de huir no sólo de la herejía, pero “incluso de aquellos errores que se acercan más o menos de la herejía” (Pío XII, Humani Generis).
·       Puede haber error doctrinal en un documento conciliar que no cumpla las condiciones de lo infalible definidas por el Vaticano I.



1]  En los últimos años se desarrollaron amplios estudios sobre el Vaticano II, conmemorando el cincuentenario de su abertura, pero varias cuestiones relativas a él, incluso de fondo, aún permanecen abiertas. Una de ellas es la calificación teológica de sus documentos, esto es, el fijar los conceptos técnicos que indican en qué medida ellos se aproximan o se apartan de la Tradición católica. Analizando esta cuestión, en términos exclusivamente personales, abordaré también otros aspectos del Concilio que me parecen hoy relevantes.

2]  En la medida de lo posible, huyo aquí  de los modelos académicos, porque estoy seguro de que no necesito demostrar aquello que está patente a los ojos del lector a quien específicamente me dirijo, es decir, al católico de formación tradicional que acompaña los debates del Vaticano II. Para los fines muy circunscritos que ahora se tienen en vista, entrar en filigranas técnicas y pretender probar, con aparato universitario, lo que ya está probado, sería desviar la atención para puntos periféricos, abriendo el campo para debates meramente especulativos y de una erudición superflua. De todas formas, se deben citar los análisis doctrinales del eminente teólogo Mons. Brunero Gherardini, y la monumental obra histórica del profesor Roberto de Mattei, especialmente su libro, que ya se volvió clásico, editado en varias lenguas diferentes del mundo católico, Concilio Vaticano II – Una storia mai scritta, esos estudios son evidentemente  muy conocidos por los fieles a quienes sobre todo estos apuntes son dirigidos.

3] En esa perspectiva, en el primer capítulo se fijan las nociones de calificación teológica “extrínseca” de un texto, así como de “heretizante”, porque cualquier imprecisión o fluctuación conceptual respecto a esto podría desvirtuar las consideraciones que se siguen. En el segundo capítulo, se comenta el reciente artículo del Cardenal Kasper, importante para la comprensión del estado actual de los estudios sobre Vaticano II. En el tercer capítulo, se enseña que, a pesar de las maniobras de los conductores del Concilio para hacer frente a los argumentos doctrinales de los tradicionalistas, permanecieron, según los buenos autores, graves desvíos en los textos finales, confluyendo para la calificación teológica extrínseca del Vaticano II como “heretizante”. Y, en la conclusión, yo me permitiré dirigir al Papa Francisco un llamamiento respetuoso y angustiado.

CAPÍTULO I ― Fijando los conceptos de “extrínseco” y de “heretizante”


4] Como ya fue mencionado en el ítem 1 supra, se califica teológicamente una proposición o un texto aplicándole los conceptos técnicos que indican en qué medida ellos se acercan o se apartan de las normas de la fe. Las “notas teológicas” definen positivamente la cercanía de un enunciado con la fe, pudiendo haber así una simple opinión teológica, una tesis probable, o cierta, o verdad de fe, etc. Las “censuras teológicas” apuntan el grado y el sentido en que una proposición se aparta de la buena doctrina, pudiendo ser, por ejemplo, escandalosa, temeraria, con sabor de herejía, favorecedora de la herejía, hasta el extremo, herética.

5] La calificación teológica es “intrínseca” cuando trata respecto de una proposición o de un texto en sí, esto es, cuando se consideran estrictamente sus palabras y su sentido literal, atribuyéndoles con base a eso determinada nota teológica o determinada censura.

6] La calificación teológica es “extrínseca” cuando no considera la proposición o el texto en sí mismos, pero si en función de otros elementos, externos a su letra. Así, por ejemplo, hoy no es necesario analizar las palabras con que León XIII declaró inválidas las ordenaciones anglicanas, para saber que esa declaración es de fe eclesiástica, y para calificarla extrínsecamente como tal, pero para eso basta verificar que es esa la enseñanza moralmente unánime de los buenos doctores desde hace más de un siglo. Otro ejemplo: aunque un teólogo, basado en razones intrínsecas, entienda que los decretos de las Congregaciones Romanas envuelven por sí mismos lo infalible,  no puede atribuir a esa tesis un valor mayor del que el de sus argumentos y de su opinión personal, porque doctores de peso no la tienen como teológicamente cierta.

