29 de marzo de 2016

NOTAS SOBRE LO INACEPTABLE EN LA FILOSOFIA Y LA TEOLOGIA DE LA LAUDATO SI’



NOTAS SOBRE LO INACEPTABLE EN LA FILOSOFIA Y LA TEOLOGIA DE LA LAUDATO SI’
Arnaldo Xavier da Silveira

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NOTAS SOBRE A FILOSOFIA E A TEOLOGIA INACEITÁVEIS DA LAUDATO SI’ - ARNALDO XAVIER DA SILVEIRA



“El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden”
(San Ignacio de Loyola – Ejercicios Espirituales)


1. Introducción: una “visión filosófica y teológica del ser humano y de la creación” de sabor panteísta y evolucionista.

Entre las reacciones desfavorables a la reciente Encíclica Laudato si’, del Papa Francisco, hay un aspecto que ha sido poco considerado en las publicaciones antimodernistas: su nebulosa “visión filosófica y teológica del ser humano y de la creación” (n. 130). Sin embargo, esa nueva Antropología y esa nueva Cosmología, de sabor panteísta (1) y evolucionista, son inaceptables a la luz de la Teología católica y de la sana Filosofía. En efecto, no está claramente afirmada la absoluta trascendencia de Dios (apenas referencias de paso, como en el n. 79 (2); tampoco la distinción entre la criatura y el Creador, y la noción metafísica de la creación ex nihilo, por un acto libre de Dios.

Estas notas están redactadas con todo el respeto que se debe al Sumo Pontífice, pero en las actuales circunstancias la verdad debe ser desvelada totalmente, para honra de la Santa Madre Iglesia y preservación de la integridad de la buena doctrina.

Sin desprecio de las críticas que ya se han formulado a los aspectos económicos, sociales o científicos del documento en general fundamentadas —, nos parece que tales aspectos son menos profundos y graves de que esa nueva concepción del hombre y del universo.

Un estudio más profundo de los principios metafísicos que inspiraron la Encíclica Laudato si’ debería examinar detalladamente cada tesis que ella defiende, conforme las buenas reglas de apologética católica tradicional; lo que, sin embargo, no parece necesario en estas breves anotaciones, que tienen, sobre todo, un carácter de pública denuncia y de alerta a los fieles. No pretendemos presentar un análisis exhaustivo de la Encíclica, limitándonos en estas consideraciones a la visión filosófica y teológica arriba mencionada, y destacando algunos puntos que hablan por si al católico de buena formación, que es a quién nos dirigimos.

2.Un misticismo panteísta y evolucionista inspirado en Teilhard de Chardin

En la Encíclica Laudato si’, el Papa Francisco se propone presentar una “visión filosófica y teológica del ser humano y de la creación” (n. 130). A partir de esa concepción del hombre y del universo, el desarrolla, de forma no sistemática, pero que no se puede negar, una nueva Teología, una nueva Moral, una nueva Liturgia, una nueva noción de los Sacramentos y de la oración, una nueva espiritualidad, y hasta una nueva Mariología. Con base en esos conceptos, ofrece también soluciones que terminan por proponer una autoridad internacional, por encima de los gobiernos nacionales (cfr. n. 175).

Esa visión filosófica y teológica está conforme al misticismo panteísta y evolucionista del P. Pierre Teilhard de Chardin SJ, citado nominalmente en el documento (nº 83). Veamos algunos ejemplos:

·         La meta del camino del universo se sitúa en la plenitud de Dios, que ya fue alcanzada  por Cristo resucitado, fulcro de la maduración universal” (n. 83).

Esa afirmación, de sabor inmanentista y evolucionista, es muy semejante al concepto teilhardiano del “Punto Omega”, punto de unificación de la evolución de todos los seres creados, identificado con Cristo. Para no tener duda cuanto a la inspiración en Teilhard, la Encíclica remite al lector para la obra de este Jesuita, en la nota a píe de página:

·         En esta perspectiva se sitúa la aportación del P. Teilhard de Chardin” (n. 83, nota 53).
Y de hecho son las concepciones teilhardianas las que nos dan la clave para la lectura del documento y entendimiento  de la nebulosa “visión filosófica y teológica del ser humano y de la creación” que la Encíclica propone, y de todas sus consecuencias. (VER EL APENDICE I).

