17 de septiembre de 2012

Razones poco claras de una dimisión


ANÁLISIS

Razones poco claras de una dimisión

El cese de Aguirre, tras entrevistarse con Rajoy, da pie a sospechar que en su decisión hay algo más que motivos personales


Esperanza Aguirre no ha dado explicaciones claras sobre los motivos de su renuncia al cargo de presidenta de la Comunidad de Madrid, lo cual da pábulo a todo tipo de especulaciones. Conociendo su carácter y su pasión por la política, está claro que las razones de su cese deben de ser muy poderosas. Una de ellas puede ser su estado de salud, pero no el único ni quizás el más poderoso. Deben de existir otras causas relacionadas con su posición dentro del PP, en el que probablemente no encuentre ahora salida a sus aspiraciones.
Aguirre llegó a la presidencia madrileña en 2003 después de un oscuro episodio protagonizado por los diputados socialistas Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, cuya traición hizo que el socialista Rafael Simancas no pudiera encabezar un Gobierno de coalición del PSOE e IU. Eso fue lo que propició que Aguirre ganara las posteriores elecciones, convocadas tras el escándalo.
Esta veterana política ha gobernado Madrid con mano de hierro gracias a la cómoda mayoría absoluta de que disfrutaba en la Asamblea. Desde este puesto hizo frente a su competidor y correligionario Alberto Ruiz-Gallardón y también discrepó en más de una ocasión con Mariano Rajoy, jefe supremo del Partido Popular. Ha salido victoriosa no solo en las batallas electorales que ha afrontado, sino también a las peleas internas del Partido Popular. Jamás se ha mordido la lengua para decir lo que pensaba, en ocasiones de forma más radical de lo que sostenía la doctrina oficial de la dirección de su partido.
Pero llegados a este punto, Aguirre quizás ha sentido que su biografía ha llegado a un punto muerto, un punto quizás poco emocionante para ella, deseosa de romper el corsé de la Comunidad de Madrid. Su mano derecha, el vicepresidente Ignacio González, también daba desde hace meses señales de agotamiento y cansancio, como si el puesto se le quedase pequeño.
Las acciones tomadas en el último año, fundamentalmente la forzada defenestración del exconsejero Francisco Granados de la secretaría general del PP de Madrid y su sustitución por Ignacio González, son indicios claros de que este y su jefa tenían aspiraciones para aumentar su influencia. Constituirse como un poder capaz de torcer el brazo a Rajoy parecía el objetivo final de todos estos movimientos. Sin embargo, la victoria electoral de Rajoy y su consolidación como líder nacional del partido ha supuesto un freno o al menos un embarrancamiento en las aspiraciones del dúo Aguirre-González.
La propia presidenta dimisionaria reveló en su comparecencia urgente de hoy que el anuncio público lo ha demorado hasta después de entrevistarse con Rajoy. Prueba más que indiciaria de que tras su cese hay razones políticas, aparte de las que pueda haber de tipo personal. ¿Cuál era el motivo de fondo de ese encuentro entre el presidente del PP nacional y la presidenta del PP de Madrid? Por el momento no se conocen. Pero en el propio partido barajan la posibilidad de que Aguirre pretendiera echar un nuevo pulso a Rajoy, tratando de arrancarle una mejor salida para ello y que, al no conseguirlo, la dura Aguirre se haya visto forzada a tirar la toalla.
La situación en el Gobierno queda resuelta temporalmente con la interinidad del vicepresidente González. Sin embargo, lo que resulte más complicada sea la situación en el Partido Popular de Madrid una vez que Aguirre cese más o menos pronto en el cargo de la presidencia del partido. Hasta ahora, ella manejaba a sus huestes sin demasiados problemas. Otra cosa muy distinta es cómo discurrirán las cosas si quien se queda al mando es González.

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