7] Al calificar extrínsecamente una proposición, un texto, un documento conciliar, o el Vaticano II en su conjunto, es necesario fijar con precisión cuál es el elemento “extrínseco” que está siendo escogido como base para la calificación. Tal elemento puede ser lo que dicen los grandes autores, y ese es el criterio que aquí se adoptó. Pero podría ser otro, como por ejemplo el “evento” que rodeo el Concilio. Que quede muy claro que, en el presente artículo, solo se considera la calificación teológica extrínseca del Vaticano II y de sus documentos, total o parcialmente, en función de lo que los autores antimodernistas, en su mayoría, o en su casi totalidad, escribieron al respecto.

8] Dado que el objeto de este estudio es la calificación extrínseca de los documentos del Vaticano II, las posibles observaciones sobre la calificación teológica intrínseca de sus textos, como la que consta en el ítem 34-h, se deben entender que se refieren sólo colateralmente a la materia principal, no influyendo en lo que consta en esta.

9] Como regla general, no cabe al teólogo pretender que otras personas sean obligadas a abrazar una tesis que él tenga como intrínsecamente cierta, pero que extrínsecamente no sea considerada como tal. Esa regla vale para el sacerdote con relación al penitente en el confesionario, como vale en los debates doctrinales y en la práctica de la vida católica. Es esencial, sin embargo, tener presente que, al conferir el consenso extrínseco de los autores sobre un punto doctrinal,  no se deberá considerar a los teólogos que notoriamente se distancian de la ortodoxia católica. Así, las doctrinas de la transubstanciación y de la virginidad biológica de Nuestra Señora no se vuelven extrínsecamente inciertas porque un teólogo progresista famoso las haya negado.

Sobre los conceptos de herético y de heretizante

10] Interpretación estricta de los textos heréticos – La proposición de un dogma a los fieles debe ser clara y exenta de dudas e imprecisiones, debe ser cierta y segura como lo explica bien el teólogo jesuita P. Sisto Cartechini: “Para que haya una definición infalible, esto es, un dogma, es necesario que la materia venga propuesta de tal modo que de certeza absoluta. Sin esa certeza, la definición tendría sólo el carácter de probabilidad; las mentes permanecerían inseguras y no podrían adherir con fe incondicional como se exige en el dogma”(Dall’Opinione al Domma, Roma, 1953). De modo simétrico, también la acusación de herejía debe tener una fundamentación exacta, y no larga, analógica o genérica. Para que una proposición pueda llamarse formalmente herética, debe contraponerse de modo preciso y frontal a una verdad de fe definida por el Magisterio extraordinario papal o conciliar, o por el Magisterio ordinario infalible. Si esa contraposición no es estricta, se tiene un texto próximo a la herejía, o con sabor de herejía, o sospechoso de herejía, o que merece otra censura teológica, pero no se tiene un texto herético en el sentido propio.

11] Neologismos con la terminación “izar” – Son muchas las palabras con la terminación izar que, sobre todo en el último siglo, se han introducido en las lenguas occidentales. En el portugués de hoy, un ordenador es inicializado; se habla en política izquierdizante, socializante, liberalizante; un acto puede ser protestantizante o modernizante; es posible infernizar a alguien con crítica indebida, o eternizar un problema, o agilizar un procedimiento, o viabilizar un projecto. En todas estas expresiones, la terminación izar y sus derivados llevan la noción de una tendencia para un determinado objetivo, de un desarrollo de las cosas y de las ideas en determinada dirección, de caminar en un sentido definido, aunque no lo sea muy explícito. Basta un ejemplo: una medida izquierdizante no trae en sí una carga izquierdista expresa y evidente, no es propiamente izquierdista, pero lleva para la izquierda directa e indirectamente , a pesar de que sea de forma poco percibida, tal vez incluso subliminar.

12] El concepto de hererizante comprende todas las censuras teológica que quedan debajo de la de herejía. Los autores indican muchas de ellas, en una lista abierta, esto es, que admite la posibilidad de tipos no numerados en los manuales. Así, una proposición puede ser calificada como próxima a la herejía, favorecedora de la herejía, sospechosa de herejía, con sabor de herejía, escandalosa, temeraria, ofensiva a los oídos píos, etc. En las presentes líneas, como ya fue indicado, no buscaré aplicar a cada trecho del Concilio esta o aquella censura teológica clásica, pero concentraré mis análisis en la noción genérica de heretizante.