No está demás recordar que las obras de Teilhard de Chardin fueron objeto de un Monitum (advertencia) del Santo Oficio, el 30.06.1962, en que se afirma que sus escritos abundan en ambigüedades y “contienen incluso graves errores que ofenden a la doctrina católica” (3).

3. Obscura concepción trinitaria

El estraño misticismo de la Encíclica se refleja en las mismas relaciones entre la Trinidad  y la Creación:
·         “El Padre es la última fuente de todo, fundamento amoroso y comunicativo de todo lo que existe. El Hijo, que Lo refleja y por Quien todo fue creado, Se unió a esta tierra, cuando fue formado en el seno de María. El Espíritu, vínculo infinito de amor, está íntimamente presente en el corazón del universo, animando y suscitando nuevos caminos” (n. 238).

·         “Una Persona de la Santísima Trinidad Se insertó en el universo creado, compartiendo  la misma suerte con el hasta la cruz. Desde el principio del mundo, mas de modo peculiar a partir de la encarnación, el misterio de Cristo obra veladamente en el conjunto de la realidad natural, sin con ello afectar su autonomía” (n. 99).

·         “Conforme la experiencia cristiana, todas las creaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios incorporó en su persona parte del universo material, en donde introdujo un germen de trasformación definitiva” (n. 235).

·         “Cristo asumió en Sí mismo este mundo material y ahora, resucitado, habita en lo íntimo de cada ser, envolviéndolo con su cariño y penetrándolo con su luz” (n. 211).

·         “El universo se desarrolla en Dios, que lo llena completamente” (n. 233).

