15 de septiembre de 2019

INCIDIR

viernes, 13 de septiembre de 2019


DOLOROSA – 14/09/2019

Vamos a incidir en la idea de que Dios, habiendo amado con amor infinito a su Verbo Encarnado, Nuestro Señor Jesucristo, y habiendo amado a Nuestra Señora con un amor inferior a ese, le dio todo cuanto existe de mejor. Y por eso le dio aquella inmensidad de cruces que es representada por el número siete. Son siete dolores, es decir, son todos los dolores. Nuestra Señora de los Dolores podría ser llamada con propiedad Nuestra Señora de todos los Dolores, porque no hubo dolor que Ella no sufriese.

Por eso, si es verdad que todas las generaciones la llamarán bienaventurada, a un título menor, pero inmensamente real, todas las generaciones la podrían llamar "infeliz". Si esto es así, deberíamos comprender mejor, cuando el dolor penetra en nuestra vida, que es una prueba del amor de Dios. Y que mientras el dolor no penetre en nuestra vida, no tendremos todas las pruebas del amor de Dios. Uno agregaría, no tendremos la principal prueba del amor de Dios.

Al ver las fisonomías de muchas personas se percibe en ellas la falta de más sufrimiento. Les faltan una nota de madurez, de estabilidad, de racionalidad, una elevación que sólo tiene quien sufrió y que sufrió mucho. Quien lleva una vida sin sufrimiento, lleva una vida en que esa nota no trasparece en la fisonomía y lo que es mucho peor, no trasparece en el alma.

Debemos comprender esto y cuando comienzan a aparecer contratiempos, dificultades, malentendidos, problemas de salud, en los negocios, en casa, etc. no deberíamos tomar en eso como un absurdo, con el estado de espíritu de las películas de Hollywood, es decir como una cosa que no debería suceder. Porque lo normal es sufrir. A quien Dios ama, a quien Nuestra Señora ama, éste sufre, porque Dios no va a recusar a este hijo, aquello que dio en abundancia a los dos seres que más amó, que son Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora.

Es estupenda la expresión de Bossuet respecto del Niño Jesús, "ese Niño incómodo". ¡Como todos los que quieren seguir a nuestro Señor son incómodos! A veces se tiene la sensación experimental de esto. Al dar un consejo, al pedir un sacrificio, el semblante de nuestro interlocutor va denunciando que nos está considerando incómodos. ¡Cómo sería más fácil decir un chiste alegre, hacer una broma, terminar todo con una palmada en la espalda y dispensar de una obligación!

Pues bien, el peso de ser incómodos es uno de los mayores pesos y también debemos cargarlo. A veces en nuestras familias nos encuentran incómodos porque les recordamos el deber. La resignación alegra esa incomodidad. El coraje de ser incómodos en todas las circunstancias, dar nuestra amistad de modo preferente a nuestros amigos incómodos, cuando su incomodidad consiste en recordarnos el deber, son virtudes que mañana, festividad de los Dolores de María, podríamos pedirle.

En la foto la imagen de la Dolorosa durante la lacrimación milagrosa en la venezolana ciudad de Carache el 1 de abril de 2009.

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