13] No sólo la herejía se opone a la buena doctrina. Que quede aquí muy claro que el católico fiel no debe rechazar únicamente la proposición herética, pero toda aquella que merece alguna censura teológica, aunque sea de las más blandas. Todos los grados de las censuras teológicas envuelven, más o menos, alguna oposición a la doctrina católica, y por tanto alguna heterodoxia. Como es heterodoxo aquello que se aparta de la buena doctrina, ese término se aplica a toda la escala de los desvíos en materia de fe. Claro está que, cuanto más grave sea la censura teológica que quepa a un texto, mayor es el grado de repudio con que se debe verlo. Por ejemplo, incluso una proposición ofensiva a los oídos píos, no puede ser recibida en conciencia, ni suscrita por un fiel. Así, los textos que merecen toda la vasta gama de las censuras inferiores a la herejía no pueden también ser aceptados, ya que son de alguna manera heterodoxos. Como declara Pío XII, a veces se ignora, como si no existiese, la obligación que tienen todos los fieles de huir de aquellos errores que más o menos se acercan a la herejía (Humani Generis, de 12-8-1950, nº 12)



CAPÍTULO II ― Artículo reciente del Cardenal Kasper


14] De entre  los recientes estudios y pronunciamientos sobre el Vaticano II, sobresale aquí un artículo del Cardenal Walter Kasper. En él se resaltan los trechos que tienen importancia para la calificación teológica extrínseca de los documentos del Vaticano II. Aquel artículo presenta también otras revelaciones preciosas sobre el Concilio, en las cuales, sin embargo, no me pararé, una vez que no pretendo presentar una reseña de él, sino sólo destacar algunos puntos relevantes para la cuestión específica de lo que me ocupo ahora.

Artículo histórico sobre el Vaticano II

15] L’Osservatore Romano del 12 de abril pp. publicó un artículo del Cardenal Walter Kasper, titulado “Um concilio aun en camino”, sobre la interpretación y recepción del Vaticano II. El autor nació en 1933 en Alemania, en donde estudio filosofía y teología. Fue asistente de Hans Küng. Secretario especial del sínodo extraordinario de los Obispos de 1985, fue miembro de la Comisión Teológica Internacional. Juan Pablo II le nombró Obispo de Rottenburgo-Stuttgart en 1989, Cardenal en 2001, y a continuación presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, cargo en el que continuó por Benedicto XVI, con quien fue colega como profesor de teología. En el 2010 fue aceptada su petición de renuncia, por el límite de edad.

16] Ese artículo del Cardenal Kasper afirma que la gran mayoría de los Padres conciliares abrazó el optimismo del aggiornamento de Juan XXIII, y “quiso acoger las demandas de los movimientos de renovación bíblica, litúrgica, patrística, pastoral y ecuménica, surgidos entre las dos guerras mundiales, comenzar una nueva página de la historia con el Judaísmo, cargada de agravios, y entrar en diálogo con la cultura moderna”. Dice: “Fue el proyecto de una modernización que no quería ni podía ser modernismo”. Se debe observar ya que extrínsecamente, según los estudios a los que nos hemos referido, se trata, sí, de modernismo. Y obsérvese también que esos movimientos de entreguerras son la nouvelle theologie, condenada por Pío XII por pretender reformar completamente, la teología y su método y disminuir lo más posible el significado de los dogmas , de modo que “fácilmente pasan del desprecio de la teología escolástica a tener en menos y aun a despreciar también el mismo Magisterio de la Iglesia”    (Humani Generis, nos 7, 9 y 12).

17] Sin embargo, continúa el artículo, ”una minoría influyente opuso obstinada resistencia a esa tentativa de la mayoría. El sucesor de Juan XXIII, Pablo VI, estaba básicamente con la parte de la mayoría, pero trato de comprometer a  la minoría y, en la línea de la antigua tradición conciliar, de obtener una aprobación, lo más unánimemente  posible, de los documentos conciliares (…). Lo consiguió, pero se pago un precio. En muchos puntos, se tuvo que encontrar fórmulas de compromiso, en las cuales, a menudo, las posiciones de la mayoría figuran inmediatamente al lado de aquellas de la minoría, pensadas para limitarlas. Así, los textos conciliares tienen en sí un enorme potencial de conflicto, abren la puerta a una recepción selectiva en una u otra dirección” Obsérvese ya la extraordinaria importancia de esa declaración del ”enorme potencial de conflicto” de los textos conciliares, en que constan las posiciones de la llamada mayoría, al lado de las de la minoría. Más adelante, en el ítem 32, son presentadas algunas observaciones sobre los conceptos de mayoría y minoría según el Cardenal Kasper.