4. - Los sacramentos: materia divinizada
En la Encíclica, esos conceptos, que parecen divinizar el universo material, se reflejan en una nueva Teología de los Sacramentos y en una nueva Liturgia:
·        “Los sacramentos constituyen un modo privilegiado en que la naturaleza es asumida por Dios y trasformada en mediación de la vida sobrenatural. A través del culto, somos convidados a abrazar el mundo en un plano diferente” (n. 235).
·        La Sagrada Eucaristía (Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo) es caracterizada por la Encíclica como “un pedazo de materia”:
·        “La creación encuentra su mayor elevación en la Eucaristía. La gracia, que tiende a manifestarse de modo sensible, alcanza una expresión maravillosa cuando el mismo Dios, hecho hombre, llega hasta tal punto que Se hace comer por su creación. En el apogeo del misterio de la Encarnación, el Señor quiere llegar a nuestro íntimo a través de un pedazo de la materia (n. 236).
La Eucaristía también es enseñada como un “acto de amor cósmico” que envuelve a todo el Universo.
·        “En la Eucaristía, ya está realizada en la plenitud, siendo el centro vital del universo, centro desbordante de amor y de la vida sin fin. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto la Eucaristía es, por si misma, un acto de amor cósmico(n. 236).
En términos teilhardianos, el Universo, salido de Dios, volvería para Dios por la progresiva unificación de todos los seres materiales, incluso hombre. Así es reconstituido en su totalidad el todo primitivo. En esa línea de pensamiento, Dios no crea solamente el Universo, pero el Universo recrea a Dios.
La Encíclica dice, citando al patriarca cismático Bartolomé de Constantinopla:
·         Además de eso nosotros, los cristianos, somos llamados a “aceptar el mundo como sacramento de comunión … Es nuestra humilde convicción de que lo divino y lo humano se encuentran en el menor detalle de la túnica inconsútil de la creación de Dios, incluso en el último grano de polvo de nuestro planeta” (n. 9).
5. - “Espiritualidad ecológica
A lo largo del documento, la “ecología”, el “medio ambiente”, la “naturaleza” son enseñados como absolutos por los cuales se debe guiar toda la actividad humana – moral, espiritual, económica, económica, educacional, etc. Con base en esos principios, Francisco propone una “espiritualidad ecológica”:
·         Deseo proponer a los cristianos algunas líneas de espiritualidad ecológica que nacen de las convicciones de nuestra fe, pues aquello que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestro modo de pensar, sentir y vivir (…): no es posible empeñarse en cosas grandes solo con doctrinas, sin una mística que nos anime, sin «una moción interior que impulse, motive, estimule y de sentido a la acción personal  y comunitaria» [Evangelii Gaudium, 261] … Tenemos que reconocer que nosotros, cristianos, ni siempre recogimos e hicimos fructificar las riquezas dadas por Dios a la Iglesia, en las cuales la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo, ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, pero vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que lo que nos rodea (n. 216).
El Papa pide una “conversión ecológica” y presenta el ecologismo como estando en la esencia de la vida virtuosa:
·         “(…) la crisis ecológica es un llamamiento a una profunda conversión interior (…) una conversión ecológica, que supone dejar emerger, en las relaciones con el mundo que los rodea [los cristianos], todas las consecuencias del encuentro con Jesús. Vivir la vocación de guardianes de la obra de Dios no es un opción personal ni un aspecto secundario de la experiencia cristiana, pero es parte de la esencia de una existencia virtuosa (n. 217).
Esa “conversión ecológica” implica la conciencia de “no estar separado de las otras creaturas, pero de formar con los otros seres del universo una estupenda comunión universal (n. 220). Esa “espiritualidad ecológica” nos hace sobrios, humildes, sin el deseo de dominar (cfr. nn. 224-225) y nos ayuda a oir las “palabras de amor” de la naturaleza (cfr. n. 225).
6.  Una nueva Mariología ecológica
Esa nueva “espiritualidad” modifica también la devoción a María Santísima en una clave ecológica:
·         “María, la madre que cuidó de Jesús, ahora cuida con cariño y preocupación materna de este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, así también ahora Se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las creaturas de este mundo exterminadas por el poder humano” (n. 241).
7. Llamamiento a un “maestro espiritual” de la Gnosis islámica
El Papa Francisco cita para apoyar su nueva “espiritualidad ecológica” a un “maestro espiritual” de la Gnosis islámica sufista:
·         “Un maestro espiritual, Ali Al-Khawwas, (…) dijo: «(…) Los iniciados llegan a captar lo que dicen el viento que sopla, los árboles que se inclinan, el agua que corre, las moscas que zumban, las puertas que rechinan, el canto de los pájaros, el tañer de las cuerdas, el soplido de la flauta, el suspiro de los enfermos, el gemido de los aflictos …»[n. 233, nota 159].
8. La tierra tratada como ser vivo
En varios lugares la Encíclica trata a la tierra, a la naturaleza y al ambiente como si fueran seres racionales (4):
·         Esta hermana [la tierra] clama contra el mal que le provocamos por causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios puso en ella.” (n. 2).
·         “Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, se cuenta nuestra tierra oprimida y desbastada, que «gime y sufre los dolores del parto» (Rom. 8, 22)”  (n.2).
Se debe notar el uso de la categoría marxista de “pobre” como “oprimido”.
