21 de marzo de 2016

El Rey reivindica a los republicanos

El Rey reivindica a los republicanos

Felipe VI evoca a los exiliados españoles en su recorrido por la geografía del destierro




El rey Felipe VI, el pasado 17 de marzo, en la Zarzuela. AFP

El republicanismo es la amenaza inherente a la Monarquía. Sin embargo, el Rey ha roto varias lanzas en favor de los republicanos españoles que tuvieron que sufrir la expatriación al ser aplastada la II República en 1939 por la insurrección militar que llevó a la guerra civil.
El exilio permanente español, de acuerdo con algunos estudios e informes oficiales, estuvo integrado por unas 220.000 personas. Otras tantas, que huyeron tras la derrota militar de la República, pudieron regresar a España a lo largo de los años cuarenta.
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Desde que fue proclamado el 19 de junio de 2014, Felipe VI ha realizado constantes referencias a aquellos republicanos en diferentes actos y países que formaron parte de la geografía del éxodo español. La más reciente ha tenido lugar en San Juan de Puerto Rico el pasado día 15.
Con motivo de la apertura del VII Congreso Internacional de la Lengua Española, el Rey pronunció palabras de agradecimiento a Puerto Rico por la “acogida hospitalaria” que brindó a los exiliados españoles “en tiempos dramáticos y muy dolorosos” para España.
Felipe VI recordó a algunos de los intelectuales acogidos por Puerto Rico y que encontraron cobijo en la Universidad de Río Piedras: “Nombres como Federico de Onis, Fernando de los Ríos, Américo Castro, Pedro Salinas, Francisco de Ayala o Ricardo Gullón. Al igual que ocurrió en México, Argentina o Chile, ellos y muchos otros potenciaron el diálogo cultural de modo muy fecundo”, destacó.


Monarquía o/y República


La vida de la República es la muerte de la Monarquía y viceversa. Aunque en el caso de España el fin de la II República no supuso el inicio de la Monarquía. Esa anomalía, de la mano de la dictadura, permitió que fuera la Corona la que propiciara la restitución de la democracia, que hasta entonces había sido un valor exclusivo de la República.
En España ha retoñado el republicanismo a partir de la crisis y la corrupción, que han acabado con la hegemonía de los dos los dos grandes partidos (PP y PSOE) que, con profundos sentimientos republicanos, han sustentado a la Corona en los últimos 40 años.
Los nuevos partidos, o son pragmáticos (tolerantes con la Monarquía si funciona, es útil y ejemplar) como Ciudadanos, o ejercen el republicanismo de un modo proactivo, como Podemos y sus confluencias. Ese republicanismo, intensificado por el sentimiento independentista en Cataluña o Euskadi, con Esquerra Republicana y Bildu, ha llevado a estas organizaciones a algunas acciones muy puntuales como declarar persona non grata al Rey en algunas poblaciones o a apartarle de eventos como los premios Príncipe de Viana.
Con todo, las recientes encuestas sobre el sentimiento de los españoles al respecto apuntan que la forma de Estado no es tan relevante como la eficacia del jefe del Estado. Los españoles perciben la Monarquía como un anacronismo que funciona.
La idea de unir las dos Españas, que nunca acaban de acoplarse pese a los 80 años transcurridos, se encuentra en sus primeros discursos. A finales de octubre, en la celebración de los Premios de Asturias de 2014, la primera edición que presidía como rey, Felipe VI incidió en la superación de ese abismo: “Los españoles ya no somos rivales los unos de los otros. Somos protagonistas de un mismo camino”.
Tres meses después, en un acto de homenaje las víctimas del genocidio nazi celebrado en el Senado, el Rey evocó y equiparó a “los miles de sefardíes asesinados” en los campos de concentración “y a los exiliados republicanos españoles”, que en mayo de 2015 celebrarían su liberación del campo de Mauthausen. “Ambos, sefardíes y exiliados españoles en aquella hora histórica, son hermanos de patria y de desdicha que sufrieron las aristas de un tiempo abominable”, enalteció.
Su viaje a París a principios de junio de 2015 abrió una perspectiva inédita en la reciente Monarquía española al asistir a un homenaje a los republicanos españoles que habían participado en la liberación de la capital de Francia tras haber huido de España derrotados por las tropas levantadas contra la República.
El 3 de junio, los Reyes estuvieron presentes en la inauguración del jardín adyacente al Ayuntamiento de París, que fue bautizado como Jardín de los combatientes de La Nueve, que fue el nombre de la compañía de españoles de la División Leclerc que primero penetró en el París emancipado del yugo nazi. Tras el acto, ya en el interior del Hôtel de Ville parisino, el Rey recordó a aquellos expatriados a los que acababa de rendir homenaje junto a la alcaldesa de la ciudad, Anne Hidalgo, nieta de exiliados e hija de inmigrantes españoles. “Ocho décadas después, que un rey homenajee a unos republicanos es la mejor muestra de esta nueva España que ha pasado página de sus horas oscuras”, celebró Hidalgo.
México fue el otro escenario en el que Felipe VI hizo una reivindicación de los republicanos españoles. El Rey aprovechó su discurso en el Palacio Nacional durante la cena de gala ofrecida por el presidente Enrique Peña Nieto el 29 de junio de 2015 para rendirles homenaje por su labor en el país y las relaciones que establecieron en beneficio de México y España.
En México se establecieron unos 20.000 españoles, entre ellos, escritores como Luis Cernuda, Emilio Prados, León Felipe o Max Aub; cineastas como Luis Buñuel y numerosos científicos que crecieron bajo la tutela de Santiago Ramón y Cajal o Severo Ochoa.
“Quiero referirme a miles de intelectuales españoles exiliados que formaron a innumerables alumnos mexicanos con sabiduría y rigor. No solo se distinguieron por ello en las aulas, sino que enriquecieron esta su patria de adopción con una ingente obra”. En su alocución, Felipe VI elogió la contribución cultural, social y científica de estos españoles “transterrados”, que, en detrimento de la España que se desentendía de ellos, aprovechó México.
El Rey recurrió a las palabras del historiador malagueño Juan Antonio Ortega y Medina, que como tantos otros murió en México, para ponderar la defensa que los exiliados hicieron de “la tan vilipendiada como incomprendida España”. Y a las del filósofo Ramón Xirau, experto en el significado del silencio y en el sentido de la presencia, quien, a la manera de un rey al que se le hubiesen revelado los valores de la República desde la Monarquía, concluyó que había descubierto España en México.

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