18] A continuación, el artículo relata las tensiones, los desentendimientos y la diversidad de interpretaciones que nacieron de esas “fórmulas de compromiso” de los documentos conciliares. Alude a las reacciones de Mons. Lefêbvre y otros, que se opusieron a las nuevas orientaciones “en parte por razones teológicas y, en parte, también, porque algunos tenían nostalgia de la sacralidad y de la estética del rito en uso hasta entonces” (ver más adelante, ítem 34-d). Dice que, “algunos críticos consideran el Vaticano II, en el contexto de la historia de la Iglesia, como una desgracia y como la mayor calamidad de los tiempos recientes”. Enseña como los Papas buscaron ampliar las nuevas orientaciones constantes de los documentos conciliares: “la recepción oficial no permaneció estática, pero, en parte, ultrapasó el Concilio”; “el primer paso oficial de la recepción fue la reforma litúrgica: fue, sobre todo, la introducción del nuevo Misal”. Y afirma que “todo eso transformó positivamente, bajo muchos aspectos, el rostro de la Iglesia tanto interna como externamente”. Subraya que, “de hecho, en las primeras dos décadas después del Concilio, hubo un éxodo de muchos sacerdotes y religiosos, en muchos ámbitos, se conoció una decadencia de la práctica eclesiástica al lado de movimientos de protesta de sacerdotes, religiosos y laicos. El Papa Pablo VI habló de ‘humo de Satanás’, entrado por alguna grieta en el templo de Dios”.

19] Subráyese, pues, que el Cardenal Kasper admite expresamente que prevaleció en el Concilio la orientación en el sentido “de los movimientos de renovación (…) surgidos entre las dos guerras mundiales”, y por lo tanto de la nouvelle théologie, y lo hace con algunos detalles que impresionan. Con una visión objetiva y desapasionada, ese artículo, sólo por sí, ya permite entrever que el Vaticano II merece censura teológica grave, por constituir una amalgama, de “enorme potencial de conflicto” de la doctrina tradicional con novedades ya condenadas.

Algunas afirmaciones del Cardenal no son nuevas

20] No se debe exagerar la novedad de lo que dice el Cardenal Kasper en el referido artículo de L’Osservatore Romano del 12-04-2013. La importancia de este texto es marcada por la persona de su autor, por la densidad histórica y doctrinal del contenido, y por el órgano que lo divulgó. Pero no son pocos los otros trabajos que han revelado y comentado hechos que se incluyen en la misma línea de aquel artículo. Mencionaremos algunos a continuación.

21] Autor de profundos estudios sobre el Vaticano II, el profesor Roberto de Mattei, el más autorizado historiador católico de nuestro tiempo, declaró: “Las reivindicaciones del ala ‘jacobina’ (para expresarme en términos de la Revolución Francesa) fueron rechazadas por la oposición de la minoría conservadora que, poco a poco, se fue organizando. Los documentos no correspondieron a las expectativas de los progresistas más audaces y fue gracias a los compromisos obtenidos in extremis que hoy es posible que el Papa diga que los documentos deben ser leídos a la luz de la Tradición ” (Catolicismo, marzo de 2011, pág. 31).

22] El jesuita P. João Batista Libanio nació en 1932 en Belo Horizonte, habiendo estudiado en Brasil, en Alemania y en Roma. Relacionado con la teología de la liberación, ha publicado numerosos libros y artículos. En el 2005, el escribió lo siguiente: “Pablo VI optó para que los textos conciliares sólo fueran aprobados por la grande mayoría. No quería de ningún modo, dar a entender que había facciones antagónicas y que los documentos significaban la victoria de una sobre la otra. Debían manifestar para la Iglesia y para el mundo que nacían de una comunión de corazones y mentes. Esa opción está en la base de los compromisos lingüísticos y permite y permitió que después del Concilio hubiera interpretaciones diferenciadas, apoyadas en la literalidad del texto (“Contextualização do Concílio Vaticano II e seu desenvolvimento”, Unisinos 2005, http://www.jblibanio.com.br/modules/mastop_publish/?tac=102,  § “Paulo VI optó...”).

23] El P. René Laurentin nació en Francia el año 1917. Famoso mariólogo, profesor y conferencista convidado en varias universidades europeas y americanas, fue perito del Concilio, sobre el cual publicó varios trabajos. En 1966, escribió que, en el Vaticano II, “por aquí y por allá se cultivaba la ambigüedad como una salida para oposiciones inextricables. Se podría dar una larga lista de términos que incluyen las tendencias opuestas, porque podían ser vistos por ambos lados, como juegos fotográficos en los cuales se ven dos personas diferentes en la misma imagen, conforme el ángulo en que se mire. Por esa razón, el Vaticano II suscitó, y continuará suscitando, muchas controversias” (“L’Enjeu et le bilan du Concile – Bilan de la quatrième sesión”, Seuil, Paris, 1966, p.357).