·         La Encíclica recomienda  un enfoque ecológico para “oír tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (n. 49).
·         “Estas situaciones provocan los gemidos de la hermana tierra, que se unen a los gemidos de los abandonados del mundo, con un lamento que reclama de nosotros otro rumbo” (n. 53).
La Encíclica habla en una “relación interior” del hombre consigo mismo, “con los otros, con Dios y con la tierra” (n. 70). Y, más adelante, dice que el Levítico “buscó asegurar el equilibrio y la equidad en las relaciones del ser humano con los otros y con la tierra en donde vivía y trabajaba” (n. 71). Ahora bien, solo hay relaciones de equidad entre los seres racionales, entre las personas. Así, conforme la Encíclica, el hombre deja de ser el Rey de la creación corpórea (ver APENDICE II).
9. Conclusión
Por todo lo que acabamos de analizar, la “visión filosófica y teológica del ser humano y de la creación” enseñada por la Encíclica es incompatible con el dogma católico y con la sana filosofía, por lo tanto no se puede aceptar. Lamentamos tener que ser obligados a señalar, subrayando que es inaceptable, no sólo por los graves errores que contiene, pero también por sus insinuaciones, ambigüedades, todos ellos orientados para favorecer una cosmovisión panteísta.
Tal como se ve, no se reconoce en la Encíclica Laudato si’ la voz fiel, suave y firme del Buen Pastor que la Iglesia siempre nos enseñó. No se reconoce, igualmente, los trazos sobrenaturales de las enseñanzas de San Pablo, conforme las cuales no puede recibirse otro Evangelio, aunque sea anunciado por “un angel que baje del cielo” (5).
Se pregunta: ¿un documento oficial de la Iglesia, con la solemnidad de una Carta Encíclica, puede merecer tales reservas, sin que con eso no estén golpeados los principios de la indefectibilidad de la Iglesia y de la infalibilidad del Magisterio? En mi trabajo sobre la Hipótesis Teológica de un Papa Hereje (6) traté ese asunto.
“Le resistí en la cara, porque merecía reprensión”. Con esa frase el Apóstol San Pablo justifica su resistencia a San Pedro respecto a la observancia de los ritos judaicos por los cristianos.
¿Será legítimo, en casos extremos, oponerse a las enseñanzas de los papas que no están garantizados por lo infalible o resistir a las decisiones del Soberano Pontífice? Respondemos a esa pregunta, trascribiendo a continuación algunos textos relacionados con la resistencia pública a los actos del Papa.
·         Santo Tomás de Aquino enseña, en diversas partes de sus obras, que en casos extremos es lícito resistir públicamente a una decisión papal, como San Pablo resistió en la cara a San Pedro: “(…) habiendo peligro próximo para la fe, los prelados deben ser argüidos, incluso públicamente, por los súbditos. Así, San Pablo, que era súbdito de San Pedro, lo arguyo públicamente, por causa de inminente escándalo en materia de Fe. Como dice la Glosa de San Agustín, ― “el propio San Pedro dio ejemplo a los que gobiernan, para que cuando estos se aparten alguna vez del buen camino, no retrocedan creyendo indigna una corrección que proceda incluso de sus súbditos” (7) .
·         Francisco Suarez, SJ (1548–1617)  “Si [el Papa] decreta una orden contraria a las buenas costumbres no se debe obedecerle; si intentara hacer algo manifiestamente opuesto a la justicia y al bien común, será lícito resistirle; si atacara por la fuerza podrá ser rechazado, con la moderación propia a la justa defensa (cum moderamine inculpatae tutelae)(8).
·         San Roberto Bellarmino, SJ (1542-1621) – “(…) así como es lícito resistir al Pontifice que agrede el cuerpo, así también es lícito resistir al que agrede a las almas, o que perturba el orden civil, o sobre todo, aquel que intentara destruir a la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad; no es lícito, sin embargo, juzgarlo, castigarlo o deponerlo, pues estos actos son propios de un superior ” (9).
·         Cornélio a Lapide, SJ (15671637) Enseña el ilustre exégeta que, conforme San Agustín, San Ambrosio, San Beda, San Anselmo y muchos más Padres, la resistencia de San Pablo a San Pedro fue pública, para que de ese modo, el escándalo público dado por San Pedro fuera remediado con una amonestación también pública (10). Después de analizar los diversos temas teológicos y exegéticos suscitados por la actitud asumida por San Pablo, Cornelio a Lapide afirma que los superiores pueden ser regañados, con humildad y caridad, por los inferiores, para que la verdad sea defendida; es lo que declaran, con base en este trecho (11), Santo  Agustín (12), San Cipriano, San Gregrorio, Santo Tomás. Ellos enseñan claramente que San Pedro, siendo superior, fue regañado por San Pablo con razón, pues, dice San Gregorio (13): Pedro se calló para que, siendo el primero en la jerarquía apostólica,  fuera también el primero en humildad.
10.  Post scriptum
Las presentes Notas ya estaban redactadas cuando hemos tenido conocimiento de una entrevista concedida por correo electrónico por la Profesora Deborah Terezinha de Paula a la Revista IHU on-line, del Instituto Humanitas de la UNISINOS, publicada con el título Laudato si’: un texto de Teilhard de Chardin. La entrevistada es diplomada en Pedagogía por la Universidad Federal de Juiz de Fora, es Master en Ciencia de la Religión, recientemente defendió la tesis de doctorado “Diafanía en el Corazón de la Materia: la Mística de Teilhard de Chardin”. Es relevante el hecho de que la entrevista fue concedida a un órgano de la Universidad UNISINOS, dirigida por los sacerdotes jesuitas de Río Grande del Sur, que la acoge con calor, y que, en 2005, organizó un simposio de gran repercusión en los medios especializados, con motivo del cincuentenario de la muerte de Teilhard, revelando la comprometedora adopción,  por los círculos católicos de proyección, y en especial por la UNSINOS, de las tesis de Teilhard de Chardin.
