10 de septiembre de 2019

INTOXICACION

lunes, 9 de septiembre de 2019


INTOXICACIÓN – 10/09/2019

Para mucha gente, todavía intoxicada por restos de romanticismo heredados del siglo XIX, el odio no es sólo un pecado, sino el pecado por excelencia.

La definición romántica del hombre malo es el que tiene odio en el corazón. En sentido contrario, la virtud por excelencia es la bondad y por esto todos los pecados tienen una atenuante si son cometidos por una persona de "buen corazón". Evidentemente, no se trata de un corazón propiamente dicho, sino de un estado de espíritu. Tiene "buen corazón" quien experimenta en sí, muy vivamente, lo que sufren los otros. Y que, por esto mismo, nunca hace sufrir a nadie.

Es por "buen corazón" que una persona puede dejar sistemáticamente impunes las malas acciones de sus hijos, permitir que la anarquía invada la sala de clases en las que enseña, o entre los obreros que dirige. Una reprimenda haría sufrir, y a esto no se decide la persona de "buen corazón", que él mismo sufre demasiado haciendo a los otros sufrir. La persona de "buen corazón" sacrifica todo a este objetivo esencial, que es evitar el sufrimiento. Si ve a alguien que se queja del rigor del Decálogo, piensa inmediatamente en reformas, ablandamientos, interpretaciones acomodaticias, si ve a alguien tener envidia por no ser noble, o millonario, piensa luego en democratización, si es juez, su "bondad" le llevará a hacer sofismas con la ley para dejar impunes ciertos crímenes, si es policía, a cerrar los ojos a hechos que su deber le impone que reprima, si es director de prisión, querrá tratar al sentenciado como una víctima inocente de los defectos de la época o del ambiente y en consecuencia instaurará un régimen penal que transformará el correccional en punto de encuentro de todos los vicios en que la libre comunicación entre penados expondrá a cada uno al contagio de todos los virus que aún no tiene, si es profesor, aprobará de modo soñoliento y bonachón a alumnos que merecerían como máximo un 3, si es legislador, será sistemáticamente propenso a todas las reducciones de horas de trabajo, y a todos los aumentos de salarios. En política internacional, será a favor de todas las capitulaciones imprevisoras, perezosas, inmediatistas, si ellas conservan la paz algunos días más sin esfuerzo.

Subyacente a todas estas actitudes está la idea de que en el mundo sólo hay un mal, que es el dolor físico o moral. En consecuencia, bien es todo cuanto tiende a evitar o a suprimir el sufrimiento y mal es lo que tiende a producirlo o a agravarlo. El tipo de buen corazón tiene una forma especial de sensibilidad, por la cual se emociona frente cualquier sufrimiento y defiende a cualquier individuo que sufre, como si fuera víctima de una agresión injusta. Dentro de esa concepción, "amar al prójimo" es querer que él no sufra. Hacer sufrir al prójimo es siempre y necesariamente odiarlo.

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