CAPITULO III ― Los textos controvertidos y el  carácter heretizante del conjunto


24] ¿Hay desvios doctrinales en los documentos del Vaticano II? Inmediatamente después del Concilio, los antimodernistas se dividieron al respecto. Algunos veían allí errores literales, otros no llegaban hasta tanto, o vacilaban, o huían del problema, y algunos aceptaban plenamente los textos conciliares. Y, como se explicará mejor en el ítem 40 más abajo, había los que argumentaban el falso principio, pero aceptado por cierta escuela teológica tradicional, que los Papas y Concilios no pueden errar en su magisterio, incluso cuando no cumplan las condiciones de lo infalible fijadas por el Vaticano I; y con base en eso entendían, a priori y por una supuesta razón de fe, que en el Vaticano II no podía haber nada de censurable. Hasta hoy la misma división de posiciones marca los medios antimodernistas.

25] El sentido objetivo de los textos - Para quien examina objetivamente los pronunciamientos de los autores antimodernistas sobre los documentos conciliares de los últimos cincuenta años, se hace desde luego patente que la señalada variedad de entendimientos no viene de una simple diversidad de reglas de hermenéutica, pero del hecho de que numerosos trechos del Vaticano II  sirven para interpretaciones diversas, e incluso opuestas entre sí. Es lo que se deduce también del artículo del Cardenal Kasper. Hasta tal punto, que los propios modernistas sacan de allí lo que les da la gana.

Los quodammodos de los textos conciliares

26] Durante años, antes, durante y después del Vaticano II, tuve trato íntimo próximo con Mons. Antonio de Castro Mayer (1904-1991), que fue Obispo de Campos, en el Estado do Rio de Janeiro, de 1948 até 1981. Habiendo pasado más de veinte años desde su muerte, doy aquí testimonio, para la Historia, de algunas de sus posiciones frente al Concilio, y de su perplejidad en como tomar, frente al modernismo dominante, una postura inspirada en San Atanasio. No cabe aquí analizar las actitudes extremas que Su Excia. tomó al final, pues en este artículo busco sólo exponer algunos aspectos del Vaticano II.

27] Los “quodammodos - Mons. Antonio de Castro Mayer llamaba la atención para las expresiones restrictivas que acompañaban siempre las novedades doctrinales de los textos conciliares. En todos los trechos que contenían o insinuaban ideas ajenas a la doctrina católica, el enseñaba, allí estaba una palabra o una expresión que le atenuaba el sentido literal. Podía ser el adverbio latino quodammodo, en castellano “de algún modo”, o un sinónimo, o una perífrasis equivalente, o una figura de lenguaje que, de la misma forma, confería al texto censurable algo de imprecisión, de indefinición o de confusión, que permitiría decir que en aquel trecho no había, literal y formalmente, un error o una herejía. Podía ser, al revés, una expresión ambigua o sospechosa que limitaba el sentido de una proposición ortodoxa. De todas formas, lo que siempre caracteriza esos “quodammodos”, como aquí los denomino, es hacer confusa la doctrina expuesta, mezclando la verdad con el error.

28] Tres simples ejemplos enseñan en qué consistía, según el entonces Obispo de Campos, esa maniobra semántica:
    a. En el número 22 de la Gaudium et Spes, se lee que “por su Encarnación el Hijo del Hombre se unió de algún modo [quodammodo] a todo hombre” de donde la expresión “de algún modo” introduce una nota de imprecisión e indefinición que dificulta la acusación de panteísmo modernista según la cual Nuestro Señor se habría unido hipostáticamente a todo hombre.
 b. El número 9 de la Lumen Gentium dice que la Iglesia de Cristo “subsiste
       en la” Iglesia Católica, en cuyo trecho el “subsistir en” equivaldría a quodammodo, volviendo confuso y ambiguo el dogma de que la Iglesia Católica es la única Iglesia de Cristo, pues “subsistit in”, “subsiste en”, podría ser interpretado como “quodammodo est”, “de algún modo es”, o incluso como “es”, sin más.
    c. La Lumen Gentium, con el trecho inaceptable sobre la colegialidad      episcopal, fue publicada con una “nota previa” oficial que limitaba de forma insuficiente el sentido heterodoxo del texto, ejerciendo así la función de quodammodo.