Teilhard presente en las entrelineas de la Encíclica
La revista de la UNISINOS observa que el pensador francés está muy presente en esa Encíclica, y se refiere a que la entrevistada “revela que el pensamiento del místico aparece no solamente en las citas directas”. “Es como si estuviera en las entrelineas, escribe la misma Profesora Deborah. Y continúa: “cuando el Papa destaca la presencia de Dios en los elementos de la naturaleza, se tiene la impresión de estar oyendo al mismo Teilhard”; y más aún: “el mismo título de la Encíclica, que nos convoca a una alabanza universal mediante un cuidado con la casa común, me recuerda a Teilhard de Chardin”.
El Cristo Universal
Escribe la entrevistada: ”El Cristo Universal de Teilhard no es un nuevo Cristo, pero es el mismo Cristo de la Fe evangélica”. Más aún: “Es el hombre que nació de una mujer, el niño nacido en Belén, Dios que por la Encarnación asumió el mundo material para elevarlo consigo. Es el joven que desafió el poder en defensa de los más débiles, pagando con la propia vida el precio por su osadía. Es aquel que por la Resusrreción habita e ilumina ahora todo el ser. Es el Cristo que, habiendo pasado por el mundo, ahora habita el cosmos, convocándonos a todos a una conversión de amor”.
Continúa la Profesora Deborah: “Cuando habla en el deber humano de colaborar con el Creador en la obra de la Creación (LS 14, 124ss), el Papa seguramente retoma Teilhard, que varias veces hablo de ese deber, que él entiende como un deber sagrado. Cuando nos damos cuenta de la relación que nos une a todo cuanto existe, en fin, cuando crece en nosotros aquello que el místico francés definiría como sentido cósmico, llegamos pues, a la percepción de nuestra naturaleza molecular”.
Escribe la Profesora Deborah: “Teilhard asume la evolución como telón de fondo de su explicación del mundo. En Comment je crois, él sintetiza su credo de la siguiente manera: «Yo creo que el Universo es una Evolución. Yo creo que la Evolución camina para el Espíritu.Yo creo que el Espíritu se completa en lo Personal. Yo creo que lo Personal supremo es el Cristo Universal» ”.
Dada la índole de eses textos, no se puede dejar de preguntar si la evolución, partiendo de la creación y seguida por la Encarnación, no pasaría por la etapa en que, como dice la Profesora Deborah, Cristo “ahora habita el cosmos”, y por un proceso de maduración de “conversión de amor”, llegaría, como se lee en la Encíclica, a la “plenitud trascendente” de Dios, “en donde el Cristo resucitado abraza e ilumina todo”, el “Cristo Universal” de Teilhard de Chardin (n. 83). Como se ve, todo el lenguaje de Teilhard de Chardin y de sus seguidores es un conjunto de metáforas literarias y confusas que tienen en vista disfrazar sus doctrina de fondo panteísta. Lo llaman de mística a eso, mientras que la verdadera mística católica es clara, inteligible, se encaja en la lógica y en la  racionalidad de la Escolástica.
                                                                                                                                                                              ¿Un panteísmo cristiano?
Escribe la entrevistada: “Esa capacidad especial de ver a Dios en todas las cosas, ese profundo recibimiento de la espiritualidad paulina del Dios todo en todos, resultó con que la mística teilhardiana fuera equivocadamente asociada a las místicas panteístas por las cuales el mismo Teilhard se dice seducido”.
La entrevistada: “En su proceso de evolución interior él se sintió tentado por el panteísmo y, hombre de harmonía por excelencia, trabajo mucho en el sentido de refutarlo y al mismo tiempo integrarlo en su visión del mundo. En su autobiografía él habla del riesgo que el enfrentó no con el panteísmo, pero con la pérdida de «[…] una forma inferior (la forma corriente y fácil) del Espíritu panteísta: el panteísmo de efusión y de disolución […]. Para ser todo, fundirme con todo». Ese tipo de panteísmo es rechazado por el místico que, captando a Dios en el Mundo, no identifica Dios y mundo. Mientras que el panteísmo seduce por la idea de una unión perfecta en donde las diferencias serían anuladas en la mística teilhardiana las diferencias son valorizadas. El Creador, tal como lo piensa el jesuita, abraza las creaturas, pero su abrazo no las absorbe en sí. La verdadera unión no hace perder la personalidad. Es necesario unirse a otro sin dejar de ser lo que se es. Y, verdaderamente, explica el religioso de Auvergne, esta es la aspiración de toda mística: «[…] unirse (esto es, volverse el Otro), permaneciendo sí mismo», aspiración que, conforme Teilhard, solo el cristianismo salva a través de la persona de Cristo, lo humano-divino que sin dejar de ser Dios es hombre y sin dejar de ser hombre es Dios”.
Teilhard habría conseguido voz y vez en Roma
A propósito del Monitum publicado por la Santa Sede en 1962 contra las obras de Teilhard, escribe la entrevistada que los escritos de él “pasaran y hoy consiguen voz y vez en el propio ambiente que intentó silenciarlo, señal de nuevos tiempos, de una Iglesia capaz de dejarse vivificar por el Espíritu que sopla en donde quiere. Antes de la Laudato si’, dos pontífices habían retomado Teilhard: Juan Pablo II y Benedicto XVI; pero ninguno de ellos en una encíclica, y de forma tan contundente. Si hubo una única referencia directa al Padre Teilhard, yo diría que la Carta [Encíclica] está toda impregnada de su pensamiento”.








Apéndice I
Teilhard, ¿qué dices de ti mismo?
El panteísmo explícito de Teilhard de Chardin

Recordemos brevemente el pensamiento de Teilhard de Chardin en lo que tiene de más esencial, destacando lo que está, de una u otra manera, subyacente en el texto de la Encíclica Laudato si’.

1.      Teilhard: “Soy esencialmente panteísta de pensamiento y de temperamento”

El mismo Teilhard afirma su panteísmo en varios escritos. Entre  estos, en la carta de 14.01.1954:

·         “No admito la posición ‘anti panteísta’ que me atribuís. Yo soy, por el contrario, esencialmente panteísta de pensamiento y de temperamento: y yo pasé toda mi vida  gritando que hay un verdadero ‘panteísmo de unión’ (deus omnia in omnibus) (un pan cristiano, decía Blondel) frente del pseudo-panteísmo de disolución (oriental)” Deus omnia. Y en este capítulo, no encuentro en mí ninguna simpatía por el Creacionismo bíblico (excepto en la medida que este fundamente la posibilidad de Unión). De lo contrario, a mi me parece que la idea de la creación bíblica, es más bien infantil y antropomórfica(a).

Como ya dijeron los griegos y como repite San Paulo, todo está en todo. La expresión es peligrosa, porque, mal entendida, conduce al panteísmo. Su verdadero sentido es que Dios es la causa eficiente de todas las creaturas (porque las creo y las sustenta en el ser), y también es causa ejemplar y causa final de las mismas. Los seres creados son verdaderos seres, como tienen esencias verdaderas, propiedades verdaderas, etc. Pero el ser , la esencia, las propiedades, etc., del ser creado son  muy diferentes de las de Dios, que esas palabras se aplican análogamente a Dios y a las creaturas. Es esa analogía que marca el rechazo de cualquier panteísmo en la doctrina católica, a la vez que explica el verdadero sentido del principio omnia in ómnibus.

En otra carta, del 2,1, 1951, Teilhard propone
·         “Una forma superior y sintética de ‘misticismo”, en el que la fuerza y la seducción del panteísmo oriental convergen en una culminación” (b).


El explica su objetivo:
·         Lo que yo propongo hacer es reducir la distancia entre el panteísmo y el cristianismo, enseñando aquello que se podría llamar de alma cristiana del panteísmo o el aspecto panteísta del cristianismo(c).
Parafraseando a Tertuliano, que dijo que el alma humana es naturalmente cristiana, Teilhard de Chardin afirma que ella es naturalmente panteísta.
·         “La tendencia al panteísmo es tan universal y tan persistente que debe haber algo en ella, un alma (un alma naturalmente cristiana), una verdad que reclama el bautismo” (d).