29] Esencialmente, la operación quodammodos ya había sido antes denunciada por algunos antimodernistas. En vista de las palabras del Cardenal Kasper, queda claro que esa operación fue planeada, como maniobra para bordear la “oposición obstinada” de la “minoría influyente”, esto es, de los defensores de la buena doctrina. No se trataba, de ningún modo, de atender a los órganos de los tradicionalistas, como eran llamados entonces, pero de modo disfrazado evitarlos, pudiéndose hablar por eso en el engaño de los quodammodos. No se pretende aquí investigar las intenciones de los conductores del Concilio, pues solo cabe a Dios juzgarlas, pero no se puede dejar de constatar, sencilla y objetivamente, que ese recurso fue aplicado de manera sistemática y programada.
30] En una apreciación extrínseca de la materia, que nadie diga que esas maniobras en la redacción daban a aquellos trechos un sentido ortodoxo. No es eso, de ninguna manera. La posición de los autores antimodernistas indica que esas maniobras sólo atenuaban o  confundían el sentido de los textos modernizantes para dificultar su calificación como literal y formalmente heréticos. El Cardenal Kasper ahora afirma que Pablo VI consiguió "comprometer" la minoría tradicionalista, pero para tal cosa "se pagó un precio", con "fórmulas de compromiso", en que "las posiciones de la mayoría figuran inmediatamente al lado de aquellas de la minoría, pensadas para limitarlas". Así se vuelve evidente que, siempre en una valoración extrínseca, esa limitación no convertía en ortodoxos los textos controvertidos, pero delibitaba su sentido, apartando o dificultando las censuras teológicas más graves, y bloqueando las sanas reacciones que pudieran surgir
31] Práctica deshonesta y astuta – En el libro "O Reno se lança no Tibre" (Ed. Permanencia, Rio de Janeiro, 2011, págs. 244-245), el P.Ralph Wiltgen S.V.D. narra que ya durante la segunda sesión del Concilio el P. Schillebeeckx hubiera dicho a un especialista de la Comisión de Teología que se sentía irritado al ver que determinado esquema adoptaba el punto de  vista liberal-moderado, cuando él, personalmente, era favorable al punto de vista liberal-extremo. El especialista le habría respondido: "Nosotros nos expresamos diplomáticamente, pero después del Concilio sacaremos del texto las conclusiones que están implícitas en el mismo", y el Padre Schillebeeckx habría calificado esa táctica como "desleal". Parafraseando el dicho de Corneille (Polyeucte, act. 1, escena 1)`, “ce qu’il ne peut de force, il l’entreprend de ruse” (“lo que él no puede por la fuerza, se busca por la treta"), podría decirse: lo que no consiguieron por la fuerza de la argumentación teológica, los modernistas lo lograron conseguir, parcialmente, con maña.
32] En el artículo del Cardenal Kasper se lee que la mayoría de los Obispos abrazó "el optimismo del aggiornamento". Esa idea no expresa toda la realidad. Gran parte de esa mayoría tenía profundas raíces tradicionales, lo que queda muy caracterizado en las manifestaciones anteriores a la abertura del Concilio y en la primera sesión, por ejemplo en las peticiones por la definición de los dogmas marianos u por la condenación del comunismo. Fue digna de consideración la actuación del Coetus Internationalis Patrum, cuyos Obispos, juntamente con otros, se levantaron durante el Concilio contra los desvíos doctrinales que estaban siendo propuestos,  provocando lo que aquí llamamos de operación quodammodos, como lo confirma el Cardenal Kasper. Si la reacción antiprogresista, que entonces nacía, no se hubiera enfriado, pero los denominados tradicionalistas hubieran comprendido que permanecían graves desvíos doctrinales en los nuevos textos propuestos, se podría haber corporizado una corriente conservadora con número y prestigio suficientes para parar el camino al modernismo triunfante. Sabiendo esto, los progresistas se preocupaban sin duda con la oposición de la minoría tradicionalista, pero se preocupaban más aún en evitar que despertaran, por celo por la fe que podría sorprender, a los Obispos conservadores que permanecían callados, o verdaderamente atónitos, dentro de la mayoría amorfa.
33] Considerando lo que hasta aquí he enunciado, digo:
Que numerosos y sólidos estudios antimodernistas del último medio siglo, muy conocidos en todo el orbe, especialmente por los católicos celosos de la fe, prueban los desvíos doctrinales graves en trechos del Vaticano II;
Que esos desvíos son calificados por pocos como herejías formales, pero señalados por prácticamente todos aquellos estudios como ofensivos a la fe católica;
Que son igualmente señalados como confluyendo todos para el vórtice modernista;
Que siendo así, considero correcto y propongo, in sede doctrinaria, que el Vaticano II  extrínsecamente sea calificado como "heretizante".

34] Explico más circunstanciadamente los varios tópicos de esa declaración del ítem anterior:
a. Considerando lo que hasta aquí he enunciado ─ Lo que consta, en forma sintética, en ese ítem 33, debe ser entendido dentro  de todo lo que se expone en el presente artículo.
b. Digo ─ Repito que sostengo estrictamente en mi nombre personal lo que a continuación enuncio, pero que quede claro que lo hago firmemente, no como mera impresión subjetiva, y que asumo toda la responsabilidad por lo que digo aquí.
c. Numerosos y sólidos estudios antimodernistas de la segunda mitad del último siglo prueban los desvíos doctrinales graves en algunos trechos del Vaticano II ─ Para el fin que ahora se tiene en vista, no son aquí considerados los trabajos modernistas, que no se pueden tener como verdaderamente católicos.
d. Tales estudios son muy conocidos en todo el orbe, especialmente por los católicos celosos de la fe ─ Es dispensable referir esos numerosos y brillantes estudios, por ser conocidos abundantemente, en especial por los fieles celosos de la Tradición católica. Un análisis intrínseco de los textos conciliares que yo redactara hoy sería solamente uno más, que nada diría, por ejemplo, a la alta autoridad romana que recientemente instó a los lefebvristas a deponer las armas, invocando sólo la caridad que une, como si la materia no envolviese graves problemas de fe. Se debe notar que esa postura recuerda la "nostalgia" (ítem 18 anterior) en la cual el Cardenal Kasper parece ver una razón meramente sentimental que habría llevado a muchos a no aceptar el Concilio.
e. Esos tópicos son calificados por pocos como herejías formales, pero señalados por prácticamente todos aquellos estudios como ofensivos a la fe católica En los escritos antimodernistas serios no es corriente encontrar la acusación literal de herejía a de los documentos conciliares. Lo que en general allí se lee es la acusación de incompatibilidad del texto conciliar con la doctrina católica, lo que cabe también a las proposiciones próximas a la herejía, favorecedoras de la herejía, y también a aquellas pasibles de censuras menos graves, caracterizándose así la censura genérica de heretizante.
f.  Los mencionados desvíos son igualmente señalados en que todos confluyen para el vórtice modernista También eso queda claro, abiertamente, en los mencionados estudios sobre el Concilio, dispensándose aquí cualquier referencia académica al respecto.
g. Siendo así, considero correcto y propongo, in sede doctrinaria Es indispensable y urgente que el Vaticano II sea etiquetado con la censura teológica extrínseca que le cabe, teniéndose en vista para eso el procedimiento descrito por el Cardenal Kasper, que constituye una maniobra desleal y confusionista que debe ser desenmascarada.
h. Sea el Vaticano II extrínsecamente calificado como "heretizante" ─ A pesar de que aquí solo se trate, ex professo, de la calificación teológica extrínseca del Concilio, no puedo dejar de declarar, sea dicho de paso, que en el análisis intrínseco entiendo que los quodammodos hasta tal punto volvieron resbaladizos los textos censurables, que no quedó ninguno herético, con la claridad necesaria para ser así formalmente calificado, sobre lo que yo tal vez escriba de aquí a poco.
35] “Abyssus abyssum invocat” - Los autores antimodernistas ven, en los trechos heretizantes del Vaticano II, abismos que llaman a otros abismos. Ellos señalan que al hombre moderno, incluso la mayor parte de los católicos, la modernidad atrae, con su materialismo, con su laicismo, con su desacralización de todas las cosas, con su pérdida de la noción del pecado, del infierno, etc. En el campo teórico, las nuevas doctrinas conciliares convidan al estudioso a abrazar el pensamiento moderno, a incluirse en el mundo relativista de la intelectualidad de nuestros días. En el campo práctico, las posturas conciliares, el llamado "espíritu del Concilio", el modo como los medios de comunicación social lo presentan sin efectiva oposición por parte de las autoridades eclesiásticas, todo conspira en el sentido de una nueva concepción del mundo y de una nueva moral libertaria, incompatibles con la Revelación. En la línea de lo que afirman dichos autores basta un ejemplo sencillo: si todas las religiones son buenas y salvan, ¿por qué hay que aceptar los principios católicos en materia sexual, que varias religiones no cristianas o llamadas cristianas juzgan superados y niegan?
36] Lo que hay de bueno y correcto ─ Como es evidente, según los mismos autores antimodernistas ni todos los trechos del Vaticano II merecen alguna censura teológica, tanto más cuanto allí son reafirmados dogmas definidos anteriormente e innumerables principios de la doctrina católica. Sucede sin embargo que, en general, incluso esas verdades de la Tradición son señaladas  como formuladas en los documentos conciliares en términos no escolásticos, sino que en lenguaje y contextos modernizantes. Es especialmente importante subrayar que aquellos autores indican como inaceptables todas las novedades doctrinales específicas del llamado aggiornamento del Vaticano II.