El pretende crear una nueva “espiritualidad” cristiana-panteísta.
·         Con relación a mi “Evangelio”… mis posibilidades y tendencias … [son] de ayudar a crear una atmosfera espiritual … eso, es evidente, es una actitud esencialmente cristiana, pero enriquecida por la confluencia de la mejor y más sutil esencia de aquello que está escondida por detrás de varios panteísmos(e).
El en una carta a su amiga Lucille reafirma de nuevo su panteísmo:
·         Yo soy antes de nada y esencialmente un panteísta nato(f).

2.      Cristo: “el último centro para el cual camina toda la evolución”

J.L. Illanes Maestre, profesor de Teología Dogmática en la Universidad de Navarra, España, en un artículo sobre Teilhard de Chardin, después de describir el evolucionismo del Jesuita y hablar del “punto omega”, sintetiza:

·         Postulada así la existencia de Dios como principio cósmico de convergencia, Teilhard termina de expresar su sistema sobreponiendo al punto Omega de la evolución el Cristo de la Fe. Cristo es, pues, enseñado por Teihard como Dios que se sumerge en las cosas y se introduce en el psiquismo total de la tierra y, de esta forma, se convierte en el último centro de la reunión universal para el cual camina toda la evolución(g).

Se trataría de un pan psiquismo en que el espíritu está inmerso en la materia, de la que se va libertando poco a poco por el proceso evolutivo impulsionado por Cristo.

(a) Apud A.M y C.C., Teilhard de Chardín, Pierre – Opera omnia. Disponível em http://www.opuslibros.org/Indexlibros/Recensiones 1/teilhard obr.htm
      (b) Carta de Paris, de 02.01.1951, in Cartas a Dois Amigos,     https://archive.org/stream/LettersToTwoFriends/Letters To TwoFriends djvu.txt
      (d) The Heart of the Matter, p. 207, in https://archive.org/stream/Heart OfMatter/Heart of Matterdjvu.txt
       (e) idem, ibidem.
       (g) J.L. Illanes Maestre, Teilhard de Chardin, Pierre, in Gran Enciclopedia Rialp, Ed. Rialp, Madrid, 1975, vol.22,p. 138.

Apéndice II
El hombre deja de ser el Rey de la creación corpórea

La Encíclica Laudato si’ afirma o insinúa, en varios trechos, sin las necesarias distinciones, que los seres no racionales dan gloria a Dios por sí mismos, por el hecho de existir, y que el hombre debe tener esto en cuenta, y tratarlos con el debido respeto.

1.- La doctrina tradicional

No hay duda de que todos los seres irracionales dan una gloria a Dios que los teólogos llaman objetiva. Pero por medio del hombre ellos participan de la gloria formal que el hombre da. Son como un instrumento magnífico por medio del que el hombre toca una harmoniosa sinfonía de gloria a Dios. Conforme la interpretación tradicional del libro del Génesis y el principio enunciado por Santo Tomas de Aquino de que lo menos perfecto existe para lo más  perfecto (II-II, q. 64, a.1), el hombre siempre fue visto como Rey de la Creación corpórea. Así se expresa H. Pinard en la entrada Création, en el Dictionnaire de Théologie Catholique:
·         “… de hecho todos los Padres [de la Iglesia] y los teólogos consideran al hombre como la coronación  providencial del mundo sensible: todo está ordenado para él ya que sin él las cosas no alcanzarían su finalidad; la naturaleza no tendría la voz para alabar a Dios … El hombre fue el último creado, dicen los Padres, porque convenía exactamente, antes de introducir al rey del universo, que todo estuviera preparado (III, col. 2172).
El P. José F. Sagües S.J., en su tratado De Deo Creante et Elevante, dice con precisión:
·         “Nuestra afirmación (…) de que el mundo existe por causa del hombre, y sin duda para que lo sirva para garantizar a la glorificación de Dios, es de fe divina y católica; y si se toma en cuenta cada una de las cosas que existen en  el mundo, es verdad cierta en teología.”(Sacrae Theologiae Summa, v. II Tractatus II, n. 204).