Paralelismo con lo que ocurre con la nueva Misa

37] Sobre la no aceptación del Ordo de 1969 - En Considerações sobre "Ordo Missae de Paulo VI, publicado en 1970 (ver en este sitio), me abstuve de indicar la censura teológica que yo atribuiría a cada trecho. Señalar una censura específica para cada texto no aclararía nada, pudiendo por el contrario suscitar dudas y debates interminables, tal vez académicamente válidos, pero en la práctica onerosos e inútiles. Por eso afirmé sólo, genéricamente, que el Ordo de Pablo VI no podía ser aceptado por el católico fiel, como hoy aún lo afirmo.
38] Sobre el sentido de esa no aceptación - En efecto, entonces escribí que "en vista de las consideraciones presentadas se impone la conclusión de que no se puede aceptar la nueva Misa. (…) Es menester dejar muy claro que las restricciones que hacemos a los diversos tópicos de la nueva Misa no son todas de igual importancia. A lo largo del trabajo procuramos siempre expresar cuál es el sentido y el alcance exacto de cada observación que hacíamos al 'Ordo' de 1969. Pero, vistas en su conjunto, esas observaciones convergen en un sentido único, lo que hace con que el todo merezca restricciones más graves de que cada parte pasible de reservas. (…) Nos preguntamos (…) en qué medida el (…) principio de la autoridad nos obliga  a aceptar o a rechazar, según la más pura doctrina católica, la nueva liturgia de la Misa. Y fue con base en esos presupuestos que nos vimos forzados a concluir que, por amor a la propia Iglesia y a la fe recibida de nuestros mayores, es necesario decir non possumus" (Considerações …, pág. 168).

39] Hoy, a semejanza con lo que escribí sobre la nueva Misa, y me restrinjo a una apreciación extrínseca, digo que el Vaticano II no puede ser aceptado por el católico fiel. Y añado que a los documentos conciliares, y por lo tanto al propio Concilio, cabe la calificación teológica extrínseca de "heretizantes".

40] Sobre los posibles errores en los documentos conciliares.- Durante el Vaticano II y poco después, muchos antimodernistas, incluso Padres conciliares y doctores de los más acatados, se vieron forzados a indagar si debían aceptar incondicionalmente los documentos promulgados por el Concilio. Ese caso de conciencia se puso de forma acuciante, sobre todo por causa de una concepción inflada de lo infalible de la Iglesia, defendida por cierta escuela teológica según la cual una enseñanza papal o conciliar jamás podría contener error, incluso cuando no cumplan las condiciones de infalible fijadas en el Vaticano I. Hoy en día hay todavía quien defienda esa tesis equivocada, que he calificado como de "infalible monolítico" (ver, en este sitio, el artículo Infalible monolítico y divergências entre antimodernistas”). Entre los teólogos fieles a la Tradición, sin embargo, se viene afirmando cada vez más la doctrina contraria, con base en la resistencia de San Pablo a San Pedro, y con argumentos históricos y teológicos de importancia.


CONCLUSION ― Llamamiento filial al Soberano Pontifice


41] Hablo aqui in sede stricte doctrinaria, proponiendo y sometiendo a los estudiosos de la materia, y sobre todo a las autoridades de la Santa Iglesia, ideas que juzgo hoy necesarias proclamar en defensa de la Fe. Y reitero que hablo en nombre exclusivamente personal, pues para eso no tengo mandato de ninguna entidad y de niungún  fiel. Las consideraciones que formulo tienen solamente la fuerza de los hechos y otras premisas en que las fundamento, y de los argumentos que aporto.

42] En vista de lo expuesto, dirijo un respetuoso y filial llamamiento al Papa Francisco para que comprenda que los verdaderos antimodernistas son sus seguidores más fieles, deseosos de acatar totalmente sus enseñanzas y mandatos; pero que no permita que les sea ordenado, como hace tiempo está sucediendo, lo que la conciencia católica no puede aceptar por oponerse a la Verdad, a la Tradición, a la doctrina de siempre. Que no se les diga, sin las distinciones elaboradas por la escolástica, que fuera de la Iglesia puede haber salvación. Que no se les enseñe que el protestantismo es una modalidad diferente y aceptable de vivir el Cristianismo. Que no sean equiparados a los fundamentalistas musulmanes. Que no se tolere que el Cardenal Arzobispo de la Habana continúe siendo colaboracionista del régimen comunista que esclaviza Cuba. Postrado a los piés de María, Auxilium Christianorum, pido al Sucesor de San Pedro que corte los pasos a la maniobra esbozada por el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe al etiquetar como herejes a los antimodernistas que tiene fundadas y graves reservas con relación a un Concilio  extrínsecamente calificable como heretizante.


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