2.- La nueva doctrina

La Encíclica va a mudar este enfoque tradicional. A continuación en el segundo parráfo la idea del dominio del hombre sobre la tierra es contestada:
·         “Crecemos pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a saquearlos” (n. 2).
Téngase en cuenta el subterfugio: unir la noción del Génesis, de que el hombre debe dominar la tierra, con la de “saqueadores”. Ese mismo recurso será usado más adelante para deshacer la claridad del mandato de libro sagrado:
·         “y los bendijo Dios, diciéndoles: ‘Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra” (Gén 1,28)..
Dice la Encíclica:
·         “Si es verdad que nosotros, los cristianos, algunas veces interpretamos de manera incorrecta las Escrituras, hoy debemos decididamente rechazar que, del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra, se deduzca un dominio absoluto sobre las otras creaturas” (n. 67).
La Iglesia nunca enseño que el dominio del hombre sobre la naturaleza y los animales fuera absoluto, en el sentido de que él pudiera hacer lo que quisiera, sin tener en cuenta el último fin de todas las cosas. Pero, al decir que antes se interpretaba “algunas veces” incorrectamente las Escrituras, se sugiere que la doctrina clásica del dominio del hombre sobre la naturaleza derivaba de malas interpretaciones en el pasado. Esa idea es reforzada más adelante:
·         “Hoy, la Iglesia no dice, de manera simplificada, que las otras creaturas están totalmente subordinadas al bien del ser humano, como si no tuvieran un valor en sí mismas y fuera posible disponer de ellas como queramos… “ (n. 69).
Conforme el mismo texto, existe una “reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza.” (n. 67). ¿Cómo puede haber reciprocidad y responsabilidad entre el “ser humano” (racional) y la “naturaleza” (irracional)?
Más adelante, la Encíclica también une artificialmente el “dominio” con la “arbitrariedad”:
·         “Pero también estaría equivocado pensar que los otros seres vivos deben ser considerados como meros objetos sometidos al dominio arbitrario del ser humano” (n. 82).
En ningún lugar de la Encíclica se menciona al hombre como rey de la creación, pero insiste en deponerlo de esa condición. Así, en el n. 68 (in fine) afirma que “la Biblia no da lugar a un antropocentrismo despótico, que se desinteresa de las otras creaturas.”
Resumiendo, la Encíclica enseña al hombre no como el dominador de la naturaleza, del mundo sensible, el cual usa para dar gloria a Dios, pero invierte prácticamente ese orden y pone al hombre no como dominador, pero como servidor de la naturaleza sensible a la que debe obedecer y someterse.

[1] Panteísmo: como el mismo nombre lo dice, es la doctrina conforme al cual todo es Dios. Varían las formulaciones doctrinales de las diversas corrientes panteístas.
[2] Seguimos el texto y la enumeración de los párrafos de la traducción  en portugués (de Portugal) copiada de la página web de la Santa Sede (Carta Encíclica Laudato si’, del Santo Padre Francisco, sobre el cuidado de la casa común, 24 de mayo -  Fiesta de Pentecostés de 2015). Subsidiariamente, acudimos a los textos publicados en Brasil por las Editoras Paulinas y Loyola, São Paulo, 2015. Las citas de los textos de la Encíclica se harán exclusivamente con la indicación de los números de los párrafos; por ejemplo: (n. 239).
[3] Apud A.M. y C.C., Teilhard de Chardin, Pierre – Opera omnia. Disponible en http://www.opuslibros.org/Index_libros/Recensiones_1/teilhard_obr.htm
[4] Es verdad que muchos místicos auténticos, e incluso las Sagradas Escrituras, usan muchas veces de un lenguaje antropomórfico, al referirse a las creaturas inanimadas o irracionales. Pero el contexto ecológico-panteísta de la Encíclica hace con que ese recurso metafórico se vuelva sospechoso.
[5] San Pablo, Gálatas, 1,8.
[6] In Considerações sobre el ‘Ordo Missae’ de Paulo VI, edición multicopiada, 1970, São Paulo; publicado en francés con el título La Nouvelle Messe de Paul VI: Qu’en Penser? (Diffusion de la Pensée Française, Chiré-en-Montreuil, 86190 Vouillé, França, 1.975).
[7] Ad Gal., 2,14.
[8] De Fide, disp. I, sect. VI, n. 16.
[9] De Rom. Pont., lib. II, c. 29.
[10] Ad Gal., 2, 11.
[11] Gal., 2, 11.
[12] Epist. 19.
[13] Homil. 18 in Ezech.
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TRADUCTOR. José María Rivoir

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